MÉXICO
Militarización en Oaxaca con fondos de Iniciativa Mérida para imponer modelo educativo
Por Renata Bessi y Santiago Navarro F. / Resumen Latinoamericano / 05 de Agosto 2015 .-
El estado de Oaxaca, al sur de México, amaneció militarizado el martes 21 de julio de este año 2015, un hecho que hizo recordar el año 2006, cuando el gobierno intentó reprimir una de las manifestaciones de los profesores de este estado, hecho al cual respondieron mas de un millón de personas que salieron a las calles para exigir la destitución del gobernador de ese momento, Ulises Ruiz Ortiz, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), acusado de abuso de poder y de desvió de recursos públicos. El saldo de este proceso, que se extendió durante seis meses, fue una brutal represión que dejó por lo menos 27 muertos, entre ellos un periodista estadounidense, Brad Will, así como cientos de detenidos y torturados.
Nueve años después, miles de efectivos de las fuerzas federales y estatales se desplegaron en Oaxaca para resguardar edificios estratégicos, como la planta de la empresa estatal de Petróleos Mexicanos (Pemex), los aeropuertos del estado, así como puntos turísticos en la costa del pacifico en Puerto Escondido y Huatulco. Mientras tanto 9 helicópteros de la Policía Federal sobrevolaban en la ciudad de Oaxaca, resguardando centros comerciales, gasolineras y las radiodifusoras para que no fueran tomadas por el sindicato de profesores como una forma de presión ante el gobierno, tal como sucedió en el año 2006.
La intensificación del proceso de militarización, iniciado desde los acontecimientos de las elecciones estatales realizadas el 7 de junio de 2015, fue estratégico para que el gobernador en turno, Gabino Cue Monteagudo, con respaldo del presidente Enrique Peña Nieto, pudiera tomar el control del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO), que hasta antes del día 21 de julio estaba en manos de los profesores de la Sección 22 de la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE). Esto implicó la cancelación de las cuantas bancarias de la CNTE y el bloqueo de la señal de su radiodifusora, al mismo tiempo se liberaron 32 ordenes de aprehensión para los lideres sindicales de Oaxaca.
Entre los cerca de 10 mil policías que custodian la capital de este estado figuran los elementos de la Gendarmería Nacional, quienes se capacitaron con fondos de la Iniciativa Mérida. El Congreso de los E.U. ha asignado fondos a la Iniciativa Mérida con amplio apoyo bipartidista, aportando mas de 1,600 millones de dólares a México. En apoyo a esta iniciativa, se ha equipado a la policía con helicópteros, equipo de alta tecnología y actualmente están participando con asistencia y conocimientos técnicos con el fin de lograr la «profesionalización» de la policía, y la reforma judicial y penal.
Fotografía: Santiago Navarro F.
«La embajada de los Estados Unidos se honra en asociarse con el gobierno de México para el desarrollo de la capacidad de sus fuerzas de seguridad», dijo Anthony Wayne, embajador de este país, en agosto del año 2014 ante la presentación oficial de la denominada Gendarmería Nacional de la policía federal mexicana. Así mismo sostuvo, «a través de la Iniciativa Mérida, varias agencias estadounidenses ofrecen capacitación y comparten mejores prácticas para aumentar el liderazgo y profesionalismo dentro de las agencias mexicanas de procuración de justicia».
«Desde que empezaron a implementar la políticas neoliberales y desde el Consenso de Washington, comenzó un proceso de eliminación de personas como mecanismo de control social. Y por su puesto que la gente comenzó a defenderse y fue cuando comenzaron a crear ejércitos y policías. En ese sentido el gobierno no defiende al pueblo, se defiende de él, en este caso, para que puedan avanzar las inversiones transnacionales en la educación, la energía, el petróleo, la minería y otros sectores», comentó el obispo Raúl Vera, nominado al premio Nobel de la Paz en el año de 2012.
