Juicio Oral y Público por el asesinato de Monseñor Enrique Angelelli con fecha de sentencia
Las Madres hemos recibido y difundimos la siguiente información, poniendo nuestra energía en que se obtenga, por fin, una justa sentencia.
Juicio Oral y Público por el asesinato de Monseñor Enrique Angelelli con fecha de sentencia, 4 de Julio del 2014
Por haber sido consecuente con una pastoral que incomodaba al poder establecido, Monseñor Angelelli fue calumniado, perseguido y asesinado por la Dictadura Militar el 4 de agosto de 1976 en Punta de los Llanos.
Ante los Tribunales Federales de La Rioja, donde se tramitaba la causa y se investigaba su asesinato, reiteradamente se pidió celeridad en el proceso según la sentencia del 19 de junio del año 1986, donde el Juez de Instrucción Dr. Aldo F Morales dictaminó (sin determinar los autores)
1.- Declarar que la muerte de Enrique Angel Angelelli no obedeció a un accidente de tránsito, sino a un homicidio fríamente premeditado y esperado por la víctima.
Esta etapa quedó trunca por las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.
En el año 2006 se reabrió la causa en el Juzgado Federal de La Rioja, producto de la lucha constante de familiares, pueblo riojano y compañeros cordobeses. El juez Federal Daniel Herrera PiedraBuena dispuso reabrir la investigación para determinar los responsables de la muerte de Enrique Angelelli.
El 22 de abril del año 2009 se realizó la segunda autopsia y finalmente el 4 de Noviembre del 2013 dio inicio el Juicio por la causa del asesinato de Monseñor Enrique Angel Angelelli y por tentativa de homicidio de Arturo Aido Pinto, juicio que se viene exigiendo desde hace 37 años.
El próximo 4 de julio se dictará sentencia.
De los 14 imputados, inicialmente pertenecientes a las fuerzas armadas y de seguridad de aquella época, solo llegan a este Juicio Oral: Benjamín Menéndez, Luis Fernando Estrella y Juan Carlos Romero (el Bruja) recientemente fallecido.
Son querellantes su sobrina Maria Elena Coseano, Luis Aido Pinto, (acompañaba a Monseñor Angelelli el 4 de Agosto), Luis Baronetto (Tiempo Latinoamericano); El Obispado de La Rioja y la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y de la Provincia.
Fuente:MadresdePlazadeMayoLineaFundadora
El 13 de junio pasado el juicio por el asesinato del obispo Enrique Angelelli, cuya sentencia dará este viernes el Tribunal Oral Federal de La Rioja, dio un vuelco trascendental. Esa mañana llegó un mail al Obispado de La Rioja desde El Vaticano, por orden del Papa Francisco. El correo electrónico traía adjuntos dos documentos vitales: una carta del obispo dirigida al Nuncio Apostólico Pío Laghi en la que advertía estar amenazado, y otra con el relato detallado, día por día, del asesinato el 18 de julio de 1976 de dos curas tercermundistas del pequeño paraje de El Chamical. Ese episodio fue juzgado y en 2012 fueron condenados a prisión perpetua el ex general Luciano Benjamín Menéndez, el ex comodoro Luis Fernando Estrella y el ex comisario general Domingo Benito Vera. A pocos días de la sentencia, los textos confirman que el crimen del “obispo Rojo”, como lo llamaban los militares y cierta prensa de la época, fue uno más de los más premeditados por la dictadura cívico-militar.
“Las cartas prueban, por un lado, la mendacidad de (Pío) Laghi, porque en eludió sus responsabilidades lindando con el encubrimiento”, dijo a Infojus Noticias Bernardo Lobo Bugeau, abogado querellante por la Secretaría de Derechos Humanos de Nación. “En el 2000, en una entrevista que le hizo la periodista Olga Wornat, Laghi se escandalizó de que lo acusaran de semejantes delitos. Ahora se sabe que tenía perfecto conocimiento todo lo que allí sucedía”, explicó al abogado.
