CONMOCION EN CORDOBA
RATI HORROR SHOW
Por Sebastian Abrevaya
Después de una larga noche con la policía autoacuartelada, saqueos, un muerto y un centenar de heridos, enfrentamientos y miedo generalizado en Córdoba, De la Sota regresó de Panamá y arregló con los policías. También intentó con poco éxito transferir su responsabilidad al gobierno nacional.
EL ACUARTELAMIENTO DE LA POLICIA PROVINCIAL, Y LOS SAQUEOS QUE DESATO, PUSIERON EN CRISIS AL GOBIERNO DE DE LA SOTA
Caos, heridos y un muerto en Córdoba
Después de 30 horas de crisis, el mandatario volvió de viaje y acordó aumentar el sueldo policial a ocho mil pesos. Intentó responsabilizar al gobierno nacional, que le replicó que no había realizado el pedido de ayuda.
Por Sebastian Abrevaya
El gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, llegó de Panamá a la medianoche del martes.Imagen: Télam
Un muerto y alrededor de cien heridos. Saqueos, incendios y destrozos en unos mil comercios. Esas fueron las primeras consecuencias de la crisis de seguridad en Córdoba luego del acuartelamiento de un sector de la policía provincial, que comenzó a normalizarse recién al mediodía de ayer, tras el acuerdo salarial firmado entre el gobierno de José Manuel de la Sota y representantes de los efectivos policiales. Con la situación inicialmente controlada, De la Sota, que regresó de Panamá a la madrugada, intentó responsabilizar al Ejecutivo nacional por no atender los pedidos de auxilio y no enviarle efectivos de Gendarmería. “Pareciera ser que los cordobeses tenemos que quemar nuestros documentos, porque algunos no nos consideran parte de la República Argentina”, se quejó. Desde el kirchnerismo le salieron al cruce el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich; el ministro del Interior, Florencio Randazzo, y el secretario de Seguridad, Sergio Berni, quienes aseguraron que el pedido del gobernador fue realizado recién a las 8 de la mañana de ayer. De la Sota “especuló política y mediáticamente de manera lamentable. Intentó victimizarse en vez de hacerse cargo de este conflicto”, le retrucó Randazzo.
Durante aproximadamente 30 horas, en la ciudad de Córdoba y alrededores se vivió una situación caótica, que se calmó recién ayer al mediodía, con la firma del acta acuerdo entre el jefe de la policía, el comisario César Almada, y la ministra de Seguridad provincial, Alejandra Monteoliva, con los representantes de los efectivos. Allí se estipuló un salario básico de ocho mil pesos para las categorías iniciales y la realización de “incrementos sobre componentes remunerativos”, lo que permitió destrabar el conflicto. Dada la prohibición de sindicalizarse de las fuerzas de seguridad, el petitorio de reclamos era impulsado hace tiempo por las esposas de los oficiales. Sobre algunos de los puntos se había logrado avanzar, pero el nudo principal se encontraba en el salario, que rondaba los cinco mil pesos. En el acta se incluyó, además, un “monto adicional y transitorio” en concepto de “gasto de uniformes” a abonarse en dos cuotas mensuales de dos mil pesos. Por otro lado, tanto el municipio como la provincia adelantaron que brindarían ayuda económica a los damnificados.
Con el acuartelamiento de alrededor de tres mil efectivos, la seguridad en la capital provincial quedó notoriamente disminuida, sobre todo en los comercios medianos y pequeños, que sufrieron la mayor parte de los robos y saqueos. Dueños de locales y vecinos se enfrentaron con quienes intentaban robar, lo que provocó más de un centenar de heridos y una víctima fatal. Según confirmó el director del Hospital San Roque, Daniel Mercado, se trata de un joven de 20 años, baleado durante un saqueo en Ciudad Evita, en la periferia de la capital cordobesa. Se difundió también que un hombre de 85 años falleció producto de una descompensación durante un asalto, pero luego esa información fue desmentida.
Este conflicto se desarrolló en un marco de crisis producto de supuestos vínculos de la policía local con narcotraficantes, lo que derivó en una investigación judicial y el descabezamiento de las autoridades provinciales en la materia. En septiembre renunció el jefe de Policía Ramón Frías y el ministro de Seguridad, Alejo Paredes.
