01 de julio de 2014
LA FISCALIA PEDIRA AMPLIAR LA ACUSACION EN EL JUICIO POR LOS DELITOS DE LESA HUMANIDAD COMETIDOS EN LA CACHA.
LA FISCALIA PEDIRA AMPLIAR LA ACUSACION EN EL JUICIO POR LOS DELITOS DE LESA HUMANIDAD COMETIDOS EN LA CACHA.
En tanto que la querella que representa a las Abuelas de Plaza de Mayo solicitará incluir la figura de homicidio en los casos de las embarazadas Laura Carlotto -hija de Estela, la presidenta de la emblemática entidad de derechos humanos- y Olga Noemí Casado.
El proceso está a cargo del Tribunal Oral Federal Número 1 de La Plata y se juzga a 21 imputados por crímenes de lesa humanidad perpetrados contra 135 víctimas, entre ellas siete embaradas.
"La Cacha" era un centro clandestino de detención ubicado en la Ciudad de La Plata y que estaba a cargo de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, que en tiempos de la última dictadura cívico militar comandaba el entonces coronel Ramón Camps.
Fuente:Terra
30-6-2014
Lesa humanidad
Tenía pedido de captura internacional
Detuvieron en Panamá a un represor de La Cacha prófugo desde 2010
Lesa humanidad
Tenía pedido de captura internacional
Detuvieron en Panamá a un represor de La Cacha prófugo desde 2010
Ricardo Luis Von Kyaw, de 66 años, era buscado desde hacía cuatro años en el marco de una causa por su actuación en el centro clandestino de detención que funcionó en las afueras de La Plata.
Un represor que se encontraba prófugo de la Justicia fue detenido por la Policía Federal Argentina (PFA) en Panamá, informó hoy el Ministerio de Seguridad. Se trata de Ricardo Luis Von Kyaw, de 66 años, quien era buscado desde hacía cuatro años en el marco de una causa por su actuación en el centro clandestino de detención La Cacha, que funcionó en la localidad de Olmos entre los años 1976 y 1978.
El represor está imputado de haber participado en la privación ilegal de la libertad agravada de 137 personas y de haber sido partícipe de la retención y sustracción de identidad de un niño. Según se informó hoy en un comunicado, "Von Kyaw fue apresado el 19 de junio por una comisión integrada por la Sección Extradiciones del Departamento Interpol y la Dirección General de Operaciones de la PFA, producto de una exhaustiva investigación en conjunto con la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) que supervisó el secretario de Seguridad, Sergio Berni".
Von Kyaw, se indicó, "desplegó numerosas estrategias para evitar su detención, como contar con documentación falsa para acreditar una nacionalidad distinta a la argentina". En el parte se recordó que sobre Von Kyaw "pesaba una orden de detención desde marzo de 2010, que fuera transformada en captura internacional en febrero de 2011", y que "además, el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación ofrecía una recompensa de 100 mil pesos para quien aportara datos sobre su paradero".
El detenido era buscado en el marco de la causa caratulada "Arias Duval, Alejandro Agustín y otros s/ homicidio, privación ilegal de la libertad, tormentos y sustracción de menores", en trámite ante el Juzgado Federal en lo Criminal y Correccional N° 1 de La Plata; así como también en la causa en trámite ante el Juzgado Federal en lo Criminal y Correccional N 3 de la misma ciudad.
Fuente:Infojus
Audiencia final del juicio oral por los delitos cometidos en el centro clandestino de La Plata
La Cacha: testigos revelan cómo la dictadura ocultó sus crímenesLos represores ponían la radio a todo volumen para tapar las torturas. En una sesión, una de las víctimas oyó un flash informativo sobre un enfrentamiento simulado con dos detenidos del lugar.
Pero esas prácticas también sirvieron para que en los procesos judiciales actuales los sobrevivientes puedan reconstruir lo que ocurrió durante sus cautiverios.
Así quedó de manifiesto en la última audiencia del juicio por La Cacha, en la que un testigo recordó que en una sesión de tortura la radio emitió un flash informativo sobre un tiroteo en el que los abatidos eran prisioneros de ese campo, a quienes los represores habían retirado para un supuesto traslado.
