17/10/2014
La Memoria
CAUSA ÀREA PARANA : Dieron detalles de la violencia a la que fueron sometido
Dos ex presos políticos Complicaron a Appiani y Moyano
Dos sobrevivientes de la dictadura declararon en el juicio escrito que se desarrolla en Paraná. Alicia Ferrer y Álvaro Piérola dijeron haber estado en los cuarteles del Ejército con Victorio Erbetta, quien permanece desaparecido.
La Memoria
CAUSA ÀREA PARANA : Dieron detalles de la violencia a la que fueron sometido
Dos ex presos políticos Complicaron a Appiani y Moyano
Dos sobrevivientes de la dictadura declararon en el juicio escrito que se desarrolla en Paraná. Alicia Ferrer y Álvaro Piérola dijeron haber estado en los cuarteles del Ejército con Victorio Erbetta, quien permanece desaparecido.
El testimonio de Álvaro Piérola en el juicio escrito por los crímenes de lesa humanidad cometidos en la denominada Área Paraná estuvo atravesado un reclamo: dónde está Victorio Coco Erbetta, dónde está Claudio Fink, dónde está Pedro Sobko; en qué lugar del cementerio municipal de Paraná fueron inhumados los restos de Carlos Fernández, enterrado con Juan Alberto Osuna, Beto, que pudo ser identificado por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) en 2007. Dónde están.
“Esta gente sabe dónde están los desparecidos. ¿Qué macabro pacto tienen para no permitirles a los familiares cerrar su historia? La sociedad ya los juzgó y los condenó, sólo falta que lo haga la justicia. Entonces, que digan cuál es la verdad, que digan dónde están”, exclamó Piérola, poniendo en palabras esa imperiosa y tan humana necesidad de los familiares de enterrar a sus muertos.Complicados
Dos ex presos políticos hicieron la ratificación de declaraciones en la segunda audiencia de testimoniales en la megacausa Área Paraná, donde se investigan los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico-militar.
Otra vez, como ocurriera la semana pasada, solo dos de los ocho imputados estuvieron presentes en la sala, el militar y abogado Jorge Humberto Appiani, que ejerce su autodefensa “por autorización de la Cámara Federal de Apelaciones”, como se encargó de aclarar el juez Leandro Ríos, y el policía federal Cosme Ignacio Marino Demonte. Los otros estuvieron representados por sus abogados, pero prefirieron no moverse de los lugares donde cumplen arresto domiciliario.
Alicia Ángela Ferrer y Álvaro Piérola, ex presos políticos, dieron detalles de la violencia física y psicológica a que fueron sometidos durante su secuestro y posterior cautiverio en el centro clandestino de detención que funcionó en los cuarteles del Ejército, dijeron haber estado allí con Erbetta –que permanece desaparecido– y comprometieron seriamente a los represores Appiani y Hugo Moyano, el único civil imputado.
Militante
La de Alicia Ferrer fue la novena declaración por los hechos que sufrió durante la dictadura.
“Trabajaba, estudiaba y militaba”, contó ante el juez Ríos.
Fue secuestrada el 21 de agosto de 1976, mientras cursaba el tercer mes de embarazo; fue encapuchada, golpeada con armas y amenazada en su domicilio. Luego fue interrogada en la sede de la Policía Federal mientras era golpeada con armas y bolsas de arena, sobre todo en la cabeza y en el vientre, fue azotada contra una pared y amenazada con causarle un aborto. Al cabo de un rato, volvieron a encapucharla, la colocaron en el baúl de un auto y la llevaron a los cuarteles del Ejército. Dijo que “en ese lugar había muchas personas detenidas”, entre las que recordó a Erbetta, Julia Leones y Cristela Godoy.
Soportó dos interrogatorios, vejámenes y amenazas permanentes antes de ser alojada en la cárcel de mujeres, 20 días después.
Al cabo de unos días, después de soportar intensos dolores y sufrir pérdidas de sangre, fue trasladada en medio de un impresionante operativo policial al Hospital San Martín, donde se constató que había perdido su embarazo.
