29 de diciembre de 2013

CHILE.

“La vivienda debe ser social”
Año 6. Edición número 293. Domingo 29 de Diciembre de 2013
Por Nicolás Rojas Scherer. Sur en América latina
internacional@miradasalsur.com

Dirigente. Roxana Miranda es presidente del partido Igualdad.
En una céntrica calle de Santiago, cerca de la emblemática Universidad de Chile, del Cerro Santa Lucía y de La Alameda, epicentro de las últimas manifestaciones sociales y estudiantiles, Miradas al Sur conversó con Roxana Miranda, presidenta del Partido Igualdad e histórica dirigente del movimiento de pobladores chilenos. La ex candidata a la presidencia repasó en una apasionante conversación su percepción sobre la situación del norte del país, de donde venía llegando, las disyuntivas del movimiento social, la actualidad del país y de América latina.

–¿Cuál es su visión acerca de la problemática de las regiones en Chile?
–No es muy distinto de lo que pasa en el resto del país, pues son los pueblos los que están empobrecidos, la gente está mal pues está siendo contaminada lentamente: si no son las termoeléctricas es el arsénico, sino las balas locas, el encarcelamiento de las comunidades, todas las cuales se transforman en formas diversas de ir atrapando a nuestro pueblo y asesinándolo lentamente. Entonces la respuesta del pueblo es organización. Vengo llegando de Antofagasta y Arica.

–Y el problema de la vivienda, ¿cómo lo ves en estas regiones en particular?
–Bueno, es el mismo negociado que han hecho en todos lados por medio de la bancarización de la vivienda social. Sobre todo con la minera han hecho mucho negociado, especialmente con la vivienda que debería ser social y que se la están vendiendo a la gente que trabaja en la minería a precio altísimo. Y eso es también por mucho desconocimiento, pues son viviendas pequeñas pero las arreglan de tal manera que las hacen aparecer como “barrios altos” y que en la práctica no lo es, pues tienen bajísimo metraje, una casita al lado de la otra, lo que da cuenta de la forma en que han ido engañando a la gente. Pero además existe una oleada importante de mucha gente que está yendo allá a trabajar de distintas partes del país. Y la problemática central es que siendo la zona norte de Chile una de las regiones más ricas, de donde se saca el sueldo de nuestro país, está terriblemente empobrecida. Hay abandono, no hay hospitales ni servicios básicos acorde a zonas que están tan contaminadas.

–Ahora viene de organizar al Partido Igualdad en el norte.
–Sí, bueno tú sabes que por habernos atrevido a presentar candidaturas a senadores y diputados y si no alcanzas con los candidatos a sacar el 5% en el distrito, pierdes la legalidad. Nosotros tenemos ocho regiones legalizadas, pues aún no tenemos el partido organizado a nivel nacional, pero igual es un trabajo importante haber legalizado en estas regiones. Lo que estamos haciendo en el norte es legalizar un partido auxiliar, lo cual te permite la ley, y con ése te fusionas y te mantienes en la legalidad. En esta misma situación están todos los partidos chicos, el PRO, el PH…

La Tercera publicó recientemente un cuadro estadístico de nuevos afiliados a partidos. Ustedes eran el segundo partido con más crecimiento de militantes después del Partido Ecologista, ¿cuál es su lectura de este hecho?
–Buenísimo, pues yo lo veo en la calle. La candidatura presidencial para esto sirvió mucho. Aunque donde hemos tenido mucha resistencia es en los notarios, siendo que es un derecho y una obligación de ellos, no quisieron aceptar nuestra legalización. Pero logramos finalmente con dos notarios de Antofagasta y Arica certificar nuestra situación allá. Aunque cuando presentamos las firmas de adhesión requeridas el notario estaba sorprendido porque era impresionante cómo la gente llegaba y nos manifestaba su apoyo, pues no es normal que tanta gente vaya a firmar por un partido.

