| Martes 7 de octubre de 2014 | |
| Entrevista a Estela De La Cuadra: testimonio de lucha y resistencia | |
| A la revolución por caminos agrarios "Nuestra familia estaba compuesta por mamá, papá y cinco hermanos: (yo soy la mayor y Elenita la más chica). Estaba yo, estaba Soledad, Luis Eduardo, después Roberto José y Elenita. Con mis padres vivíamos en el campo, y cuando empecé la escuela primaria, me voy al pueblo a la casa de una tía. La cuestión del campo siempre fue difícil y, si eras pequeño campesino, también. No ya el peón rural, que es el rey del más feo; pero el pequeño propietario de pequeñas parcelas (de 200 hectáreas, que en Corrientes eso no es mucho, no es significativo) evidentemente no daba, no bastaba, por cómo estaba organizada la producción y la comercialización de esa época, no daba para mantener una familia de cinco hijos y que los hijos vayan a la escuela. Bueno, todo se volvió muy dificultoso, entonces vinimos para acá (La Plata) en etapas: papá vino, buscó trabajo, y después todos los demás. Vinimos en el ’58 aproximadamente y terminamos la escuela primaria, en la N°45, que está en 58 y 116. Después fuimos a la secundaria, yo fui al Colegio Industrial de Ensenada, porque no había cupo, y después me pasé acá. Elenita terminó, pasó también por colegio religioso. Cabe aclarar en realidad, que en mi familia el interés político estuvo siempre: en la mesa se hablaba todos los mediodías de política: problemas económicos, dictadura militar; siempre se habló de política. En mi caso, la primera vez que me interesé, fue con la política internacional, con la Guerra Civil Española. Siendo una adolecente la miraba desde una visión romántica, que de hecho, tiene toda una parte de nobleza y belleza la Guerra Civil Española. Esto impacta en la familia. Vamos criándonos pero siendo cinco hijos, cuando Elena seguía siendo una bebé, yo ya era una adolecente. Yo empezaba la facultad y ella en la primaria. Y todo este desfasaje se empezaba a abrir. Había más de un grupo de amigos. Y ella era “la hermanita”, supongo que les pasa a todas las familias. Si bien comíamos todos alrededor de la misma mesa, fuimos armando nuestros grupos sociales: yo empecé la facultad, primero química y luego psicología. Me recibí primero del Industrial y empecé a trabajar en un laboratorio. Roberto José, también fue al Industrial. Y el más bohemio, Luis Eduardo, que dejó, se fue a Buenos Aires, que hacía teatro, que esto y que lo otro, un autodidacta; y Soledad que seguía más tranquila la escuela secundaria. Bueno, así transcurrían los días con una cierta armonía. Hasta que, a fines de los ’60, ya comenzaron a cristalizar algunas cosas. Esto lo veo hoy. En su momento era bastante ingenua, parte de nuestra crianza, creo que lo teníamos todos. Fue una larga infancia la que tuvimos. Esto empieza a impactar en la familia, comenzamos a traer la política nosotros a casa y a la mesa. Pasa el tiempo, conozco a mi organización en el ’72, que tenía un proceso de crecimiento muy lento, muy subterráneo, en relación a otras organizaciones. Y, entonces, al poco tiempo, tanto Roberto José como Elena, también se interesarían en lo mismo. Por su parte Eduardo desde el teatro, en el ’74, hace una obra de que representaba todas las manifestaciones obreras (ya había pasado el Cordobazo como escenario mayor de las luchas obreras, visibilizado), entonces representaban esto en el teatro, con el secuestro de un obrero y la tortura en el escenario, ejemplificando la picana de paso de corriente eléctrica. Por supuesto, no le gustó a la Triple A ni a la Federal, con lo cual tuvieron que parar. Se fueron a hacer gira por Europa y todo el grupo de teatro terminó en Italia donde participaron de distintos encuentros en Europa, que tampoco estaba tranquila. Y, además, Eduardo se había ligado al sindicato de teatro de acá, que tampoco era muy tranquilo, porque era una época cuestionadora. Y cuestionadora de qué, de un sistema injusto. Entonces Eduardo se tiene que ir. Soledad se va, con su marido y su familia, también a Europa; y, nosotros tres (Roberto José, Elena y yo) nos quedamos acá, con nuestras organizaciones en distintos frentes En aquel momento -en el ’73- Roberto José ingresa como trabajador de la línea 520 de colectivos, que fue una línea que hizo cabeza, fue vanguardia en organización y lucha y tendió a unir a las otras líneas de micro. Ya para el año ’74 (muy importante en las luchas de La Plata) prenden los focos de los servicios de inteligencia." Dos caras de la misma familia: el exilio y la militancia de base "Elena estudió para maestra jardinera, y organizó la resistencia estudiantil, que tuvo mucho de larvado, de clandestino, de no sacar a la luz. Diríamos en un lenguaje vulgar: “de no jetonear”, sabiendo que, el planteo era un trabajo gris y cotidiano, muy a largo plazo, muy capilar, muy celular, muy chiquito. Para esto, con mi marido, que compartíamos la facultad -donde nos conocemos- nos casamos y comenzamos un proceso de distanciamiento con mis hermanos, cada uno militando en distintos lugares. Y eso lleva a una situación, donde yo no comparto los mejores, los más hermosos, años de militancia de mis hermanos. Eventualmente con Roberto José sí compartíamos, en un momento dado, cuando intentamos construir un frente político antiimperialista y por el socialismo, esencialmente promovido por el PRT de Santucho y compañía, los compañeros de los perros. Además, también estaba el OCPO, Resistencia Libertaria, Montoneros, el cura Ramón Dec y las Ligas Agrarias del norte; estaba Armando Jaime de la CGT-Salta, la viuda de Jonh Wiliam Cook, Ortega Peña -abogado de todas las luchas obreras-, Silvio Frondizi, Alicia Moreau de Justo (por los socialistas). Muchas tendencias distintas en un intento