29 de junio de 2014

MEGACAUSA ESMA: CLAVES y CÓMPLICES QUE FORJARON LA VIDA CLANDESTINA DE UN JERARCA DE LA ESMA-TESTIMONIOS DÍAS: 152,153 y 154.

Capitán de navío Jorge Raúl Vildoza
Claves y cómplices que forjaron la vida clandestina de un jerarca de la ESMA
Fue el jefe operativo del Grupo de Tareas de la Armada. Está prófugo desde 1984. Un caso testigo de la estructura económica que financia a represores buscados por la justicia. La complicidad de un prestigioso abogado fueguino.
Ricardo Ragendorfer

Claves y cómplices que forjaron la vida clandestina de un jerarca de la ESMA


El aspecto señorial del doctor Demetrio Martinelli desentona con su cabello teñido de caoba. A los 66 años, es uno de los abogados más prestigiosos de Tierra del Fuego. En calidad de tal, su más reciente aparición pública ocurrió hacia sólo un mes, para darse dique ante periodistas locales por la absolución de un cliente en una estafa contra el Estado denunciada por la gobernadora Fabiana Ríos, a quién no dudó en fustigar.

"Ella desvía plata del presupuesto sin decir en qué supermercado la gasta", fueron sus palabras. Y, por cierto, no sorprendieron a nadie, ya que este hombre –un ex convencional constituyente de la provincia, considerado como "formador de opinión" entre los fueguinos– es también célebre por su animosidad hacia la mandataria. Su pasado, en cambio, es asombroso.

A finales de 1983, el capitán de navío Jorge Raúl Vildoza, quien había sido jefe del Grupo de Tareas 3.3.2 de la Armada, fue convocado por el almirante Emilio Massera a sus oficinas de la calle Cerrito 1136. Ya en el ocaso de la última dictadura, el otrora integrante de la Junta Militar mantenía intactas sus ambiciones políticas. En aquella ocasión, le presentó un sujeto aún joven que lucía un impecable traje gris, y dijo: "Este va ser nuestro hombre en el Sur, el que nos va a proteger en caso de problemas." Vildoza le extendió una mano, mientras Massera proseguía: "Se encargará de acomodar las propiedades y también las administrará." 

No era otro que Martinelli.

Ese fue el punto de partida de una ominosa historia en la que confluye una red de lavado de bienes saqueados por los represores durante el régimen militar y el plan sistemático del robo de bebés. A 31 años de dicho cónclave, el capitán Vildoza permanece prófugo –o muerto, según la versión familiar–, mientras su mujer, Ana María Grimaldos, está bajo arresto domiciliario por la apropiación de Javier Penino Viñas, quien recuperó su identidad en 1998, aunque todavía sigue bajo la órbita y la influencia de los Vildoza. En el medio, una trama económica con eje en la empresa American Data SA, dedicada a regentear casinos y a la distribución de máquinas tragamonedas. Nada menos que un caso testigo de los negocios urdidos en las catacumbas de la ESMA, por cuyas hendijas, además, se desliza el esquema de protección usado por los hacedores del terrorismo de Estado para mantenerse a salvo. 
PASAJERO DE UNA PESADILLA. Javier es el hijo de Hugo Reinaldo Penino y Cecilia Viñas Moreno de Penino, dos militantes del PRT-ERP que residían en Mar del Plata. En julio de 1977, se trasladaron a Buenos Aires. Y fueron secuestrados el 13 de julio de ese año en un departamento de la calle Corrientes. 

Ella tenía un embarazo de cinco meses. Primero fueron llevados a Mar del Plata. Luego, en virtud su estado de gravidez, Cecilia fue trasladada a la maternidad clandestina de la ESMA. Allí, en octubre de 1977, dio a luz. Según sobrevivientes, antes y después del alumbramiento, venían a visitarla algunos jerarcas de la Armada; entre ellos, el jefe de Operaciones Navales y luego jefe del Estado Mayor, Adolfo Vañek, el director de la ESMA, Jacinto Chamorro y Jorge Vildoza, quien se quedaría con el recién nacido. Cecilia, por su parte, fue mantenida con vida hasta 1984.De hecho, hasta entonces había logrado llamar por teléfono a su familia. Tales comunicaciones fueron, por demás, dramáticas. Y se interrumpieron definitivamente en el otoño de ese año. Desde entonces, está desaparecida.

En aquellos días, Javier tenía siete años, y vivía con sus apropiadores y sus dos hijos biológicos; a saber: Mónica Ana y Jorge Ernesto, quien, a los 24 años, era agente del Servicio de Inteligencia Naval (SIN). 
Meses después, el capitán y doña Ana María pusieron los pies en polvorosa, temerosos de que la flamante democracia les jugara en contra. Mónica Ana y Jorge Ernesto quedaron en Argentina. Javier, en cambio, acompañó a sus apropiadores. 

