14-12-2014
Un eterno andar de memorias en busca de justicia
Año tras año, la Marcha de la
Resistencia sigue congregando a cientos de neuquinos.
montanarop@lmneuquen.com.ar
NEUQUÉN
PABLO MONTANARO
Cinco minutos después de las 8 de la noche del
miércoles 10 de diciembre, Lolín Rigoni e Inés Ragni, Madres de Plaza de Mayo
filial Neuquén, dan los primeros pasos de la 34ª Marcha de la Resistencia a los
que le seguirán cientos de hombres y mujeres de todas las edades. Un andar que
se extenderá dos horas, como si se tratara de señalar el camino en busca de
justicia y que emprendieron desde que desaparecieron sus hijos.
Las fotos con
las caras de los desaparecidos rodean la emblemática plazoleta del Monumento a
la Madre –realizado por el escultor Atilio Morosín y donado a la ciudad por la
Policía– y una tela celeste con forma de pañuelo enlaza dos consignas
históricas: “Ni un paso atrás” y “Juicio y castigo a los culpables”.
Estas
dos mujeres expresan su regocijo cuando miran para atrás y encuentran a muchos
jóvenes que las siguen. “Los jóvenes, las parejas y matrimonios con sus hijos
están tomando la posta de estas marchas”, comenta Ragni mientras desde los
parlantes se escucha “No son solo memoria,/son vida abierta,/continua y
ancha;/son camino que empieza”, versos de una canción de Daniel
Viglietti.
Agustín, de 19 años, es hijo de dos integrantes del Grupo de Apoyo
y Solidaridad con las Madres, por lo que desde hace años demuestra su fidelidad
a esta marcha, cuyo lema este año fue “Construimos memoria para que no crezca el
olvido”.
“Las Madres son un ejemplo de lucha y esperanza porque nunca bajaron
los brazos”, dice el joven que a veces tiene que decirle a sus amigos “que no se
queden sentados frente a la compu o a la tele y vengan a participar”.
Marina
López Dorigoni, otra de las integrantes del Grupo, transita de la mano con
Lolín. Llegó a Neuquén proveniente de Chos Malal hace 20 años y desde entonces
se interesó en participar en movilizaciones por los derechos humanos. Asegura
que Neuquén es uno de los pocos lugares del país donde cada 10 de diciembre se
hace la marcha de la resistencia.
“Seguimos por los 30.000 desaparecidos, por
cárcel común a los genocidas y por las luchas del pueblo”, subraya.
El andar
de cientos de personas es “observado” por la imagen de monseñor Jaime De Nevares
desde un cartel inaugurado esa misma tarde. Entre los jóvenes que enarbolan
banderas de partidos políticos de izquierda, agrupaciones estudiantiles y
sociales, se mezcla Noemí Labrune, quien junto a don Jaime fundó en 1976 la
filial Neuquén de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, que contuvo a
sobrevivientes y organizó las primeras denuncias de los familiares. Partícipe de
infinidad de movilizaciones, sostiene que la que más recuerda es la que se hizo
después de que Menem decretara los indultos a todos los militares condenados por
crímenes de lesa humanidad. “Estábamos con bronca e indignación por semejante
injusticia. Pero ahí tomamos el profundo compromiso de buscar justicia.
Estábamos heridos pero caminando juntos”, describe.
La marcha es un espacio
de conversaciones y también de convergencias entre los que vivieron los años
duros de la dictadura y los que nacieron en democracia. Miguel tiene 67 años y
coincide con Enrique, de 25. “Tengo los peores recuerdos de esos años, es
necesario que no nos olvidemos de lo que pasó para que nunca más suceda”, dice
Miguel dejándole la posta al joven estudiante: “Lo que nos une con los jóvenes
de los ’70 son los procesos de lucha que lógicamente son distintos, por eso
manifestamos nuestras necesidades como estudiantes, como ciudadanos y como
pueblo y así poder resolver la situación actual”.
Antes de la última vuelta
al monumento, Lolín Rigoni dice: “Nos une el dolor”. El destinatario de la frase
es César Casas, el padre de Matías, el joven asesinado por el ex policía Héctor
Méndez, en julio de 2012, en Cuenca XV. Es la primera vez que participa de esta
marcha a la que una sobreviviente de la represión definió como “una hermosa
manera de llenar ausencias”.
Fuente:LaMañanaNeuquen

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