De vuelta en la cárcel, el jefe de la Policía Federal, Osvaldo Luis Conde (fallecido), la obligó a firmar una declaración, que no le permitió leer. En los días posteriores fue trasladada otras dos veces a los cuarteles para ser interrogada por un grupo de personas, entre las que luego reconocería a Appiani, cuando escuchó su voz y pudo verlo en el consejo de guerra en el que se le impuso una condena de 19 años de prisión.
Ahí, en el consejo de guerra, volvió a ver a Moyano, el médico al que conocía del Hospital San Martín, donde ella trabajaba como administrativa y el médico ejercía como otorrinolaringólogo. No sabe si “como observador o como parte” de ese circo, pero asegura que “fue un asombro que estuviera ahí porque a una instancia como esa no accedía cualquiera”, dejando entrever la complicidad del profesional con la represión ilegal.
Una familia perseguida
La familia Piérola es tal vez una muestra de (casi todas) las tragedias de la dictadura. Álvaro estuvo detenido ilegalmente; Fernando fue fusilado en la Masacre de Margarita Belén, María Luz tenía 17 años cuando fue secuestrada, torturada y violada en centros clandestinos de detención; y Gustavo hizo primero un exilio interno que luego lo llevó por casi seis años a refugiarse en Brasil.
Una patota del Ejército y de la Policía Federal secuestró a Álvaro el 21 de agosto de 1976. Primero lo llevaron hasta la casa de sus padres, Amanda Mayor y Héctor Piérola, donde lo esperaban Conde y el jefe de la represión en la provincia, Juan Carlos Trimarco. Allí lo golpearon, lo arrojaron al piso y el policía le gatilló un arma en la cabeza. Querían saber dónde estaba Fernando.
Lo que siguió fueron 40 días de detención ilegal, primero en el Escuadrón de Comunicaciones del Ejército y luego en la unidad penal.
Las condiciones de detención en los cuarteles eran inhumanas: una veintena de detenidos estaban alojados en calabozos de unos 2,50 metros de altura, 1,20 metros de ancho y 2,50 metros de fondo. Adelante tenían una puerta metálica, con un cerrojo y un candado en el exterior, con seis pequeños agujeros en el medio para que entraran luz y aire, aunque estaban tapados con un papel o cartón. En la parte opuesta, a pocos centímetros del techo, había una pequeña ventanita con rejas que de día dejaba pasar la luz, pero en invierno o cuando llovía se transformaba en otro elemento de tortura. El piso era de baldosas coloradas y las viejas paredes estaban derruidas por la humedad. Allí, los detenidos solo tenían una especie de finísimo colchón de paja.
Al otro día de llegar a los cuarteles, Piérola comenzó a escuchar voces de otras personas que también estaban secuestradas.
–Anoche hubo movimiento. ¿Entró alguien nuevo? –escuchó.
–Álvaro, Álvaro Piérola –respondió enseguida.
–Yo soy Coco –le dijo la misma voz.
–¿Coco? –preguntó y se preguntó.
–Erbetta.
Piérola lo conocía porque habían sido compañeros de la escuela secundaria.
“Me contó que estaba nervioso. Que lo habían golpeado, que todavía no había declarado, pero tenía la tranquilidad de que (el arzobispo de Paraná y vicario castrense, Adolfo) Tortolo podría ayudarlo”, dijo ayer ante el juez Ríos.