El año pasado, éste repartió copias de una carta –fechada el 30 de mayo de 2013– en distintos juzgados; su título: "Soy Javier Penino Viñas y pido que me escuchen." El texto contiene un relato sobrecogedor acerca del modo en el que los Vildoza huyeron del país al comenzar las denuncias contra los represores. Javier describe con detalles la aparición de agentes secretos de la Armada en Paraguay –el primer destino de los Vildoza–, correos con dinero y especialistas en confeccionar papeles falsos. "Esto incluía partidas de nacimiento para los tres –asegura Javier–, partidas de casamiento, pasaportes que parecían ser completamente oficiales, DNI, cédulas de identidad y hasta registro de conducir y calificaciones de ingeniero-técnico electrónico  para mi padre de crianza." En ese entonces, Vildoza pasó a llamarse "Roberto Sedano". El relato de Javier incluye una segunda etapa en Viena y la mudanza a Sudáfrica, donde los Vildoza residieron varios años.

En 1998, Javier aceptó hacerse un análisis de ADN, para lo cual contó con la aprobación –a regañadientes– de sus apropiadores. En parte, porque la jueza federal María Romilda Servini de Cubría estaba por librar una orden de captura contra los hijos biológicos del capitán. 

En este punto, entró en escena el abogado misionero Oscar Beccaluva, quien ya asistía a los Vildoza –en especial, a Jorge Ernesto– en algunos asuntos civiles y comerciales. Fue él quien acordó en Sudáfrica con Vildoza el blanqueo de la identidad de Javier. Y fue él quien llevó al joven hasta el despacho de la jueza, tras reunirse con Javier en la ciudad brasileña de San Pablo, antes de ingresarlo al país a través de la Triple Frontera. 
EL ABOGADO DEL DIABLO. En 2001, Beccaluva fue convocado por Vildoza nuevamente, esta vez para atender en Tierra del Fuego algunos asuntos relacionados con la empresa American Data, cuyo presidente era Jorge Ernesto y el vicepresidente, Fernando Giromini, un aviador del Ejército entre 1978 y 1983, quien estaba casado con Mónica Ana.

Lo cierto es que esta prestación de servicios terminó de la peor manera, ya que Beccaluva, en tren de querer cobrar sus honorarios, recibió a cambio una serie de amenazas y aprietes por parte de Vildoza hijo. Por tal razón, tras ser relevado por la justicia del "secreto profesional", efectuó en distintos juzgados una serie de testimonios que dejaron al descubierto esa parte de la trama.  

El problema puntual con American Data es que habían caducado las licencias de los casinos que esa empresa controlaba en Tierra del Fuego, además de que el gobierno provincial les había cobrado indebidamente unos cánones. En esas circunstancias, el Beccaluva tomó contacto con los personajes que representaban los intereses del represor. Uno era el abogado Luis Alberto Campi, quien fungía como responsable operativo y cabeza política. También estaba Marcelo Sempé, junto con otros dos abogados: Jorge Kreser Pereyra y Demetrio Martinelli. Según Beccaluva, una buena parte de las utilidades de American Data se utilizaba para sostener la clandestinidad de Vildoza y otros represores. Lo cierto es que, al terminar su trabajo, los Vildoza le sacaron a Beccaluva el poder de representación. 

Días antes, Beccaluva tuvo un encuentro casual con el viejo Vildoza en un bar de Usuhaia. Según el abogado, Vildoza estaba apesadumbrado, y le confesó: "Estos –por Campi y Martinelli– se quieren quedar con todo el dinero. Me quieren enredar y mandarme al muere, Campi me aprieta."  

Finalmente, la relación entre Beccaluva con Jorge Ernesto se malogró. La última vez que se vieron fue a comienzos de 2002, cuando el hijo del jerarca de la ESMA le soltó: "¡Rata de mierda! Te voy a hacer desaparecer."  Recién en 2005, el abogado volcó en una declaración testimonial sus desventuras profesionales con los Vildoza.  

En julio de 2012, Ana María Grimaldos fue detenida en una casa de la localidad de Acassuso. 

Nueve meses después, Beccaluva murió súbitamente por un aneurisma.

Javier Penino Viñas vive actualmente en Londres.

American Data, con sus activos congelados, es ahora investigada por la justicia.  

