15:30 Cuarto intermedio hasta el martes a las 10:00
15.14 El daño de la incertidumbre
Además, explica su solicitud, ya que pidió que los imputados permanecieran fuera de la sala durante su testimonio: "Creo que la justicia es el único camino que puede reparar los daños que la sociedad recibe. Pero también creo que la condena no es el final de ese camino. Creo que eso cuando digan la lista de los desaparecidos y el lugar en el que está cada uno. Lo único que pacifica es la verdad. Hoy pedí que no estuvieran los imputados aquí cuando yo declaro. Porque no estoy de acuerdo con esta opción que tienen los represores de ir y venir mientras declaramos. Me causa espanto sentir que ellos se burlan de la Justicia".
15:05 "Aprendimos a vivir de otro modo"
Sobre el domicilio de Silvia y Diego, cuenta: "A la casa de ellos la destruyeron completamente, robaron, hicieron inscripciones con pintura. Ellos, los que se decían los defensores de la patria cometieron estos actos vandálicos y criminales. Recuerdo lo que pasó con mucho dolor. Aprendimos a convivir con el miedo, a callar muchas cosas, aprendimos a vivir de otro modo".
14:53 Testigo 269: Declara Cilene Peralta
14:30 Gestos de un represor
El tribunal solicitó el registro fílmico de la jornada para resolver el episodio.
13:54 Orgullo
Los dos testigos del día pusieron en palabras el deseo de todos los que militamos por la Memoria, la Verdad y la Justicia.
13:39 Imágenes
Las imágenes se guardan en la memoria colectiva de esta familia que a pesar de los golpes, se mantuvo unida.
13:23 Exilio
Así, después de su desaparición la familia decidió salir del país con Rumbo a Mejico: "Como dijo Ruben Darío: America Latina Indígena, donde se reza a Cristo y se habla español. A Europa no nos vamos".
13:12 Soledad
"Varios meses después, en agosto de 1976 me enteré que el 24 de mayo los secuestraron a Diego y Poebe, y que a Juanita la dejaron en la casa de unos tíos maternos, y que mis padres y hermanos se habían ido a vivir a México. Me entero las circunstancias terribles que debieron vivir, con poca presición".
Santiago viajó a encontrarse con su familia y allí tuvo largas conversaciones con su padre, quien le detalló el secuestro.
13.03 Testigo 268: declara Santiago Alejandro Ferreyra
Es otro de los hermanos de Diego Ferreyra y estuvo con la pareja poco antes de su secuestro.
"A Poebe la vi muy mal, estaba mal física y psicológicamente. No se podía recuperar de los cuarenta días que permaneció secuestrada en Mendoza, donde fue brutalmente torturada". Ese mismo año, su cuñada había sido llevada en un operativo y luego la habían liberado luego de que su padre pagara una fianza.
12:36 Desaparición, no detención
"No fueron detenidos, sino desaparecidos", aclara, en relación a los secuestros clandestinos de los que fueron víctima tantos jóvenes en manos de las fuerzas armadas de este país.
12:29 Homenaje a la democracia.
Así reflexionó el testigo después de dar el listado de víctimas de estudiantes del Colegio Nacional Belgrano, de donde su madre Delia había sido directora, y todos los hermanos asistían.
12:20 La memoria de los verdugos
"Uno era canoso, de piel rosa, con barba y vestido de gimnasia. Otro hombre, el que le apuntó a mi hermano apoyado sobre el capot del auto, fue reconocido por mi madre como Vergéz, en algunas fotos en internet. Por suerte le pudo ver la cara, me alegro que la haya recordado".
Silvia y Diego.
12:03 El secuestro
Era el 24 de mayo de 1976 y los secuestraron frente a los padres de él y la hija de ambos en un hecho de gran violencia, cuando iban en el auto a la altura del vado de Sagrada Familia.
11:52 Testigo 267: Declara Pablo Alejandro Ferreyra
Comenzó el testimonio con la lectura de una carta escrita por su madre, Delia, a diez días de la desaparición de su hijo cuando emprendieron el exilio a México.
"Aca estaba en ezeiza esperando que lleguen las 7 para embarcarnos. No te pongas triste, porque nosotros no lo estamos ... Nuestra familia es una familia bien constituida, no hay culpa sino circunstancias repartidas. Yo he criado a mis hijos en el amor, la justicia (...)
El Negro ha dado ejemplo de lucha, trabajo y desprendimiento extremo a las cosas materiales de este mundo.
