El médico afirmó que el niño “Estaba en perfectas condiciones y la madre estresada”. Los visitó en varias oportunidades en la cárcel del Buen Pastor donde había otras mujeres detenidas con sus niños a quienes también brindó información sobre cuidados pediátricos específicos. Luego declaró Daniel Alberto Waquim, exdelegado de la UES Córdoba, cuyas hermanas fueron secuestradas y permanecen desaparecidas. Les pidió a los represores que “digan la verdad”.
El médico pediatra le dijo al Tribunal, presidido por Jaime Díaz Gavier y conformado por los jueces Julián Falcucci, José Camilo García Uriburu y Carlos Ochoa (sustituto), que en aquel entonces por pedido de Sonia Torres visitó a su hija Silvina Parodi, internada en una sala común del Buen Pastor, donde permanecía junto a su hijo recién nacido, junto a otras mujeres. Lo hizo en varias oportunidades –por lo menos tres veces- y pudo constatar que “El niño estaba en perfectas condiciones y la madre estresada”. Contó que una de las veces le brindó información sobre cómo debía prenderlo al pecho.
El testigo que lleva más de cuarenta años en la profesión relató que en ese momento se desempeñaba en el dispensario del Sagrado Corazón ubicado frente a la cárcel de mujeres y que “conocía a las monjitas del Buen Pastor y en forma paralela trabajaba con el doctor Funes Lastra en un equipo interdisciplinario de investigación y una de las psicólogas del grupo, amiga de Sonia Torres le contó que yo visitaba la cárcel asiduamente y a lo mejor podía darle información”. “Yo no era amigo de Sonia Torres pero no tenía porque no ir a ver un niño”, destacó. Expresó que tal vez por el tiempo transcurrido no recordaba el sexo del bebe. Calculó que tendría una semana de nacido cuando lo asistió por primera vez.
Con el paso del tiempo supo que los niños habían sido retirados del lugar y trasladados a la Casa Cuna. El presidente del Tribunal le preguntó si la madre -Silvina- le había pedido que le acercara algún mensaje a la familia y respondió que no.
Más adelante el Juez Ochoa quiso saber si se interesó por saber qué pasó después con la joven y la respuesta del galeno incluyó una autocrítica. “Siempre conversábamos sobre lo que pasó en esa época. Quizás por culpa de muchos y mía también ocurrían muchas cosas y nunca me supuse que desaparecieran personas. No entraba en mi mente. Seguramente con el equipo de investigación lo comentamos”, dijo como si reflexionara en voz alta
También recordó que en el lugar había otras mujeres con sus niños y que las religiosas le pidieron que los controle. “Las monjas estaban chochas de que les enseñara – a las detenidas- porque les florece la maternidad”, aseveró.
El testigo fue propuesto por la parte querellante en el marco de la causa que investiga la sustracción del hijo de Silvina Parodi y Daniel Orozco nacido en cautiverio. El fiscal Trotta solicitó que sean citados como testigos la monja Monserrat y el chofer Losada.
“Son montoneras…sáquenlas”
Seguidamente, Daniel Alberto Waquim ex delegado de la UES Córdoba, declaró que cuando secuestraron a sus hermanas las mellizas Norma Elinor y Gloria Isabel Waquim, el 7 de enero de 1976, se encontraba durmiendo, a pocas cuadras de su domicilio, en la casa de su abuela.
El testigo relató que el día anterior habían compartido en familia un día de campo en Talahuasi y que al regresar la hermana menor Isabel le había dicho “Yo no podría sufrir ni un secuestro ni la tortura”. Luego contó que según el relato familiar aquella noche “mi madre siente golpes en la puerta, y sin desconfiar, abre y se encuentra con tres personas que le apuntan con armas cortas y largas”. La patota irrumpe a los gritos y les apunta a los padres. “Mis hermanas se estaban levantando, despejándose del sueño. Uno de ellos que parecía que era el que comandaba todo dijo: esas son montoneras…cárguenlas”. El que daba la orden era el oficial de Inteligencia del Ejército y miembro del llamado Comado Libertadores de América, Héctor Pedro Vergez. También se encontraba Guillermo Barreiro en el operativo.