Y el paradero del capitán Vildoza sigue siendo un misterio. 
Fuente:TiempoArgentino





09 06 2014
TESTIMONIOS
152. Declaró un profesor de Astiz: "No se dejaba de poner ni un granito de arena en contra de la subversión"
La frase fue dicha por Alfio Puglisi. El otro testigo que declaró hoy fue Carlos Cefaratti. Hoy comenzaron a declarar testigos presentados por las defensas de los represores imputados. 

El testimonio de Alfio Puglisi
Lo primero que le preguntó el juez Leopoldo Bruglia fue si tenía algún de vínculo o parentesco con alguna de las víctimas y/o los imputados, a lo que Puglisi respondió que no tiene parentesco, pero que “algunos (de los imputados) fueron alumnos míos y otros fueron mis jefes”.

El siguiente en preguntar fue el abogado defensor Guillermo Fanego, acerca de su profesión: “soy Profesor de Filosofía y Pedagogía. Entré a la Escuela Naval en el `69. Entré al gabinete psicopedagógico. En el año 1970 ingresé al Profesorado de Filosofía”, respondió el testigo, quien contó que en el gabinete hacía “evaluaciones a los cadetes que iban a ingresar”. Después, Puglisi agregó que tarea pasó a ser “analizar los grupos, buscando detectar a los líderes y a los marginados. Todo oficial tiene que ser un líder. Los automarginados, después de seis meses, se van solos”.

Del “antiperonismo” al “anticomunismo” 
“Cuando yo llegué (a la Escuela Naval), era un momento de transición, estamos hablando del `70. Empezaba a notarse fuertemente: ese antiperonismo empezó a desplazarse hacia un anticomunismo”, sostuvo Puglisi.

Luego respondió acerca del régimen de estudio para los cadetes, al que definió como “un shock entre la vida civil y la militar”.

Sobre este tema, el abogado querellante Pablo Llonto le preguntó si hubo algún ejemplo de este cambio del “antiperonismo” al “anticomunismo”: “Se decía lo bueno y lo malo. Lo malo era el comunismo. Se hablaba mal de (Fidel) Castro. Se hablaba de que Castro dirigía a los grupos subversivos en América Latina”, respondió Puglisi. “No se dejaba de poner ni un granito de arena en contra de la subversión, como que estábamos en la Armada siendo atacados por la subversión. Eso es lo que se decía a viva voz y en tono alto”, agregó.

La obediencia
“La desobediencia tiene sus grados”, dijo el testigo. “Al cadete se lo forma con una obediencia inmediata, casi ciega. Usted cumpla, después pregunte”, agregó. “Usted está obligado a hacer, pero su superior se hace cargo”. Esta información fue dada por Puglisi tras ser consultado sobre la obediencia debida ante órdenes que impliquen violaciones a los derechos humanos.

“La obediencia es una de las cosas que caracterizan a la vida militar. La obediencia, la verticalidad, la disciplina, el acatamiento a ciertas normas de vestuario. Después, hay otro fenómeno, que es que si usted no es obediente, su propio grupo lo va a sancionar, porque es peligroso”, declaró Puglisi.

La Sociometría
Jacobo Moreno desarrolló un método al que él mismo definió como “la investigación sobre la evolución y organización de grupos y la posición de los individuos dentro de dichos grupos”.

En su declaración, Puglisi contó que él fue convocado para aplicar esta disciplina entre los cadetes y citó “la Paradoja de Abilene: el grupo se impone a cada sujeto como ser individual, termina sacando una decisión que él no hubiera tomado como individual. Eso fue estudiado en la década del `70”.

La lista de los imputados y sus víctimas
“No puedo distinguir entre González y García”, dijo Puglisi. “Por ejemplo, de la lista que he leído, reconozco a algunos que fueron alumnos y a otros que fueron jefes. Vañek fue el subdirector que me recibió a mí.

Agusti fue durante años el jefe de la Escuela. Después, CIonchi, Sisul. También están en la lista todos los de la promoción 100, que son los primeros que he tenido. Por ejemplo, Astiz, Clements, Radice, Poch, Suárez Mason (hijo)”, agregó”.

La promoción 100
En la misma promoción que Alfredo Astiz y Ricardo Cavallo estuvo una de sus víctimas: Mario Galli (caso 312), quien sigue desaparecido, al igual que su compañera, Patricia (caso 310), su madre, Felisa Wagner de Galli (caso 309). Marianela (caso 311), la hija de Mario y Patricia, fue liberada.