No siento culpa, culpa tienen sí los hijos de puta que explotan al prójimo, los q viven del salario q no pagan a sus obreros.Puedo llorar por todo lo que he perdido pero estoy orgullosa de todos nuestros chicos
No crea q le digo esto para que no este triste y no se enferme. Récele San Francisco que también fue un loco y mal mirado en su época, y tuvo una madre que lloró por él, récele por todos los que crean en el camino dificil, pongase contenta que yo tambien lo estoy. ... Un poco de tristeza, un poco, nada mas."
Enrique y Delia son los padres de 11 hermanos y hoy no pueden declarar porque fallecieron en el largo tiempo que se tomó la Justicia en llegar.
11:44 Nueva jornada de testigos
Diego y Silvia eran militantes del Partido Revolucionario de los Trabajadores y fueron desaparecidos el 24 de mayo de 1976, en cercanías de la Avenida Sagrada Familia.
"Mi madre buscaba en los padrones de 1983 el nombre de mi hermana. Y sí, salía, porque no la reconocían como muerta. Ese día ella se pasó todo el día en el lugar al que le correspondía ir a votar, esperándola. Me refiero a esto por la incertidumbre de la figura del desaparecido. Me refiero a esto por el daño que se le causa a un familiar que debe decidir cuándo empieza a pensar en el desaparecido como un muerto", expresa con claridad Cilene Peralta.
Después del 24 de mayo de 1976, cuando se los llevaron, toda la familia emprendió la búsqueda de cualquier información que los llevara hasta Silvia. Consiguieron el testimonio de alguien que la había visto en La Perla, y la describió como: "una chica muy linda, que entró gritando desesperadamente". La testigo recuerda: "Yo pensé, cómo no va a ser así, si ella ya vivió lo terrible de un secuestro hace dos meses.Ella había estado secuestrada. Había sido torturada. Después no supimos más nada. Hasta que no digan donde están los cuerpos, los desaparecidos, no vamos a saber más nada".
Es la hermana de Silvia "Pohebe" Peralta, desaparecida el 24 de mayo de 1976. Comienza su testimonio contando que su hermano Esteban Peralta fue asesinado por el Comando Radioeléctrico en Córdoba, un suceso doloroso que marcó a la familia y vino acompañada de los despidos de sus padres en sus respectivos trabajos. Estaban siendo perseguidos: "Ahí vino la dispersión de la familia. Mi hermana se fue a Mendoza junto a su marido y su hija. Allí la secuestraron a comienzos del año y la llevaron hasta la D2, la central de la policía de Córdoba. La liberaron después, cuando se pagó una fianza. Ella tenía lesiones en todo el cuerpo por las torturas recibidas".
El Dr. Orosz denuncia ante el tribunal la situación vivida por el hermano de una de las víctimas durante el cuarto intermedio: Cuando Paco Ferreyra, sentado entre el público levantó la foto de su hermano Diego, desaparecido, el imputad Vergéz le mostró su mano como gatillando un arma varias veces. Hoy los testigos señalaron a Vergéz como el autor de los disparos que terminaron con la vida de Diego.
"Aprovecho para decir, que siempre pienso y les deso a los señores un juicio justo, trasnparente y breve. Que nosotros no tuvimos. Me siento muy orgulloso de tener este juicio. porque esto es único, porque aún con tre8 años de retraso, que fue muy tarde para mi papá, para mi mamá, para Milka y Hugo Peralta, es el unico país en el que esto pasa, y que nos permite, como decía mi mamá, estar siempre en la lucha con honor y sin verguerza".
"Mi papá tocaba la corneta desesperadamente. Aferrado a ella. Como pensando, que si Dios existe, que lo escuche. Mi mamá había entrado en la casa gritando que se habían llevado a Diego, que había que juntar las cosas para irse". Acababa de suceder el secuestro y ambos habían sido testigos.
Ante una pregunta del abogado Claudio Orosz, el testigo responde que su hermano y cuñada también estaban perseguidos: era militante del Centro de Estudiantes de Arquitectura, y Silvia militaba en el Comite de la Facultad de Derecho. "Pero toda nuestra familia estaba señalada y perseguida".
Santiago también militaba y las condiciones institucionales del país, desde el año 1974 no le brindaban ninguna seguridad. Las fuerzas represivas lo perseguían, era un perseguido político y por ello pasó a la clandestinidad y se alejó de su familia.
"Siempre tuvimos una fuerte inclinación política, que nos interesaba trabajar por un mundo más justo, y le 'poníamos el cuerpo', como le decíamos cuando éramos jóvenes".
El testigo corrige a uno de los abogados defensores, el Dr. Casas Nóblega, cuando le pregunta por la "detención" de su hermano.