Alberto Omar Diesler supo de los eufemismos que usaba la dictadura cuando todavía era un desaparecido.
A través de una pantalla que trajo por videoconferencia su imagen y sus palabras desde la Embajada Argentina en Dinamarca, el testigo recordó su secuestro, en una nueva audiencia del juicio que el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N° 1 de La Plata realiza a 21 represores. Diesler fue secuestrado el 19 de abril de 1977 en La Plata y por 72 días permaneció en cautiverio en ese campo, ubicado detrás de la cárcel de Olmos, en las afueras de la capital bonaerense.
"Ponían la radio muy fuerte para tapar los gritos que llegaban de la sala de torturas", recordó. "En un momento –agregó– dieron la información de un enfrentamiento en la zona, donde habían muerto dos subversivos. Eran dos personas que habían trasladado de La Cacha y las mataron fusilándolas, y haciéndolo pasar por un enfrentamiento." La verdad se había colado en el centro clandestino. "Eso provocó una desinteligencia entre ellos –siguió el testigo–. Y hubo un reproche y se produjo una situación tensa por la filtración de esa información."
El informativo, reconstruyó Diesler, acababa de relatar el asesinato de Juan Enrique Reggiardo y una mujer apodada "La Chamarra", con quienes los secuestrados de La Cacha habían compartido cautiverio hasta poco tiempo antes, cuando los guardias se los llevaron con el pretexto de "trasladarlos". La infiltración de esa información "rompió la mística de la esperanza que ellos creaban ahí adentro", reflexionó el testigo.
También desde Europa declararon la ex detenida Estela Mattía y su marido Daniel Torrillas. Ambos recordaron su secuestro, cometido el 8 de marzo de 1977, y su permanencia en La Cacha. La mujer, embarazada en el momento del secuestro, fue liberada a los 28 días. El hombre, a los 112 días, fue trasladado a una comisaría, donde lo "blanquearon".
Además del embarazo propio, Mattía recordó que en La Cacha compartió cautiverio con otra mujer en su estado: María Rosa "Machocha" Tolosa, la mamá de los mellizos Reggiardo Tolosa, recuperados por Abuelas de Plaza de Mayo.
La testigo recordó haber oído el llanto de un bebé. "Escuché un día a una chica que ingresó con un bebé. Lo sé porque lloraba el bebé. Pero qué pasó con ella, no lo sé. Eso fue en los primeros días", relató, y explicó que, "por el llanto", la criatura "podría tener entre uno y dos años".
Siete meses tenía yo (NdR: y pido permiso para la primera persona) cuando secuestraron a mi mamá y la llevaron conmigo a ese centro clandestino de detención, el 25 de marzo de 1977. Ese secuestro fue relatado por mi madre meses atrás ante los jueces.
Roberto Amerise también declaró desde Copenague y recordó la presencia de embarazadas. Los tres hombres que hablaron en la audiencia fueron retirados juntos de La Cacha. Y 38 años después, permanecen a miles de kilómetros de distancia de donde vivieron el horror en carne propia.
En la audiencia, los testigos aceptaron realizar reconocimientos fotográficos para intentar identificar al guardia de La Cacha apodado "Pablo".
El juicio
Tramo final
El juicio oral y público por los delitos cometidos en La Cacha ingresó en su última etapa de debate. La próxima semana, la fiscalía federal podría pedir la ampliación de la acusación contra algunos de los 21 imputados por el delito de homicidios.
Fuente:TiempoArgentino

La historiadora Ana Barletta desgranó un estudio sobre el impacto de la acción represiva en las aulas. Espionaje, amenazas, exoneraciones y cesantías en la Universidad.