A Puglisi le preguntaron por las características de la promoción 100: “Eran todos cadetes comunes, salvo una excepción que no está en la lista, porque en el `72 hubo un grupo de oficiales jóvenes, más o menos con el grado de guardia marina, que cuando llegó Perón al país, después de 20 años, intentan hacer un Golpe, una cosa así, medio indefinido, y eso estaba encabezado por un guardia marina, (Julio) Urien. Una ironía, porque Urien era compañero de promoción de Astiz. Después, había otros con ellos: un tal Actis y un tal Galli. Mientras Urien tuvo un episodio en la vieja ESMA, Galli lo tuvo en Puerto Belgrano. El que sobresalió por liderazgo fue Urien”, sostuvo, en relación a los “Marinos del Pueblo”, quienes se manifestaron en contra de las prácticas represivas que las Fuerzas Armadas estaban desplegando, con un hecho muy marcado, como fue la Masacre de Trelew, el 22 de agosto de 1972. “Los Marinos del Pueblo” defendían, justamente, unas Fuerzas Armadas que no reprimieran al pueblo.

Antes de concluir, Puglisi puso en duda el número de 30.000 víctimas del terrorismo de Estado y se refirió a ese período como “una guerra justa”.

El testimonio de Carlos Guillermo Cefaratti
Al comenzar, al igual que a Puglisi, se le preguntó si conoce a alguno de los imputados o de las víctimas:

“Conozco a Cionchi, Binotti, Capdevila”, dijo y aclaró que con todos tuvo “una relación exclusiva de trabajo”.

Luego agregó que a Cionchi lo vio entre “mediados de enero de 1977 hasta fines de febrero del `78 en el Batallón II, con asiento en la Base de Infantería de Marina, en Puerto Belgrano”.

Cefaratti también contó que Emilio Massera “vino a pasar la Nochebuena con la Unidad. Al día siguiente, en Navidad, se trasladó a Ushuaia para pasar la Navidad con la tripulación de la lancha rápida”. Luego, ante la pregunta acerca de si Massera habló con Cionchi, el testigo dijo que “no creo que haya hablado con ningún oficial en particular”.

Sobre Carlos Capdevila, dijo: “Debo haber asumido a fines de enero o mediados de febrero. Al poco tiempo le salió el pase a Buenos Aires, por problemas familiares. Le salió el pase a la ESMA”.

Próxima audiencia
El juicio continuará el miércoles 11 de junio desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales.




11 06 2014 
TESTIMONIOS
153. "Ni olvido ni perdón: quiero condena individual y social a tanta infamia"
Fue la exigencia de Elena Monti en la audiencia de hoy. También declararon Dante Barcos, Claudia y Mónica Dittmar, Juliana Abriata y Lidia Frank. 

Los casos de la familia Donadío
El testimonio de Elena Monti
Su madre, Ana Catalina De Monti, apareció asesinada, tras ser secuestrada de su casa. Su compañero, Ricardo Sáenz (510), y su primo, Alberto Donadío (467), siguen desaparecidos, tras haber estado en la ESMA.

Sobre Clarín 
Elena relató los daños que sufrió su familia, causados por el terrorismo de Estado de la última dictadura cívico-militar. Luego contó que “el 22 de junio de 1983 tuve que leer una noticia publicada por el diario Clarín, que se titulaba: `No hubo irregularidades en la morgue´. Decía que lo había establecido la Cámara, después del estudio de 106 casos. En esa nota estaba mi madre. También decía que había sido muerta en un enfrentamiento. Yo me pregunto todavía qué pasó con esas dos informaciones. La autopsia decía `paro cardio respiratorio´ y el diario Clarín decía que había sido una subversiva y que no había habido irregularidades en la morgue”.

“El Topo”  
Así lo apodaban a Ricardo. Fue Lázaro Gladstein (caso 507) quien le contó a Elena que Ricardo “estaba muy enojado y triste por la muerte de mi mamá, que él sabía lo que le había pasado, que la habían torturado y que se había quedado en la tortura. También me cuenta que cuando los llevan a todos a la isla del Tigre (“Del Silencio”), y al regresar se dan cuenta de que El Topo no estaba allí, lo primero que hacen es preguntar por él, porque él había sido muy importante para los compañeros. Él había podido tranquilizarlos, hacerlos reír un poco, había logrado algunos beneficios de parte de algunos guardias. Me dicen que cuando regresan de la isla del Tigre preguntan por El Topo y un guardia les dice que se había puesto muy loco y lo tuvieron que mandar para arriba”.

Antes de finalizar la audiencia, se exhibió la foto de Ricardo y Elena cuenta que “es el de la izquierda, el de la sonrisa, yo me quedé con la sonrisa”.

Las consecuencias en las familias
Elena pidió referirse “un poquito a las consecuencias que yo siento, además de la desaparición de los seres queridos, las consecuencias que yo sufro son familiares. Es el día de hoy que no me relaciono con mi hermano, porque él piensa que soy responsable de lo que le pasó a mi madre. En lo laboral, estuve 10 años sin poder laburar de lo que había estudiado y era mi vocación. Me jubilé en el año 2010 como docente”.