–Hay ciertas opiniones dentro del movimiento social que consideran que articular un partido es traicionar los principios del movimiento social, ¿qué opinión le merece a usted esta visión?
–Creo que nosotros tomamos la mejor decisión, pues por años dijimos “nos organizamos sólo como movimiento social y no tenemos nada que ver con la política”, etc. ¿Y qué nos pasó? Llegaban los partidos tradicionales cupulares y cooptaban a los dirigentes, los compraban, y en cada coyuntura electoral nos desarticulábamos internamente. Antes nosotros nos organizábamos sólo con las bases y los dirigentes que de allí salían lo hacían de forma espontánea. Nosotros no les preguntábamos ni siquiera por quién rezaba, ni a quién respondía. Sino que simplemente era un vecino más que se organizaba y se sumaba al grupo. El problema es que, como te decía, en las coyunturas electorales todo se complicaba internamente en las asambleas y empezaban las tensiones, pues muchos de ellos eran militantes y pertenecían a algún grupo político. Por lo que respondían a su cúpula y no a la organización social. Entonces ahí decidimos nosotros tomar la política pero como un puño más de lucha. Pues aquí no se está traicionando nada. Traición es quedarse callado. Traición es criticar, pero no hacer nada. Pues hay mucha gente que canta en la calle “luchando, creando, poder popular” y es re bonito cuando se canta, pero efectivamente ¿quién lo está haciendo? Y nosotros estamos haciendo de todo, pues para nosotros la política es un puño más de lucha, de forma que nosotros hablamos del Partido Igualdad como la herramienta de los pueblos. El partido es una herramienta que nos permitió no sólo presentar la candidatura presidencial sino también otros candidatos. Nosotros no queremos más representantes, queremos ser los protagonistas de los cambios de nuestras vidas y ahí está el hecho revolucionario. Nuestra organización está compuesta principalmente por mujeres que salieron de la casa, de la olla a La Moneda, lo cual no es menor. Esta decisión de entrar a la política nos hizo pagar costos importantes, pues mucha gente de base veía con recelo esta decisión. Pero no es la política de “ellos”, pues no estamos replicando la misma política añeja del ponerse de acuerdo entre cuatro paredes. Para nosotros el trabajo político es todo lo contrario: fomentar la organización, la participación y la soberanía del pueblo. Y lo estamos haciendo mediante estas “ventanas” que antes no las teníamos, pues antes teníamos que colgarnos de una grúa para que nos escucharan y la interpretación de los hechos la hacía la prensa. Hoy día la interpretación la hacemos directamente nosotros: y decimos que no queremos más representantes, no queremos que esta gente siga gobernando más nuestro país. Queremos que nuestro pueblo se empodere y participe para hacer valer la soberanía popular. Y para eso tenemos que reeducarnos. Pero en este contexto todas las formas de lucha son válidas, yo no voy a criticar a ninguna.

–¿Qué lectura hace de las últimas elecciones?
–La mejor para nosotros. Piensa en los importantes alzamientos que ha habido en Chile: Freirina, Quellón, Tocopilla, Aysen. Y no solamente eso: la lucha estudiantil, independiente de la traición de ciertos dirigentes. Pero lo que se generó “detrás” es espectacular. Aunque tienen que haber más alzamientos y continuar la movilización en Chile, pues los métodos de lucha no van necesariamente por el camino institucional y electora. ¿Tú crees que si llegamos a ser gobierno la burguesía nos va a entregar todo? ¡No lo van a hacer! Nos van a dar pelea y eso significa que nuestro pueblo tiene que estar organizado, tanto en términos de información como de disposición para luchar por esas transformaciones que estamos buscando. Todas las formas de lucha son válidas.