de un frente político. Esto es 1973-1974. A partir del ’74 aparecen divergencias, no se pueden elaborar políticas de frente con las distintas organizaciones, entonces eso hace que nos disolvamos. Sí pudimos mantener lazos de coordinación política a nivel específico, pero no a nivel macro. Era una situación difícil. Nosotros en el ’73 decíamos “se viene el fascismo”; no todos pensaban lo mismo. Sí, que era un ajuste para con nuestro pueblo, eso lo veíamos todos, al igual que la necesidad de la clandestinidad. Esto a nivel político. A nivel sindical, estaba el Movimiento Sindical de Base, que agrupó a todo el famoso cordón industrial: desde el Apagón en Ledesma bajando por Villa Constitución, por el cordón industrial de fábricas del Gran Buenos Aires, llegando a La Plata y sus alrededores. Esta ciudad llena de estudiantes rodeados de fábircas hizo que se convirtiera en una de las zonas más explosivas, no por nada (La Plata) fue una de las ciudades más reprimidas. De aquí, yo recuerdo a Viglietti, en una conferencia en la Facultad de Ciencias Económicas, en el aula magna, con las comisiones internas de distintas fábricas que estaban en lucha y, te imaginas, estaba lleno -y los helicópteros sobrevolándonos-. En el escenario, Viglietti cantado “A desalambrar” y otras. Era la expresión del nivel de conciencia y la claridad al cuestionamiento a un sistema injusto. Era una cuestión bastante articulada y en ese momento un buen intento de plasmar la coordinación, que se mantiene hasta 1975 con el “Rodrigazo”, las coordinadoras interfabriles (que en La Plata tuvieron un peso extraordinario). Movido y promovido por las organizaciones que se movían por los cuadros obreros que eran muchos y variados. Fue una situación que desbordó al peronismo, por ejemplo, porque había un nivel de cuestionamiento del sector obrero que no lo pudo parar ni con todo el aparato asesino de la burocracia sindical. A nivel personal, para todo esto, se da que empezamos a tener hijos. Con mi marido nos vamos de La Plata. Elena y Héctor se habían conocido y formaron pareja. Pero para el ‘76 ya no se pudieron casar por cómo estaba la cosa; incluso, el mismo invierno del 1975 caen compañeros de Héctor, lo que le complicó su situación todavía más. Por su parte, mi hermano -Roberto José- estaba en medio de toda la movida de la 520, donde poníamos en pié formas de organización que eran las comisiones internas clandestinas, por el accionar de la patronal y la burocracia asesinas, que contaban con todo el amparo del Estado. Esta situación conlleva una forma de organización adecuada a esto, donde, si los fachos no tenían aparato, lo inventaban. Esto llevó a una situación donde, por ejemplo, los choferes llegaron a manejar los colectivos armados, porque tenían contra ellos la patronal, la bonaerense y la burocracia sindical. Se vivió una situación donde la lucha alcanzó un nivel donde todos los días le armaron un quilombo bárbaro: “trabajaban a reglamento”, llegaban a una parada y estacionaban el colectivo bien al borde del cordón; cuando estaba bien parado, recién abrían la puerta; bajaban todos; cuando terminaban de bajar todos, abrían la otra puerta y dejaban subir a la gente, pero sólo los que podían ir sentados (porque por reglamento no podía ir nadie parado); cuando terminó de subir el último, se sentó, sacaron los boletos, recién ahí arrancaba el micro y viajaban a la velocidad mínima convenida. “Yo no estoy haciendo nada, estoy trabajando”, “el reglamento municipal dice esto”, decían. Lo que era para la patronal una situación exasperante, un quilombo bárbaro. En esa situación había muchas organizaciones coordinando, incluso de tendencias políticas diferentes. Entonces, además, en un corte, una protesta, a veces secuestraban a un gerente o a algún responsable de las empresas, y era retenido por los trabajadores para que rinda cuenta de su administración de la empresa ante los obreros. Cada uno fue formando su propia familia: en 1975 tengo mi primer hijo. Por su parte, Roberto José, se tiene que ir de la 520, porque ya sospecha que lo tenían marcado. De hecho, en los archivos de la DIPBA (Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires) aparece esta información y se sabe que sí, efectivamente, los tenían marcado. Elena seguía con el centro de estudiantes, y Héctor trabajaba para entonces en Propulsora-YPF. Para esto a Héctor, por apodo, lo estaban buscando los servicios de inteligencia. Entonces hablábamos muy poco, de manera restringida, todos estos años me perdí de su compañía. Una muestra de la persecución en los lugares de trabajo se podía ver en Peugeot por ejemplo, donde había documentos que decían: “toda vez que un obrero se ausente, se dé al abandono del trabajo inmediatamente Personal debe comunicar a la dirección para que concurra ante el jefe”. Ningún obrero que deje de por sí el puesto de trabajo, puede pasar desapercibido." Clandestinidad organizada: el método de la resistencia "Pasa el tiempo, y finalmente, en septiembre del ’76 Roberto José, que trabajaba en YPF con Raúl Bonafini, intentó poner en pié una comisión interna de resistencia clandestina. Ya desde 1973-1974, con el accionar de la Triple A, el planteo de organizar un sindicato era descartado. Se dio en Villa Constitución. Pero el planteo más general de la resistencia obrera, era otra idea: no asaltar la fortaleza, sino discutir desde un accionar larvado y desde abajo. En este proceso el rol de la burocracia sindical era protagónico, en un momento llegó a funcionar como el Ministerio de Trabajo, como una dependencia del Ministerio de Trabajo. Por eso nosotros le decíamos lacayos, traidores a la patria, traidores a su clase y cómplices de la represión y el imperialismo. Lo que después se comprobaría. Como, por