Ana Barletta, en su testimonio ante el Tribunal
Por Pablo Spinelli -spinellipa@gmail.com - Foto: Matías Adhemar
lunes, 30 de junio de 2014
lunes, 30 de junio de 2014
La Cacha: el impacto de la represión en la UNLP
La Cacha: el impacto de la represión en la UNLP

La historiadora Ana Barletta desgranó un estudio sobre el impacto de la acción represiva en las aulas. Espionaje, amenazas, exoneraciones y cesantías en la Universidad.Ana Barletta, en su testimonio ante el Tribunal
Por Pablo Spinelli -spinellipa@gmail.com - Foto: Matías Adhemar
El ámbito universitario como tablero de acción de las fuerzas represivas que azolaron la región durante la dictadura y sus años previos, fue el eje del testimonio dado por la historiadora
Ana Barletta, actual vicepresidenta académica de la UNLP y ex decana de la facultad de Humanidades, en la audiencia del miércoles último del juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino de detención La Cacha.
La base de su aporte está dado por un profundo estudio del Archivo Histórico universitario, en el que constan resoluciones que apuntaban a la reducción de la actividad académica, incluidos los planteles de profesores, no docente y alumnos. Y abunda en ejemplos concretos de desapariciones y asesinatos, cesantías y exoneraciones, tareas de espionajes y aprietes.
Como testigo de concepto, que aportó el contexto general en el que la Universidad se convirtió en factoría de la represión, Barletta ubicó los crímenes de los trabajadores no docentes y dirigentes gremiales Rodolfo Achem y Carlos Miguel como el inicio del persecución en las aulas. Aquello fue incluso bastante antes del inicio de la dictadura, cuando era la derecha peronista, en brazo de la Concentración Nacional Universitaria (CNU) y la Triple A, la encargadas se sembrar el terror.
Achem y Miguel, los dirigentes de Atulp asesinados el 8 de octubre de 1978
“La dictadura en la Universidad comenzó aquel día”, dijo Barletta en un tramo de su declaración, en referencia al 8 de octubre de 1974, en el que ambos dirigentes fueron secuestrados y acribillados.
“La dictadura en la Universidad comenzó aquel día”, dijo Barletta en un tramo de su declaración, en referencia al 8 de octubre de 1974, en el que ambos dirigentes fueron secuestrados y acribillados.
Según el estudio que expuso la docente en medio de un arduo cruce entre uno de los abogados (Juan Losino) y el presidente del Tribunal Carlos Rozanski, que la obligaron a interrumpirse varias veces, desde aquella madrugada se sucedieron una serie de episodios que llevaron a la UNLP a reducir su actividad al mínimo. Para la docente, eso fue llevado adelante de forma deliberada por parte de sus sucesivas conducciones universitarias.
Habló entonces de las renuncias masivas de todas las autoridades del Rectorado como consecuencia de aquel crimen. Pero también de nuevos asesinatos que redundaban en la aparición de cadáveres ametrallados a lo largo del Camino Negro (que une Villa Elisa con Punta Lara), y de una escalada de violencia y persecución que se potenció durante 1975.
Apuntó entonces a la época en que la Universidad quedó bajo las intervenciones, primero del capitán Navio Saccone, y a partir de 1976 de Guillermo Gallo. Basada en los documentos del archivo histórico de la UNLP, Barletta mencionó resoluciones que hablaban explícitamente de “procesos depurativos”, lo cual, según su criterio, es altamente “significativo” de la decisión política respecto de lo que debía ser la actividad de la Universidad en aquel entonces.
Aquello se vio traducido en cifras que fueron incluso reividacadas por el propio Gallo, cuando se vanagloriaba de que antes de 1976 hubieran 56 mil estudiantes, y que dos años después la matrícula tenía 24 mil estudiantes menos. Los argumentos oficiales de aquella merma eran las bajas por regímenes de cursadas no cumplidas, por las normas respecto a materias correlativas y por los reglamentos vigentes en cuanto cupos y aranceles.
Si bien no los deja de considerar como ciertos, Barletta agrega una intención de desalentar la concurrencia a la Universidades con otros mecanismos vinculados con el clima de violencia y persecución. Clima que también favoreció a una reducción casi total de la actividad académica, incluidos (además de alumnos, docentes y trabajadores) el número de proyectos de investigación y extensión. “Fue deliberado”, dijo Barletta, y lo fundamentó con el estudio de los documentos.