–¿Y cuál es la forma de lucha que privilegia en este momento?
–Hoy día hay una mezcla. Pues está la lucha callejera, la disputa por el poder, los espacios municipales y gubernamentales. Eso sí, hay que cambiar ciertas concepciones, pues me parece que hay muchos grupos que están trabajando mediante libros y manuales, lo cual no es malo en sí mismo, pero lo urgente en este momento es adecuarse a la idiosincrasia chilena. Chile no es igual a otros países: tenemos una idiosincrasia, una historia y un pueblo distinto. Tenemos una forma de operar que es particular y a eso hay que adecuarse. Cuando se habla de la revolución y los trabajadores, yo les pregunto: ¿y cuanta industria tenemos hoy parando en el país? ¿Qué sindicatos combativos y luchadores tenemos? Aquí hay formas particulares de organización: los pobladores nos organizamos en las poblaciones y hay una gran organización en este momento. Lo que hay que reconocer es que este país se está moviendo en este momento, pero lo que yo pregunto es ¿por qué no escribimos nuestro propio libro hacia la revolución en Chile? Pues está bien: leamos, preparémonos, hay que recoger la historia, no sólo la de Chile sino la del mundo. Pero también adecuémonos a los tiempos que estamos en la actualidad, pues cómo ha sido inyectado el capitalismo aquí la gente piensa de cierta manera. Nos estamos educando gratuitamente hace mucho rato: nos dicen lo que tenemos que comer, lo que tenemos que hablar, lo que tenemos que vestir y donde tenemos que ir a comprar.

–Usted estuvo en Venezuela. ¿Qué opinión tiene de América latina en este momento?
–Tuve la suerte de estar allí justo cuanto fue el cierre de campaña de Nicolás Maduro. Igual me imaginé Venezuela distinto, con más avances a nivel de desarrollo e infraestructura. Pero tienen otros avances que son más significativos: todo el proceso que realizó Chávez significó una enorme educación y empoderamiento para ese pueblo hacia la revolución y el socialismo. El otro gran ejemplo es Bolivia, entonces ¿por qué Chile no?

–En un comienzo, especialmente en medio del proceso eleccionario, les costaba mucho llegar a los medios. Sin embargo pareciera que en la actualidad los medios se han abierto hacia ustedes. ¿Cómo interpreta este cambio?
–Como una cuestión estratégica. Hubo un antes y un después con la candidatura, pues nos miraron de otra forma cuando les empezamos a decir distintas verdades. Cuando les presentamos un proyecto, hubo más interés y hoy día siento que entre los mismos periodistas ha habido un cambio de perspectiva hacia nosotros. Nos consideran parte de la opinión pública del presente, lo cual es un avance importante para nuestro pueblo. Pues estamos instalando otra forma de hacer política.

Los problemas reales del modelo chileno de construcción social
El boom de la construcción oculta las limitaciones del mercado.
La imagen proyectada por Chile en materia de vivienda muestra un enorme éxito en términos de construcción y accesibilidad. Investigaciones sociológicas hablan de la “excepcionalidad chilena” en materia de construcción de vivienda social, en tanto el gobierno, la Cámara Chilena de la Construcción (CCHC) y muchos habitantes del país consideran que en un futuro no muy lejano el “problema habitacional” se encontrará completamente solucionado.

Para Gastón Escala, presidente de la CCHC en 2011, las proyecciones son tan positivas que considera que en 2019 el problema de los “sin techo” se encontrará completamente solucionado. Es más, en un informe elaborado por la institución que dirige, el 68% de los problemas de vivienda se encontraría relacionado con déficits “cualitativos”, una elegante forma de expresar “hacinamiento”, “estrechez” o en términos mayores, “guetos urbanos”. De esta forma, si seguimos las proyecciones de la patronal privada en materia de construcción, el déficit habitacional total en Chile bordearía las 938.585 “soluciones” habitacionales. Del total, menos de un tercio se encontraría relacionado con la necesidad de construir nuevas viviendas.