En este contexto, De la Sota aumentó la tensión política deslindando la responsabilidad de la crisis en el gobierno nacional. El gobernador difundió una carta en la que enumera gestiones que habría realizado su jefe de Gabinete, Oscar González; la ministra Monteoliva y su secretario privado para contactar tanto a Capitanich como al secretario Berni y la flamante ministra Cecilia Rodríguez. Según esta versión, desde las 21 se intentó pedir ayuda y en dos oportunidades González logró comunicarse con la secretaría privada de Capitanich, sin conseguir respuesta por parte del funcionario nacional. Horas después de aterrizar, De la Sota hizo un pedido a la Presidenta a través de la red social Twitter a las 4 de la madrugada.
Ayer por la mañana, Capitanich, al igual que Berni y Randazzo, insistieron en que no hubo comunicación del gobernador. “De la Sota miente, porque desde el gobierno nacional siempre estamos abiertos al diálogo, y ningún funcionario de la provincia se comunicó ayer ni con el Ministerio del Interior, ni con la Jefatura de Gabinete de Ministros. Recién hoy a las 7.56, y luego de un día entero de caos en el que incluso hay víctimas fatales, ingresó por fax una solicitud de auxilio a la Nación”, detalló Randazzo. Capitanich sostuvo que el conflicto de Córdoba es una cuestión “estrictamente salarial” y que le compete “en forma exclusiva y excluyente al gobierno de la provincia”.
El senador opositor Luis Juez relató que sí pudo comunicarse con Berni el martes por la noche y que el secretario de Seguridad le manifestó que estaba “a disposición”, pero que “hasta que el gobernador cordobés no se hiciera cargo de la situación y pidiera ayuda oficial, él no podía hacer nada”. El líder del Frente Cívico cordobés agregó que “De la Sota vive de vacaciones”. Tras el pedido formal, Berni anunció el envío de 2000 gendarmes a la provincia, equipados y con vehículos especiales. De todas maneras, el secretario consideró “una payasada” del gobernador “mandar un pedido de auxilio por Twitter a las 4 de la mañana”.
A las pocas horas, el gobierno provincial firmó el acuerdo con el abogado Miguel Angel Ortiz Pellegrini y los policías se reincorporaron rápidamente al servicio. En conferencia de prensa, De la Sota prometió “perseguir a todos los delincuentes y saqueadores” que causaron desmanes, y dijo que “su lugar es la cárcel”. “@CFKArgentina agradecemos el anuncio de enviar 2000 gendarmes. Hacían falta anoche. Hoy el conflicto está resuelto”, ironizó más tarde De la Sota, otra vez vía Twitter. El Ministerio de Seguridad nacional dio marcha atrás con el envío de los gendarmes “en virtud del anuncio del gobernador de hacerse cargo de la crisis de seguridad provincial”.
El próximo martes, Capitanich tiene previsto recibir a De la Sota en el marco de las reuniones con gobernadores que viene llevando adelante. “Vamos a reclamar que nos paguen lo que nos deben a los cordobeses”, adelantó el mandatario, en referencia a la larga disputa por el traspaso de la caja de jubilaciones a la Anses, entre otros items.
Durante el día, todo el arco político se refirió a la crisis cordobesa. La oposición apuntó contra el gobierno nacional, mientras que el kirchnerismo responsabilizó al gobierno local, en tanto que el Senado expresó su “más enérgico repudio” a los incidentes. En un esbozo de autocrítica, el jefe de Gabinete local reconoció que “probablemente frente a esta situación no hubo una valoración de la dimensión del reclamo en un momento determinado”.
OPINION
Una crisis producto de otra crisisPor Luis Bruschtein
A mediados de septiembre la policía cordobesa sufrió el descabezamiento de una cúpula con mucho poder interno. Los gobernadores de la democracia nunca tuvieron una política para esta fuerza de seguridad que ahora sufre una crisis a la que José Manuel de la Sota parece no encontrarle la vuelta.