"La justicia ha sido lenta, pero ha llegado, y creo que nos tenemos que sentir orgullosos de este proceso. Quiero que sepan que a pesar de los niños que mataron, los jovenes que mataron, los adultos que mataron... la democracia es un bien que nos pertenece a todos, y hoy nosotros contra ellos no pedimos venganza.
Queremos que haya un juicio, que vayan presos. Nosotros queremos que nuestros jóvenes puedan vivir con la verdad, decimos una verdad que no tiene cuestiones ocultas. Si hay Justicia es porque la democracia lo permite. Está bueno poder venir a expresarse, a decir las cosas. Y el que sea culpable, que vaya preso, el que no, que salga en libertad".
Pablo recuerda a algunas de las personas que sus padres les describieron como los verdugos que aquel mediodía les arrancaron a Diego y Silvia:
La mesa estaba servida cuando llegó a casa el padre de los Ferreyra. Desesperado, tocando la bocina de su rastrojero, luego golpeando la puerta con insitencia. Se habían llevado herido a su hijo Diego y a su mujer, Poebe, como le decían a Silvia. Enrique venía con Juanita, la bebé, en brazos y organizó la salida de toda la familia del país. Debían preparar sus cosas, los más chicos tenían que elegir sólo un juguete para llevar.
Después de jurar decir la verdad "por el amor de mis padres", comenzó a declarar el hermano de Diego Ferreyra.
Declaran hoy tres testigos: Santiago Ferreyra, Pablo Alejandro Ferreyra y Cilene Peralta. Los primeros son hermanos de Diego Alejandro Ferreyra, y la última es la hermana de Silvia Peralta.
Fuente:DiariodelJuicio
Envío:cCecilio Manuel Salguero
Después del 24 de mayo de 1976, cuando se los llevaron, toda la familia emprendió la búsqueda de cualquier información que los llevara hasta Silvia. Consiguieron el testimonio de alguien que la había visto en La Perla, y la describió como: "una chica muy linda, que entró gritando desesperadamente". La testigo recuerda: "Yo pensé, cómo no va a ser así, si ella ya vivió lo terrible de un secuestro hace dos meses.Ella había estado secuestrada. Había sido torturada. Después no supimos más nada. Hasta que no digan donde están los cuerpos, los desaparecidos, no vamos a saber más nada".
Es la hermana de Silvia "Pohebe" Peralta, desaparecida el 24 de mayo de 1976. Comienza su testimonio contando que su hermano Esteban Peralta fue asesinado por el Comando Radioeléctrico en Córdoba, un suceso doloroso que marcó a la familia y vino acompañada de los despidos de sus padres en sus respectivos trabajos. Estaban siendo perseguidos: "Ahí vino la dispersión de la familia. Mi hermana se fue a Mendoza junto a su marido y su hija. Allí la secuestraron a comienzos del año y la llevaron hasta la D2, la central de la policía de Córdoba. La liberaron después, cuando se pagó una fianza. Ella tenía lesiones en todo el cuerpo por las torturas recibidas".
El Dr. Orosz denuncia ante el tribunal la situación vivida por el hermano de una de las víctimas durante el cuarto intermedio: Cuando Paco Ferreyra, sentado entre el público levantó la foto de su hermano Diego, desaparecido, el imputad Vergéz le mostró su mano como gatillando un arma varias veces. Hoy los testigos señalaron a Vergéz como el autor de los disparos que terminaron con la vida de Diego.
"Aprovecho para decir, que siempre pienso y les deso a los señores un juicio justo, trasnparente y breve. Que nosotros no tuvimos. Me siento muy orgulloso de tener este juicio. porque esto es único, porque aún con tre8 años de retraso, que fue muy tarde para mi papá, para mi mamá, para Milka y Hugo Peralta, es el unico país en el que esto pasa, y que nos permite, como decía mi mamá, estar siempre en la lucha con honor y sin verguerza".
"Mi papá tocaba la corneta desesperadamente. Aferrado a ella. Como pensando, que si Dios existe, que lo escuche. Mi mamá había entrado en la casa gritando que se habían llevado a Diego, que había que juntar las cosas para irse". Acababa de suceder el secuestro y ambos habían sido testigos.
Ante una pregunta del abogado Claudio Orosz, el testigo responde que su hermano y cuñada también estaban perseguidos: era militante del Centro de Estudiantes de Arquitectura, y Silvia militaba en el Comite de la Facultad de Derecho. "Pero toda nuestra familia estaba señalada y perseguida".
Santiago también militaba y las condiciones institucionales del país, desde el año 1974 no le brindaban ninguna seguridad. Las fuerzas represivas lo perseguían, era un perseguido político y por ello pasó a la clandestinidad y se alejó de su familia.