Reforma educativa militarizada
Pese a las acusaciones hechas por el gobierno a la forma de administración del IEEPO por la Sección 22, la militarización es una acción estratégica para dar continuidad a la denominada reforma educativa por la vía de la imposición, tal como fue aprobada en el año 2013 por el congreso federal y que se esta llevando acabo en todos los estados de México. A excepción de Oaxaca, Michoacán y Guerrero, donde los profesores han resistido a la implementación de dicha reforma argumentando que su principal objetivo es la privatización de la educación.
Con la presencia de los policías federales existe una tensión latente por una posible represión parecida a la del año 2006. «El narcotráfico aún es mas potente y México esta militarizado. Este contingente militar que esta aquí en Oaxaca es para controlar a unos insurrectos, ¿y cuál es la insurrección?, simplemente pedir justicia, pedirle al Estado mexicano que cese con esa reforma educativa que no es otra cosa que la eliminación de la educación publica. Porque van a eliminar a los profesores, después sigue la salud pública, y así con el sindicato de Petróleos Mexicanos», afirmó Raúl Vera.
Los profesores de la sección 22, desde un primer momento, han rechazado dicho modelo educativo, ya que es un modelo homogéneo para todo el país, sin considerar las condiciones de los estados que cuentan con pueblos indígenas o condiciones de extrema pobreza, como es el caso de Oaxaca, donde hay lugares que no cuentan ni con materiales de trabajo y a veces ni con aulas.
De acuerdo con Dolores Villalobos, profesora del sindicato de la Sección 22, es un modelo que busca tercerizar la educación remplazando los espacios con nuevos trabajadores por medio de un contrato y sin derechos laborales, hasta que se torne un servicio privado. «Esta no es una reforma educativa sino laboral, lo que pretenden es que el Estado deje de proporcionar la educación pública y gratuita. Antes el Estado tenía la obligación de brindar la educación pública. Como parte de la reforma eso esta cambiando. Cambia el concepto a sólo «garantizar» la educación, esto significa que no habrá condiciones y se tornará privada. En el fondo quieren reducir el numero de trabajadores de la educación. Ahora con la reforma funcionará el sistema de contratos por uno o dos años, sin ningún beneficio», afirma Dolores Villalobos.
Así, el mayor obstáculo para que el gobierno pueda hacer efectiva la reforma al 100% ha sido la CNTE. Aunque esta coordinadora cuenta sólo con alrededor de una fracción de 200 mil profesores de un total de 900 mil trabajadores de la educación en todo México. De estos 200 mil, 60 por ciento están en el estado Oaxaca.
«El gobierno sabe que la mayor resistencia contra la Reforma está aquí en Oaxaca. Porque si esta reforma procede aquí, en este estado, no habrá mas resistencia y se implementará en todos lo demás estados», dijo Villalobos.
Mientras tanto el 22 de julio de este año 2015, en Toluca, Estado de México, por lo menos diez gobernadores de diversos estados y el jefe de gobierno del Distrito Federal se reunieron para detallar su próximo encuentro para el mes de octubre de 2015 con gobernadores de los Estados Unidos y Canadá. Una reunión que aprovecharon para discutir las medidas que tomarían en caso de posibles movilizaciones del CNTE como respuesta a la reestructuración del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO).
Modelo educativo para América Latina
En el año 2013, tras un tumulto de protestas y un fuerte operativo policiaco-militar, fue aprobada la reforma educativa, sugerida por OCDE en el año 2008 al presidente Enrique Peña Nieto, en el Acuerdo de Cooperación OCDE-México para Mejorar la Calidad de la Educación en las Escuelas de México. En el documento, la OCDE se posiciona a la «vanguardia de los esfuerzos emprendidos para ayudar a los gobiernos a entender y responder sobre los cambios y preocupaciones del mundo actual, como el gobierno corporativo, la economía de la información y los retos que genera el envejecimiento de la población».
Una de las sugerencias de la OCDE fue abrir espacios al sector privado en el área de educación.«La reforma educativa es demasiado importante para el futuro de México como para dejar solos a los educadores en esta tarea. El Consejo Asesor de la OCDE considera urgente la creación de una ‘coalición orientadora’ que incluya a los líderes políticos y universitarios, a los líderes del sector privado y de la sociedad civil», consta en el documento.