Pio Laghi, muy cuestionado por el rol que cumplió en aquellos años, murió el 11 de enero de 2009. Cinco años después, los papeles girados por Francisco desde el Vaticano lo dejan muy comprometido: las cartas que Angelelli firmó de puño y letra fueron protocolizadas el 30 de julio de 1976. Se ve un sello en italiano, número de acta y folio. Esto significa que fueron recibidas e incorporadas al archivo oficial de la Iglesia Católica. El 4 de agosto el obispo sería asesinado en la ruta provincial 38, en las proximidades de Punta de los Llanos.

Los documentos
Marcelo Daniel Colombo, el obispo de La Rioja, escuchó por primera vez de esas cartas de boca del sacerdote franciscano conventual Miguel Ángel López. El religioso contó que unos días después del asesinato de los curas Gabriel Longueville y Carlos Murias y el laico Wenceslao Pedernera viajó a Roma cargando en su maleta un informe confidencial redactado por el obispo Angelelli. Colombo le pidió a Francisco por la posibilidad de rastrearlos. A los pocos días llegaron.
En la primera carta, dirigida a Laghi el 5 de julio de 1976 a su regreso de unas vacaciones por Europa, Angelelli lo advierte sobre el “asunto Costa”, como llamaba a algunos miembros de la ultracatólica organización “Los cruzados de la Fe de la Costa”. Eran un grupo de terratenientes entre los que hay familiares directos de Carlos Menem que atacaban públicamente al obispo Angelelli y las actividades de su diócesis. En 1973, lo habían corrido a piedrazos de Anillaco y en febrero de 1976 habían hecho un desfile con presencia militar en la capital.
Todo era reproducido con gran amplitud por el diario el Sol: en sus páginas se lo llamaba “el obispo Rojo”, “comunista”, “satanelli”. “El diario decía que había armas en el campanario, orgías, cualquier cosa. Extrañamente, todo ese archivo se quemó”, contó a esta agencia María Elena Coseano, sobrina de Angelelli y querellante en el juicio.
Angelelli describe con detalles, en torno a la situación de un cura a punto de morir de cáncer, cómo es desautorizado y contrariado por los jefes militares de la zona y miembros de “los Cruzados de la Fe”. Más abajo, enumeraba el hostigamiento en espiral que soportaban él y sus curas de parte de Osvaldo Bataglia, jefe del Batallón de Ingenieros en Construcciones 141:
-Suspendió la misa radial del obispo de la Catedral y la trasladó al Casino de Suboficiales del cuartel. La orden fue dada por el capellán militar Felipe Pelanda López, quien “sin mediar ninguna comunicación con el suscripto (…) asume en su homilía un papel que no le corresponde” opinando sobre “el delicado asunto de la Costa”. Le parece un “abuso y atropello a la misión de la iglesia”. Dice habérselo comunicado al presidente de la Conferencia Episcopal, Adolfo Tortolo. “Sólo recogí silencio”, concluye.

-Celebrar las fiestas patronales en Anillaco con “participación de tropas. Mi intervención lo hizo detener ante la celebración de la misa (…) aunque hicieron la procesión y discursos”.
-La “carta del padre Eduardo Ruiz”: el obispo riojano denuncia que el párroco de la pequeña localidad de Olta, que está preso, ha sido “obligado por los militares de La Rioja a escribir una carta a su obispo desde la cárcel en la que se me condena”. Después de varias versiones y vigilado por un coronel de apellido Malagamba, se la entregan el 20 de abril. “Al P. Ruiz le hice llegar mi palabra para que se quedara tranquilo. Fue moralmente torturado para que la escribiera”, le cuenta Angelelli a Pío Laghi.