Inteligencia. También apeló a los archivos de la ex Dirección de Inteligencia de la Policía de Provincia de Buenos Aires (Dippba) como fuente que prueban las tareas de infiltración protagonizadas por las fuerzas represivas en la UNLP, muchas veces a pedido de la Side. “Vimos la vigilancia constante sobre todas las actividades del mundo universitario”, analizó.
Cantidad de gente en asambleas, información sobre las agrupaciones estudiantiles, ejemplares de volantes, y detalles precisos de dichos de participantes en charlas o clases que fueron informados a la Dippba a través de sus espías, aparecen como material de interés para la inteligencia policial.
También los debates internos sobre el rol de la universidad y de los profesionales que forma.
“Una arquitectura para el pueblo”, “la misión de los médicos”, “la salud necesaria para la sociedad argentina”, son algunos de los textos y debates que circulaban en las facultades y eran informados a Dippba.
Comedor. Con un episodio puntual, la actual vicepresidenta académica de la UNLP ejemplificó el rol de Guillermo Gallo como rector entre 1976 y 1983. El hecho remite a 1978, cuando militantes de Franja Morada se reunieron con él para pedirle la reapertura del Comedor Universitario, el cual había sido cerrado en 1974. Su respuesta fue contundente: “De ningún modo, recién pusimos orden y ustedes me piden esto. Eso era como la ‘colina táctica del enemigo’”, les respondió, y entregó una frase que más tarde se convirtió en el título del libro de Jorge Alessandro.
Antes de su cierre, el Comedor ubicado en 1 y 50, había sido blanco de algunos atentados.
A Gallo se le atribuye la responsabilidad de buena parte de las cesantías de trabajadores docentes y no docentes, así como de ser colaborador en la represión, con delaciones de trabajadores y estudiantes, muchos de los cuales continúan desaparecidos.
Durante su gestión abundan, según refiere la investigación de Barletta expuesta en el Juicio, los informes de inteligencia que dan cuenta de la situación en las facultades. Habla de reportes de 1977 que transmiten “la calma”, y la atribuyen al desmantelamiento de las organizaciones políticas; y de otras que detectan algunas actividades de resistencia.
En esa época, regía una medida calificada como “impresionante” por la investigadora: los que habían sido cesanteado o exonerados no podían pisar la universidad para ninguna actividad, y el control se realizaba con una supervisión extrema de guardias apostados en las puertas de las facultades, quienes pedían DNI a cualquiera que quisiera ingresar.
Duelo legal. Como viene ocurriendo desde el inicio mismo del juicio, un nuevo cruce se dio entre el presidente del Tribunal, Carlos Rozanski y el abogado Juan Losino, representante del acusado Claudio Grande, cuando el defensor pidió que constara la negativa del Tribunal a dejar sentado un diálogo que ambos mantuvieron durante la audiencia.
Después de varios contrapuntos, que incluyeron pedidos de recursos de reposición (uno de ellos aceptado por la mayoría de los jueces, el cual obligó a acortar el testimonio de Barletta), Losino se reservó el derecho de recurrir a la Cámara de Casación con su planteo.
Teleconferencia. Las audiencias se retomarán el viernes a las 9 de la mañana, y está prevista la declaración, vía teleconferencia desde Copenhague (Dinamarca), de los testigos Aberto Diesler, Elsa Beatriz Mattia de Torrillas, Néstor Daniel Torrillas y Roberto Lujan Amerise.
lunes, 30 de junio de 2014
La Cacha: dan testimonio sobre los falsos enfrentamientos
Un ex secuestrado contó cómo se enteró por la radio de la muerte de otro detenido. Lo hizo al declarar junto a otras víctimas desde Copenhague, en videoconferencia. Crudo testimonio.