La sombra del general Luciano Benjamín Menéndez pesó en Córdoba hasta que fue detenido en 2004, tras la anulación de las leyes de obediencia debida y punto final. Esa influencia se sintió sobre sectores políticos y militares, pero sobre todo en la policía, tanto en los gobiernos radicales como en los peronistas.
De hecho, la policía de Córdoba se convirtió de esa manera en una de las más retrógradas y con fuerzas fácticas de poder interno que las autoridades civiles nunca atacaron, sino que consintieron y estimularon. El único Ministerio de Seguridad en el país dirigido por un policía era el cordobés, hasta septiembre, cuando debió renunciar el ministro ex comisario general Alejo Paredes.
Paredes y el entonces jefe de Policía Ramón Frías renunciaron cuando una investigación del periodista Tomás Núñez involucró al comisario Rafael Sosa, jefe de Drogas Peligrosas, en una causa de tráfico de estupefacientes. Paredes y Frías renunciaron y Sosa está preso. Tres días después de la denuncia periodística apareció el cuerpo sin vida del agente Juan Alós, de 33 años. Tenía un tiro en la cabeza y se lo dio por “suicidado”. Alós se desempeñaba en la Dirección de Drogas Peligrosas. Diez días después apareció con un tiro en la boca el cuerpo de la agente Damaris Roldán, de 24 años, también “suicidada” y a quien también se relacionó con la causa de narcos policías.
Los organismos de derechos humanos habían cuestionado la designación de Paredes porque el jefe policial se había desempeñado bajo el mando de Carlos “el Tucán” Yanicelli, ex jefe de Inteligencia Criminal durante el gobierno de Ramón Mestre y, según los organismos de derechos humanos, hombre de confianza del entonces ministro provincial de Asuntos Constitucionales, Oscar Aguad. El mismo Aguad se lo propuso a Mestre.
En la actualidad, Yanicelli tiene dos condenas por los delitos aberrantes cometidos por la temible D-2 o Dirección de Inteligencia de la policía cordobesa durante la dictadura. Desde allí operaba la Triple A local, el comando Libertadores de América, que asesinó a militantes populares e incluso a otros policías que denunciaron abusos en la fuerza, como el subcomisario Ricardo Fermín Albareda, asesinado brutalmente en 1979 por la patota del D-2. La familia de Albareda le pidió a Paredes que pusiera una placa en su recuerdo, cosa que nunca sucedió.
Aunque todo el mundo conocía su pasado nefasto, Yanicelli fue protegido por los distintos gobernadores y permaneció como alto oficial de la fuerza hasta 1996. A mediados de los ‘80 había impulsado la creación de un cuerpo de elite, llamado Eter, donde hizo toda su carrera policial el ex ministro Paredes. Carlos Yanicelli y su hermano Raúl fueron profesores de la Escuela Superior de Policía hasta poco antes de ser enjuiciados por violaciones a los derechos humanos. El Tucán estuvo detenido en la Guardia de Infantería y se jactaba de que era protegido de Paredes. En la sede donde estaba detenido había una placa con su nombre en homenaje a los que habían sido jefes de esa dependencia.
Para terminar el cuadro, en 2011 el legislador juecista Roberto Birri presentó un pedido de informes para que Paredes aclare sobre un supuesto curso de adiestramiento al que habrían concurrido policías cordobeses en la International Law Enforcement Academy (ILEA) de El Salvador. De la Sota negó esa acusación, pero da una idea del punto donde estaba el debate sobre seguridad en una provincia donde los gobernadores de la democracia nunca tuvieron políticas para su fuerza de seguridad. La policía cordobesa funcionó con la inercia anacrónica de la dictadura, con liderazgos y fuerzas de poder internas, paralelas a la sociedad civil. De alguna manera es inevitable pensar que la fuerza está sufriendo ahora los remezones de una crisis que se forzó a partir de una denuncia periodística y que descabezó a una conducción con mucho poder interno.
UN MUERTO, CIEN HERIDOS, 52 DETENIDOS Y MIL COMERCIOS DEVASTADOS
Zona liberada para el saqueo
A la noche y durante la mañana, grupos de personas saquearon más de mil locales. La ciudad permaneció paralizada todo el día: no hubo actividad oficial ni privada. A la tarde fue regresando la normalidad en forma paulatina, mientras volvía la policía a las calles.
