Homenaje a conscriptos desaparecidos en los '70
Desde hace algunos años, los colimbas que hicieron el servicio militar obligatorio en la última dictadura comenzaron a ser visibilizados en el proceso de Memoria, Verdad y Justicia: primero a partir de sus valiosos testimonios, ya que fueron forzados a presenciar los horrores del terrorismo de Estado sin ser parte de la estructura represiva, y ahora como víctimas.

En el Espacio por la Memoria (ex ESMA) se homenajeó el sábado pasado a tres conscriptos desaparecidos o asesinados en la última dictadura. Ellos son Ricardo Héctor Zatylny, Reinaldo José "Chango" Monzon y Miguel Fiorito. Las tres gigantografías fueron colocadas por el Espacio Memoria y el Grupo de Arte Callejero, con la colaboración del programa radial La voz de los colimbas, informó Tiempo Argentino.

Una de las tres fue la de Ricardo Zatylny, secuestrado de su casa en Boulogne, San Isidro, el 21 de septiembre de 1976, el día que cumplía 21 años. En ese momento hacía el servicio militar el Batallón de Arsenales 601, al mando del coronel Eduardo Abud, máxima autoridad de los centros clandestinos Pozo de Quilmes y Puesto Vasco.

"Vinieron a las 5 de la mañana a mi casa, golpearon la puerta, entraron tres o cuatro tipos. Preguntaron por él y le dijeron: 'Vestite, que te vas con nosotros.' No revisaron la casa, no tocaron nada. No hubo violencia. Le habían dado permiso porque se casaba el 7 de octubre y por eso tenía su documento con él. Lo subieron en un Falcon y se lo llevaron. Él cumplía 21 años y mi hija dos", recordó su hermana Beatriz. Esa fue la última vez que lo vieron y no tuvieron más información sobre él.

Ricardo militaba en Montoneros, trabajaba en una barriada de Villa Adelina, en un comedor de una parroquia. Su familia descree de que su desaparición tuviese que ver con su pertenencia política. "Ese día fuimos a la casa de la novia y hablamos con sus compañeros. El único que desapareció fue él. Creemos que fue por cosas que puede haber visto en el cuartel. En ese tiempo, cuando fuimos a hacer la denuncia, nos enteramos de que había otros once colimbas de Boulugne desaparecidos", explicó Beatriz.

Miguel Fiorito fue uno de esos otros once casos. También hacía el servicio militar obligatorio en el Batallón de Arsenales 601 bajo las órdenes de Abud y por su militancia había conocido a Ricardo Zatylny.

"Sabiendo que varios de sus amigos habían desaparecido, mi hermano desertó al cuartel una semana. Sabía lo que pasaba y tenía miedo. Mi mamá y hermano mayor lo hicieron volver, pensaban que iba a estar más protegido en el cuartel. Esa mañana del 12 de julio de 1976 salió y no volvió más", recordó su hermana Analía.

Su jefe era el teniente Cinto Courteaux, hoy prófugo de la justicia por su rol en la contraofensiva como jefe del Destacamento 201 de Inteligencia del Comando de Institutos Militares. Miguel era su asistente y, al día siguiente de su secuestro, su familia recibió su llamado para "avisarles" que el conscripto había salido franco y no había regresado.

Se conoce que Fiorito fue llevado a la ESMA. La sobreviviente Laura Reboratti pudo reconocerlo porque había sido compañero de colegio de su hermano y contó que había sido asesinado en la tortura.

Su compañero Marcelo Noguer declaró en el mismo juicio oral y recordó que conocía a Miguel y a Zatylny de su militancia en Montoneros. Su objetivo era "obtener información de la estructura del aparato represivo" mientras cumplían el servicio militar.

"Era un dulce de leche. Muy humano, siempre dispuesto a ayudar al que necesitaba, con el oído para escuchar. Una muy buena persona. Tenía un grupo de amigos del Nacional de San Isidro, se reunían, iban a las villas. Estaba en la Facultad de Veterinaria, así que iban a las villas y vacunaban a los perros, hicieron un dispensario. No era guerrillero, ni de andar con pistolas. Era un idealista", detalló su hermana, profundamente conmovida por el homenaje ya que hace apenas unos meses se enteró del destino de Miguel. "Lo veo como la despedida de mi hermano", relató.

La tercera foto que se colocará será la de Reinaldo "Chango" Monzon, secuestrado en abril de 1977 cuando realizaba la colimba en el cuartel de Ciudadela, a cargo del teniente coronel Antonio Fichera, del quien dependían los centros clandestinos Sheraton y El Vesubio.

Según reconstruyó el historiador Roberto Baschetti, el "Chango" Monzón era peronista y participaba del grupo de reflexión y acción social de la Iglesia de la Medalla Milagrosa, de Merlo. Monzón era carpintero y, cuando ingresó al servicio militar, Fichera lo llevaba a su casa particular para que le hiciera muebles a la familia.

Como muchos otros colimbas, Monzón fue testigo involuntario de operativos clandestinos, ya que pudo ver en el cuartel a gente secuestrada y en muy mal estado, y lo comentó a sus conocidos.

El 21 de abril de 1977 fue secuestrado en casa y luego llevado al Vesubio. Fue denunciado como desertor por las mismas autoridades que lo mandaron a secuestrar. Allí fue asesinado y en 2009 su cuerpo fue identificado por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y devuelto a su familia.

VISIBILIZACIÓN

El homenaje forma parte de las actividades realizadas por el programa La voz de los colimbas, que encabeza Ricardo Righi, para visibilizar a los colimbas como víctimas. En los próximos días, entregará a la directora de Derechos Humanos del Ministerio de Defensa, Stella Segado, una nómina con 200 colimbas desaparecidos. La investigación tiene antecedentes en el CELS y el libro El Escuadrón Perdido, del Capitán José Luis D'Andrea Mohr.

Los casos de colimbas secuestrados y desaparecidos tuvieron algunas particularidades, en muchos casos eran engañados para que salieran del cuartel y apenas estaban en la calle eran secuestrados. Muchos otros fueron secuestrados en sus casas o en los mismos cuarteles. En todos los casos fueron rotulados como "desertor".

"En los juicios han pasado a testificar más de 1500 ex conscriptos. Creemos firmemente que hay miles de ex colimbas que han visto muchas situaciones y que por diferentes motivos no se animan a hablar. Bregamos para que esto así suceda, pero necesitamos políticas de Estado para atraer a aquellos jóvenes de ayer, hombres mayores de hoy para que tomen conciencia de lo sanador que es ir a testimoniar en los juicios", sostiene el documento.
Fuente:Infonews