ejemplo, las reuniones que organizaba el sindicato con las patronales. Caso concreto YPF, también aparece en las investigaciones de DIPBA, donde el sindicato se juntaba con los empresarios y llevaban la lista de los trabajadores que hacían paro o los que estaban organizados o de los que se sospechaba." Recrudece la represión, crece la fractura en la familia "Este contexto de escalada represiva y de mayor grado de organicidad de nosotros (los hermanos), llevó a un distanciamiento mayor en la familia, principalmente por motivos de seguridad y protección. Eventualmente nos encontrábamos. Por ejemplo en diciembre del ’75, en la navidad. Yo estaba en Buenos Aires con mi marido y mi hijo mayor. En ese mismo momento se dio el asalto al cuartel de Monte Chingolo. Estricta orden: “nadie se mueve de su casa”. Y a nosotros nos esperaban en La Plata, en la casa de Roberto José, que iba a haber un gran asado. En ese momento nuestra vida cotidiana estaba limitada a eso. Mamá me contó después, que a Roberto José se le caían las lágrimas, mientras estaba el combate de Monte Chingolo, y decía “los están destrozando” (más allá de la valoración que uno pueda hacer de ese hecho o no, eso pasaba en casa, eso contó mamá). Por esto se volvía cada vez más restringida la seguridad. Por esto las fechas de festividades y encuentros de familia, se iban acomodando así a estas cuestiones. Todo estaba subordinado a la militancia y estas tareas." “Yo no te tuve para que te quedes entre cuatro paredes tomando mates…” "Nuestros padres siempre fueron pata. Nos entregaron siempre su solidaridad, su apoyo. Pero tampoco nos planteábamos: “qué cosas puedo hablar con ellos”. No salieron del lugar de mamá y papá que protegían. Eran unos tipos increíbles. Cuando le dije a mamá en el año ’72 a qué cosas estaba ajustada por la clandestinidad, mamá me dijo: “yo no te tuve para que te quedes entre cuatro paredes tomando mates”, esa fue su respuesta. Cuando a ella le tocó jugar un rol en plena dictadura, tampoco se quedó entre cuatro paredes tomando mates, fue coherente. Ella y papá, los dos. El 2 de septiembre de 1976 hubo una reunión en casa de papá y mamá. Estaban Roberto José, Raúl Bonafini y Daniel San Pedro. Se reunieron -esto me lo contaron mis padres-, hablaron y Roberto José se enteró que en el barrio habían estado haciendo un relevamiento, habían preguntado por él y demás. Comentaron que justo esa semana, Roberto José había volanteado en los baños de YPF (que ingresó clandestinamente), porque estaban en contra de la extensión horaria, ya que habían logrado las 6 horas de trabajo y los milicos querían volver a las 8 horas. Entonces contaron que había seguimiento, que había vigilancia en la casa. Entonces Raúl Bonafini le preguntó: “qué dirección tenés en YPF”. “Ésta”, le dijo (por la casa de sus padres). “Rajemos”, se dijeron y se fueron. Quedaron en encontrarse a la una de la madrugada. Papá le prestó el auto a Roberto José, que fue hasta su casa a levantar libros y cosas, y se fueron a la casa de Hebe y Toto Bonafini. Cuando volvió a casa de nuestros padres, lo secuestraron. Adentro, lo esperaba una patota encapuchada. En ese momento papá se descompuso, por eso se la llevaron a mamá para reconociera a Roberto José, que esperaba en el portero. “Vení viejita vos vas a cantar dónde está tu hijo” y se la llevaron a punta de Ithaca. Cuando bajaron del ascensor, le preguntaron: “¿este es tu hijo?”; y mamá les respondió: “no, yo a este muchacho no lo conozco, no lo vi nunca”. Roberto José se dio vuelta y la miró sorprendido. Ella siempre dijo “espero que me haya entendido”, que no lo negaba, sino que lo quiso encubrir. Después de esto la mandaron para arriba y a Roberto José se lo llevaron, porque justo, cuando mamá lo negó, bajaron con otro vecino que les dijo que era él. En el momento le buscaron el documento y confirmaron su identidad. Y lo secuestraron." Fuente:Anred |
jueves, 16 de octubre de 2014
Entrevista a Estela De La Cuadra: testimonio de lucha y resistencia (II)
ANRED
De humilde origen, de campos y caminos de tierra; de una juventud atravesada por la lucha y la resistencia política; y una madurez poblada de memorias de fuego. En diálogo con Estela De La Cuadra, tía de Ana Libertad, la última nieta recuperada, nos ofrece una crónica detallada de tres generaciones enmarcadas por la lucha por los Derechos Humanos, y las resistencias a la represión de la dictadura y al olvido en el paso del tiempo.

Autor foto: Lula Guaquel - ANRED
Tras las huellas del represor: Los primeros pasos de las Madres
Haciendo un repaso de los pasos que comenzaban a hacer los padres de Estela, luego de la desaparición de uno de sus hermanos -Roberto José- la entrevistada dijo que: “Así empezó la cuestión para mamá y papá, sobre qué hacer. Lo primero que hicieron fue el Habeas Corpus. Esa fue una medida urgente, legal. Cuando mamá fue a encontrarse con su consuegro, también obrero de YPF, él le dijo que habían secuestrado a la esposa de Roberto José. Como faltaban sus documentos, le dijo que iba a ir a YPF y lo iba a pedir en personal. Pero ahí le dijeron que el día anterior ya habían retirado el legajo de Roberto José. De todas maneras un abogado hizo el Habeas Corpus que posteriormente, lo desaparecieron también.”
Contextualizando el relato, Estela comentó que en 1977, mientras sus padres pensaban cómo continuar la búsqueda de su hijo desaparecido, nació su segundo hijo. “En enero de 1977 Elena y Héctor nos contaron que estaba embarazada. Si era varón se iba a llamar Estaban, por el padre de Héctor y si era nena Ana, en homenaje a Ana Santucho (fusilada de cinco tiros estando embarazada de cinco meses). Enero del ’77 fue la última vez que veo a Elena, que ya sabíamos que estaba embarazada, y a Héctor.”