"Siempre tuvimos una fuerte inclinación política, que nos interesaba trabajar por un mundo más justo, y le 'poníamos el cuerpo', como le decíamos cuando éramos jóvenes".
El testigo corrige a uno de los abogados defensores, el Dr. Casas Nóblega, cuando le pregunta por la "detención" de su hermano.
"La justicia ha sido lenta, pero ha llegado, y creo que nos tenemos que sentir orgullosos de este proceso. Quiero que sepan que a pesar de los niños que mataron, los jovenes que mataron, los adultos que mataron... la democracia es un bien que nos pertenece a todos, y hoy nosotros contra ellos no pedimos venganza.
Queremos que haya un juicio, que vayan presos. Nosotros queremos que nuestros jóvenes puedan vivir con la verdad, decimos una verdad que no tiene cuestiones ocultas. Si hay Justicia es porque la democracia lo permite. Está bueno poder venir a expresarse, a decir las cosas. Y el que sea culpable, que vaya preso, el que no, que salga en libertad".
Pablo recuerda a algunas de las personas que sus padres les describieron como los verdugos que aquel mediodía les arrancaron a Diego y Silvia:
La mesa estaba servida cuando llegó a casa el padre de los Ferreyra. Desesperado, tocando la bocina de su rastrojero, luego golpeando la puerta con insitencia. Se habían llevado herido a su hijo Diego y a su mujer, Poebe, como le decían a Silvia. Enrique venía con Juanita, la bebé, en brazos y organizó la salida de toda la familia del país. Debían preparar sus cosas, los más chicos tenían que elegir sólo un juguete para llevar.
Después de jurar decir la verdad "por el amor de mis padres", comenzó a declarar el hermano de Diego Ferreyra.
Declaran hoy tres testigos: Santiago Ferreyra, Pablo Alejandro Ferreyra y Cilene Peralta. Los primeros son hermanos de Diego Alejandro Ferreyra, y la última es la hermana de Silvia Peralta.
Fuente:DiariodelJuicio
Envío:cCecilio Manuel Salguero
22.04.2014
Derechos Humanos
Los represores "se dieron el lujo de marcarnos para toda la vida", dijo una testigo en la causa La Perla
Derechos Humanos
Los represores "se dieron el lujo de marcarnos para toda la vida", dijo una testigo en la causa La Perla
Susana Patricia Aldecoa declaró en el juicio que se lleva a cabo en los tribunales federales de Córdoba por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico-militar.
Aldecoa declaró en relación a la desaparición de su padre adoptivo, Hugo Alberto Junco, que fue secuestrado de su domicilio en la localidad de Río Ceballos, distante unos 52 kilómetros al noroeste de la ciudad de Córdoba en la marugada del 4 de agosto de 1976, y aún permanece en condición de desaparecido.
Aldecoa recordó que en la noche del secuestro su padre estaba "inquieto, raro. De pronto empezaron a escucharse ruidos, y afuera gritaban: `abrí porque tenés la casa rodeada`".
Señaló que cuando le preguntó a su padre "¿qué pasa, papá?", la respuesta fue "nada", y al abrir la puerta vio entrar a personas vestidas de negro, con tapados largos y armas.
La hija de Hugo Junco recordó que las últimas palabras que le dijo su padre fueron: "quedate tranquila, no va a pasar nada. Cuidá de tu mamá y tus hermanos".
Otra de las testigos fue Teresa del Niño Jesús Benavídez, esposa de Hugo Junco, quien además de chapista era obrero y delegado gremial del Frigorífico Mediterráneo.
Benavídez precisó que tiempo después del secuestro de su esposo se entrevistó con Luis Carnero (un electricista vecino de Río Ceballos y secuestrado durante 4 días), quien le dijo que había escuchado la voz de Hugo Alberto en La Perla.
Posteriormente, narró todo el camino que transitó en soledad o acompañada de sus hijos, en la búsqueda de su marido, y recordó su visita al Tercer Cuerpo de Ejército.
"Me llevaban por galerías largas. Pero nadie me dijo nada", evocó.
También declaró Julio Pascual Junco, otro hijo de Hugo Junco, quien recordó que tenía 12 años cuando su padre fue secuestrado por la patota.
"Con el paso del tiempo quise averiguar quién era él como delegado. Supe de su actividad sindical en esos años, cuando paraban el frigorífico para lograr algún objetivo económico o laboral. Supe que también le quisieron comprar la renuncia como delegado, para sacárselo del medio. Pero él no aceptó", afirmó.