Los disturbios habían comenzado el martes a la tarde, después de que la policía se autoacuartelara.Imagen: Télam
La capital de Córdoba amaneció paralizada: registrados un muerto, alrededor de 100 heridos, 52 detenidos y más de mil locales saqueados entre la noche del martes y la mañana del miércoles, los estados provincial y municipal declararon asueto. Las clases fueron suspendidas, no hubo recolección de residuos ni expendio de combustible en estaciones de servicio. Recién a media tarde comenzaron a circular los taxis, y hacia medianoche, los colectivos urbanos. Los distintos gremios habían supeditado su regreso a la rutina a la presencia policial en la calle, algo que sólo comenzó a suceder paulatinamente desde el mediodía, luego de que la fuerza acordara con el gobernador José Manuel de la Sota. Los saqueos comenzaron el martes, tibiamente, con la caída del sol, y se incrementaron notablemente por la noche en distintos puntos de la ciudad. En la mañana de ayer, mientras las negociaciones continuaban, también se registraron saqueos en comercios céntricos y hasta en el móvil del canal de televisión local Teleocho, que acababa de transmitir lo que sucedía cuando fue despojado de su equipo satelital.
Con el correr de las horas, mientras la policía volvía a las calles, parte del supuesto botín obtenido durante los saqueos comenzaba a ser exhibido en redes sociales: los propios saqueadores subían fotos a Internet para comentar lo sucedido. Hacia la noche de ayer, también luego de convocarse por redes sociales, algunos pequeños grupos se habían reunido en las calles afectadas por los destrozos para comenzar a limpiar. Al cierre de esta edición, los patrulleros recorrían nuevamente la ciudad de Córdoba.
Los disturbios habían comenzado el martes a la tarde, horas después de que la policía provincial se autoacuartelara en la sede del barrio Cerveceros, de la capital cordobesa. Por la tarde, comenzaron a sucederse robos en supermercados y tiendas barriales, pero entrada la noche los disturbios se agravaron y multiplicaron. En el centro de la ciudad y en el barrio Nueva Córdoba, a los comercios empezaron a ingresar, tras violentar cortinas metálicas o destrozar vidrieras, jóvenes organizados en pequeños grupos que se movilizaban en motocicletas o en autos. Los saqueos arrasaron con supermercados, locales de indumentaria, de electrodomésticos, colchones y hasta joyerías. En algunos comercios, los saqueadores se encontraban con sus dueños, que habían permanecido en el lugar armados para defender su propiedad y repeler los ataques. En algunas zonas de Nueva Córdoba, los vecinos armaron barricadas en las esquinas y vigilaban con armas de fuego y palos, para evitar que pasaran por allí jóvenes en moto.
Mientras la noche transcurría, los enfrentamientos entre vecinos y saqueadores se multiplicaban tanto como los rumores. En Cerveceros continuaba el autoacuartelamiento, pero unos pocos policías se mantenían en sus puestos. A la vigilancia se sumaron, también, los integrantes del grupo de elite ETER (Equipo Táctico Especial Recomendado), que enfrentaron con balas de goma a grupos que llegaban a saquear en lugares como el hipermercado Carrefour de Colón al 400. El hipermercado Libertad del barrio General Paz, el Makro de avenida Colón y la casa de electrodomésticos Saturno Hogar, la tienda de celulares de Movistar de la calle Tucumán, la de motos Team Motorace en Colón y Sarmiento y hasta mueblerías y zapaterías fueron sólo algunos de los comercios saqueados por toda la ciudad.
Desde sus casas, habitantes de distintos barrios de la capital registraron lo que sucedía con sus teléfonos celulares y, vía Internet, lo compartieron con canales de televisión o a través de redes sociales. Los pequeños grupos avanzaban de manera casi compacta por las calles, hasta llegar a un comercio, donde se dispersaban y turnaban para romper vidrieras o forzar protecciones metálicas y, luego, ingresar para emerger cargados de mercaderías de todo tipo. Durante toda la noche, se escucharon disparos en diversos puntos de la ciudad. Las escenas, dijo el abogado Miguel Ortiz Pellegrini, representante de los policías autoacuartelados, le hicieron recordar “a las películas del Apartheid de Africa”.