Luego se refirió a su hijo, Martín: “sufrió indiscutiblemente, lo que a esa altura de la vida no se le puede explicar a nadie. Sentimos tanto miedo, tanta inestabilidad, no teníamos lugar donde vivir, donde estar. Eso le provocó una complicación en su desarrollo emocional, que fue superando a lo largo del tiempo, luego de un costoso tratamiento. Por suerte hoy es un hombre bueno, que no buscó venganza, pero que se perdió vivir con un padre como el que tuvo. Si mis seres queridos hubiesen tenido el juicio que le dan a los asesinos, la historia hubiera sido diferente”.

“Lidia”
“Agradezco que me ayuden a dar visibilidad a esta mujer, porque para nosotros fue un terrible misterio. En su declaración, Liliana Pellegrino comenta que se encontraba en el lugar con una mujer, que era fonoaudióloga, que después supo que su apellido podía ser Batista, que tenía dos hijos, que su esposo trabajaba en un negocio familiar en la calle Florida. Yo agradezco poder decir que Lidia era parte de esta familia, de nosotros. Cuando leo el testimonio, leo lo siguiente, que es que ella no sabía cómo contactarse con la familia y va contando lo que pasó con Lidia. Era el 7 de diciembre, la vienen a buscar, la llevan a Lidia para liberarla. La van a liberar. Al rato la escucha llorar. Reconoce el llanto, le pide al guardia que por favor la deje hablar. Le cuenta que estaba muy triste porque estaba preocupada porque no podía dormir. La pararon contra la pared. Le dispararon un dardo en la ingle, y le muestra un agujerito negro y un moretón.

Le pregunta a un guardia y Lidia le comenta a Liliana Pellegrino que como ella tenía problemas de insomnio, tomaba 15 miligramos de Valium todas las noches, que se había despertado en un lugar rodeada de muchos otros compañeros que estaban vomitando, tosiendo, que les dice a los guardias que estaba despierta, le pegan y la llevan a ese lugar con Liliana”.

Para finalizar, Elena dijo: “Voy a hacer mías unas palabras que dijo Liliana Pellegrino. Nunca les voy a perdonar el tiempo que me robaron con mi hijo. Cuando sobrevivir es tan difícil y soñar y reír nos cuesta tanto, pienso en vos y quisiera regresarte, haberme hundido yo en ese espanto. Dame ese perdón tan necesitado. Me enseñaste la entrega y el cuidado. Con ese capital, me abandonaste y no pude avanzar a ningún lado. Siempre te vi valiente, festejando con alegría y afecto. Cuántas cosas me quedaron pendientes de decirte, honrarte. Fuiste y sos mi luz. Entregaste tu vida para dejarme a salvo… eso fue lo que nunca he merecido… no he podido lo suficiente con lo que hicieron esos desalmados. Gracias mamá por ser tan generosa. Ni olvido ni perdón: quiero condena individual y social a tanta infamia”.

Los casos de Claudio César Adur y Bibiana Martini (785 7 786)
El “Turco”, quien era periodista, y Bibiana fueron privados ilegalmente de la libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el 11 de noviembre de 1976 a las 4:00 horas, en su domicilio, en la Ciudad de Buenos Aires. El operativo fue realizado por al menos diez personas vestidas de civil, fuertemente armadas, quienes se movilizaban en dos vehículos: una camioneta verde oliva y un auto Ford Falcon. Las dos víctimas fueron llevadas a la ESMA, donde permanecieron en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida, con los números 49 y 50. Claudio y Bibiana siguen desaparecidas.

El testimonio de Dante Raúl Barcos 
El testigo contó que “estaba cursando el colegio secundario nocturno y compartía el departamento con un compañero del trabajo y un amigo”. Se fueron a dormir cerca de la medianoche y a las pocas horas sonó el timbre: “mi amigo se levantó y cuando fue a abrir se encontró con un fusil que le pusieron en la cara y le hicieron abrir la puerta. Me despertaron con dos ametralladoras en la cara. No sabía qué pensar. Después de muchos insultos y gritos, me hicieron vestir y caminar con un bastón. Me sacaron el bastón y me hicieron bajar por el ascensor. Se escuchaba mucho silencio”. Dante declaró que después de caminar por la calle, lo subieron a un auto, y lo llevaron a un lugar, con los ojos vendados. Al llegar al destino, le asignaron el número “098”. “Me dijeron que escribiera todos los nombres de las personas que conocía vinculadas con gente que andaba en cosas así, `guerrilleros´ los llamaban ellos. No tenía idea de nada de eso. De la forma en la que me lo pedían, parecía que significaba un problema para mí. Después, ha pasado tanto tiempo que no sé precisar si fueron horas, si fue en el mismo día o en el siguiente, porque se pierde la noción total del tiempo, me llevaron para arriba, por un ascensor”, sostuvo el sobreviviente.