Alberto Omar Diesler, habla desde Copenhague (Foto: captura videoconferencia)
Por Pablo Spinelli -spinellipa@gmail.com
El ex detenido desaparecido Alberto Omar Diesler dijo haberse enterado por la radio, durante su cautiverio en La Cacha, de la muerte en un supuesto enfrentamiento, de dos militantes que hasta ese momento habían estado también secuestrado en ese centro clandestino de detención. El dato aportado por el ex dirigente sindical vía videoconferencia desde Copenhague (Dinamarca) representa un testimonio en primera persona respecto de los fusilamientos que eran presentados por el aparato represivo de la última dictadura como muertes en tiroteos.
Diesler declaró el último viernes desde la embajada argentina en la capital danesa, en el marco de las audiencias que se realizan en el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº 1 contra 21 policías, militares, penitenciarios y civiles, por los crímenes de lesa humanidad que se cometieron en el centro clandestino que operaba en las inmediaciones de la cárcel de Olmos, donde funcionaba una planta transmisora de Radio Provincia. Junto a él lo hicieron otros ex detenidos: Elsa Beatriz Mattia de Torrillas, Néstor Daniel Torrillas y Roberto Lujan Amerise, quienes además aportaron nombres de los represores que actuaban en el lugar, y de víctimas con las que compartieron cautiverio.
El episodio narrado por Diesler ocurrió en medio de una sesión de tortura, cuando los responsables del centro clandestino subían el volumen de la radio para tapar los sonidos del horror. Y fue descripto por el ex secuestrado como una de las vías a través de las cuales los secuestrados se enteraban de los operativos realizados por las “patotas”.
Según relató el ex militante sindical de Ensenada, las víctimas del enfrentamiento fraguado habrían sido Enrique Reggiardo, padre de los mellizos Gonzalo y Matías Reggiardo Tolosa; y Susana Quinteros, conocida también como “Chamarrita”. Hasta el momento en que Diesler escucho la información por la radio, ambos estaban detenidos ilegalmente en La Cacha.
“Como ponían la radio muy fuerte para tapar los gritos que llegaban de afuera, de la sala de torturas, escuchamos que en un momento dieron la información de un enfrentamiento en la zona, donde habían muerto dos ‘subversivos’. Son dos personas que trasladan de la cacha y las matan fusilándolas haciéndolo pasar por enfrentamiento”, dijo el ex detenido desaparecido.
Diesler también recordó el impacto que aquello provocó, no solo en los compañeros de cautiverio de las víctimas, sino también entre los responsables del centro clandestino. Habló de una “desinteligencia”. Causó, según dijo, “un reproche y una tensión, porque representaba una situación de filtración de esa información, lo cual no estaba previsto”.
Aquella no era la única vez que se enteró de operativos realizados por los grupos de tarea. Aunque en otros casos la filtración fue deliberada. Recordó entonces casos de muertes que fueron comunicados por los propios guardias. E identificó como un momento “terrible” cuando el guarda identificado por los secuestrados como “Palito” notificó a la prisionera Elba Leonor Ramírez Abella de la muerte de su pareja, Arturo Baibiene. “Cambio tu estado civil, ahora sos viuda”, señaló Diesler que fueron las cínicas palabras de aquel hombre.
La semblanza de Ramírez Abella representó uno de los trances más duros para el testigo durante su declaración. “A mí me tenían al lado de ella, y recuerdo que me auguró que iba a volverá ver a mi hijo, Yo le deseé lo miso pero no se cumplió. Desde entonces siempre me pregunto “¿Por qué a ella que tenía tres hijos no la devolvieron y a mí sí me devolvieron? Son cosas inexplicables que a uno lo siguen afectando”.
Diesler fue secuestrado el 19 de abril de 1977, dos días después del nacimiento de su primer hijo Matías, el mismo día en que su mujer Ana María fue dada de alta de la clínica en la que había dado a luz. La familia vivía en la calle Bolivia y San Martín de Ensenada, y de allí lo arrancaron durante la noche de aquella jornada. El hombre trabajaba en el taller naval de YPF, como operario de planta y estudiaba en la UTN, donde cursaba materias de quinto año de Ingeniería Mecánica. Su grupo de pertenencia política era una coordinadora sindical de La Plata, Berisso y Ensenada. Estuvo 72 días secuestrado hasta que fue blanqueado en la comisaría Octava.