Autor foto: Lula Guaquel - ANREDUn rato después, De la cuadra comenta cómo son secuestrados su hermana y cuñado: “El 23 de febrero de 1977, en La Plata, en la calle 33 entre 24 y 25, son secuestrados en casa de una odontóloga compañera de militancia, mientras realizaban una reunión en su consultorio. En esa reunión estaban la doctora Norma Estela Campano de Cerro, Elena, Héctor, Pedro Simón Campano (estudiante de la facultad de humanidades, que había sido policía y dejó luego de explicarle a sus hermanos por qué dejaba la policía, que no tenía nada que ver con eso y que además, había sido trabajador del Astillero Río Santiago, donde era delegado de un cuerpo de delegados fantástico); también estaba “el pancho” Luis Fracarolli Molina, que había activado y era delegado del Ministerio de Economía y pertenecía a la cátedra de Psicología General I; y “el negro” Bonín, Eduardo, que era el referente del cuerpo de delegados. Se los llevaron en un operativo terrible. Según se dijo en el barrio esa noche, cuando los intiman, porque habían copado las azoteas y demás, salió primero una mujer joven embarazada. Elena era delgada, así que la panza seguro era notoria, y era verano, con lo que habría estado con un vestidito liviano. Y sí, tenía panza. Después salió un hombre alto y flaco, “el flaco bara”, Héctor; y después, los demás.”

Foto: Elena De La Cuadra, niñez y juventud. / Autor foto: Lula Guaquel - ANRED
A la madre de Estala, entonces, cuando se entera de la desaparición de su hija -la segunda desaparecida de la familia- ya sabía cómo operar, con el Habeas Corpus. Tenía la experiencia de Roberto José, pero lo que se le presentaba de novedoso, un embarazo de por medio. Según Estela, su padre estremecido “no podía concebir semejante cosa”.
Nuevo escenario: ahora son los nietos detenidos-desaparecidos
“Entonces empezaron a hacer sus movimientos. Fueron y visitaron a distintas autoridades, iglesias, etc. Continuaron con los Habeas Corpus nuevamente (todo esto está documentado, ya que logré rescatar los originales de la Corte). Así fueron caminando las iglesias, los distintos sacerdotes de barrio o lo que sea, y todos los fueron encaminando a que vieran a Graselli.”
“Emilio Teodoro Graselli era el secretario particular del Vicario Castrense, que era “el capo de tuti capi”, que asistían a las fuerzas armadas del país, a sus familias y a sus sirvientes. Este hombre atendía en la Capilla Estela Maris, que es la que está en Comodoro Py.
¿De qué dio cuenta todo esto?: que ya tenían todo organizado. Qué tenía que hacer, quienes asistían espiritualmente a los represores, con los familiares de los reprimidos, de los desaparecidos, qué función cumplieron.
Con el tiempo, veríamos que cumplieron la función de polea de transmisión de las políticas que la Iglesia elaboró con los militares. “Más claro echalé agua”, está situación se terminó de ventilar con lo de Mendía en Bahía Blanca y “la solución final”. Después de secuestrar a miles de personas, qué hacían con los cuerpos: tirarlos al mar fue una solución cristiana.
Con todo eso es que ellos formaron parte de esa política represiva. Y siguieron siendo activos en cuanto a la tarea de canalizar a los familiares para el lado que ellos quisieron: desinformarlos, desorientarlos, socavarlos moralmente o como sea, en nombre de Dios, de Jesucristo y todo lo que se les ocurrió. Esa función tuvo Graselli.”
En este marco, lo que le dijeron cuando empezaron a moverse a los padres de Estela al igual que los del “negro” Bonin, y de Baratti y algunos más que tenían a sus hijos desaparecidos fue “bueno, dentro de una semana vuelva”. Según De la cuadra, al volver los padres a la semana siguientes recibieron una respuesta poco alentadora: “señora usted no me dijo que Elenita estaba embarazada”. Esto se debía a que sus padres no habían nombrado el embarazo ni tampoco la relación entre Héctor y Elena ya que “tenían terror de meter la pata, no era por negarlos sino por protegerlos de esa cuestión porque no sabían cómo resolvían esa situación”.
“Graselli dijo eso y ¿cómo supo él que Elena estaba embarazada?. Les dijo que estaba en La Plata, a las afueras de La Plata. Mamá le preguntó: dónde, concretamente. Y Graselli les dijo que no se lo podía decir, porque iba a empezar a dar vueltas por el lugar e iba a ser peor para ella. Luego de esto mamá hizo un recurso de amparo por NN persona por nacer.”

Foto: Elena De La Cuadra (derecha) y una amiga. / Autor foto: Lula Guaquel - ANRED
Con sus acciones, los padres de Estela lograron que en aquel invierno, en el juzgado de Cordero, con la asesora de menores Pegenauti se hiciera lugar al amparo de esa persona por nacer. Este recuerda que los padres le decían que “estamos orgullosos, contentos, mirá lo que hemos logrado”.
“Los hijos que hoy te faltan, le está faltando a la patria”
“Esta situación de compartir información; de encontrarse en lugares como, por ejemplo, lo de Graselli, los juzgados, las Casas Cuna, Hospital de Niños, la visita a todos los partidos políticos (ir a ver a Balbín de la UCR). Todo esto facilitó que las madres de los desaparecidos se conocieran. Y se fueron encontrando.
El 30 de abril de 1977 se realizó la primera marcha, que fue gestada desde esos lugares de intercambio de información. Ahí estuvo Hebe de Bonafini, su hijo había sido secuestrado ocho días antes que Elenita. Compañero nuestro, Jorge era de la Faculta de Física.

Foto: Alicia “Licha” de De La Cuadra y María "Chicha" de Mariani. / Autor foto: Lula Guaquel - ANRED
Se logró realizar esa marcha, Plaza de Mayo fue un esbozo. Desde ese invierno, mamá y papá acuden al encuentro con Hebe de Bonafini, donde pensaron qué hacer y qué no hacer. Yo les había llevado una poesía que decía (ya no me olvido de lo que decía esa partecita) ‘los hijos que hoy te faltan le están faltando a la patria’. Ese fue mi aliento, para que sigan, para que caminen. En todo ese es el invierno del ’77, se encontraban con Hebe y se iban a la plaza para hacer la ronda. Papá, camina por las veredas de enfrente a la plaza.”