-Luego describe la situación general de su diócesis y el Ejército: “Estamos permanentemente obstaculizados para cumplir con la misión de la iglesia. Personalmente, los sacerdotes y las religiosas somos revisados, requisados y allanados por la policía por orden del Ejército”. Angelelli se lo atribuye “principalmente al Ejército y a la persona del jefe y el segundo jefe: Pérez Bataglia y Malagamba”. A seis religiosas demoradas por la policía, advierte el obispo, se les dijo “eran sospechadas y que el mayor ideólogo marxista era el obispo (¡ridículo!) pero hasta esto llegamos”. Y termina: “Me aconsejan que se lo diga: nuevamente he sido amenazado de muerte”.
Sin dudas, el punto más duro es el que menciona los clérigos encarcelados: “está repleta de personas honorables; padres de familia; gente sencilla, están dentro muchos de ellos por el sólo ‘delito’ de ser miembros fieles y conscientes de la iglesia”, denuncia Angelleli ante el máximo representante de El Vaticano en Argentina. Y va más allá con una acusación muy pesada: “Una novedad para La Rioja: se tortura asquerosamente”. Luego relata una reunión con “el general Menéndez y el general Vaquero” en el comando del Tercer Cuerpo de Ejército: “Comprendí lo que significa que nuestros militares se sientan ‘Cruzados de la Fe’ y sientan que hay que unir CRUZ y ESPADA (sic) para matar a los enemigos de Dios de la Patria”.

Longueville y Murias
La otra carta era la crónica detallada del asesinato de los sacerdotes de El Chamical, Gabriel Longueville y Carlos Murias, y las gestiones hechas por el Obispado para saber de ellos. El 18 los van a buscar a la casa de dos hermanas en el Chamical “dos hombres de civil”. El día siguiente “ante un presunto secuestro” el obispado les ordena a las monjas hacer la denuncia en la policía. Y comunica a la Nunciatura apostólica, al presidente de la CEA, y al provincial de la Orden de Franciscanos Conventuales, a la que pertenecía el padre Carlos. El 20 aparecen los dos cadáveres y el obispado saca un comunicado que no sale en el diario por “expresa prohibición” de Bataglia. El 21 y el 22, Angelelli describe las gestiones sin suerte de dar difusión al hecho y la misa multitudinaria en el Chamical.
“Pensemos a tiempo todo esto para no tener que lamentar consecuencias muy dolorosas en un futuro muy próximo. ¿No quiero pintar negro el horizonte”, dice Angelelli. Y no le faltaba razón. El Nuncio, queda claro, no pensó en nada. Menos de un mes después Angelelli fue asesinado. El viernes, 38 años después, se conocerá la pena para los responsables. “Quedó muy claro lo del accidente con el que ellos quisieron tapar. Con 63 años estoy de pie. Tengo mucha ansiedad, pero también mucha esperanza. Será justicia”, dijo a Infojus Noticias su sobrina.
Fuente:Infojus
Opinión
Caso
Angelelli: un nuevo hito en el camino de la Justicia
Por
Julio Misael Herrera – Pte. del Partido Intransigente
La
inminente sentencia en el juicio por el asesinato del valiente Obispo de La Rioja Mons. Enrique
Angelelli durante la última dictadura, representa un nuevo hito en este
doloroso pero esperanzador camino de reconstruir nuestro pasado reciente para
iluminarlo de JUSTICIA. Los crímenes de esta última dictadura
cívico-militar-eclesiástica van siendo develados y nos ayudan a comprender todo
lo que hoy nos pasa como Nación, como pueblo organizado. Y nos refuerzan la
convicción de que en la democracia, en la libertad, en el respeto por nuestras
instituciones, debemos buscar las respuestas, debatir las ideas, confrontar los
proyectos y trazar los caminos. Y la Justicia es un componente indispensable,
irrenunciable para alcanzar la vida en paz y concordia. Las seguras condenas a
Estrella y Menéndez no devolverán a La
Rioja , a la
Argentina , la vida de Mons. Angelelli, pero significarán una
nueva derrota a la impunidad y al olvido. Y también una nueva derrota a los
pactos espurios entre los actores económicos, políticos, militares, eclesiásticos,
institucionales, que pretendieron enterrar en el olvido esta parte negra, esta
página oscura y trágica de la historia nacional. Todos deberán responder, más
tarde o más temprano, ante la sociedad, y someterse a la majestad de la Justicia.