La estructura represiva. Como estuvo alojado en la planta baja de La Cacha, Diesler dice haber tenido una perspectiva favorable para conocer los movimientos y la rutina del grupo de represores encargados del centro clandestino de detención. Mencionó apodos, y algunas características de los guardias, incluida la fuerza a la que respondían.
En un detallado relato señaló, por ejemplo, a los integrantes del Ejército. “Estaban ‘el cordobés’, que era el jefe de esa sección, aparentemente un mayor. Sus asistentes el Inglés, el Argentino y el Amarillo, quienes eran tenientes. El Inglés y el Argentino, cuando me toman declaración en la Octava, ellos dijeron que habían estado en mi casa. Sé que eran gente joven, de la misma edad que yo en ese momento”.
También mencionó a gente de la SIDE, y señaló a al Francés, como jefe, y a los agentes o los que hacían las guardia la patota: cuyos apodos eran Pablo, Jota, Julio, Bocha y el Griego.
Del Servicio Penitenciario Bonaerense habló de El Oso (que sería Acuña) como jefe, y a los guardias Sabino, Palito y el Negro.
Y de la Marina, a los jefes Daniel y Pituto, y a los oficiales que eran denominados genéricamente “Carlitos”, cada uno con un apellido. “Uno el enfermero, otro el cordobés, y otro el misionero”.
También habló de suboficiales que venían del Regimiento 7 de Infantería: “Mostaza, el Suave, el Willy y el Gallego”. Y mencionó a dos personas a las que pudo verles el rostro: Mister X y Palito.
También vio la cara de Pablo, aunque en un posición menos favorables que en los otros dos casos. Durante el juicio hubo un reconocimiento fotográfico que no arrojó resultados positivos.
Alberto Omar Diesler, habla desde Copenhague (Foto: captura videoconferencia)
Por Pablo Spinelli -spinellipa@gmail.com
El ex detenido desaparecido Alberto Omar Diesler dijo haberse enterado por la radio, durante su cautiverio en La Cacha, de la muerte en un supuesto enfrentamiento, de dos militantes que hasta ese momento habían estado también secuestrado en ese centro clandestino de detención. El dato aportado por el ex dirigente sindical vía videoconferencia desde Copenhague (Dinamarca) representa un testimonio en primera persona respecto de los fusilamientos que eran presentados por el aparato represivo de la última dictadura como muertes en tiroteos.
Diesler declaró el último viernes desde la embajada argentina en la capital danesa, en el marco de las audiencias que se realizan en el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº 1 contra 21 policías, militares, penitenciarios y civiles, por los crímenes de lesa humanidad que se cometieron en el centro clandestino que operaba en las inmediaciones de la cárcel de Olmos, donde funcionaba una planta transmisora de Radio Provincia. Junto a él lo hicieron otros ex detenidos: Elsa Beatriz Mattia de Torrillas, Néstor Daniel Torrillas y Roberto Lujan Amerise, quienes además aportaron nombres de los represores que actuaban en el lugar, y de víctimas con las que compartieron cautiverio.
El episodio narrado por Diesler ocurrió en medio de una sesión de tortura, cuando los responsables del centro clandestino subían el volumen de la radio para tapar los sonidos del horror. Y fue descripto por el ex secuestrado como una de las vías a través de las cuales los secuestrados se enteraban de los operativos realizados por las “patotas”.
Según relató el ex militante sindical de Ensenada, las víctimas del enfrentamiento fraguado habrían sido Enrique Reggiardo, padre de los mellizos Gonzalo y Matías Reggiardo Tolosa; y Susana Quinteros, conocida también como “Chamarrita”. Hasta el momento en que Diesler escucho la información por la radio, ambos estaban detenidos ilegalmente en La Cacha.