El cerco se cierra y adentro sólo queda el Terror de Estado
“En septiembre de 1977, en Mar del Plata, fue secuestrado un concuñado mío y su mujer. Raulito Bur y Alicia, su esposa, dejando cinco hijitos. Raúl era el cuñado de Soledad, mi hermana que para entonces ya estaba exiliada en Italia. Con ellos desaparecidos, los militares ocuparon los campos que tenían cerca de Mar del Plata, esto formó parte de la represión a la organización donde estábamos nucleados nosotros; y de toda la represión que se gestó en Mar del Plata. Esto agravó la situación.
Fijate vos: una consuegra de mamá, la mamá de Héctor, con un hijo desaparecido; y, ahora, otra consuegra de mamá, que también se suma con otro hijo desaparecido.
En octubre del mismo año -1977-, fueron a reclamar a la junta de los militares, las madres y otros familiares de desaparecidos y fueron reprimidas. En esa represión mamá terminó detenida por la policía. En este contexto verla, se hacía cada vez más difícil.
Después que ocuparon el campo de Mar del Plata, gendarmería ocupó otro campo de mamá y mi hermano en Corrientes. El cerco de a poco se cerraba. Esa política de cerco y aniquilamiento que implementaron los militares en Argentina, sobre las familias de los militantes de una organización, se iba cerrando.
Pasó el tiempo y liberaron mamá. Por mi lado, con mi esposo compramos una casa, con documentos falsos, porque ya no se podía hacer nada, la situación se volvió insostenible y nos fuimos a vivir ahí en octubre del ‘77. Pero rápidamente, en noviembre, tenemos que abandonar la casa. Ya era una carrera de obstáculos, tuvimos que dejar la casa e irnos otra vez. Yo me voy por un lado con mi hijo menor, y mi hijo mayor y Gustavo se va a la casa de otro compañero. De nuevo separados.”
Ahora abuelas: la situación de nietos desaparecidos se generaliza
“Con esto, apareció otra cuestión. Además de esas madres que tenían sus hijos desaparecidos; estaban otras abuelas, que les faltaban sus nietos. Esto aportó una nueva perspectiva, distinta. Habían comenzado a intercambiar experiencias, se nuclearon y se organizaron por este particular.”
"Hacia fines de aquel año, apareció en casa de “Licha” -mamá de Estela De La Cuadra- una abuela y contó su situación. “Esta abuela, era “Chicha” Mariani. Mamá la integró, la puso en conocimiento de que había otras, le habló de Plaza de Mayo y de las cosas por hacer. El 6 de diciembre de 1977, se juntaron un grupo de madres en la casa de Castillo Barrio, que era una madre y abuela de Plaza de Mayo, junto a Norita Cortiñas, Goyena y mamá. Otra abuela y mamá de Plaza de Mayo, era Marta Vásquez, de línea fundadora, la consuegra de Gelman, tal vez se me olvida alguna, sin querer. Se reunieron para hacer las listas con los nombres de los desaparecidos. Porque para diciembre, habían planeando la publicación de una solicitada con esta lista de desaparecidos. La situación siguió siendo complicada. Marta Vásquez vivía en la calle Juncal (Capital Federal).”

Autor foto: Lula Guaquel - ANRED
“Ella comentó que durante los días previos a las reuniones por la conformación de la lista de desaparecidos, había visto un allanamiento de la Policía Federal, donde se llevaron primero a los adultos y luego a los niños."
"Además, contó cómo había visto en cada esquina de su casa, de la cuadra de su casa, a un agente de civil que estaba ahí y hacía vigilancia. Ella tenía ya a su hija desaparecida, su hija muy jovencita desaparecida, con todo el grupo de trabajo en las villas de los Jesuitas y pensaba que sus hijos estaban con Montoneros. Por esto asumió que la vigilancia era por sus hijos, y demás. Justamente su marido, que llegaba al amanecer, porque volvía de cuidar a su madre que estaba en el hospital (o algo así), había visto todo ese despliegue. Marta le contó todo esto a mamá, pero le dijo: ‘bueno, está bien; pero no podemos hacer nada con eso; sigamos haciendo esto, que esto es lo que ayuda’. La elaboración de las listas.”
“Rápidamente, mamá le contó a las otras madres esa situación vivida con Marta, y Hebe le dijo: ‘vamos con Azucena (Villa Flor)’, así le contaban eso que sabía. Se lo contaron y se fueron a La Plata con Hebe; donde papá la esperaba en Plaza San Martín. Luego de esto, secuestran a Azucena. Otra compañera desaparecida. Se tienen que ir de La Plata. Pero papá se quedó, por esa situación de que permanentemente liberaban detenidos. Entonces “Toto” y “Kica” Bonafini, y mamá, se fueron a la playa, a una casita que tenían los Bonafini cerca de la costa.”
Otro golpe del terror: “Operativo Escoba”
“Al volver, mamá se enteró que su nieto y su segundo yerno, habían sido secuestrados. Mi hijo mayor y mi marido, desaparecidos. El día 6 de diciembre, mientras mamá estaba en Capital armando la lista, papá tenía al ejército en su casa: preguntaron por mis hermanos, si estaban en Europa, querían saber. La que quedaba era yo.”

Foto: De izquierda a derecha: Estela De Carlotto, "Licha" De La Cuadra y "Chicha" Mariani. En Estocolmo. / Autor foto: Lula Guaquel - ANRED
“Días después José, mi hijo mayor, es recuperado por su abuelo: ayudado por una abuela que había ido a buscar a sus nietos a la Comisaría 17 de la Federal, de Las Heras y Pueyrredón. Según me contó, esta señora llegó y dijo: ‘me llevo a mis nietos’, que eran dos nenes. Y una mujer de la comisaría le respondió: ‘bueno, si no se lleva éste, que es hermoso, me lo quedo yo’. En ese momento los chicos le dijeron: ‘abuela, no podemos dejar a nuestro primito’. Entonces se avivó y se los llevó a los tres. Así recuperé a mi hijo.”