En esas horas fue herido de un disparo en el tórax un joven de 20 años, cuya identidad hasta anoche aún no se había establecido. Vecino del barrio Ciudad Evita, fue llevado por familiares al hospital San Roque. El muchacho llegó muerto, “con una herida de arma de fuego en el tórax. Ingresó en ese estado, no tuvimos oportunidad de asistirlo”, confirmó el director del hospital, Daniel Mercado, quien al contar el episodio en una entrevista con radio Vorterix rompió en llanto. Otros profesionales del mismo hospital informaron que entre la madrugada y la mañana habían ingresado al menos dos personas con heridas de armas de fuego y muchas otras heridas producidas por balas de goma, pero no con señales de haber sido atacadas con armas blancas.
Durante algunas horas también se computó como fallecido a causa de los saqueos a un hombre de 85 años, quien presuntamente se había descompensado al ser asaltado en su vivienda. Sin embargo, por la tarde, el subdirector del Hospital de Urgencias, Rodolfo del Boca, quien había informado sobre ese fallecimiento, se desmintió a sí mismo, en diálogo con el diario cordobés La voz del interior.
Las cerca de 40 horas que duró el autoacuartelamiento fueron traducidas en números preliminares por las cámaras comerciales, que anunciaron la realización de un relevamiento pormenorizado. En la mañana, el vicepresidente de la Cámara de Supermercados de Córdoba y propietario de la cadena Buenos Días, Benjamín Blanch, había estimado en al menos 50 los locales afectados. “Es una cosa nunca vista, no se puede comparar con nada de lo que hemos visto en el ’89 ni en el 2001, no hay punto de comparación. Grupos de delincuentes en moto rompían y saqueaban alguna cosa y después, la gente común venía y se llevaba mercadería, realmente es para un estudio sociológico por qué el ciudadano común se suma a esta actitud”, dijo.
Por su parte, el presidente de la Cámara de Comercio cordobesa, Horacio Busso, dijo en la tarde que “al menos mil negocios” resultaron afectados. “Como mínimo, se puede hablar de mil comercios, entre ferreterías, locales y supermercados con pérdidas millonarias”, explicó, antes de agregar que “la principal preocupación debe estar centrada en apoyar al pequeño comerciante, que no puede pagar ni la restitución de la vidriera, porque las grandes cadenas cuentan, por ejemplo, con seguros”.
Mientras que por la televisión y los medios digitales se reproducían escenas de los saqueos registradas por vecinos de los comercios perjudicados, parte del presunto botín robado fue exhibido en las redes sociales por quienes se identificaban como saqueadores. Perfiles de Facebook mostraban fotos de ropa deportiva, puñados de teléfonos celulares en apariencia nuevos y productos electrónicos, acompañados por frases como “me cansé de sacar ropa y tillas en Dexter todo”, “alta chorriiada” y “alto saqueo con los pibes”.
LAS ESCENAS DRAMATICAS DE UNA CIUDAD CONVERTIDA EN TIERRA DE NADIE
La noche en que Córdoba vivió en peligro
El hombre que vio a los vecinos saquear su ferretería. Los que armaron barricadas y se defendieron por mano propia. El joven golpeado porque ser morocho lo hizo sospechoso. Los tiros y la noche sin dormir. Imágenes que los cordobeses nunca creyeron que vivirían.
Por Marta Platía
Desde Córdoba
Ya de día, la gente se llevaba, a pie, en autos o en moto, lo que aún quedaba en los comercios.El hombre vio, desde la ventana de su casa en barrio Argüello, al norte de Córdoba capital, cómo un grupo de personas saqueaba su ferretería. El hombre vio, con un dolor nuevo, a algunos de sus propios clientes y vecinos llevándoselo todo.