Según un relato de su madre las chicas se desmayaron pero igual las cargaron en dos autos que tomaron direcciones contrarias. Ambas fueron trasladadas al campo de concentración La Ribera y permanecen desaparecidas.
Contó que realizaron las denuncias de rigor en la seccional novena y que el escribiente que la toma lo hace en papel usado, de color rosa, y “garabatea” unos párrafos. “Todo indicaba que había una zona liberada”, evaluó.
Recordó que tal como su hermano Carlos Eduardo detalló durante su testimonio hicieron incontables diligencias para averiguar el paradero de las jóvenes sin resultados. Incluso llegaron hasta Luciano Benjamín Menéndez que recibió a sus padres “con una gran mentira, una carta fraguada donde aludia a una vendetta de Montoneros”.
El ex militante de la UES recordó que eran estudiantes universitarias brillantes, que trabajaban en el negocio familiar y militaban en los barrios. Norma Elinor, estaba a punto de recibirse de psicóloga en tanto que Isabel se graduaría de abogada, con altos promedios, y que lo harían en febrero, un mes después del secuestro. “Esa es la naturaleza de la culpabilidad que pudieron haber tenido mis hermanas: trabajar y estudiar con dedicación”, remató.
Llamado a decir la verdad
En otro tramo del testimonio, el testigo leyó un fragmento de un reportaje periodístico que años atrás la revista Noticias le realizó a Héctor Vergez, imputado por el secuestro y desaparición de sus hermanas. Allí el represor afirma entre otras cosas que duerme tranquilo y no tiene cargos de conciencia y en relación a quienes llevaron adelante los vuelos de la muerte opinó que “lo hicieron de vagos, porque no se tomaron el trabajo de fusilarlos…yo siempre me preocupé por lo que pasaría después”. Y otras expresiones como “en toda guerra hay muertos y en Córdoba no hubo desaparecidos…”
“Me pregunto qué concepto de inocencia manejaban las personas que entraron a mi casa”, inquirió. Y recordó que había sido el propio Vergez quien ordenó: “esas son montoneras, cárguenlas”.
La lectura del reportaje a Vergez culminó cuando la defensora Bazán se opuso porque “no hace a la causa de mi defendido y fue hecha en un contexto extrajudicial”. De todas maneras, obran en la causa el libro Soy Vargas y los recortes de notas periodísticos.
“En mi condición de cristiano, tal vez el peor, como decía San Pablo, quiero seguir por la senda que abrió mi hermano. Quiero llamar a los imputados que están ahí sentados y tuvieron directa relación con el secuestro y la muerte de mis hermanas a que cuenten la verdad; pero, la verdad con arrepentimiento, no la verdad negociada. Porque como sociedad nos va a hacer mucho bien. Es necesario que ellos puedan dar ese paso”, manifestó.
Clandestino
El ex dirigente estudiantil contó que tras los secuestros se mantuvo en la clandestinidad durmiendo en diferentes casas porque sus padres habían recibido la información de que estaba siendo buscado. Sabía que fotografía en mano un miembro del temible D2 –un tal Faragerín- lo buscaba y tenía temor que cuando “me pongan pentotal, dijera algo dormido”. En ese orden explicó que voluntariamente se había propuesto olvidar rostros, nombres y direcciones. Les comunicó a los compañeros de militancia y primero se fue a La Rioja y luego a Buenos Aires. “No tuve más remedio que buscar refugio”, expresó. Y acotó que “Se puede inferir que la cosa era conmigo y que se desquitaron con mis hermanas”.
Ante una pregunta de Claudio Orosz sobre otras detenciones ilegales afirmó que “Casi simultáneamente secuestraron al querido amigo Rubén Motta y a Osvaldo Suárez, y su esposa”.
Tuvo palabras de agradecimiento para las personas que lo ayudaron durante el periplo “empezando por la señora Isolda de Lieñeira que me recibe en su casa a riesgo de todo; a quien le secuestraron su hijo. Yo estoy obligado a ir de un domicilio a otro tratando de salvaguardar lo poco que me quedaba y que era mi persona”, mencionó.
Homenaje a los compañeros de la UES y del Belgrano
“Quiero que el Tribunal y los presentes sepan de la calidad humana de los que éramos considerados el peligro nacional, los compañeros de la UES”, señaló. Y a pedido de la querella recordó a militantes detenidos desaparecidos del Colegio universitario Manuel Belgrano.