Fue el único diálogo que mantuvieron porque al día siguiente desapareció. “Una noche se escuchó un revuelo porque estaban sacando gente. Después hubo un silencio, al tiempo se escuchó que volvieron y hubo una convulsión”, recordó. También dijo haber visto algo que parecía ser una camilla por los pasillos donde estaban los calabozos. “Esa noche empezó a circular el comentario sobre lo que había pasado en la salida que llevaron a Coco. Decían que sacaron gente en un vehículo, que luego frenaron sobre las vías, alguien que gritaba ‘se escapa, se escapa’ y se escucharon tiros”, recordó. Erbetta permanece desaparecido. (El Diario)
Fuente:DiarioJunio
Viernes, 17 de octubre de 2014
Testigos relataron las últimas horas del desaparecido Erbetta
Alicia Ferrer y Álvaro Piérola declararon en la causa Área Paraná y dieron precisiones sobre su secuestro durante la dictadura. Pidieron a los represores que rompan su pacto de silencio
Appiani. Alicia Ferrer dijo que había reconocido su voz por el tono castrense que aún utiliza en su autodefensa. Foto UNO/Juan Ignacio Pereira
Testigos relataron las últimas horas del desaparecido Erbetta
Alicia Ferrer y Álvaro Piérola declararon en la causa Área Paraná y dieron precisiones sobre su secuestro durante la dictadura. Pidieron a los represores que rompan su pacto de silencio
Appiani. Alicia Ferrer dijo que había reconocido su voz por el tono castrense que aún utiliza en su autodefensa. Foto UNO/Juan Ignacio Pereira
Alfredo Hoffman / De la Redacción de UNO
ahoffman@uno.com.ar
Casi sobre el final de su declaración testimonial de ayer en el juicio por la megacausa Área Paraná, Álvaro Héctor Piérola giró hacia la derecha sobre su silla. Por primera vez dejó de dirigir su vista hacia el juez Leandro Ríos, como fija el ritual judicial, y miró a la cara a los represores Jorge Humberto Appiani y Cosme Ignacio Marino Demonte, los dos imputados que estaban en la sala. “Ellos saben dónde está Erbetta. Él –señalando a Demonte– lo sacó de la facultad ¿Qué macabro pacto tienen para seguir callando? La sociedad ya los juzgó, solamente falta la Justicia”.ahoffman@uno.com.ar
En la audiencia de ayer apareció varias veces el nombre de Victorio Coco Erbetta, militante detenido-desaparecido, secuestrado por un grupo de tareas comandado por el policía federal Cosme Demonte, el 16 de agosto de 1976 en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica Argentina, que por entonces funcionaba en Paraná. Dos testigos, Piérola y Alicia Ferrer, relataron que compartieron con él sus últimas horas antes de ser asesinado y de que sus restos sean ocultados hasta hoy. En la causa también se investigan otras cuatro desapariciones forzadas: las de Carlos José María Fernández, Claudio Fink, Pedro Sobko y Juan Alberto Osuna. Los restos de Osuna fueron identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense. Como suele suceder en los juicios de lesa humanidad, ni Appiani ni Demonte reaccionaron a la interpelación de Piérola.
Ayer se desarrolló la segunda audiencia pública de la etapa de plenario de la causa Área Paraná, en la que se juzgan delitos de lesa humanidad cometidos en la región durante la última dictadura cívico-militar. En esta oportunidad los dos expresos políticos ratificaron sus declaraciones testimoniales dadas anteriormente y dieron cuenta de los maltratos a los que fueron sometidos durante su cautiverio.
Piérola dio precisiones acerca de cómo fue su secuestro una noche de agosto de 1976 y de su detención en el escuadrón de Comunicaciones del Ejército, donde pudo dialogar de celda a celda con Erbetta, a quien conocía de la escuela Secundaria. Mencionó también que entre 24 y 48 horas después de llegar al lugar, se llevaron a Coco y ya no regresó. En ese lugar escuchó comentarios sobre que se había montado un simulacro de fuga para ocultar el asesinato de Erbetta, pero era imposible escapar de ese lugar donde los detenidos estaban fuertemente custodiados, maltratados y amenazados todo el tiempo.
Piérola ingresó la noche del 21 de agosto o madrugada del 22 a Comunicaciones. Al amanecer del día siguiente comenzó a escuchar voces. Alguien preguntó desde otro calabozo: “¿Quién entró anoche?”. Él dijo su nombre y apellido. La otra voz le contestó:
“Soy Coco Erbetta”. Su amigo le contó que estaba nervioso, porque lo habían golpeado y todavía no lo habían interrogado; pero tenía confianza en que iba a salir en libertad porque era muy amigo de algunos miembros de la Iglesia católica y conocía bien al entonces arzobispo de Paraná, Adolfo Servando Tortolo.