Luego narró que en ese lugar le dijeron que él conocía a Mónica, pero que recién supo quién era un rato después, cuando el guardia le levantó la capucha y “vi a varias personas, a mi amigo (Mario Salvatierra) y su novia, que la conocía de haberla visto algunas veces, y había otra chica, que era Mónica (Laffitte de Moyano, caso 671), ahí conocí quién era Mónica, pero no la conocía de antes”. Dante recordó que escuchó a Mario y a Claudio Adur conversar ahí, ya con las capuchas puestas nuevamente, sobre Filosofía. “Claudio Adur le decía a Mario que los griegos eran los culpables de todas las confusiones del Occidente, por eso me quedó grabado”.

Un aniversario en la ESMA  
“Hay algo que me llamó la atención, fue muy emotivo por las circunstancias en las que estábamos. Nos daban de comer un miñoncito chiquitito con un churrasquito. Yo me comía hasta las miguitas que se caían al piso. Este muchacho (Claudio Adur) había juntado las miguitas y había fabricado un muñequito, que no sé qué simbolizaba, pero estaba conmemorando una fecha de pareja, entonces le regaló a ella ese muñequito que había construido. Fue tan emocionante, que nos hizo olvidar por un momento el mal momento que teníamos”, recordó Dante.

El testimonio de Claudia Dittmar, cuñada de Hernán Abriata
“El sábado 30 de octubre estábamos durmiendo en la casa de mis padres, mis hermanos, los familiares de Juliana Abriatta y yo. A las 2:00 de la madrugada suena una explosión que rompe parte de los vidrios de la casa. En ese momento, todos habían salido y quedamos dentro de la casa Juliana y yo. Por ser militantes de la UES, teníamos material, revistas y volantes. Le dije a Juliana que teníamos que esconder esa documentación. Vimos que había personas en la terraza. Nos aproximamos a la última habitación. Había una cantidad de uniformados con armas largas”, recordó Claudia.

Luego contó que, ante la insistencia para que salieran de la casa, “Beti, la mamá de Juliana, dice que esperen, que éramos sólo unas nenas, que ya íbamos a salir. Intentamos romper el montón de revistas y volantes, pero no pudimos. Lo meto en el caño del inodoro. Cuando salimos a la calle, nos apuntan con un arma en la cabeza”. Durante el operativo pudieron escuchar que buscaban a Hernán Abriata (caso 115).

Después de un rato, los atacantes se fueron de la casa. Al día siguiente, la familia supo que “acaban de llevarse a Hernán”, contó Claudia. “El lunes yo iba al Liceo 9, por la tarde, fui a la escuela. En la esquina me para Javier Urondo y me dice que no puedo ir a la escuela, que tengo que dejar la escuela. Faltaba sólo un mes para terminar el año. Fui con él a su casa, vivía con su mamá, Graciela Murúa. Me quedé con Javier dos semanas, hasta que un día Chela nos dice que Claudia Urondo y el Jote habían caído y había que levantar la casa.

Los casos de Adriana Gatti (caso 683), Ricardo Carpintero Lobo (249), Eduardo Testa y Norma Masuyama
Claudia habló sobre Ricardo, porque había sido novia de su hermano Pablo, y acudió a él en busca de un lugar para quedarse. Así fue como estuvo durante un tiempo en la casa de una prima de ellos. Luego, Ricardo fue secuestrado. Su compañera, Adriana, se mudó con Norma y Eduardo: “El 8 de abril de 1977 son baleados los tres”. Adriana y Norma estaban embarazadas de 8 meses cuando fueron asesinadas. El certificado de defunción de Adriana decía que tenía una “herida de bala en la cabeza, otra en el abdomen y otra en el pecho”.

El testimonio de Mónica Dittmar, compañera de Hernán
La testigo relató que estaban con Hernán en la casa, cuando alrededor de las 2:30 horas de la madrugada “golpean la puerta y escuchamos la voz del padre de Hernán diciendo: `Es papá´. Hernán se levanta, tiran la puerta. Tito venía esposado, lo traían con un antifaz que le cubría la vista. Me levanto. Lo ponen en un rincón, a mí también. Veo pasar a varios hombres vestidos de una manera extraña, con chaleco, municiones, armas largas, boina”.