“En ese momento, se llevaba adelante en el país un operativo militar que se llamó “Operativo Escoba”, que se desarrolló en Mendoza, en San Luis, en el Norte, en Entre Ríos, en Santa Fe, en Buenos Aires, en La Plata, en Mar del Plata, etc. Un operativo conjunto, el 6 de diciembre, el “Operativo Escoba”. Ahí el Partido Comunista Marxista Leninista (PCML) quedó, como dirían, ‘en coma cuatro’. De ese operativo, más tarde que temprano, todos los niños secuestrados fueron devueltos. Fue un operativo del batallón 601”
“A mi marido lo secuestraron ese 6 de diciembre. En el mismo día, en La Plata, hubo otro secuestro de un padre y una madre. Pasó el tiempo, llegando a fines de enero, principios de febrero de 1978: mientras iba a la Plaza San Martín, mamá se encuentra con una señora sentada en un banco. Ella había sido secuestrada y detenida junto a su marido, y mamá lo sabía. ‘Nelba, ¿qué haces acá?’, le preguntó, a lo que le respondió: ‘Licha, andate, andate’. Se la llevó con ella y la incorporó a la ronda de la plaza. Luego supe que era Nelba Falcone, que había sido secuestrada junto a su marido y liberada del mismo campo de concentración donde estaba mi marido. Ella trajo las primeras noticias de mi marido (Gustavo).”
La familia Falcone “tenían a Claudia Falcone, desaparecida de la Noche de los Lápices, y toda otra parte de la familia, entre la clandestinidad y el cautiverio. Ella -Por Nelba- se incorporó como una de los primeros testigos en la causa de mi marido, junto a mi suegro (quien era oficial de la marina) y Marta Vásquez.”
“Pasa el tiempo, y un día aparece en casa, en una reunión que había organizado mamá, una madre y abuela -que era Estela de Carlotto- mandada por Nelba Falcone, que era su consuegra. Y a partir de ahí fue cobrando forma la cosa. Se conformó todo un grupo activo, de muchas madres de compañeros míos, de la facultad, del trabajo, de YPF. Se formó un grupo letrado y muy formado políticamente. Todo esto hizo que Plaza de Mayo se convirtiera en una cosa muy consistente”.
Continuará...
Autor foto: Lula Guaquel - ANRED
Tras las huellas del represor: Los primeros pasos de las Madres
Haciendo un repaso de los pasos que comenzaban a hacer los padres de Estela, luego de la desaparición de uno de sus hermanos -Roberto José- la entrevistada dijo que: “Así empezó la cuestión para mamá y papá, sobre qué hacer. Lo primero que hicieron fue el Habeas Corpus. Esa fue una medida urgente, legal. Cuando mamá fue a encontrarse con su consuegro, también obrero de YPF, él le dijo que habían secuestrado a la esposa de Roberto José. Como faltaban sus documentos, le dijo que iba a ir a YPF y lo iba a pedir en personal. Pero ahí le dijeron que el día anterior ya habían retirado el legajo de Roberto José. De todas maneras un abogado hizo el Habeas Corpus que posteriormente, lo desaparecieron también.”
Contextualizando el relato, Estela comentó que en 1977, mientras sus padres pensaban cómo continuar la búsqueda de su hijo desaparecido, nació su segundo hijo. “En enero de 1977 Elena y Héctor nos contaron que estaba embarazada. Si era varón se iba a llamar Estaban, por el padre de Héctor y si era nena Ana, en homenaje a Ana Santucho (fusilada de cinco tiros estando embarazada de cinco meses). Enero del ’77 fue la última vez que veo a Elena, que ya sabíamos que estaba embarazada, y a Héctor.”
Autor foto: Lula Guaquel - ANREDUn rato después, De la cuadra comenta cómo son secuestrados su hermana y cuñado: “El 23 de febrero de 1977, en La Plata, en la calle 33 entre 24 y 25, son secuestrados en casa de una odontóloga compañera de militancia, mientras realizaban una reunión en su consultorio. En esa reunión estaban la doctora Norma Estela Campano de Cerro, Elena, Héctor, Pedro Simón Campano (estudiante de la facultad de humanidades, que había sido policía y dejó luego de explicarle a sus hermanos por qué dejaba la policía, que no tenía nada que ver con eso y que además, había sido trabajador del Astillero Río Santiago, donde era delegado de un cuerpo de delegados fantástico); también estaba “el pancho” Luis Fracarolli Molina, que había activado y era delegado del Ministerio de Economía y pertenecía a la cátedra de Psicología General I; y “el negro” Bonín, Eduardo, que era el referente del cuerpo de delegados. Se los llevaron en un operativo terrible. Según se dijo en el barrio esa noche, cuando los intiman, porque habían copado las azoteas y demás, salió primero una mujer joven embarazada. Elena era delgada, así que la panza seguro era notoria, y era verano, con lo que habría estado con un vestidito liviano. Y sí, tenía panza. Después salió un hombre alto y flaco, “el flaco bara”, Héctor; y después, los demás.”
Foto: Elena De La Cuadra, niñez y juventud. / Autor foto: Lula Guaquel - ANRED
A la madre de Estala, entonces, cuando se entera de la desaparición de su hija -la segunda desaparecida de la familia- ya sabía cómo operar, con el Habeas Corpus. Tenía la experiencia de Roberto José, pero lo que se le presentaba de novedoso, un embarazo de por medio. Según Estela, su padre estremecido “no podía concebir semejante cosa”.
Nuevo escenario: ahora son los nietos detenidos-desaparecidos
“Entonces empezaron a hacer sus movimientos. Fueron y visitaron a distintas autoridades, iglesias, etc. Continuaron con los Habeas Corpus nuevamente (todo esto está documentado, ya que logré rescatar los originales de la Corte). Así fueron caminando las iglesias, los distintos sacerdotes de barrio o lo que sea, y todos los fueron encaminando a que vieran a Graselli.”
“Emilio Teodoro Graselli era el secretario particular del Vicario Castrense, que era “el capo de tuti capi”, que asistían a las fuerzas armadas del país, a sus familias y a sus sirvientes. Este hombre atendía en la Capilla Estela Maris, que es la que está en Comodoro Py.