“Apenas me entero del secuestro de mis hermanas fui desde Cofico a la casa mi querido amigo del alma Walter Magallanes. Me recibe, me escucha. Paso al living, me trata de consolar y me dice: lo que necesités”. Destacó “la calidad humana del militante estudiantil del Manuel Belgrano “un apóstol de la alegría…andaba con la guitarra a cuestas. Todos los recordamos así”, definió.
“Hemos cometido errores pero teníamos claro lo que queríamos a pesar de nuestra corta edad”,confesó y recordó uno a uno a los militantes Walter Magallanes, Jorge Nadra, Oscar Liñeira y Diego Hunziker.
Describió rasgos que hacen a la personalidad y brindó la información que conocía respecto al destino final de esos compañeros de militancia.
“Ellos no tenían dobleces, eran mis amigos, los peligrosos para la nación que merecían ser fusilados”, ironizó.
Reivindicó a su generación que actuaba con “un profundo sentido de la justicia” y evocó “un gesto heroico de Pablo Schmucler”. Contó que en una oportunidad Pablo se dirigió al negocio familiar de los Waquim y que su padre le recomendó que se fuera del país. Y que el joven le había respondido que “Mientras haya un pobre en Argentina, no me voy”. Recordó que tanto los padres y el hermano -presente en la sala- le habían pedido lo mismo obteniendo igual respuesta. “Y terminó asesinado”, manifestó.
Como mensaje final y desde una perspectiva cristiana reiteró un pedido de arrepentimiento a los imputados que mientras estuvieron en la sala no mostraron ni siquiera una expresión gestual ante el pedido y que a esa altura ya se encontraban en una sala contigua.
El próximo martes continúan las audiencias que se realizan en el primer piso de los Tribunales Federales. En lo que va del juicio han declarado 210 testigos de los cerca de 700 propuesto. En el banquillo hay 39 imputados, entre ellos el jerarca Luciano Benjamín Menéndez. La megacausa reúne unos 26 expedientes que dan cuenta de crímenes de lesa humanidad cometidos entre 1975 y 1977.
Para consultar más información sobre el desarrollo diario del juicio visitar: eldiariodeljuicio.com.ar |Diario El Argentino Córdoba| Blog de Marta Platía, entre otros.
Fuente:PrensaRed
Envío:Agnddhh
El médico pediatra le dijo al Tribunal, presidido por Jaime Díaz Gavier y conformado por los jueces Julián Falcucci, José Camilo García Uriburu y Carlos Ochoa (sustituto), que en aquel entonces por pedido de Sonia Torres visitó a su hija Silvina Parodi, internada en una sala común del Buen Pastor, donde permanecía junto a su hijo recién nacido, junto a otras mujeres. Lo hizo en varias oportunidades –por lo menos tres veces- y pudo constatar que “El niño estaba en perfectas condiciones y la madre estresada”. Contó que una de las veces le brindó información sobre cómo debía prenderlo al pecho.
El testigo que lleva más de cuarenta años en la profesión relató que en ese momento se desempeñaba en el dispensario del Sagrado Corazón ubicado frente a la cárcel de mujeres y que “conocía a las monjitas del Buen Pastor y en forma paralela trabajaba con el doctor Funes Lastra en un equipo interdisciplinario de investigación y una de las psicólogas del grupo, amiga de Sonia Torres le contó que yo visitaba la cárcel asiduamente y a lo mejor podía darle información”. “Yo no era amigo de Sonia Torres pero no tenía porque no ir a ver un niño”, destacó. Expresó que tal vez por el tiempo transcurrido no recordaba el sexo del bebe. Calculó que tendría una semana de nacido cuando lo asistió por primera vez.
Con el paso del tiempo supo que los niños habían sido retirados del lugar y trasladados a la Casa Cuna. El presidente del Tribunal le preguntó si la madre -Silvina- le había pedido que le acercara algún mensaje a la familia y respondió que no.