Tenemos
el deber moral de recordar que estos pasos por la recuperación de la dignidad
nacional son posibles por la decisión de ese último líder que nos dio la Patria , Néstor Kirchner,
que impulsó la derogación de las vergonzantes leyes de Obediencia Debida y
Punto Final. Y ofrecer estas condenas como tributo a su memoria y su lucha
infatigable por sus ideales.
Pero
también debemos reflexionar sobre la realidad de que estas condenas,
seguramente justas, seguramente merecidas, sólo significan eso: El triunfo de
una lucha digna y ejemplar, para recuperar esta posibilidad de que una
República, una Nación organizada, puedan castigar cualquier crimen contra su
pueblo.
Aún
así, no debemos perder de vista que lo más valioso, lo más brillante del
pensamiento nacional es lo que destruyeron para hacer posible la antipatria.
Ésa es la costilla que nos falta, y cuánto la sentimos, cómo lo pagamos con
estos años de desencuentros, vacilaciones y fracasos. Ésa es la deuda que jamás
podrán pagarnos, a nosotros, al País, a las generaciones venideras, los
criminales condenados. Celebramos, sin embargo, el triunfo de la Verdad y la Justicia , de la Justicia republicana, sin
concesiones, única garantía de una paz duradera.
Un
abrazo fraterno a los representantes catamarqueños en ese juicio histórico, el
abogado Guillermo Díaz Martínez y el integrante del tribunal Dr. Reynaga, cuyas
actuaciones nos enorgullecen.-
Envío:PICatamarca
Juicio por la muerte del Obispo Angelelli
El diputado Oscar Pfeiffer
celebra que pronto se dictará sentencia
El diputado provincial Oscar Pfeiffer (PI en el
FpV) expresó su satisfacción por la proximidad de la
sentencia en el juicio por la muerte de Mons. Enrique Angelelli, en donde se
juzgan delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar.
A la vez, anunció que como miembro de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara Baja estará presente en
la lectura del fallo.
Pfeiffer confió
en que “está probado que el crimen del obispo de La Rioja , fue un crimen político y no un accidente,
como quiso probar durante décadas un pacto eclesiástico-militar”. También
remarcó “la importancia de vivir en un sistema democrático” y resaltó la política
pública de Derechos Humanos “del proyecto nacional y popular que inició Néstor
Kirchner en 2.003, porque este juicio estuvo paralizado en la justicia durante
varias décadas y se reactivó con la derogación de las leyes de impunidad”.
Asimismo, destacó
el papel de letrados catamarqueños en el marco del juicio oral -que empezó en
noviembre del año pasado y entró en su etapa final- en el cual “hay un miembro
del tribunal que es el Dr. Juan Carlos Reynaga y un abogado de la querella que
representa a la Secretaría
Nacional de Derechos Humanos, el Dr Guilllermo Díaz Martinez,
ambos de Catamarca que con su actuación nos llena de orgullo”.
Finalmente, el legislador
resaltó la participación que tendrán organizaciones de derechos humanos y juventudes políticas locales en la vigilia y
actos programados en la vecina ciudad de La Rioja , para el 4 de julio, día en que se conocerá
la sentencia.
Están imputados
los represores Luis Fernando Estrella y Luciano Benjamín Menéndez, acusados de
homicidio calificado y asociación ilícita agravada. Por la demora del juicio no llegaron a ser
juzgados otros tres represores -como el comisario Juan Carlos Romero-, que
fallecieron antes del proceso.