Dado este panorama de avances excepcionales, Andrés Beca, presidente de la Comisión Permanente de la Vivienda de la CCHC, considera que la nueva política habitacional estaría siendo objeto de un giro estratégico: la correcta aplicación del incentivo a la demanda por parte del Ministerio de Vivienda (Minvu) permitiría pasar del problema “cuantitativo” al “cualitativo”. Al igual que en los datos entregados por Escala, su jefe, el problema central ya no sería tanto la no disponibilidad de casas para los más necesitados, sino fundamentalmente los problemas asociados a la mala calidad de las viviendas, la lejanía de los centros urbanos, el hacinamiento, la “guetificación”, etc. Todo lo cual estaría transformando las condiciones del mercado hacia una problemática cualitativa o, en términos clásicos, de tipo “subjetivo”.

Y es ahí donde entra el problema sociológico, donde ríos de tinta han sido vertidos desde distintas universidades y centros de estudio y pensamiento o en términos más modernos, “thinks thanks”. Un ejemplo de ello es el estudio de María Elena Ducci, docente e investigadora de la Pontificia Universidad Católica (PUC). Ya en 1997 Ducci advertía de los posibles problemas detectados en el exitoso modelo de construcción habitacional chileno. Pues a pesar de avanzar en términos estructurales a un nivel sin precedentes en la región en la construcción de soluciones habitacionales, se estaría demostrando que una serie de problemas asociados vendrían en auge. Así, la falta de solidaridad y vida comunitaria, o espacios de socialización y organización vecinal, estarían entre los más preocupantes, en tanto el levantamiento de enormes barrios periféricos estaría haciendo perder esta costumbre tan valiosa a la hora de enfrentar problemas asociados a la vida de barrio. En la actualidad, programas gubernamentales como el “Quiero mi Barrio” se han enfocado en la reelaboración del “tejido social” por medio de la asistencia de sociólogos y expertos en ciencias sociales, que por medio de la intervención directa en el barrio y con la ayuda de los vecinos, estarían intentando recrear aquello que antes se daba de manera espontánea: la tan necesitada solidaridad.

Sin embargo, hay otra arista del problema que ni los empresarios del sector ni los sociólogos gubernamentales pueden solucionar: la de tipo político. Porque a pesar de las cifras, datos y la detección e intervención en el giro problemático de tipo “subjetivo”, las protestas y demandas de los pobladores no sólo han aumentado, sino que se han radicalizado en el último tiempo.

Lo “cualitativo” del problema. Ricardo Sánchez lleva 11 años viviendo en la población La Nogalada, en la enorme comuna de Puente Alto, Santiago. Hace seis años que se encuentra postrado, dependiendo de la diálisis para vivir. Debido a su condición lo jubilaron del trabajo, teniendo que depender de los aportes mensuales que el privatizado sistema le entrega. Paga una renta de 57 mil pesos chilenos, algo así como US$ 120, lo que muchas veces no les deja dinero para comprar alimentos. Hace 13 años que postularon a un subsidio pensando en la vivienda propia. La casa en la que habitan actualmente está valorada en 4,3 millones de pesos, aproximadamente US$ 8.600. Sin embargo, acusan que han pagado más de tres veces esta cantidad y aun así siguen endeudados, recibiendo amenazas de desalojo por parte del banco cada cierto tiempo.

Es en este contexto, reiterativo y subterráneo, “cualitativo” para los tecnócratas privados y estatales, en el que se inserta la lucha de Andha Chile a Luchar Democrático, la mayor organización de deudores habitacionales. Por medio de reiterados “escraches” a actos y autoridades públicas, han posicionado las demandas del movimiento de pobladores en la esfera pública del país, alcanzando amplia notoriedad. Por medio del Partido Igualdad y de su ex candidata presidencial, Roxana Miranda, llevan la lucha de todos aquellos que no encuentran solución y ven cerradas sus puertas al grave problema del lucro en el sistema de asignación de viviendas sociales. Pues como en casi todas las esferas de la vida en Chile, lo que debería entenderse como un derecho (la educación, la vivienda, el agua, entre otros) ha sido derivado en un lucrativo negocio.
Fuente:MiradasalSur

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