“Se lo llevan (a Hernán)”, contó Mónica, quien pudo ver a “esta persona, que me dice que es de rutina, que al día siguiente íbamos a tener información y datos. Veo un carnet verde con la foto de él, lo miro, miro la foto, lo miro a la cara y me dice: `Soy el subinspector Mario Alfredo Sandoval, estoy en la Superintendencia de Seguridad Federal, al mediodía pueden tener información”.

Mario Alfredo Sandoval 
Apodado “Churrasco”, fue oficial de Coordinación Federal. Días atrás se aprobó el pedido de extradición desde Francia, pero para ser juzgado en la Argentina solamente por el caso de Hernán Abriata, quedando excluidos los de las otras más de 600 víctimas por las que está acusado.

La carta de Hernán
“La traje”, dijo Mónica, en referencia a un escrito que le entregó una persona, que dijo que ser un guardia “que se había encariñado”. “Es su letra, muy amorosa, cuánto me extraña, me quiere, a su familia, mis hermanos. Hay partes tachadas, que hemos tratado de ver si decía algo, pero están tachadas. Termina diciendo que me vaya bien en la Facultad, que cuide a mis hermanos. Manda besos y cariños para la familia.
Es una carta muy amorosa”.

Testimonio
“Traje fotos. Quiero disfrutar este testimonio. Fueron muchos años de pensar que uno puede llegar a este momento, por los compañeros, por Hernán, por todos. Es muy importante. Decirme que estoy leyendo es una falta de respeto al testigo. Vine con mis fotos, cuento la historia que me pasó a mí, nadie me la tiene que contar”, dijo Mónica como respuesta a uno de los abogados defensores, quien le preguntó si estaba leyendo su declaración.

Luego, a pedido de la testigo, se exhibió una foto de Hernán Abriata, quien tenía 24 años de edad cuando fue desaparecido.

“Sobre todo por los compañeros, por todos los que no tienen historias, los relatos, los testimonios: pido justicia, que llegue pronto. Muchos compañeros y familiares ya estamos viejitos”, dijo Mónica al concluir su testimonio.

El testimonio de Juliana Abriata, hermana de Hernán
Juliana relató el mismo hecho que Claudia Dittmar y también identificó a Sandoval como miembro del operativo en su casa. “Pasaron mucho años sin hablar de esto, parece que la memoria quiere apagar todo. A mí se me apagó mucho, pero con esa reapertura fui recordando en estos años todas las caritas de estos chicos. Era toda gente muy buena, que quería hacer un mundo mejor.  Supongo que deber haber pasado con todas las familias que sobrevivieron: nos destrozaron, nos transformaron en personas tristes, enojadas, quedamos muy heridos. Esta semana vi unas fotos de Adriana Gatti y de su compañero, me acordaba las caras de ellos. Agradezco que se esté haciendo el trabajo de ustedes, que no los borren. Lo único que querían era una Patria justa y soberana. A los que mataron, a todos estos 30.000 compañeros que mataron, militaban por amor, no nos olvidemos”, dijo al finalizar.

Los casos de Ricardo Alberto Frank, Laura María Mina y Sergio Antonio Martínez (479, 480 y 481)
Ricardo era estudiante de Arquitectura en la UBA, oriundo de Trenque Lauquen. El 10 de noviembre de 1978, pasada la medianoche, fue privado ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, en la casa en la que vivía con su madre, Lidia Juana Antonia Huarte de Frank, en la Ciudad de Buenos Aires. Ricardo fue llevado a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida y sigue desaparecido.

Laura y Sergio, apodado “Yoyi”, fueron secuestrados en el mismo lugar, horas más tarde. Ambos fueron llevados a la ESMA. Laura fue liberada, pero Sergio sigue desaparecido.

El testimonio de Lidia Frank, hermana de Ricardo
“En ese momento yo pensé que no lo iba a ver más a mi hermano, porque si bien en Trenque Lauquen ya había habido desapariciones, yo recordé la última conversación con mi hermano, en el último viaje que hizo en agosto. Los estudiantes desaparecen y no aparecen, dijo”.

Ricardo 
Él tenía 21 años de edad cuando fue desaparecido y llevado a la ESMA. Su sobrino, hijo de Lidia, ya tiene 36: “tiene los años de su secuestro”, dijo Lidia en la audiencia. Luego leyó la última carta que le escribió Ricardo y además de las fotos compartió recuerdos: “tocaba la guitarra y se reunía con sus amigos”.

“Yo recalco la importancia del testimonio de hoy, porque es la primera vez que se toma como caso el de mi hermano”, dijo la testigo, y luego habló sobre las “consecuencias de esa desaparición en la familia, porque si bien fue hace 36 años, fue para toda la vida”.