“Como ponían la radio muy fuerte para tapar los gritos que llegaban de afuera, de la sala de torturas, escuchamos que en un momento dieron la información de un enfrentamiento en la zona, donde habían muerto dos ‘subversivos’. Son dos personas que trasladan de la cacha y las matan fusilándolas haciéndolo pasar por enfrentamiento”, dijo el ex detenido desaparecido.
Diesler también recordó el impacto que aquello provocó, no solo en los compañeros de cautiverio de las víctimas, sino también entre los responsables del centro clandestino. Habló de una “desinteligencia”. Causó, según dijo, “un reproche y una tensión, porque representaba una situación de filtración de esa información, lo cual no estaba previsto”.
Aquella no era la única vez que se enteró de operativos realizados por los grupos de tarea. Aunque en otros casos la filtración fue deliberada. Recordó entonces casos de muertes que fueron comunicados por los propios guardias. E identificó como un momento “terrible” cuando el guarda identificado por los secuestrados como “Palito” notificó a la prisionera Elba Leonor Ramírez Abella de la muerte de su pareja, Arturo Baibiene. “Cambio tu estado civil, ahora sos viuda”, señaló Diesler que fueron las cínicas palabras de aquel hombre.
La semblanza de Ramírez Abella representó uno de los trances más duros para el testigo durante su declaración. “A mí me tenían al lado de ella, y recuerdo que me auguró que iba a volverá ver a mi hijo, Yo le deseé lo miso pero no se cumplió. Desde entonces siempre me pregunto “¿Por qué a ella que tenía tres hijos no la devolvieron y a mí sí me devolvieron? Son cosas inexplicables que a uno lo siguen afectando”.
Diesler fue secuestrado el 19 de abril de 1977, dos días después del nacimiento de su primer hijo Matías, el mismo día en que su mujer Ana María fue dada de alta de la clínica en la que había dado a luz. La familia vivía en la calle Bolivia y San Martín de Ensenada, y de allí lo arrancaron durante la noche de aquella jornada. El hombre trabajaba en el taller naval de YPF, como operario de planta y estudiaba en la UTN, donde cursaba materias de quinto año de Ingeniería Mecánica. Su grupo de pertenencia política era una coordinadora sindical de La Plata, Berisso y Ensenada. Estuvo 72 días secuestrado hasta que fue blanqueado en la comisaría Octava.
La estructura represiva. Como estuvo alojado en la planta baja de La Cacha, Diesler dice haber tenido una perspectiva favorable para conocer los movimientos y la rutina del grupo de represores encargados del centro clandestino de detención. Mencionó apodos, y algunas características de los guardias, incluida la fuerza a la que respondían.
En un detallado relato señaló, por ejemplo, a los integrantes del Ejército. “Estaban ‘el cordobés’, que era el jefe de esa sección, aparentemente un mayor. Sus asistentes el Inglés, el Argentino y el Amarillo, quienes eran tenientes. El Inglés y el Argentino, cuando me toman declaración en la Octava, ellos dijeron que habían estado en mi casa. Sé que eran gente joven, de la misma edad que yo en ese momento”.
También mencionó a gente de la SIDE, y señaló a al Francés, como jefe, y a los agentes o los que hacían las guardia la patota: cuyos apodos eran Pablo, Jota, Julio, Bocha y el Griego.
Del Servicio Penitenciario Bonaerense habló de El Oso (que sería Acuña) como jefe, y a los guardias Sabino, Palito y el Negro.
Y de la Marina, a los jefes Daniel y Pituto, y a los oficiales que eran denominados genéricamente “Carlitos”, cada uno con un apellido. “Uno el enfermero, otro el cordobés, y otro el misionero”.
También habló de suboficiales que venían del Regimiento 7 de Infantería: “Mostaza, el Suave, el Willy y el Gallego”. Y mencionó a dos personas a las que pudo verles el rostro: Mister X y Palito.
También vio la cara de Pablo, aunque en un posición menos favorables que en los otros dos casos. Durante el juicio hubo un reconocimiento fotográfico que no arrojó resultados positivos.
Fuente:CasaPueblos
Envío:Andrea Benítes-Dumont


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