
27 de marzo de 2014
"Condenados", un conmovedor filme argentino del cineasta Carlos Martínez, recrea el tormento que vivieron miles de presos políticos en la cárcel de La Plata, donde muchos encontraron la muerte durante la última dictadura cívico-militar (1976-1983).
La cinta que ya fue presentada en las recientes ediciones de los festivales de Cannes, de Mar del Plata y de Punta del Este, se estrena hoy en varias salas de esta capital y en la ciudad de La Plata.
"Con ella queremos hacer un aporte para mantener viva la memoria del terror que vivió Argentina en esos años, y para que los jóvenes aprendan a apreciar la democracia que hoy vivimos", manifestó su director en la Premiere que auspició anoche la Cancillería en su sala Belgrano.
El Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto ha contribuido a promover internacionalmente la película como un documento testimonial, y acogió el pre-estreno en el marco del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia que conmemoraron los argentinos el pasado lunes 24.
"Condenados", basada en hechos reales y filmada en los mismos recintos donde acontecieron los macabros hechos, cuenta la historia de un grupo de presos políticos, unos acusados de ser peronistas subversivos y otros de pertenecer al movimiento guerrillero Montoneros.
En la cárcel de La Plata, como parte de la política de terror de los militares, los imputados como líderes fueron separados en dos pabellones de la muerte, y en el medio confinaban al resto.
Estuvieron condenados, pero nunca fueron juzgados, y no solo fueron asesinados muchos de ellos, sino que también fueron desaparecidos sus esposas, madres, padres, hermanas y hermanos.
Ese procedimiento sistemático de desaparición y muerte de familiares de prisioneros no es aún conocido y es propósito de esta película difundirlo para que jamás vuelva a suceder, recalcó Martínez.
En el filme hay mucho más que secuestros y muertes, también muestra la lucha por la vida y la dignidad que se renueva día tras días, y cómo la voluntad, el ingenio y el humor jugaron un papel relevante como herramientas de resistencia tras los barrotes y los muros carcelarios.
Al cabo de 32 años, los ejecutores de esos crímenes fueron juzgados y condenados en 2010, como parte de la política de justicia y derechos humanos. Fuente:PrensaLatina |
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