Una amenaza llamada Snowden
Año 6. Edición número 292. Domingo 22 de Diciembre de 2013
Por Roberto Montoya. Desde Madrid
mundo@miradasalsur.com
Año 6. Edición número 292. Domingo 22 de Diciembre de 2013
Por Roberto Montoya. Desde Madrid
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Sin respiro. El filtrador Edward Snowden no da tregua a la NSA con sus revelaciones.
El Parlamento Europeo entrevistará por videoconferencia al joven ex espía.
Seis meses después de las primeras filtraciones de documentos clasificados que demostraron el vasto programa de espionaje masivo a nivel mundial llevado a cabo por Estados Unidos y varios países aliados, se empieza a comprobar que las consecuencias de la acción de Edward Snowden pueden suponer un revés político para la Administración Obama superior al provocado por los otros “garganta profunda” que lo precedieron.
Snowden no desencadenó una crisis en Estados Unidos que obligara a dimitir a Obama como tuvo que hacer Nixon en 1974 tras el Watergate, que hizo estallar anónimamente el que luego se sabría era el número 2 del FBI, Mark Felt, pero le ha obligado por primera vez a mover ficha.
Inicialmente parecía que el presidente estadounidense hacía caso omiso a las críticas y al pedido de explicaciones de numerosos líderes extranjeros por el espionaje al que fueron sometidos sus ciudadanos y ellos mismos, y se limitaba a asegurar que los programas de la Agencia Nacional de Seguridad estadounidense (NSA) y otras agencias de Inteligencia de países aliados sólo perseguían a terroristas y no a ciudadanos normales.
Estaba convencido de que las protestas de Ángela Merkel y otros líderes europeos durarían poco, tal como ya sucedió en 2005, cuando denunciaron las escalas en aeropuertos europeos de aviones camuflados de la CIA que transportaban personas secuestradas hacia centros de tortura.
Pero el dosificado goteo de revelación de documentos que viene haciendo Snowden a través de un eficaz equipo de colaboradores y medios de comunicación ponen cada vez más en aprietos a la Casa Blanca.
El duro discurso de Dilma Rouseff en la Asamblea General de la ONU de septiembre pasado, denunciando en presencia del propio Obama el espionaje al que su país y ella misma habían sufrido, dio lugar a un debate posterior que acaba de concluir con una inédita resolución. A instancias de Brasil y –sorprendentemente– de Alemania, el pleno de la Asamblea General de Naciones Unidas, por consenso de sus 193 estados miembros, ha aprobado una resolución condenatoria del espionaje masivo, invocando el artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el artículo 17 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.
Las revelaciones de Snowden no cesan. El sábado sacó a la luz a través de The New York Times, The Guardian y Der Spiegel, nuevos documentos que demuestran cómo el espionaje alcanzó incluso a un aliado clave para Estados Unidos, Israel.
Entre 2008 y 2011, la NSA estadounidense y su homólogo británico, el Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno (CGHQ), interceptaron las comunicaciones del entonces primer ministro israelí, Ehud Olmert; del ministro de Defensa, Ehud Barak, y del jefe de Gabinete, Yoni Koren.
Ni el Fondo para la Infancia de la ONU (Unicef) ni el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) o la ONG Médicos sin Frontera se salvaron del espionaje. Tampoco el vicepresidente de la Comisión Europea (órgano ejecutivo de la Unión Europea) y el comisario europeo para la Competencia, el socialista español Joaquín Almunia. Fue él, no casualmente, quien libró importantes batallas contra el rol monopólico de empresas estadounidenses como Intel, Microsoft o Google.
A medida que se conocen las nuevas entregas de Snowden, más sorpresa e indignación provocan entre líderes de países aliados e instituciones internacionales; nada parece haberse librado de la lupa del Big Brother. Los eurodiputados del Parlamento Europeo (Legislativo de la UE), mantendrán en Enero una videoconferencia con Snowden, una decisión inédita que ha molestado enormemente a Washington.
Obama se ha visto obligado a encargar a un grupo de expertos un estudio para ver cómo garantizar la seguridad nacional –de Estados Unidos, se entiende– sin afectar a la privacidad de los ciudadanos. Y el informe, a pesar de ser un encargo de la Casa Blanca, advierte de riesgos a que dan lugar los programas de espionaje. Sostienen que los espías de la NSA tienen medios para alterar incluso las cifras de cualquier cuenta bancaria.
“Los gobiernos no deben usar sus capacidades cibernéticas para alterar la cantidad de dinero en las cuentas financieras u otras formas de manipulación del sistema financiero”, dice una de las 46 recomendaciones que se han filtrado.
En las 300 páginas de ese informe –no vinculante– se recomienda que la NSA sea dirigida por un civil, confirmado por el Senado, y no por un militar, como viene siendo habitual desde su creación en 1952, y que sea el presidente y otros altos funcionarios de la Administración quienes supervisen a qué líderes extranjeros se espía.
Barack Obama ya ha defendido este viernes pasado, antes de iniciar sus vacaciones navideñas en Hawai, que los programas de espionaje masivo “siguen siendo necesarios”, que son “parte esencial de la seguridadad nacional”, aunque aseguró que tomaría en cuenta los consejos para rediseñar el modelo y para preservar la privacidad de los estadounidenses honestos.
Sin embargo, Obama no prometió modificar los programas que utiliza la NSA para espiar a millones de personas e instituciones en el exterior, “porque no están sujetos a las mismas limitaciones legales que en Estados Unidos”, dijo. El portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, declaró que el presidente anunciará los cambios públicamente en Enero.
Y, en Estados Unidos, un juez federal de Washington, Richard Leon, ha cuestionado la constitucionalidad del espionaje masivo y ha fallado a favor del abogado y activista social Larry Klayman, quien había reclamado que se borraran de la Base de Datos de Investigación de Terroristas de la NSA toda la información referente a él y a uno de sus clientes. Este fallo ha animado a muchos otros estadounidenses a recurrir a los tribunales con el mismo objetivo.
El caso Snowden está teniendo efectos de lo más diversos. Días atrás, un alto funcionario de la NSA, Richard Ledgett, decía públicamente que no se descartaba exculpar al joven ex espía de la CIA y la NSA, si entregaba los miles de documentos en su poder aún no publicados, y se comprometía a no difundir ni uno más.
Aunque esa posibilidad fue desmentida por el director de la agencia, el general Keith Alexander, da idea de hasta qué punto la Administración Obama está preocupada por las revelaciones que Snowden puede seguir haciendo durante años. La NSA y la CIA desconocen qué material se llevó el ex agente en los cinco ordenadores y numerosos discos duros externos cuando abandonó abruptamente su puesto en Hawai en mayo pasado, y esto les hace estar a su merced, a la espera cotidiana de sus nuevas revelaciones.
Sus filtraciones trascienden en importancia a las realizadas por WikiLeaks sobre la actuación de Estados Unidos en Irak y Afganistán primero, y después sobre los memorandos internos de embajadas de todo el mundo. Snowden ha golpeado al corazón mismo de sus servicios de Inteligencia, ha destapado cómo operan los servicios secretos, ha dejado en descubierto cómo funcionan complejisimos y costosos programas de espionaje masivo a sus propios ciudadanos y a ciudadanos de todo el mundo que se tardó años en elaborar y poner en marcha .
Fuente:MiradasalSur
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