22 de diciembre de 2013

CHILE.

Michelle Bachelet modelo 2014
Año 6. Edición número 292. Domingo 22 de Diciembre de 2013
Por Emiliano Guido
eguido@miradasalsur.com
(TELAM)
La jefa de Estado deberá equilibrar una alianza de gobierno muy heterogénea que, por primera vez, articula a la Democracia Cristiana con el Partido Comunista. El otro desafío de la presidenta será moderar el diálogo de Chile con la región ante el inminente fallo de la Corte de La Haya en disputas territoriales con Bolivia y Perú.

Toda la prensa trasandina ya hace referencia a la concreción de un posible milagro chileno durante el año próximo. Los medios deportivos tienen altas expectativas sobre el desempeño de La Roja y su estrella Alexis Sánchez en el mundial de fútbol de Brasil. Las secciones de política de los medios no tan conservadores, en cambio, anticipan que el 2014 puede ser el año de la gran transformación de Chile y el corte de amarraduras definitivo con la herencia política y económica pinochetista. Sin embargo, en ambos casos, la esperanza colectiva parece no reparar en los fuertes equipos adversarios. La selección, que fue dirigida, en su momento, por Marcelo Bielsa deberá enfrentarse en primera ronda con Holanda y España, los equipos finalistas del último torneo internacional. Pero, los escollos que se avizoran en el futuro gobierno de la nuevamente jefa de Estado Michelle Bachelet no son menores en comparación con los que deberá lidiar el once titular chileno. La dirigente socialista deberá resolver en su primer año de gestión temas muy picantes. Un fallo de la Corte de La Haya a fines de enero, presumiblemente a favor de una demanda marítima de Perú, dejará muy sensible el orgullo nacional y a los comandos castrenses. En segundo lugar, Bachelet tendrá que equilibrar cuotas de poder en una amplísima familia gubernamental, integrada por democristianos y comunistas. Por último, el aguerrido movimiento estudiantil y buena parte de las organizaciones sociales ya tienen encendido el cronómetro de la espera sobre dos promesas de campaña que se presentan como la madre de todas las batallas culturales en el vecino país: la ampliación educativa y la reforma constitucional. La metáfora futbolera salta a la vista: en lenguaje mundialista, Bachelet arranca su administración jugando en el grupo, la coyuntura podría traducirse, más difícil.

Un editorial de esta semana del diario La Tercera resume muy bien, quizás con un tono algo pesimista, sobre cuál será la suerte política de la coalición Nueva Mayoría, por tratarse de un medio muy vinculado a la derecha local, los escenarios políticos principales del 2014. “Qué se sabe del año próximo. Por ahora, pocas cosas: un escenario de desaceleración económica; un presupuesto 2014 ya amarrado, con pocas holguras, y que puede paralizar el programa de la nueva administración durante el primer año; un fallo de La Haya a fines de enero que puede generar escenarios no previstos; y, sobre todo, altas expectativas sociales, escepticismo e impaciencia ciudadana, lo que puede traducirse en una brevísima luna de miel para el nuevo gobierno”, comienza su análisis el periodista Ernesto Águila. En otro párrafo de su artículo, el columnista chileno jerarquiza una consecuencia de la elección presidencial que podría jugar a favor de la gobernabilidad de Bachelet: “Por último, está el factor de una derecha que retorna a la oposición luego de un breve paso por el gobierno, en medio de una contundente derrota, en particular, de su ala más ortodoxa. Su traspié es más profundo que lo que arrojan las cifras y porcentajes a simple vista: Evelyn Matthei perdió en todas las regiones del país y ganó sólo en 17, las más pudientes, de 345 comunas, quedando, así, en evidencia su profundo divorcio de los sectores populares y medios. Sólo hay algo peor que la derrota: perder y dejar de saber quién eres. La derecha se va con la tarea para la casa de analizar no sólo su desprolija campaña, sino también su proyecto e identidad en el marco de un nuevo ciclo histórico-político y de nuevas sensibilidades sociales y culturales que hasta ahora se ha negado a asumir. Refugiarse en las mayorías silenciosas de la abstención es una perezosa forma de enfrentar lo ocurrido”.

