17 de julio de 2015

A 21 AÑOS DEL ATENTADO A LA AMIA.

17-7-2015
Aniversario
AMIA
A 21 años del atentado a la AMIA, tres actos para recordar a las víctimas

Dos de las convocatorias son a la mañana, en Pasteur al 600 -donde se produjo el atentado- y la otra frente a Tribunales, para comenzar justo a las 9:53, el horario en el que explotó la bomba que causó 85 muertes y cientos de heridos. El tercer homenaje será al mediodía en Plaza de Mayo.
Mariano Armagno
Tres actos se realizaran hoy al cumplirse mañana el 21º aniversario del atentado terrorista a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), perpetrado el 18 de julio de 1994, la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), la AMIA y Familiares de Víctimas, la agrupación Memoria Activa y la Asociación 18J-Sobrevivientes, familiares y amigos de la víctimas del atentado a la mutual judía, serán los organizadores de los diferentes homenajes para recordar a los 85 muertos del ataque.

La DAIA y la AMIA convocan a la sociedad a acompañar el reclamo de Justicia y Verdad en el acto central que se realizará hoy, a las 9.30, frente a la sede de AMIA, en Pasteur 633. El acto llevará el lema "Víctimas del terrorismo. Víctimas de la impunidad", y también honrará la memoria de las 85 víctimas fatales del atentado, cuyos nombres serán leídos luego del sonido de la sirena que se escuchará a las 9.53, hora exacta de la explosión de la bomba que destruyó la sede de la institución, recordaron en un comunicado.

Los integrantes de Memoria Activa se concentrarán también hoy, a la misma hora, en el tradicional encuentro de la Plaza Lavalle, frente al Palacio de Tribunales, con el fin de exigir el cese de "la impunidad" tanto para los responsables del atentado a la AMIA como para los de la Embajada de Israel. Entre los oradores estarán presentes el periodista Walter Goobar; Gastón Chillier (CELS); la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto; y Diana Malamud (Memoria Activa).

Por su parte, la Asociación 18J–Sobrevivientes, familiares y amigos de las víctimas del atentado a la AMIA realizará su acto a las 12 en la Plaza de Mayo.  Según explicaron en un comunicado, durante el acto "se recordarán a las víctimas y reivindicaremos la trilogía: memoria, verdad y justicia, auspiciando que la primera se sostenga en el tiempo, se alcance la segunda y se materialice la tercera".




17-7-2015
Aniversario 
AMIA
21 años después
AMIA: historias mínimas en cinco imágenes de un fotoperiodista

El editor de Fotografía de Infojus Noticias, Sergio Goya, fue uno de los fotoperiodistas que llegó al edificio de Pasteur al 600 para registrar las imágenes de las secuelas de la explosión que dejó 85 muertos y cientos de heridos.
Por: Juan Carrá


Sergio Goya
El gobernador de Córdoba Eduardo Angeloz estaba a punto de dar una conferencia de prensa en la Sociedad Rural justo cuando se escuchó la explosión. El rumor decía que un edificio se había desplomado en pleno barrio de Once. En aquel momento Sergio Goya -editor de fotografía de Infojus Noticias- trabajaba hacía muy poco tiempo como reportero gráfico de la Agencia Noticias Argentinas (NA)- corrió a un teléfono público y avisó a sus compañeros. Él tenía que quedarse ahí, “su nota” era Angeloz. El edificio era la AMIA y se había desplomado en el atentado terrorista más importante de la historia argentina.

Un par de horas después, Goya, desde la terraza de un edificio frente a los escombros, registró con su cámara muchas fotos. Ese invierno, las terrazas de los edificios de la mano par de Pasteur se convirtieron en su puesto de trabajo durante varios días. Estas son las cinco imágenes que quedaron grabadas en su retina de aquella semana.

En el nombre de Israel
La bandera de Israel flamea sobre los escombros. La tiene en la mano uno de los rescatistas del Ejército israelí que llegaron un día después de la explosión para trabajar en la remoción de los escombros. Uniforme de fajina, casco, antiparras. La bandera en su mano. Detrás, las puertas de un armario y un cuadro con el rostro de dos mujeres. “Eso, era más o menos, la altura de un cuarto o quinto piso”, recordó Goya. Hasta ahí, los rescatistas subían con un ascensor sostenido por cadenas.

