11 de abril de 2015

MENDOZA: CUANDO EL DOLOR DEL OTRO DUELE MÁS QUE EL TUYO.

Viernes, 10 de abril de 2015
Cuando el dolor del otro te duele más que el tuyo
Por Gustavo De Marinis

Pablo y Celeste Seydell dieron el lunes dos imperdibles testimonios en el megajuicio por delitos de lesa humanidad en Tribunales Federales. Padre e hija expusieron con claridad, convicción, valentía y compromiso.

Y aunque abordaron hechos y temas diferentes, tuvieron un punto en común, el mismo en el que confluye cada testimonio de ex detenidos o de familiares, amigos y compañeros de quienes sufrieron el terrorismo de Estado.

Ese punto en común, tan valioso y significativo, es el de tratar de evitar el relato autoreferencial para enfocarse en cambio en lo grupal, en referirse no sólo a la experiencia propia, sino a la colectiva.

En definitiva, es una enorme muestra de solidaridad, porque es hablar en representación de los compañeros, sobre todo de los que ya no están. Celeste Seydell es integrante de HIJOS (Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio) y dentro de esta agrupación forma parte de la Comisión Hermanos, que trabaja en la búsqueda de los niños que fueron apropiados y despojados de su identidad durante la dictadura cívico-militar.

Fue convocada al juicio por el caso de Celina Rebeca Manrique Terrera, única nieta recuperada en Mendoza, pero no dejó pasar la ocasión para referirse también a la tarea de HIJOS y Hermanos. La declaración de Celeste terminó con una conclusión que vale reproducir aquí: “En qué cabeza cabe robar un bebé.

Voy a usar palabras que no son mías: militares, policías y todos los que participaron en la dictadura no querían que los niños fueran criados por quienes ellos consideraban que eran subversivos. Fue un plan sistemático la apropiación de niños, del que también fueron parte médicos, parteras y oficiales públicos, y la Justicia, que no investigó.

En Mendoza, todavía buscamos a seis hermanos. Los estamos esperando”. Pablo Seydell no es la primera vez que declara. Su historia, ya conocida, indica que con 19 años fue secuestrado el 15 de octubre de 1976.

Al entonces militante de la Juventud Guevarista lo llevaron a la Comisaría 7 de Godoy Cruz y luego a la penitenciaría provincial. Pasó por otros establecimientos penitenciarios del país hasta que recuperó la libertad en 1984.

En la Séptima y en la cárcel local lo pasó muy, pero muy mal. Recibió toda clase de torturas, desde picaneo hasta colgamientos.

El salvajismo de los verdugos fue tal que hasta lo sometieron a tormentos delante de su madre. Sin embargo, semejante maltrato físico y psíquico no doblegó ni a él ni a nadie.

Y en eso tuvo mucho que ver la resistencia colectiva que, como dijo Seydell, llevó a que “te doliera más el dolor del otro que el propio”.

Pablo sigue militando esa respuesta colectiva, como su hija Celeste. Por eso, los aplaudieron largamente tras sus testimonios.
Fuente:DiarioUNOMdza.

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