La última testigo de la audiencia 139 fue Alejandrina del Carmen Meisner, ex militante gremial en el Smata, detenida en la madrugada del 24 de marzo de 1976 y previo pasar por el Departamento de Informaciones de la policía provincial (D2), fue alojada en la cárcel del Buen Pastor.
Precisó que a los 10 días de estar ahí, "llegó una chica jovencita con unos ocho meses de embarazo. Ella lloraba mucho. Nos dijo que su papá era militar, que a su esposo lo habían llevado a La Perla".
"Como a los ocho días la sacaron y nunca más la vimos. Ella nos dijo que era Parodi de apellido (Silvina, la hija de Sonia Torres, titular de la filial Córdoba de Abuelas de Plaza de Mayo, actualmente desaparecida y su hijo apropiado)", señaló.
Agregó que "a Parodi la sacaron a la madrugada, era bien de noche. Ella me dijo que era hija de un militar, nosotras pensamos que le daban la libertad porque era hija de un militar y decíamos `gracias a Dios que te dan la libertad`".
Luego de los testimonios, el Tribunal Oral Federal número 1 (TOF1) resolvió pasar a un cuarto intermedio hasta mañana a las 10 donde declararán nuevos testigos.
"Es increíble cómo puede cambiar la vida en una sola noche""Es increíble cómo puede cambiar la vida en una sola noche", señaló la testigo, y añadió: "Ellos -los represores-, se dieron el lujo de marcarnos para toda la vida. Y nosotros no tenemos ni dónde ir a llorarlo. Hoy vamos al Parque de la Memoria de Río Ceballos, donde podemos tomarnos un mate o sentarnos bajo un árbol".
Aldecoa recordó que en la noche del secuestro su padre estaba "inquieto, raro. De pronto empezaron a escucharse ruidos, y afuera gritaban: `abrí porque tenés la casa rodeada`".
Señaló que cuando le preguntó a su padre "¿qué pasa, papá?", la respuesta fue "nada", y al abrir la puerta vio entrar a personas vestidas de negro, con tapados largos y armas.
La hija de Hugo Junco recordó que las últimas palabras que le dijo su padre fueron: "quedate tranquila, no va a pasar nada. Cuidá de tu mamá y tus hermanos".
Otra de las testigos fue Teresa del Niño Jesús Benavídez, esposa de Hugo Junco, quien además de chapista era obrero y delegado gremial del Frigorífico Mediterráneo.
Benavídez precisó que tiempo después del secuestro de su esposo se entrevistó con Luis Carnero (un electricista vecino de Río Ceballos y secuestrado durante 4 días), quien le dijo que había escuchado la voz de Hugo Alberto en La Perla.
Posteriormente, narró todo el camino que transitó en soledad o acompañada de sus hijos, en la búsqueda de su marido, y recordó su visita al Tercer Cuerpo de Ejército.
"Me llevaban por galerías largas. Pero nadie me dijo nada", evocó.
También declaró Julio Pascual Junco, otro hijo de Hugo Junco, quien recordó que tenía 12 años cuando su padre fue secuestrado por la patota.
"Con el paso del tiempo quise averiguar quién era él como delegado. Supe de su actividad sindical en esos años, cuando paraban el frigorífico para lograr algún objetivo económico o laboral. Supe que también le quisieron comprar la renuncia como delegado, para sacárselo del medio. Pero él no aceptó", afirmó.
La última testigo de la audiencia 139 fue Alejandrina del Carmen Meisner, ex militante gremial en el Smata, detenida en la madrugada del 24 de marzo de 1976 y previo pasar por el Departamento de Informaciones de la policía provincial (D2), fue alojada en la cárcel del Buen Pastor.
Precisó que a los 10 días de estar ahí, "llegó una chica jovencita con unos ocho meses de embarazo. Ella lloraba mucho. Nos dijo que su papá era militar, que a su esposo lo habían llevado a La Perla".
"Como a los ocho días la sacaron y nunca más la vimos. Ella nos dijo que era Parodi de apellido (Silvina, la hija de Sonia Torres, titular de la filial Córdoba de Abuelas de Plaza de Mayo, actualmente desaparecida y su hijo apropiado)", señaló.
Agregó que "a Parodi la sacaron a la madrugada, era bien de noche. Ella me dijo que era hija de un militar, nosotras pensamos que le daban la libertad porque era hija de un militar y decíamos `gracias a Dios que te dan la libertad`".
Luego de los testimonios, el Tribunal Oral Federal número 1 (TOF1) resolvió pasar a un cuarto intermedio hasta mañana a las 10 donde declararán nuevos testigos.
Fuente:Telam
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