¿De qué dio cuenta todo esto?: que ya tenían todo organizado. Qué tenía que hacer, quienes asistían espiritualmente a los represores, con los familiares de los reprimidos, de los desaparecidos, qué función cumplieron.
Con el tiempo, veríamos que cumplieron la función de polea de transmisión de las políticas que la Iglesia elaboró con los militares. “Más claro echalé agua”, está situación se terminó de ventilar con lo de Mendía en Bahía Blanca y “la solución final”. Después de secuestrar a miles de personas, qué hacían con los cuerpos: tirarlos al mar fue una solución cristiana.
Con todo eso es que ellos formaron parte de esa política represiva. Y siguieron siendo activos en cuanto a la tarea de canalizar a los familiares para el lado que ellos quisieron: desinformarlos, desorientarlos, socavarlos moralmente o como sea, en nombre de Dios, de Jesucristo y todo lo que se les ocurrió. Esa función tuvo Graselli.”
En este marco, lo que le dijeron cuando empezaron a moverse a los padres de Estela al igual que los del “negro” Bonin, y de Baratti y algunos más que tenían a sus hijos desaparecidos fue “bueno, dentro de una semana vuelva”. Según De la cuadra, al volver los padres a la semana siguientes recibieron una respuesta poco alentadora: “señora usted no me dijo que Elenita estaba embarazada”. Esto se debía a que sus padres no habían nombrado el embarazo ni tampoco la relación entre Héctor y Elena ya que “tenían terror de meter la pata, no era por negarlos sino por protegerlos de esa cuestión porque no sabían cómo resolvían esa situación”.
“Graselli dijo eso y ¿cómo supo él que Elena estaba embarazada?. Les dijo que estaba en La Plata, a las afueras de La Plata. Mamá le preguntó: dónde, concretamente. Y Graselli les dijo que no se lo podía decir, porque iba a empezar a dar vueltas por el lugar e iba a ser peor para ella. Luego de esto mamá hizo un recurso de amparo por NN persona por nacer.”
Foto: Elena De La Cuadra (derecha) y una amiga. / Autor foto: Lula Guaquel - ANRED
Con sus acciones, los padres de Estela lograron que en aquel invierno, en el juzgado de Cordero, con la asesora de menores Pegenauti se hiciera lugar al amparo de esa persona por nacer. Este recuerda que los padres le decían que “estamos orgullosos, contentos, mirá lo que hemos logrado”.
“Los hijos que hoy te faltan, le está faltando a la patria”
“Esta situación de compartir información; de encontrarse en lugares como, por ejemplo, lo de Graselli, los juzgados, las Casas Cuna, Hospital de Niños, la visita a todos los partidos políticos (ir a ver a Balbín de la UCR). Todo esto facilitó que las madres de los desaparecidos se conocieran. Y se fueron encontrando.
El 30 de abril de 1977 se realizó la primera marcha, que fue gestada desde esos lugares de intercambio de información. Ahí estuvo Hebe de Bonafini, su hijo había sido secuestrado ocho días antes que Elenita. Compañero nuestro, Jorge era de la Faculta de Física.
Foto: Alicia “Licha” de De La Cuadra y María "Chicha" de Mariani. / Autor foto: Lula Guaquel - ANRED
Se logró realizar esa marcha, Plaza de Mayo fue un esbozo. Desde ese invierno, mamá y papá acuden al encuentro con Hebe de Bonafini, donde pensaron qué hacer y qué no hacer. Yo les había llevado una poesía que decía (ya no me olvido de lo que decía esa partecita) ‘los hijos que hoy te faltan le están faltando a la patria’. Ese fue mi aliento, para que sigan, para que caminen. En todo ese es el invierno del ’77, se encontraban con Hebe y se iban a la plaza para hacer la ronda. Papá, camina por las veredas de enfrente a la plaza.”
El cerco se cierra y adentro sólo queda el Terror de Estado
“En septiembre de 1977, en Mar del Plata, fue secuestrado un concuñado mío y su mujer. Raulito Bur y Alicia, su esposa, dejando cinco hijitos. Raúl era el cuñado de Soledad, mi hermana que para entonces ya estaba exiliada en Italia. Con ellos desaparecidos, los militares ocuparon los campos que tenían cerca de Mar del Plata, esto formó parte de la represión a la organización donde estábamos nucleados nosotros; y de toda la represión que se gestó en Mar del Plata. Esto agravó la situación.
Fijate vos: una consuegra de mamá, la mamá de Héctor, con un hijo desaparecido; y, ahora, otra consuegra de mamá, que también se suma con otro hijo desaparecido.
En octubre del mismo año -1977-, fueron a reclamar a la junta de los militares, las madres y otros familiares de desaparecidos y fueron reprimidas. En esa represión mamá terminó detenida por la policía. En este contexto verla, se hacía cada vez más difícil.
Después que ocuparon el campo de Mar del Plata, gendarmería ocupó otro campo de mamá y mi hermano en Corrientes. El cerco de a poco se cerraba. Esa política de cerco y aniquilamiento que implementaron los militares en Argentina, sobre las familias de los militantes de una organización, se iba cerrando.
Pasó el tiempo y liberaron mamá. Por mi lado, con mi esposo compramos una casa, con documentos falsos, porque ya no se podía hacer nada, la situación se volvió insostenible y nos fuimos a vivir ahí en octubre del ‘77. Pero rápidamente, en noviembre, tenemos que abandonar la casa. Ya era una carrera de obstáculos, tuvimos que dejar la casa e irnos otra vez. Yo me voy por un lado con mi hijo menor, y mi hijo mayor y Gustavo se va a la casa de otro compañero. De nuevo separados.”
Ahora abuelas: la situación de nietos desaparecidos se generaliza
“Con esto, apareció otra cuestión. Además de esas madres que tenían sus hijos desaparecidos; estaban otras abuelas, que les faltaban sus nietos. Esto aportó una nueva perspectiva, distinta. Habían comenzado a intercambiar experiencias, se nuclearon y se organizaron por este particular.”