Pruebas  bajo los escombros
A las 9:53 del 18 de julio de 1994, el Renault 20 de Daniel Joffe estaba estacionado junto al volquete que la empresa Santa Rita había dejado minutos antes en la puerta de la AMIA. El auto quedó destruido y con el correr de las horas, los escombros removidos comenzaron a sepultarlo sin contemplar que, de esa forma, se alteraba una prueba importante para las pericias. Durante la investigación de la causa, Joffe denunció que el auto no fue peritado nunca. Goya captó a los voluntarios rescatistas comiendo junto al auto debajo de las rocas.

Un momento de gloria
Más de 30 horas estuvo Jacobo Chemauel debajo de los escombros. Piedras, mampostería, una bañera encima lo tenían atrapado. Los bomberos llegaron hasta él por un túnel. Le pasaron suero y medicamentos para la diabetes. El ánimo de Jacobo era bueno, les pedía a los rescatistas que no bajaran los brazos, que si lo sacaban les iba a invitar un asado a todos. Goya recuerda que todos se mantenían expectantes a ese rescate. Con su cámara, siempre desde alguna de las terrazas de enfrente, captó el momento en el que Chemauel fue rescatado. El cuerpo atado con sogas sobre la camilla. El triunfo de la vida. Al menos por un tiempo. Tres días después, Jacobo murió en el Hospital de Clínicas como consecuencia de las heridas provocadas en el atentado.

Silencio y espera
El pedido de silencio era para Goya una señal que rompía la monotonía de horas de espera. Las cientos de personas –entre rescatistas, voluntarios, bomberos y personal de Defensa Civil y del SAME– acallaban el murmullo constante y las máquinas que desgranaban los escombros. Es que algún hilo de voz podía llegar desde el fondo de la montaña de piedras y eso significaba el inicio de una nueva esperanza. Otras veces, el silencio era la señal de respeto ante el triunfo de la muerte.

Olfato salvador
El equipo de rescatistas del Ejército de Israel llegó con sus perros de rastreo entrenados para trabajar en situaciones de catástrofes. El olfato de los animales permitió llegar a los que aún estaban con vida debajo de los escombros. Sostenido una correa atada al arnés amarillos con la estrella de David en rojo, uno de los perros se mete en un túnel.









17-7-2015
Aniversario
AMIA
Después de pasar años en el SAME, hoy es subsecretario de Salud porteño
Curar entre escombros: un médico cuenta el día que cambió su vida

Carlos Russo socorrió víctimas en el despiste del avión de LAPA y en el incendio de Cromagnon. Como Casco Blanco estuvo en Haití y en la Franja de Gaza. Pero su momento fundacional como médico de emergencias fue durante el atentado de AMIA. Allí este vocacional se dió cuenta: “esto es lo que tengo que hacer”. Veintiún años años después, recuerda esa experencia para esta entrevista.
Por: Cecilia Devanna
Russo conversando con funcionaros durante el rescate de Chemahuel.
Habían pasado más de treinta horas de la explosión que voló la sede de la AMIA cuando de entre los escombros los bomberos sacaron la camilla que trasladaba a Jacobo Chemahuel, empleado de maestranza de la mutual. Atrás salió caminando Carlos Russo, por entonces médico del hospital Pirovano, que desde el día anterior había estado trabajando en la zona de desastre. Estaba lleno de polvo y transpirado, tras haber pasado más de seis horas asistiendo a Chemahuel. Una mujer se le acercó, lo abrazó y le agradeció. Veintiún años después, cuando Russo evoca el momento en su despacho de la Subsecretaría de Salud porteña, se le llenan los ojos de lágrimas y se le quiebra la voz. Sigue sin saber quién era esa mujer, pero sabe que desde que asistió a la emergencia en la AMIA cambió su vida para siempre. “A nivel profesional fue muy importante. Me di cuenta para que podía servir”, explicó a esta agencia.

Durante la entrevista con Infojus Noticias, Russo se vio por primera vez en una foto de la AMIA. Está más joven, con el pelo negro y explica a un grupo de hombres de traje lo que acaba de hacer en el operativo que rescató a Chemahuel que, tres días después, moriría en una sala del hospital de Clínicas. La foto fue tomada por el jefe de fotografía de esta agencia, que volvió a fotografiar a Russo, 21 años después para esta nota.

“El médico no trabaja de médico, es médico”, cuenta este hombre que, además de las emergencias de aquel día, ordenó que bajara un helicóptero en plena autopista para auxiliar a un motociclista, aun cuando estaba fuera de servicio y atendió más de 12 partos en Haití, adonde viajó en dos oportunidades.