El órgano hizo básicamente 15 recomendaciones proponiendo «una estrategia de acción que busca dar más apoyo a las escuelas, directores y docentes para mejorar los resultados de las escuelas y los estudiantes», en busca de «escuelas eficientes». Uno de los componentes de este acuerdo trata sobre el desarrollo de políticas y prácticas adecuadas para evaluar la calidad de las escuelas y los maestros y para vincular los resultados con los incentivos para lograr procesos de mejora. «Estas líneas de trabajo fueron dirigidas por el Consejo Asesor de la OCDE sobre Políticas de Evaluación e Incentivos para Docentes en México, conformado por expertos internacionales», explica el documento.
«No estamos en contra de la evaluación. El problema es cómo son realizadas y las consecuencias que trae detrás de estas evaluaciones. Por el contrario nosotros hemos construido un modelo alternativo que ya presentamos ante el congreso y no se ha respetado», afirma la profesora Villalobos.
Un referente de este modelo de educación en Latinoamérica es Brasil, así como en México, la política educacional tiene una orientación de organismos internacionales, intensificada a partir de la década de los años 90. Fueron implantadas políticas de evaluación por competencias y habilidades, un sistema de avaluación en larga escala, donde se estableció una participación público-privada, y la concepción de la educación giró en torno a las políticas desarrollistas y neoliberales, es decir, para el mercado, inclusive respaldándose en conceptos de economía, de competencias y habilidades, explica la investigadora Alayde Digiovanni, del Programa de Estudios de América Latina, de la Universidad de São Paulo (PROLAM/USP).
Fotografía: Santiago Navarro F.
«Los sistemas de evaluación en como son implementados no ayudan en casi nada. En algunos lugares ya tenemos este modelo que incentiva la competitividad, sistema de bonos para aquellos que presenten más rendimiento conforme la evaluación. El resultado es competición y desigualdad entre las escuelas. El sistema comúnmente desconsidera el contexto socio-económico de donde se encuentran las escuelas», sostiene la investigadora Alayde Digiovanni.
De acuerdo con Digiovanni, los acuerdos con los órganos internacionales no se restringen sólo a Brasil y México. Son políticas determinadas por organismos internacionales como la OCDE y el Fondo Monetario Internacional (FMI) implementadas para toda América Latina y el Caribe. «Se identifica la educación como un factor primordial para el desarrollo económico, implicado en una serie de indicaciones internacionales para las políticas públicas en temas de educación de América Latina y el Caribe. Tales recomendaciones siguen el modelo orientado por las políticas neoliberales», sostiene Digiovanni.
Justificación mediática
Junto a la estrategia militar, el gobierno ha trazado una estrategia mediática. Desde el día 21 de julio de 2015, todos los medios comerciales se han sincronizado, desde los periódicos hasta los canales de televisión que no han dejado de emitir mensajes a favor de la determinación del gobernador y de los beneficios de la reforma educativa. Detrás de la cuenta de Twitter del gobierno hay todo un equipo que mantiene un bombardeo de mensajes que terminan apagando los mensajes en contra, por ejemplo: «En #Oaxaca inicia una nueva etapa de eficiencia, modernidad y dignidad en el sistema educativo estatal» o «La#ReformaEducativa en #Oaxaca avanza y no se detendrá». El gobierno federal también figura con sus mensajes de apoyo: «El @GobRep respalda al Gobierno de #Oaxaca y al Gobernador @GabinoCue». Aliados del gobierno desde los partidos de izquierda como los de derecha también aplauden en las redes sociales los cambios para aplicar a reforma educativa en Oaxaca.