“Hace 22 años que tengo este negocio. Y lo que más me dolió fue que a muchos de los que vi saqueando los conozco... Pero voy a tratar de olvidarme de eso. No me van a quebrar. Voy a empezar de nuevo. Lo que todavía no me explico es por qué antes de irse prendieron fuego.” El hombre se había limpiado las lágrimas antes de hablar con el cronista radial. Había contenido a su esposa, que sufrió un ataque de nervios.
Se había recompuesto él mismo de “un llanto que le sacudía el cuerpo”, según relató el periodista Nicolás Gerchunoff. Eran cerca de las diez y media de la mañana y en esa zona los saqueos continuaban. Bajo un sol blanco, la gente se llevaba, a pie, en autos o en moto, lo que aún quedaba en las casas de electrodomésticos de la zona, y hasta en una modestísima peluquería.
Otro cronista alcanzó a preguntarle a un joven que llevaba ¡una mesa! en su moto por qué lo hacía. “¿Hacer qué?” “Robar, robar esa mesa.” “No, yo no la estoy robando. La llevo.” “Pero si no es suya. Yo lo he visto cuando la sacaba”, insistió el reportero. El rugido del motor en la huida fue la respuesta.
La noche había sido de terror. De literal terror. El tableteo de los disparos, los estallidos de proyectiles que algunos usaron para volar portones, el escándalo de los perros que corrían desesperados, erráticos, no habían dejado dormir a nadie. Acercarse a las ventanas era peligroso. Córdoba pareció una zona de guerra. De hecho era una zona liberada. Liberada por la policía que se había atrincherado. Por un reclamo que nadie cuestionó por justo, pero sí en su procedimiento, en su método para llegar al fin. La total desprotección se vivió en la piel y en el miedo ardiendo en la nuca, en el temblor de las manos. “Para ir al baño, íbamos caminando agachados, casi al ras del piso”, contó Nancy D., de barrio Quebrada de las Rosas, que se encerró en uno de los dormitorios de su casa con sus dos hijos adolescentes. “Recién cuando el sol estuvo alto nos animamos a dormir. Nos intentaron abrir el portón de la casa un par de veces. Fue horrible... Corrían arriba del techo... Tuvimos miedo de que entraran por la puerta del patio. ¡Todos, todos tienen la culpa –se agitó Nancy P.–, De la Sota y también la Presidenta... No nos pueden dejar así de solos.
Esto fue espantoso!”
Vecina de uno de los grandes shoppings del centro cordobés, Mabel N. y su marido tampoco pegaron un ojo: “Se escuchaban los disparos desde la avenida Colón (la 9 de Julio cordobesa), y con Alberto nos pasamos la noche oyendo los gritos, las corridas... Y por otro lado, el hecho de que los camiones que descargan mercadería en las madrugadas en las bodegas del shopping tampoco vinieron nos hizo sentir que todo era más grave. Desde la dictadura que no vivíamos una noche como ésta, esperando que nos tocara...”.
En Nueva Córdoba, grupos de estudiantes y vecinos armados o a puro puño montaron barricadas y decidieron defenderse “por mano propia”. Una de las imágenes más desoladoras fue la de un muchacho morocho, un clásico “portador de rostro”, como se les llama a los chicos de las barriadas más pobres, salvajemente golpeado “por si acaso”. El video recorrió las redes sociales: “¡No soy un ladrón!”, gritaba el chico y blandía su DNI para demostrar que sólo pasaba por allí. Su hermana lo encontró “golpeadísimo, muy mal y prontuariado”, en una comisaría. “¿Y ahora cómo vamos a hacer para demostrar que él no hizo nada?”, se preguntaba, agotada por los nervios y la búsqueda.
Mientras la oscuridad y los tiros, el gobernador en vuelo desde Panamá, el Panal –como se le llama a la nueva Casa de Gobierno– parecía ciego, sordo y mudo. Tanto la vice, Alicia Pregno, como la ministra de Seguridad o cualquier otro miembro de su gabinete no aparecieron para decir nada. Y él mismo, cuando por fin dio la cara, no sólo ordenó poner música fiestera antes de la conferencia de prensa, sino que ni siquiera pidió un mínimo perdón a sus “queridos cordobeses” –como gusta repetir con su tono engolado– por la peor noche que se ha (sobre)vivido desde el regreso de la democracia.