Envío:PICatamarca
1-7-2014
Lesa Humanidad
El obispo de La rioja fue asesinado en 1976
Angelelli: las cartas secretas del Vaticano que entregó el papa Francisco
Lesa Humanidad
El obispo de La rioja fue asesinado en 1976
Angelelli: las cartas secretas del Vaticano que entregó el papa Francisco
Fueron escritas en julio de 1976. Una es del obispo Enrique Angelelli, dirigida al entonces nuncio apostólico Pío Laghi, en la que le advertía: “Me aconsejan que se lo diga: nuevamente he sido amenazado de muerte”. La otra contiene el relato detallado, día por día, del asesinato de los curas Gabriel Longueville y Carlos Murias.
Por Laureano Barrera
Fotos:Majo Malvares y Telam
“Las cartas prueban, por un lado, la mendacidad de (Pío) Laghi, porque en eludió sus responsabilidades lindando con el encubrimiento”, dijo a Infojus Noticias Bernardo Lobo Bugeau, abogado querellante por la Secretaría de Derechos Humanos de Nación. “En el 2000, en una entrevista que le hizo la periodista Olga Wornat, Laghi se escandalizó de que lo acusaran de semejantes delitos. Ahora se sabe que tenía perfecto conocimiento todo lo que allí sucedía”, explicó al abogado.
Pio Laghi, muy cuestionado por el rol que cumplió en aquellos años, murió el 11 de enero de 2009. Cinco años después, los papeles girados por Francisco desde el Vaticano lo dejan muy comprometido: las cartas que Angelelli firmó de puño y letra fueron protocolizadas el 30 de julio de 1976. Se ve un sello en italiano, número de acta y folio. Esto significa que fueron recibidas e incorporadas al archivo oficial de la Iglesia Católica. El 4 de agosto el obispo sería asesinado en la ruta provincial 38, en las proximidades de Punta de los Llanos.
Los documentos
Marcelo Daniel Colombo, el obispo de La Rioja, escuchó por primera vez de esas cartas de boca del sacerdote franciscano conventual Miguel Ángel López. El religioso contó que unos días después del asesinato de los curas Gabriel Longueville y Carlos Murias y el laico Wenceslao Pedernera viajó a Roma cargando en su maleta un informe confidencial redactado por el obispo Angelelli. Colombo le pidió a Francisco por la posibilidad de rastrearlos. A los pocos días llegaron.
En la primera carta, dirigida a Laghi el 5 de julio de 1976 a su regreso de unas vacaciones por Europa, Angelelli lo advierte sobre el “asunto Costa”, como llamaba a algunos miembros de la ultracatólica organización “Los cruzados de la Fe de la Costa”. Eran un grupo de terratenientes entre los que hay familiares directos de Carlos Menem que atacaban públicamente al obispo Angelelli y las actividades de su diócesis. En 1973, lo habían corrido a piedrazos de Anillaco y en febrero de 1976 habían hecho un desfile con presencia militar en la capital.
Todo era reproducido con gran amplitud por el diario el Sol: en sus páginas se lo llamaba “el obispo Rojo”, “comunista”, “satanelli”. “El diario decía que había armas en el campanario, orgías, cualquier cosa. Extrañamente, todo ese archivo se quemó”, contó a esta agencia María Elena Coseano, sobrina de Angelelli y querellante en el juicio.
Angelelli describe con detalles, en torno a la situación de un cura a punto de morir de cáncer, cómo es desautorizado y contrariado por los jefes militares de la zona y miembros de “los Cruzados de la Fe”. Más abajo, enumeraba el hostigamiento en espiral que soportaban él y sus curas de parte de Osvaldo Bataglia, jefe del Batallón de Ingenieros en Construcciones 141:
-Suspendió la misa radial del obispo de la Catedral y la trasladó al Casino de Suboficiales del cuartel. La orden fue dada por el capellán militar Felipe Pelanda López, quien “sin mediar ninguna comunicación con el suscripto (…) asume en su homilía un papel que no le corresponde” opinando sobre “el delicado asunto de la Costa”. Le parece un “abuso y atropello a la misión de la iglesia”. Dice habérselo comunicado al presidente de la Conferencia Episcopal, Adolfo Tortolo. “Sólo recogí silencio”, concluye.