No volvió a escuchar la voz de Coco. A la noche se oyó un revuelo, como que sacaban a algunos detenidos. Al otro día un compañero dijo que se lo habían llevado. A los dos o tres días fueron retirar la ropa. Erbetta continúa todavía desaparecido.
Álvaro Piérola es hermano de una de las víctimas de la Masacre de Margarita Belén, en Chaco, Fernando Piérola, quien también permanece desaparecido. Además toda su familia –familia de militantes– sufrió secuestros y persecuciones durante la dictadura. Su madre, la recordada Amanda Mayor, se convirtió en una referente de la lucha por los derechos humanos. A él lo detuvieron de noche, durante un violento asalto del Ejército en el cual le dieron vuelta la casa. Lo sorprendieron cuando estaba durmiendo junto a su esposa, embarazada de ocho meses. Entre quienes participaron de su secuestro identificó al ya fallecido Osvaldo Luis Conde, jefe de la delegación local de la Policía Federal, de quien recordó especialmente la saliva blanca que le salía de la boca. Al momento de detenerlo lo golpearon, lo arrojaron al piso y le martillaron con un arma en la cabeza.
Además de los golpes y maltratos que sufrió durante su cautiverio en el Centro Clandestino de Detención de Comunicaciones, relató que el dolor más fuerte era no saber nada de su hijo por nacer. Finalmente, luego de haber sido trasladado a la Unidad Penal Nº 1, pudo ir a conocer a su bebé recién nacido a la clínica Modelo: lo sacaron esposado en un patrullero, custodiado por dos camiones Unimog del Ejército. Apenas le liberaron las manos para poder acariciar al niño.
Durante su declaración también mencionó al sacerdote Julio Metz, quien iba a visitar a los secuestrados al CCD. Dio los nombres de otros presos políticos con quienes compartió cautiverio y mencionó que en la cárcel vio al exgobernador Enrique Tomás Cresto y al exintendente Juan Carlos Esparza.
Relató que salió en libertad el 1º de octubre de 1976 y su familia lo estaba esperando en la puerta de la cárcel. Pero ese “no fue un final feliz”, resaltó, sino “el inicio de 30 años de lucha”, porque en diciembre de ese año asesinaron a su hermano Fernando, al año siguiente fue secuestrada y torturada su hermana María Luz y otro de sus hermanos, Gustavo, debió exiliarse en Brasil. De todos modos, aseguró: “Es un dolor que llevamos con alegría”.
“Querían sembrar el pánico, el miedo, el no te metás”
Alicia Ángela Ferrer ratificó sus anteriores ocho declaraciones testimoniales existentes en el expediente, prestadas entre 1978 y 2009. Contó ante el juez Ríos que fue secuestrada en agosto de 1976 en su casa de Paraná estando embarazada de tres meses y que, producto de la situación que le tocó vivir, pocas semanas después perdió el embarazo. La testigo relató que sufrió golpes en el vientre y siempre estuvo amenazada.
Mencionó también que cuando estuvo en el centro clandestino de detención de Comunicaciones, allí estaba Victorio Erbetta. Lo escuchó hablar. Además, iba el padre Metz y preguntaba a viva voz: “¿Dónde está Erbetta?” y dialogaba con él. Hasta que un día dejó de oírlo.
Ferrer dijo que el imputado Jorge Humberto Appiani estuvo presente como auditor en el Consejo de Guerra a que fue sometida. Eran simulacros de juicios a los que eran llevados los presos políticos luego de haber sido torturados. Allí también vio al médico imputado en la causa, Hugo Mario Moyano, a quien conocía porque habían trabajado juntos en el hospital San Martín de Paraná.