Más adelante el Juez Ochoa quiso saber si se interesó por saber qué pasó después con la joven y la respuesta del galeno incluyó una autocrítica. “Siempre conversábamos sobre lo que pasó en esa época. Quizás por culpa de muchos y mía también ocurrían muchas cosas y nunca me supuse que desaparecieran personas. No entraba en mi mente. Seguramente con el equipo de investigación lo comentamos”, dijo como si reflexionara en voz alta
También recordó que en el lugar había otras mujeres con sus niños y que las religiosas le pidieron que los controle. “Las monjas estaban chochas de que les enseñara – a las detenidas- porque les florece la maternidad”, aseveró.
El testigo fue propuesto por la parte querellante en el marco de la causa que investiga la sustracción del hijo de Silvina Parodi y Daniel Orozco nacido en cautiverio. El fiscal Trotta solicitó que sean citados como testigos la monja Monserrat y el chofer Losada.
“Son montoneras…sáquenlas”
Seguidamente, Daniel Alberto Waquim ex delegado de la UES Córdoba, declaró que cuando secuestraron a sus hermanas las mellizas Norma Elinor y Gloria Isabel Waquim, el 7 de enero de 1976, se encontraba durmiendo, a pocas cuadras de su domicilio, en la casa de su abuela.
El testigo relató que el día anterior habían compartido en familia un día de campo en Talahuasi y que al regresar la hermana menor Isabel le había dicho “Yo no podría sufrir ni un secuestro ni la tortura”. Luego contó que según el relato familiar aquella noche “mi madre siente golpes en la puerta, y sin desconfiar, abre y se encuentra con tres personas que le apuntan con armas cortas y largas”. La patota irrumpe a los gritos y les apunta a los padres. “Mis hermanas se estaban levantando, despejándose del sueño. Uno de ellos que parecía que era el que comandaba todo dijo: esas son montoneras…cárguenlas”. El que daba la orden era el oficial de Inteligencia del Ejército y miembro del llamado Comado Libertadores de América, Héctor Pedro Vergez. También se encontraba Guillermo Barreiro en el operativo.
Según un relato de su madre las chicas se desmayaron pero igual las cargaron en dos autos que tomaron direcciones contrarias. Ambas fueron trasladadas al campo de concentración La Ribera y permanecen desaparecidas.
Contó que realizaron las denuncias de rigor en la seccional novena y que el escribiente que la toma lo hace en papel usado, de color rosa, y “garabatea” unos párrafos. “Todo indicaba que había una zona liberada”, evaluó.
Recordó que tal como su hermano Carlos Eduardo detalló durante su testimonio hicieron incontables diligencias para averiguar el paradero de las jóvenes sin resultados. Incluso llegaron hasta Luciano Benjamín Menéndez que recibió a sus padres “con una gran mentira, una carta fraguada donde aludia a una vendetta de Montoneros”.
El ex militante de la UES recordó que eran estudiantes universitarias brillantes, que trabajaban en el negocio familiar y militaban en los barrios. Norma Elinor, estaba a punto de recibirse de psicóloga en tanto que Isabel se graduaría de abogada, con altos promedios, y que lo harían en febrero, un mes después del secuestro. “Esa es la naturaleza de la culpabilidad que pudieron haber tenido mis hermanas: trabajar y estudiar con dedicación”, remató.
Llamado a decir la verdad
En otro tramo del testimonio, el testigo leyó un fragmento de un reportaje periodístico que años atrás la revista Noticias le realizó a Héctor Vergez, imputado por el secuestro y desaparición de sus hermanas. Allí el represor afirma entre otras cosas que duerme tranquilo y no tiene cargos de conciencia y en relación a quienes llevaron adelante los vuelos de la muerte opinó que “lo hicieron de vagos, porque no se tomaron el trabajo de fusilarlos…yo siempre me preocupé por lo que pasaría después”. Y otras expresiones como “en toda guerra hay muertos y en Córdoba no hubo desaparecidos…”
“Me pregunto qué concepto de inocencia manejaban las personas que entraron a mi casa”, inquirió. Y recordó que había sido el propio Vergez quien ordenó: “esas son montoneras, cárguenlas”.
La lectura del reportaje a Vergez culminó cuando la defensora Bazán se opuso porque “no hace a la causa de mi defendido y fue hecha en un contexto extrajudicial”. De todas maneras, obran en la causa el libro Soy Vargas y los recortes de notas periodísticos.