El lunes 18 de julio de 1994, Russo estaba cubriendo su guardia en el Pirovano, donde había entrado como administrativo en 1971, antes de recibirse de médico en la Universidad de Buenos Aires. Un llamado alertó sobre una explosión y salió en una ambulancia. En las cuadras cercanas a Pasteur empezó a ver cientos de vidrios destruidos. Llegó a la cuadra y encontró un edificio derrumbado y gente corriendo por todos lados. Se paralizó un segundo y entró en acción.

“Se tardó mucho en evacuar la zona de gente que no tenía nada que hacer ahí. Creo que todo ese lunes se fue en sacar a la gente que no tenía que estar ahí”, recordó. La improvisación y el peligro reinaban en la cuadra donde se complicaba la organización para empezar a asistir a las víctimas. “Aparte, siempre, en un atentado con bombas, se calcula que puede haber una segunda bomba, internacionalmente es así. Hay que sacar rápido a todos de ahí, evacuar a quienes haya que evacuar, no dejar que entren más de afuera. Si había una segunda bomba, hubiera sido otro desastre dentro del desastre”, explicó.

Aunque critica el rol de la emergencia ese día, intenta mirar el vaso medio lleno y cuenta que desde entonces se perfeccionó el sistema y se fue trabajando cada vez mejor hasta llegar a operativos exitosos como los que se realizan en la actualidad.

En medio de ese caos atendió pacientes y los derivó a los hospitales. “No es que no se hizo nada, pero el marco era complicado, complejo. Era difícil de trabajar. Al día siguiente ya estaba más ordenado y se evacuó la zona”, agregó.

Esa noche lo relevaron y pasó por su casa para tranquilizar a sus hijos. Volvió al Pirovano y al día siguiente se ofreció para ir a la AMIA otra vez.

  
Una cicatriz que no se borra nunca
Fue entonces cuando los bomberos pidieron un médico voluntario para meterse entre los escombros y asistir a Chemahuel. “No es valentía, es algo casi instintivo decir, ‘si, yo voy’. Después seguí trabajando ahí porque te enganchas afectivamente con el lugar”, cuenta. Ese “enganche afectivo” persiste y de hecho esta semana Russo estuvo en la sede de la AMIA y DAIA para  coordinar la cobertura sanitaria del acto conmemorativo. “Muchos de los que hablé eran chicos que tenían 10 años cuando pasó lo del atentado. La cicatriz afectiva que te queda es eterna. Es permanente. No se te borra”, agrega. Esa cicatriz, en su caso, se replica en todos los hechos que le tocó cubrir como emergentólogo, la especialidad que desandó desde aquel 18. Socorrió víctimas en el despiste del avión de LAPA, en el incendio de Cromagnon, en incendios grandes de villas y también tras el huracán y el terremoto en Haití, en la guerra de Franja de Gaza y en Malvinas, donde fue al cementerio de Darwin con un contingente de familiares. De todas ellas dice que se queda “con una imagen internalizada que forma parte de tu experiencia por un lado, que se capitaliza, y también es un impacto”.

Se tira para atrás en su sillón y recuerda una escena de la película “Perfume de mujer”, en la que el personaje de Al Pacino, en una escena dice que “a veces en un momento se vive toda una vida”. La recuerda y se emociona. “Me pareció una gran síntesis. A veces en un momento vos te das cuenta para qué carajo servís en la vida y para qué no”, agrega.  En AMIA Russo pensó “esto es lo que tengo que hacer. Tengo que dedicarme a esto”. Se dio cuenta para qué era útil y fue más allá de lo instintivo. Leyó, aprendió, se formó con todo lo que la emergencia lleva alrededor.

Después del atentado comenzó a asentarse en el SAME. “Seguí en el hospital un tiempo, pero me fui quedando en el SAME. Fui coordinador, instructor, director médico y Casco Blanco”, resume sobre el camino al que lo llevó el atentado. “Me fui metiendo cada vez más en esto. Y en los últimos años en la capacitación de todos los muchachos que vienen atrás”, cuenta entusiasmado sobre la formación en emergentología.

Olores e imágenes en los sótanos
“El olor”, responde Russo cuando se le pregunta por lo primero que recuerda de la zona de desastre. “El olor es lo que más queda. No sale en una foto y es lo que más te queda grabado de determinado lugar”, reflexiona. “Es un olor muy sui generis, sobre todo cuando me tocó estar debajo de los escombros. Es algo muy especial, que a lo mejor los bomberos te lo pueden decir también, que trabajaron a destajo”, detalla cuando se le pregunta más por ese recuerdo.

