Lunes 23 de Junio de 2014
"Podemos contar estas cosas porque estamos en un país que hace justicia"
Eduardo Jozami, director del centro cultural que funciona en la ex ESMA estuvo en Córdoba presentando su último libro, y conversó con El Argentino Córdoba.
Por Emiliano Peña Chiappero
- ¿Cuál cree que es el rol que cumplen los espacios de memoria y las diferentes actividades que se realizan en lo que antes fueron Centros Clandestinos de Detención?
- Las políticas de memoria, verdad y justicia que se implementaron en los últimos diez años tienen una importancia central dentro de todo el proceso de transformación que hemos vivido desde 2003, y en realidad son una apuesta al futuro. Es decir, esto no se va a medir el día de mañana en cuántos juicios se hicieron o cuántos ex CCD recuperamos (aunque cuanto más sean es mejor, está claro), sino en ver cuántos más amplios sectores de la sociedad sumamos a que compartan esta política, que comprendan la necesidad de la justicia, de que no se puede hacer una democracia basada en la impunidad, que los derechos humanos de aquella época no son distintos por los que peleamos en la actualidad. Entonces en esa proyección de futuro, si uno piensa qué país nos gustaría a todos tener de acá a 20, 30, 50 años, me parece que el avance que tengamos en este tipo de política de memoria y el mayor consenso de la población es fundamental. Y para eso los Espacios de Memoria cumplen una tarea muy importante. Porque por un lado son lugares de recordación, pero fundamentalmente son lugares desde los cuales se convoca a la comunidad para realizar muchas cosas, como actividades culturales, educativas, para reflexionar, para debatir.
- ¿Cómo es la experiencia en ese sentido del Centro Cultural de la ex ESMA?
- Es muy rica, porque hemos visto que al principio había mucho reparo de la gente a acercarse, incluso de los propios militantes, familiares o sobrevivientes, porque ese lugar estaba como muy asociado a la tragedia, y en otros casos de gente que no se sentía identificada con el tema. El hecho de haber empezado a convocar a veces para recordar, reflexionar sobre cuestiones de aquellos años, pero a veces simplemente para ver una película o una obra de teatro, ha ido ganando un espacio mayor de un público que se acerca con menos temores y que luego empieza a tomar contacto con el predio. Creo que esa tarea es fundamental. Cuanto más se pueda hacer participar a la comunidad, cuanto más serios seamos en el rigor con el que hacemos memoria, más sólido va a ser el trabajo, porque en última instancia es también un homenaje a nuestros desaparecidos.
- ¿Cuál es el valor de dejar testimonio -tal como usted lo plasma en este libro-, pero también lo relatado por sobrevivientes y familiares en los juicios de lesa humanidad, y cómo eso nos ayuda como sociedad?
- Yo tomé conciencia haciendo este libro de algo que nunca había mostrado en estos términos -por un lógico pudor de quienes hemos sido militantes y valoramos las políticas de memoria, verdad y justicia, como políticas de reparación en términos sociales- pero no nos damos cuenta que también son políticas de reparación en términos personales. Entonces obviamente para mí hacer este libro tiene ese sentido. Y creo que es lo mismo que sentimos cuando hemos declarado en los juicios, que uno está cumpliendo con una obligación militante, un compromiso con nuestra historia, con nuestros compañeros, pero que al mismo tiempo es una necesidad personal. Por eso en ese sentido hay que ver los múltiples sentido o aspectos que se dan este proceso de reparación, para con nuestros muertos, para con la sociedad argentina. Y podemos contar estas cosas porque estamos en un país que hace Justicia, si no este libro tendría un tono mucho más amargo.
- ¿Por qué cree que aún hay sectores que adhieren a la idea de "reconciliación", en términos de abandonar el juzgamiento a los responsables de la última dictadura?
- Creo que en gran medida son los sectores que temen la vuelta de esa historia, porque saben que tiene que ver con todo lo que aún falta por seguir haciendo en la Argentina. Son los intereses afectados por esta política que se ha llevado a cabo en estos diez años. Y saben que poner estas políticas bajo la advocación de la generación de los años ´70 (más allá de todo lo que podemos discutir acerca de lo que sucedió) es de alguna manera un compromiso de profundidad, de decisión de seguir avanzando. Pero también creo que hay sectores con menos comprensión de lo ocurrido, y que a veces pueden sentirse atraídos por el término reconciliación. Si preguntamos en abstracto, seguramente estaremos a favor de la reconciliación en vez de la pelea. Al menos así lo sentí siempre yo. Fui militante de una organización política que tenía mucho que ver con la violencia política en un determinado momento, y no sentía mucha alegría de que las cosas fueran por ese lado, más bien veíamos que era una necesidad de ese tiempo frente a la dictadura, golpes militares y el contexto de represión que había. Entonces puede haber gente que diga "por qué insisten tanto con eso, tan vengativos, tan rencorosos", con ellos hay que discutir tranquilamente y mostrarle la necesidad que tenemos de hacer justicia, que la democracia no se puede construir tapando la verdad. Y además no aceptar que se introduzcan en el debate argumentos que son absolutamente tramposos como el ejemplo del proceso sudafricano, donde el apartheid lo cometía toda la población blanca y no sólo algunos responsables.
Entonces más allá de si las soluciones que ellos tomaron fueron correctas o no, el contexto era muy diferente. Nosotros en realidad no estamos dispuestos a reconciliarnos con los responsables de que el país haya estado como estuvo durante la dictadura y luego el neoliberalismo. Y no es que no se pueda gobernar el país sin ese sector, al contrario. Pensamos en una política popular para una gran mayoría de argentinos. Pero tenemos claro que con los Videla, los Martínez de Hoz y sus sucesores no contamos para eso. Afortunadamente en la Argentina, el imperativo de la justicia y la verdad coinciden con una necesidad política.
Eduardo Jozami trajo a Córdoba su último libro: “2922 días. Memorias de un preso de la dictadura”. La mesa de presentación estuvo conformada por Ludmila Da Silva Catela (directora del Archivo Provincial de la Memoria), Diego Tatián (decano de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC) y Mario Paredes, director del Espacio para la Memoria Campo de la Ribera. “2922 días. Memorias de un preso de la dictadura” narra las experiencias de Jozami, quien permaneció en prisión durante 8 años, entre septiembre de 1975 y diciembre de 1983. Allí el autor comparte algunos tramos de la correspondencia que mantuvo con sus seres queridos mientras estuvo en cautiverio.
Fuente:InfonewsCdba.

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