“En mi condición de cristiano, tal vez el peor, como decía San Pablo, quiero seguir por la senda que abrió mi hermano. Quiero llamar a los imputados que están ahí sentados y tuvieron directa relación con el secuestro y la muerte de mis hermanas a que cuenten la verdad; pero, la verdad con arrepentimiento, no la verdad negociada. Porque como sociedad nos va a hacer mucho bien. Es necesario que ellos puedan dar ese paso”, manifestó.
Clandestino
El ex dirigente estudiantil contó que tras los secuestros se mantuvo en la clandestinidad durmiendo en diferentes casas porque sus padres habían recibido la información de que estaba siendo buscado. Sabía que fotografía en mano un miembro del temible D2 –un tal Faragerín- lo buscaba y tenía temor que cuando “me pongan pentotal, dijera algo dormido”. En ese orden explicó que voluntariamente se había propuesto olvidar rostros, nombres y direcciones. Les comunicó a los compañeros de militancia y primero se fue a La Rioja y luego a Buenos Aires. “No tuve más remedio que buscar refugio”, expresó. Y acotó que “Se puede inferir que la cosa era conmigo y que se desquitaron con mis hermanas”.
Ante una pregunta de Claudio Orosz sobre otras detenciones ilegales afirmó que “Casi simultáneamente secuestraron al querido amigo Rubén Motta y a Osvaldo Suárez, y su esposa”.
Tuvo palabras de agradecimiento para las personas que lo ayudaron durante el periplo “empezando por la señora Isolda de Lieñeira que me recibe en su casa a riesgo de todo; a quien le secuestraron su hijo. Yo estoy obligado a ir de un domicilio a otro tratando de salvaguardar lo poco que me quedaba y que era mi persona”, mencionó.
Homenaje a los compañeros de la UES y del Belgrano
“Quiero que el Tribunal y los presentes sepan de la calidad humana de los que éramos considerados el peligro nacional, los compañeros de la UES”, señaló. Y a pedido de la querella recordó a militantes detenidos desaparecidos del Colegio universitario Manuel Belgrano.
“Apenas me entero del secuestro de mis hermanas fui desde Cofico a la casa mi querido amigo del alma Walter Magallanes. Me recibe, me escucha. Paso al living, me trata de consolar y me dice: lo que necesités”. Destacó “la calidad humana del militante estudiantil del Manuel Belgrano “un apóstol de la alegría…andaba con la guitarra a cuestas. Todos los recordamos así”, definió.
“Hemos cometido errores pero teníamos claro lo que queríamos a pesar de nuestra corta edad”,confesó y recordó uno a uno a los militantes Walter Magallanes, Jorge Nadra, Oscar Liñeira y Diego Hunziker.
Describió rasgos que hacen a la personalidad y brindó la información que conocía respecto al destino final de esos compañeros de militancia.
“Ellos no tenían dobleces, eran mis amigos, los peligrosos para la nación que merecían ser fusilados”, ironizó.
Reivindicó a su generación que actuaba con “un profundo sentido de la justicia” y evocó “un gesto heroico de Pablo Schmucler”. Contó que en una oportunidad Pablo se dirigió al negocio familiar de los Waquim y que su padre le recomendó que se fuera del país. Y que el joven le había respondido que “Mientras haya un pobre en Argentina, no me voy”. Recordó que tanto los padres y el hermano -presente en la sala- le habían pedido lo mismo obteniendo igual respuesta. “Y terminó asesinado”, manifestó.
Como mensaje final y desde una perspectiva cristiana reiteró un pedido de arrepentimiento a los imputados que mientras estuvieron en la sala no mostraron ni siquiera una expresión gestual ante el pedido y que a esa altura ya se encontraban en una sala contigua.
El próximo martes continúan las audiencias que se realizan en el primer piso de los Tribunales Federales. En lo que va del juicio han declarado 210 testigos de los cerca de 700 propuesto. En el banquillo hay 39 imputados, entre ellos el jerarca Luciano Benjamín Menéndez. La megacausa reúne unos 26 expedientes que dan cuenta de crímenes de lesa humanidad cometidos entre 1975 y 1977.
Para consultar más información sobre el desarrollo diario del juicio visitar: eldiariodeljuicio.com.ar |Diario El Argentino Córdoba| Blog de Marta Platía, entre otros.
Fuente:PrensaRed
Envío:Agnddhh
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