-Celebrar las fiestas patronales en Anillaco con “participación de tropas. Mi intervención lo hizo detener ante la celebración de la misa (…) aunque hicieron la procesión y discursos”.
-La “carta del padre Eduardo Ruiz”: el obispo riojano denuncia que el párroco de la pequeña localidad de Olta, que está preso, ha sido “obligado por los militares de La Rioja a escribir una carta a su obispo desde la cárcel en la que se me condena”. Después de varias versiones y vigilado por un coronel de apellido Malagamba, se la entregan el 20 de abril. “Al P. Ruiz le hice llegar mi palabra para que se quedara tranquilo. Fue moralmente torturado para que la escribiera”, le cuenta Angelelli a Pío Laghi.
-Luego describe la situación general de su diócesis y el Ejército: “Estamos permanentemente obstaculizados para cumplir con la misión de la iglesia. Personalmente, los sacerdotes y las religiosas somos revisados, requisados y allanados por la policía por orden del Ejército”. Angelelli se lo atribuye “principalmente al Ejército y a la persona del jefe y el segundo jefe: Pérez Bataglia y Malagamba”. A seis religiosas demoradas por la policía, advierte el obispo, se les dijo “eran sospechadas y que el mayor ideólogo marxista era el obispo (¡ridículo!) pero hasta esto llegamos”. Y termina: “Me aconsejan que se lo diga: nuevamente he sido amenazado de muerte”.
Sin dudas, el punto más duro es el que menciona los clérigos encarcelados: “está repleta de personas honorables; padres de familia; gente sencilla, están dentro muchos de ellos por el sólo ‘delito’ de ser miembros fieles y conscientes de la iglesia”, denuncia Angelleli ante el máximo representante de El Vaticano en Argentina. Y va más allá con una acusación muy pesada: “Una novedad para La Rioja: se tortura asquerosamente”. Luego relata una reunión con “el general Menéndez y el general Vaquero” en el comando del Tercer Cuerpo de Ejército: “Comprendí lo que significa que nuestros militares se sientan ‘Cruzados de la Fe’ y sientan que hay que unir CRUZ y ESPADA (sic) para matar a los enemigos de Dios de la Patria”.
Longueville y Murias
La otra carta era la crónica detallada del asesinato de los sacerdotes de El Chamical, Gabriel Longueville y Carlos Murias, y las gestiones hechas por el Obispado para saber de ellos. El 18 los van a buscar a la casa de dos hermanas en el Chamical “dos hombres de civil”. El día siguiente “ante un presunto secuestro” el obispado les ordena a las monjas hacer la denuncia en la policía. Y comunica a la Nunciatura apostólica, al presidente de la CEA, y al provincial de la Orden de Franciscanos Conventuales, a la que pertenecía el padre Carlos. El 20 aparecen los dos cadáveres y el obispado saca un comunicado que no sale en el diario por “expresa prohibición” de Bataglia. El 21 y el 22, Angelelli describe las gestiones sin suerte de dar difusión al hecho y la misa multitudinaria en el Chamical.
“Pensemos a tiempo todo esto para no tener que lamentar consecuencias muy dolorosas en un futuro muy próximo. ¿No quiero pintar negro el horizonte”, dice Angelelli. Y no le faltaba razón. El Nuncio, queda claro, no pensó en nada. Menos de un mes después Angelelli fue asesinado. El viernes, 38 años después, se conocerá la pena para los responsables. “Quedó muy claro lo del accidente con el que ellos quisieron tapar. Con 63 años estoy de pie. Tengo mucha ansiedad, pero también mucha esperanza. Será justicia”, dijo a Infojus Noticias su sobrina.

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