Por otro lado, Bachelet, que siempre fue elogiada como un cuadro político componedor y dialoguista, debería comenzar a revisar, teniendo en cuenta la caliente interna política desatada por cargos y programas políticos futuros en Nueva Mayoría, los manuales más logrados sobre equilibrio político. En su anterior paso por La Moneda, la ex directora de la Oficina Mujer de la ONU tuvo un trabajo más fácil para elaborar consensos domésticos pero, ahora, la familia del centroizquierda chileno se agrandó con la llegada de los primos lejanos del Partido Comunista y la siempre moderada Democracia Cristiana –que, por ejemplo, no integró en su momento el gobierno de la Unidad Popular del mítico presidente socialista Salvador Allende– comenzó a poner reparos a la futura agenda de gobierno. En ese sentido, el histórico dirigente y ex diputado democristiano Gutenberg Martínez ofició de vocero partidario cuando señaló el último miércoles al diario El Mercurio que “sería un error” incorporar a dirigentes del PC al gobierno si este partido “no cambia sus conceptos en materia de derechos humanos”.

Acto seguido, la primera mandataria, consultada por la fuerte declaración de Martínez en una rueda de prensa con corresponsales extranjeros, no sólo criticó la postura de los socios de la DC sino que salió al cruce de lo que denominó “operaciones de prensa” de otros socios partidarios que, supuestamente, intentan ganar lugar en el próximo gabinete presidencial instalando nombres, apellidos y deseos personales en los medios de comunicación más amigos. “Hemos hablado del respeto al hecho de que las decisiones las tomo yo. Yo voy a decidir los nombres que correspondan en términos de gabinete”, resumió Bachelet cuando tuvo que sintetizar ante micrófonos y cámaras de prensa el temario de la primera reunión como jefa de Estado con los “timoneles” de los cinco grandes partidos que integran Nueva Mayoría. Igualmente, según los diarios más influyentes de Chile, ya existen algunas pistas firmes sobre quiénes serían los futuros ministros más importantes en el segundo capítulo de Bachelet al frente del Ejecutivo chileno. “El ex ministro de Defensa José Goñi es considerado una de las probables cartas para este cargo, debido a que durante la campaña encabezó el equipo internacional del comando. Además, el jefe programático de Michelle Bachelet, el ex director de Presupuestos Alberto Arenas (Partido Socialista) es uno de los nombres que se mencionan para la cartera encargada de la política fiscal del país. Otro de los dirigentes que suena es Nicolás Eyzaguirre, quien encabezó esa misma cartera durante el gobierno de Ricardo Lagos”, especuló el periodista Pablo Cádiz en un artículo de La Tercera donde, además, se divulgó como primicia periodística el hecho de que en “la segunda quincena de enero se darán a conocer oficialmente todos los nombres del gabinete”.

Eso sí, hasta el momento, ningún medio escrito, blog electrónico o semanario alternativo pudo anticipar quién será el futuro ministro de Educación en un país donde la creativa y gigantesca movilización estudiantil de los últimos años contra el sistema arancelario universitario dio la vuelta al mundo y llegó, incluso, a las páginas del The New York Times, que elogió a la actual diputada y ex cuadro gremial universitario Camila Vallejo como “la revolucionaria más glamorosa del mundo. Una belleza de Boticelli que usa un aro en la nariz”.

Pero, Vallejo es mucho más que una cara bonita. Ella y los otros tres legisladores –Camila y Karol Cariola por el PC, los otros dos por la izquierda independiente– que formarán la denominada banca universitaria en el Congreso, seguramente no tendrán los mismos tiempos políticos que la Democracia Cristiana para aguardar la “reforma educativa” prometida por Bachelet. En su momento, Vallejo reconoció que la “alianza con la DC me hace doler un poco el estómago”. Luego, Camila se encuadró con lo resuelto por la mesa nacional del PC y, de esa manera, logró en la última elección nacional un escaño parlamentario por el distrito capitalino de La Florida. Pero eso opinan los dirigentes “egresados” del movimiento estudiantil. La actual Federación Universitaria, presidida por una dirigente anarquista, aclaró este fin de semana que “no apoyaremos ninguna reforma educativa durante el próximo gobierno si ésta no se elabora con la participación de los movimientos sociales”.
Fuente:MiradasalSur

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