Nadie estuvo a salvo. Nadie se sintió a salvo. Las mandíbulas apretadas ante cada sonido, ante cada sacudida de la puerta de calle. De las balas que silbaban, de las corridas y los gritos. Esa fue la banda de sonido de “la película de terror que se pareció mucho a ésas de zombies que se ven en el cable”, comparó Silvio M., un pibe de 18 años que “montó guardia” dentro de su casa con su hermana Silvana en la zona conocida como El Infiernillo, cerca del estadio de fútbol Mario Kempes.
Con la luz del día sobrevino el silencio. Un silencio sobrecogedor. De esos que asustan. Sin ómnibus, ni chicos en los colegios, ni gente en sus trabajos, ni barrenderos, ni comercios abiertos. Calles fantasmas como antes lo fueron salvajes, despiadadas. Y el miedo. Omnipresente. Caliente. Cocinándose en los 38 grados que siguieron castigando bajo un sol criminal. El miedo que todavía se respiraba y se respiró a lo largo de toda la jornada a pesar del “arreglo” al que llegó De la Sota con la policía. Es que ahora la policía estaba en la calle. Feliz por su triunfo salarial; pero agotados, armados y con ganas de hacer méritos. Un cóctel que, a nadie se le escapaba, seguía siendo peligroso. A medida que caía la noche, la consigna dicha y tácita era “guardarse”, “tratar de no salir”. Pasar la noche.
Mañana, hoy, sería otro día.
Cero en autocrítica
Por Marta Platía
José Manuel De la Sota habló como si él no tuviese ninguna responsabilidad en lo ocurrido. Según el gobernador –porque es el gobernador y debería hacerse cargo en todo sentido–, “la Nación nos dejó solos”. Habló como una víctima cuando pudo haber intentado ¡negociar el martes lo mismo que negoció ayer! ¿O es que acaso ese dinero no existía? ¿Por qué esperó tanto tiempo? ¿Qué es eso de enviarle ¡un tweet! a la Presidenta pidiendo la Gendarmería cuando, como funcionario, ¡como abogado!, sabe perfectamente cuál es el procedimiento y qué debió hacer en la primera tarde del conflicto, si es que ya tenía en claro que no negociaría con los acuartelados hasta ayer? ¿Adónde estuvo en nuestra noche de terror? ¿Qué hizo mientras Córdoba era tierra de nadie? Al mediodía salió, como si recién asumiera en sus funciones, y lanzó: “¡El martes iré a sentarme a reclamar lo que nos deben!”. ¿Es que a este hombre nada lo detiene en su afán político? ¿No tiene reparos en hacer campaña en medio de semejante caos y cuando aún en sectores de la ciudad había saqueos y miedo?
Hizo el anuncio del acuerdo con los policías acuartelados como si se tratara de un logro de su gestión, aplaudido por su obediente claque, que hasta lo vivó como si se tratara de una fiesta partidaria. ¿Pero qué aplaudían? ¿A quién? ¿A un hombre que hace 14 años que está en el poder y al que se le incendia la provincia irremediablemente cada año? ¿Que tiene a su ex cúpula policial presa, imputada por narcotráfico? ¿A un mandatario al que se le atrinchera la policía y sólo atina a descargar sus propias responsabilidades en el gobierno nacional?
Fue insultante, después de la noche de miedo, desprotección y muerte que vivió Córdoba, la puesta en escena de ayer. Y la arenga del final –“¡Salgamos a atrapar a todos los delincuentes, que no quede ninguno en la calle!”– sonó casi a una (peligrosa) licencia para matar. Un castigo a lo que él mismo, con su inacción, su falta de reflejos, ineptitud o lo que fuere, propició. Pero no. De la Sota no se hace responsable de nada. Ni medio “mea culpa”. La autocrítica estuvo tan ausente como él durante el desastre. Pocos minutos después, y en medio de la lógica alegría por su conquista laboral, un eufórico policía le dijo al periodista Jorge Vasalo, de Radio Universidad: “¡Ahora vamos a salir a hacer de goma Córdoba!”.




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