"Hacia fines de aquel año, apareció en casa de “Licha” -mamá de Estela De La Cuadra- una abuela y contó su situación. “Esta abuela, era “Chicha” Mariani. Mamá la integró, la puso en conocimiento de que había otras, le habló de Plaza de Mayo y de las cosas por hacer. El 6 de diciembre de 1977, se juntaron un grupo de madres en la casa de Castillo Barrio, que era una madre y abuela de Plaza de Mayo, junto a Norita Cortiñas, Goyena y mamá. Otra abuela y mamá de Plaza de Mayo, era Marta Vásquez, de línea fundadora, la consuegra de Gelman, tal vez se me olvida alguna, sin querer. Se reunieron para hacer las listas con los nombres de los desaparecidos. Porque para diciembre, habían planeando la publicación de una solicitada con esta lista de desaparecidos. La situación siguió siendo complicada. Marta Vásquez vivía en la calle Juncal (Capital Federal).”
Autor foto: Lula Guaquel - ANRED
“Ella comentó que durante los días previos a las reuniones por la conformación de la lista de desaparecidos, había visto un allanamiento de la Policía Federal, donde se llevaron primero a los adultos y luego a los niños."
"Además, contó cómo había visto en cada esquina de su casa, de la cuadra de su casa, a un agente de civil que estaba ahí y hacía vigilancia. Ella tenía ya a su hija desaparecida, su hija muy jovencita desaparecida, con todo el grupo de trabajo en las villas de los Jesuitas y pensaba que sus hijos estaban con Montoneros. Por esto asumió que la vigilancia era por sus hijos, y demás. Justamente su marido, que llegaba al amanecer, porque volvía de cuidar a su madre que estaba en el hospital (o algo así), había visto todo ese despliegue. Marta le contó todo esto a mamá, pero le dijo: ‘bueno, está bien; pero no podemos hacer nada con eso; sigamos haciendo esto, que esto es lo que ayuda’. La elaboración de las listas.”
“Rápidamente, mamá le contó a las otras madres esa situación vivida con Marta, y Hebe le dijo: ‘vamos con Azucena (Villa Flor)’, así le contaban eso que sabía. Se lo contaron y se fueron a La Plata con Hebe; donde papá la esperaba en Plaza San Martín. Luego de esto, secuestran a Azucena. Otra compañera desaparecida. Se tienen que ir de La Plata. Pero papá se quedó, por esa situación de que permanentemente liberaban detenidos. Entonces “Toto” y “Kica” Bonafini, y mamá, se fueron a la playa, a una casita que tenían los Bonafini cerca de la costa.”
Otro golpe del terror: “Operativo Escoba”
“Al volver, mamá se enteró que su nieto y su segundo yerno, habían sido secuestrados. Mi hijo mayor y mi marido, desaparecidos. El día 6 de diciembre, mientras mamá estaba en Capital armando la lista, papá tenía al ejército en su casa: preguntaron por mis hermanos, si estaban en Europa, querían saber. La que quedaba era yo.”
Foto: De izquierda a derecha: Estela De Carlotto, "Licha" De La Cuadra y "Chicha" Mariani. En Estocolmo. / Autor foto: Lula Guaquel - ANRED
“Días después José, mi hijo mayor, es recuperado por su abuelo: ayudado por una abuela que había ido a buscar a sus nietos a la Comisaría 17 de la Federal, de Las Heras y Pueyrredón. Según me contó, esta señora llegó y dijo: ‘me llevo a mis nietos’, que eran dos nenes. Y una mujer de la comisaría le respondió: ‘bueno, si no se lleva éste, que es hermoso, me lo quedo yo’. En ese momento los chicos le dijeron: ‘abuela, no podemos dejar a nuestro primito’. Entonces se avivó y se los llevó a los tres. Así recuperé a mi hijo.”
“En ese momento, se llevaba adelante en el país un operativo militar que se llamó “Operativo Escoba”, que se desarrolló en Mendoza, en San Luis, en el Norte, en Entre Ríos, en Santa Fe, en Buenos Aires, en La Plata, en Mar del Plata, etc. Un operativo conjunto, el 6 de diciembre, el “Operativo Escoba”. Ahí el Partido Comunista Marxista Leninista (PCML) quedó, como dirían, ‘en coma cuatro’. De ese operativo, más tarde que temprano, todos los niños secuestrados fueron devueltos. Fue un operativo del batallón 601”
“A mi marido lo secuestraron ese 6 de diciembre. En el mismo día, en La Plata, hubo otro secuestro de un padre y una madre. Pasó el tiempo, llegando a fines de enero, principios de febrero de 1978: mientras iba a la Plaza San Martín, mamá se encuentra con una señora sentada en un banco. Ella había sido secuestrada y detenida junto a su marido, y mamá lo sabía. ‘Nelba, ¿qué haces acá?’, le preguntó, a lo que le respondió: ‘Licha, andate, andate’. Se la llevó con ella y la incorporó a la ronda de la plaza. Luego supe que era Nelba Falcone, que había sido secuestrada junto a su marido y liberada del mismo campo de concentración donde estaba mi marido. Ella trajo las primeras noticias de mi marido (Gustavo).”
La familia Falcone “tenían a Claudia Falcone, desaparecida de la Noche de los Lápices, y toda otra parte de la familia, entre la clandestinidad y el cautiverio. Ella -Por Nelba- se incorporó como una de los primeros testigos en la causa de mi marido, junto a mi suegro (quien era oficial de la marina) y Marta Vásquez.”
“Pasa el tiempo, y un día aparece en casa, en una reunión que había organizado mamá, una madre y abuela -que era Estela de Carlotto- mandada por Nelba Falcone, que era su consuegra. Y a partir de ahí fue cobrando forma la cosa. Se conformó todo un grupo activo, de muchas madres de compañeros míos, de la facultad, del trabajo, de YPF. Se formó un grupo letrado y muy formado políticamente. Todo esto hizo que Plaza de Mayo se convirtiera en una cosa muy consistente”.
Continuará...
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