Tras ofrecerse como voluntario, Russo se sumergió en las entrañas de los restos de lo que fue la AMIA para asistir a Chemahuel. No sabe qué piso era. “Era un derrumbe. Estaban los bomberos trabajando para poder sacarlo del lugar en el que tenía las piernas atrapadas”, detalla. El área de búsqueda y rescate siempre es de bomberos. No entran otros que no sean ellos, por seguridad. Pero esa vez pidieron colaboración de los médicos para hacer apuntalamiento a Chemahuel. “Se le puso un suero, se cuidó su hipotermia, se controló el dolor, pero bajo el trabajo principal que estaban haciendo los bomberos. Estábamos debajo de ese edificio en el que todavía se caían cosas”, dice. Russo se inclina de costado y cuenta que a Chemahuel le decían Cacho “él se hacía llamar así”, explica con una sonrisa y los ojos llorosos.

“Tenía buen ánimo, vamos a salir muchachos, nos decía”, recuerda. “Nos daba coraje. Era llamativo”, agrega emocionado sobre el hombre que estuvo lúcido en todo momento, comió y tomó para mantenerse bien y poder salir vivo de ahí.

Chemahuel era diabético y hasta se le hizo un análisis de sangre para administrarle insulina. Durante las horas que Russo estuvo junto a él, le preguntaron si quería que alguien lo relevara. Dijo que no. Lo mismo los bomberos que trabajaban para sacarlo. “No cambió nadie”, dice orgulloso. Con muchos de ellos todavía todavía se ve. 
Hoy, Russo reparte sus horas entre la Subsecretaría de Salud y su práctica privada como médico homeópata. Cree que es un afortunado por poder trabajar de lo que le gusta. Hace poco leyó que solo “un 4 % de la población del mundo trabaja de lo que ama. Eso es una bendición. Si a eso no le ponés amor, es una falta de respeto”, remata.






16-7-2015
AMIA
La diplomática participará del acto por el aniversario del atentado
“Creemos en la buena fe del Gobierno argentino en resolver la causa AMIA”

Así lo afirmó la embajadora de Israel en Argentina, Doris Shavit, en diálogo con la agencia de noticias Télam. La diplomática hizo la referencia en relación a la firma del memorandum con Irán. Además, expresó que el acuerdo de EEUU con ese país de Medio Oriente “es alarmante”.
La embajadora Shavit en el día de la conmemoración de las víctimas del Holocausto.

La embajadora de Israel en la Argentina, Doris Shavit, afirmó ayer "no" tener "dudas de la buena fe de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner" en cuanto a lo que buscaba con la firma del memorandum con Irán. En diálogo con Télam, la diplomática dijo que "el memorandum por la AMIA y el acuerdo nuclear" que alcanzaron ayer Washington y Teherán "son dos cosas completamente diferentes" y enfatizó: "Realmente creemos en la buena fe del gobierno argentino en resolver este enigma que es la causa AMIA, así como creemos en la buena fe del presidente (Barack) Obama".

En este sentido, aclaró: "Sólo que para nosotros, Irán es el adversario estratégico de Israel y nadie sabe si ya tiene armas atómicas, hay señales de su voluntad de enriquecer uranio con ese fin. El acuerdo con Irán es alarmante para nosotros", consideró.
Consultada sobre las duras acusaciones que vertieron opositores al memorando contra la Presidenta y el canciller Héctor Timerman en las que hasta se habló de "traición", Shavit señaló: "Nada que ver conmigo y con el Estado de Israel ese tipo de críticas. No tengo dudas de la buena fe de la Presidenta y de Timerman, sólo que Irán para nosotros no es un interlocutor válido".

La representante diplomática de Israel en Buenos Aires dijo que su país "no puede olvidar los actos de Irán en los últimos años" y no lo consideró un estado "confiable". Shavit aseguró que participará mañana  en el acto por el 21mo. aniversario del atentado a la AMIA (se realizará en la víspera del 18 de julio por ser shabat), aunque con "una participación silenciosa, acompañando a la ciudadanía".

La embajadora formuló estas declaraciones al participar de la entrega en la Legislatura porteña de una distinción al Congreso Judío Latinoamericano, con la presencia de su presidente, Claudio Epelman, del jefe del gabinete de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, y con el vicepresidente del cuerpo, Cristian Ritondo.
Fuente:Infojus

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