“Quiero dedicar mi declaración y mis años de militancia a los sobrevivientes, que son los que nos trajeron la verdad. Al Estado le pido que se haga justicia. Nosotros vamos a seguir luchando por la memoria, la verdad y la justicia. La justicia depende de ustedes, señores jueces”, dijo Lidia y luego pidió leer un escrito de su hermano.

Próxima audiencia
El juicio continuará el jueves 12 de junio desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales.




12 06 2014 
TESTIMONIOS
154. "Siempre dije que estuve exiliada en mi propia Patria, de casa en casa"
Así lo expresó Alicia Páez, quien declaró por la desaparición forzada de su compañero, Juan Carlos Sosa Gómez. En la audiencia de hoy también declaró Guillermo Jorge Duhalde, testigo presentado por las defensas de los imputados. 

El caso de Juan Carlos Sosa Gómez (238)
Lo apodaban "Gordo" y "Hugo". Militaba en Montoneros. El 16 de marzo de 1977 fue secuestrado cuando se dirigía a un encuentro con José Luis Canosa (caso 239). Juan Carlos fue llevado a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida, y sigue desaparecido.

El caso de Pedro Tabachi (628)
El "Capitán Esteban" fue privado ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el 17 de marzo de 1977 a la tarde en la estación de tren de Haedo, en la Provincia de Buenos Aires. Pedro iba a encontrarse ahí con José Luis Canosa (caso 239), quien era su responsable en el área de Logística Federal de la organización Montoneros. El operativo de secuestro de Pedro fue hecho por integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2, quienes lo llevaron a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida y sigue desaparecido.

El testimonio de Alicia Páez
"Siempre dije que estuve exiliada en mi propia Patria, de casa en casa", sostuvo Alicia, quien contó que supo por las sobrevivientes Graciela Daleo y Sara Osatinsky que Juan Carlos estuvo en cautiverio en la ESMA.
Juan Carlos era transportista. Alicia declaró que "el camión desaparece junto con él. El camión estaba a nombre de Néstor Ronconi, lo manejaba Carlos. Néstor dijo que esa transferencia se la habían hecho firmar en la ESMA".

"Para mí es muy importante estar acá, escuchar la historia de vida de mi compañero, recordar a La Negrita, a Pedro, a Beatriz Hernández, es como que estuvieran hoy aquí. Tengo mucha esperanza en un futuro mejor, porque los sueños nuestros siguen vivos. Yo les pido a los Tribunales justicia para los genocidas, cárcel perpetua y común", dijo al finalizar.

Testigos por las defensas
Hoy declaró el tercer testigo presentado por las defensas de los imputados.

El testimonio de Guillermo Jorge Duhalde
Lo primero que le preguntaron fue si conocía a alguno de los imputados y/o las víctimas. El oficial de la Armada de la promoción 97 dijo: "Conozco a la mayoría de los imputados. No tengo ningún vínculo familiar.
Los vínculos que tengo es que han sido superiores o subalternos en la Escuela Naval". El testigo prefirió no aclarar a qué personas conoció.

Sobre Siffredi
Hugo Héctor Siffredi, alias "Pancho", está imputado en la megacausa. Es vicealmirante retirado de la Armada Argentina. Se desempeñó en el Servicio de Inteligencia Naval (SIN) al menos desde el 10 de febrero de 1977 hasta el 26 de febrero de 1980, siendo estudiante del SIN hasta el 1º de enero de 1978, y luego Jefe de Sección.

Duhalde sostuvo que con Siffredi compartió destino en la Escuela de Inteligencia en 1977: "Iniciamos el curso en el mes de febrero de 1977. Fue un curso de un año, con dedicación exclusiva, hasta fines de diciembre. Fuimos destinados a hacer el curso de oficial de Inteligencia en el Edificio Libertad".

"Guerra interna"
Los abogados defensores usaron esa denominación para referirse a la última dictadura cívico-militar, hecho que generó el rechazo de las querellas. El juez Bruglia solicitó que se evite "provocar" con el uso de ciertos términos.

Guillermo Fanego, abogado defensor, sostuvo: "Yo no provoco. Acá en un momento se los llamó delincuentes terroristas, ahora se los llama jóvenes idealistas. Jamás llamé terrorista a ningún testigo, pero a todos mis asistidos se les dice en la cara que son genocidas".

Plan Cintara
"En algún momento lo conocí, por supuesto, porque es uno de los tantos planes que tuvo la Armada", sostuvo el testigo en relación a su conocimiento sobre el Plan Cintara.

Luego le preguntaron si siguió en contacto con Siffredi y dijo que "sí, claro, lo he visto a lo largo de 39 años".

Próxima audiencia
El juicio continuará el miércoles 18 de junio desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales.
Fuente:EspacioMemoriayDDHHexEsma

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