Europa no levanta cabeza
Año 6. Edición número 293. Domingo 29 de Diciembre de 2013
Por Roberto Montoya. Desde Madrid
mundo@miradasalsur.com
Año 6. Edición número 293. Domingo 29 de Diciembre de 2013
Por Roberto Montoya. Desde Madrid
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En declive. François Hollande y Mariano Rajoy, dos presidentes cuya popularidad está en franco retroceso./ Caído. Berlusconi salió de la escena política.
La Unión Europea se jacta de haber dejado atrás la recesión, pero el desempleo y la inestabilidad política crecen cada día más.
“Hace un año les dije que a finales de 2013 nuestro país estaría mejor, y hoy podemos confirmar que eso es así, hemos salido de la recesión, hemos empezado un lento crecimiento y en el 2014 se iniciará la recuperación gracias a las reformas acometidas.” A Mariano Rajoy se lo veía orgulloso cuando hacía esas declaraciones estos días en su última rueda de prensa del año.
Y técnicamente es así, tras tres trimestres consecutivos sin crecimiento negativo, se considera que España ha salido de la recesión, como buena parte de los países europeos. Y, técnicamente también, España ha vuelto a crecer timidísimamente a finales de 2013. Es la forma de ver el vaso medio lleno y no medio vacío, porque en realidad lo que pronostican organismos como la OCDE (el club de los países desarrollados) es que la caída del PIB español al cerrar 2013 será de “sólo” el 1,3% en vez del 1,7% estimado antes; que el déficit público será de “sólo” un 6,7%, y que el desempleo será “sólo” el 26,4% de la población activa en vez del 27,3%. Ningún organismo financiero internacional estima que el desempleo baje del 25% al menos hasta 2016.
Rajoy, satisfecho con el modelo ultraliberal impuesto por la Unión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI, quiere más de lo mismo para 2014, profundizar aún más las “reformas”, un término que se traduce en ajustes y más ajustes, recortes brutales en sanidad, educación, vivienda social, en la ayuda a personas dependientes; eliminación de subsidios, de becas, de presupuesto para la ciencia y la investigación o la cooperación.
El objetivo: reducir drásticamente el gasto público de forma de poder recuperar los 67.300 millones de euros de las arcas del Estado... utilizados para salvar al sistema bancario.
Ante las constantes protestas callejeras que genera esa política elitista al servicio de la banca y la gran patronal, el gobierno se ha sacado de la manga una Ley de Seguridad que criminaliza las movilizaciones e impone multas astronómicas a quienes participan en ellas.
Para completar el cuadro de derechización, el gobierno acaba de aprobar reformas a la ley del aborto que suponen un retroceso de tres décadas en los derechos conquistados por las mujeres para decidir sobre su propio cuerpo, un cambio criticado en toda Europa.
Y, paralelamente, el partido de Rajoy, el Partido Popular, cada vez más hundido en la ciénaga de la corrupción. Por segunda vez, el juez que investiga las corruptelas y la contabilidad “B” del PP ha hecho un registro con decenas de agentes de la Guardia Civil en la sede central del partido, llevándose ordenadores y miles de documentos de despachos ubicados a pasos del despacho de Rajoy.
Pero no es el presidente español el único que se enorgullece en Europa de las fórmulas utilizadas para enfrentar la crisis. El conservador portugués José Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea (órgano ejecutivo de la UE), decía en septiembre pasado: “Los últimos datos económicos muestran que los sacrificios realizados están dando sus frutos”.
Wolfgang Schäuble, el ministro de Finanzas de Alemania, el país que más presión ejerció en la UE para imponer los durísimos planes de ajuste en Europa en los últimos cinco años, se expresó también en términos similares.
Y todo esto cuando en la UE, y más particularmente en la “eurozona”, el desempleo ha alcanzado al 12% de la población activa; el déficit público el 13%, y cuando el Parlamento Europeo (Legislativo de la UE, hegemonizado hoy por la derecha), ha aprobado por primera vez en su historia un presupuesto para el período 2014-2020 inferior al que acaba de terminar. Es una evidente muestra de la pervivencia de la crisis.
Con un presupuesto semejante será imposible acometer las inversiones públicas necesarias para fomentar el empleo. No pocos analistas prevén que no sólo la UE no ha salido de la crisis, sino que es ahora cuando entrará en una verdadera depresión.
La entrada del SPD –socialdemocracia alemana– en el gobierno de Angela Merkel había provocado en sectores de la izquierda parlamentaria europea expectativas de que algo cambiara en el seno de la UE, que hubiera más garantías de protección social, una defensa del Estado de bienestar ante los estragos provocados por años de ajustes económicos y sociales.
Pero, al menos hasta ahora, no se percibe ningún cambio de fondo en la política alemana frente a Europa. El SPD jugó precisamente en el pasado un papel clave en la “flexibilización laboral” en Alemania, lo que se tradujo en recortes de salarios y derechos de los trabajadores, en aras de abaratar sus productos, aumentar la productividad y las exportaciones.
El malestar social existente en Europa ha hecho caer en picado la credibilidad de buena parte de los partidos políticos tradicionales y ha dado lugar, como sucedió tras el “crac” de 1929, al auge de la ultraderecha. Ya no son simplemente grupúsculos de violentos jóvenes “cabezas rapadas”, sino que cada vez hay más partidos ultraderechistas con fuerte presencia en los Parlamentos de la Unión Europea. En varios países son partidos que van alcanzando y superando en número de escaños a los principales partidos tradicionales.
En Francia, el Frente Nacional (FN) de Marine Le Pen y en Holanda el Partido por la Libertad (PVV) de Geert Wilders, han sellado recientemente una “alianza histórica” y confían ampliarla a otros partidos como el UKIP británico; el Partido de la Libertad (FPÖ) austríaco; el Vlaams Belang belga; los Demócratas Suecos; el Aurora Dorada griego; el Partido del Progreso (FrP) noruego; el Partido del Pueblo danés; los Auténticos Finlandeses y otros partidos ultraderechistas europeos. Pretenden formar un grupo parlamentario propio dentro del Parlamento Europeo, para lo cual necesitan contar con al menos 25 eurodiputados.
Europa se ha librado durante 2013 de un líder político derechista corrupto y patético como Silvio Berlusconi, pero al mismo tiempo partidos conservadores como el británico de David Cameron o incluso socialistas como el de François Hollande en Francia, se escoran cada vez más a la derecha para intentar impedir que la ultraderecha en auge en sus países les arrebate electores.
La crisis económica y política europea ha dado también lugar a un recrudecimiento de proyectos independentistas, como el de Escocia, donde en 2014 se decidirá en referéndum si quiere seguir formando parte del Reino Unido, o el de Cataluña, a cuyo gobierno autónomo Rajoy advierte que le prohibirá la consulta popular que pretende realizar.
A pesar de este panorama inestable e incierto en la Unión Europea –que cuenta actualmente con 28 Estados miembros, muchos de ellos integrantes también de la OTAN–, varios países, como Serbia, Georgia y Turquía golpean a su puerta para entrar, mientras Ucrania se debate entre ingresar en el club europeo o aceptar la relación privilegiada que le ofrece Rusia.
Fuente:MiradasalSur
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