“Moyano estaba de civil; era un observador. Evidentemente era parte: a una instancia como esa no cualquiera se incorpora”, dijo sobre el médico que se desempeñaba en el Servicio Penitenciario y que está acusado de torturas. Sobre Appiani, indicó que lo vio en el Consejo de Guerra y se presentó con su nombre; entonces se percató de que ya había escuchado su voz cuando era sacada encapuchada del calabozo de los cuarteles para ser interrogada y sometida a tormentos.
Appiani, quien ejerce la autodefensa y puede hablar en el juicio, quiso saber qué tenía de particular su voz como para que la identificara. Ferrer contestó que fue por “el tono” con el que hablaba. Ese tono, castrense y soberbio, fue el que usó ayer el imputado para formular preguntas y el que usa cada vez que le conceden la palabra.
“Lo que vivimos es inimaginable, es increíble el grado de tormento que vivimos”, expresó Ferrer en un tramo de su declaración. “Me alegra que ahora esto salga a la luz para seguir manteniendo viva la memoria”, añadió.
Finalmente, la exdetenida reflexionó sobre los crímenes de lesa humanidad cometidos en Argentina: “Esto tiene una explicación político-ideológica: querían sembrar el pánico, el miedo, el no te metás. Mi generación fue solidaria, trabajábamos por el bien de los demás. Por eso apuntaban a la destrucción de la persona y de los valores. La solidaridad era mala palabra. Y esto ha dejado heridas profundas en la sociedad”.
Absolución
La próxima audiencia se iniciará hoy a las 8.30 con tres ratificaciones de testimoniales, dos de ellas con el agregado de la polémica absolución de posiciones, un interrogatorio de parte de los acusados hacia las víctimas que es fuertemente criticado por los organismos de derechos humanos por dar lugar a un proceso de revictimización.
Ya en la audiencia anterior el juez Ríos se defendió de los cuestionamientos aclarando que este mecanismo fue habilitado por la Cámara de Casación Penal al resolver que se debía aplicar el antiguo Código de Procedimientos en Materia Penal.
Ayer, además, el magistrado recordó que Appiani puede autodefenderse y hacer preguntas porque así lo resolvió la Cámara Federal de Apelaciones de Paraná este año, luego de que él se opusiera a esta posibilidad.
Fuente:DiarioUnoER
16/10/2014
Cuestionó la estrategia defensiva del represor
“Appiani quiere desviar el objeto de la investigación y que las víctimas pasen a ser investigadas”, criticó Baridón
| Marcelo Baridón, abogado querellante en la Causa Área Paraná. |
“Nosotros nos opusimos con quien en ese momento era abogada también, la doctora Marina Barbagelata, y llegamos a la Corte Suprema, que no advirtió la importancia institucional de hacer un proceso oral.
Lo cierto es que hoy estamos con un código del Siglo IX y así nos va también”, cuestionó.
Asimismo, añadió: “Estábamos esperanzados de que se abriera la instancia oral, porque eso aproxima el juicio a la gente, abre la puerta de la Justicia, cristaliniza esos debates a través de los medios de comunicación, que son los encargados de traducir este lenguaje tan oscuros a veces para la gente”.
Luego criticó la decisión de Appiani de ser su propio defensor y su estrategia: “Termina preguntándole a las personas que fueron sus víctimas cuestiones que no vienen al caso, porque acá se está juzgando los horrores cometidos por los represores, no si las víctimas estuvieron en una organización social o no. En los procesos orales el debate es amplio y el abogado pregunta directamente, donde se convierte en una suerte de diálogo, pero esto no pasa con este código aplicado”, se quejó el letrado.
En cuanto al cronograma de audiencias, adelantó que se prevén realizar hasta el 30 de octubre. “Desconozco si habrá más personas como testigos, pero me interesa que declare Joe Erbetta, el hermano de Coco, que tiene la particularidad de mostrarnos una familia víctima de la represión. Él era suboficial del Ejército y su hermano fue desaparecido. Digo esto para advertir la magnitud de la escala represiva, que afectó no sólo a personas que militaban en organizaciones sociales, sino que afectó a todos”, concluyó.
Fuente:AnalisisDigital

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