Alerta de las organizaciones civiles
Por otra parte, una red de más de 100 organizadores de derechos humanos publicaron una nota conjunta en la que externan su preocupación por la utilización de la policía federal y las fuerzas armadas contra el magisterio oaxaqueño y la ciudadanía en general. «En este país, la presencia policíaca y militar no representa una mayor garantía de seguridad, al contrario es sinónimo de represión y criminalización de la protesta social, como las graves violaciones de derechos humanos vividos en el año 2006, varios de ellos investigados actualmente en la Fiscalía de Investigaciones para Delitos de Trascendencia Social (FIDTS)», afirma la nota. Así mismo exigen la salida inmediata la policía federal y la gendarmería de Oaxaca. «(…) y responsabilizamos al gobierno federal y al gobierno del estado de los hechos que se desencadenen a raíz del proceso de militarización que vive Oaxaca», finaliza la nota.
La Comisión de la Verdad de Oaxaca, que ha registrado y denunciado violaciones a los derechos humanos durante la militarización del año 2006, también se pronunció al respecto. «La presencia de la gendarmería, lejos de salvaguardar los derechos humanos, está propiciando un clima intimidatorio en diversos sectores de la población. Para muchos sectores aun esta fresca la memoria de los años 2006 y 2007 en Oaxaca, en los que efectivos de la Policía Federal Preventiva incurrieron en faltas graves y cometieron violaciones a los derechos humanos, hechos que esta Comisión actualmente investiga», destaca la Comisión.
Ante el contexto de militarización y de la reestructuración del IEEPO por parte del Estado, la Sección 22 ratificó que la demanda central de los estados miembros de la CNTE es la abrogación de la reforma educativa. El rechazo a la evaluación y el desconocimiento al decreto de desaparición del IEEPO, sosteniendo que de no obtener una respuesta favorable continuarán con el proceso organizativo de una huelga nacional. Mientras tanto, el lunes 27 de julio del año 2015, fue convocada la primera mega manifestación de los profesores en la ciudad de Oaxaca. Así mismo, el resto de los agremiados en la CNTE en otros estados ya han comenzado a realizar acciones de protesta en solidaridad con sus compañeros de Oaxaca y contra la reforma educativa.
Fotografía: Santiago Navarro F.
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México.
Ayotzinapa, a un año de la desaparición de los 43 estudiantes. ¡Vivos de los llevaron.Vivos los queremos!
Por Miguel Mazzeo/ Resumen Latinoamericano/ 10 de Agosto 2015.-
Hace ya mucho tiempo que el capitalismo y el neocolonialismo han desatado una guerra contra los pueblos del mundo, en particular contra los pobres, los trabajadores, los indígenas y las mujeres de la periferia. Se trata de una ofensiva que pretende arrasar con todos los espacios de cohesión comunitaria, con todos los espacios de cooperación y de solidaridad vinculados a los territorios y las subjetividades heterogéneas de los y las de abajo. Una ofensiva que quiere barrer de un plumazo las conquistas obtenidas por más de dos siglos de luchas populares. Estamos frente a una especie de moderna “Santa Alianza” del capital contra el trabajo, de las grandes corporaciones multinacionales contra la humanidad y la naturaleza, del Estado burgués contra las praxis organizativas de los pueblos basadas en la independencia y la autonomía.Hace mucho tiempo también que esa guerra tiene uno de sus frentes principales y más intensos –desprovisto de todo filtro– en México. (Fuente: La Haine)
Podríamos recurrir a un arsenal de argumentos para demostrar que esto que decimos dista de ser una exageración que, en México, la hostilidad del sistema viene siendo impecable e implacable. Nos basta con tener
presente algunas pocas cifras descarnadas. Las 22.610 personas desaparecidas en los últimos nueve años, las 150.000 personas muertas, el millón de desplazados y desplazadas, los más de mil cuerpos hallados en fosas comunes clandestinas en los últimos 3 años. (Las cifras son oficiales). Nos basta con recordar que, en México, el Estado desconoce a los sindicatos sólo por saber conservar condiciones dignas para los trabajadores y las trabajadoras, o que criminaliza a las mujeres que luchan por su derecho a decidir sobre sus propios cuerpos (mientras tanto, en sintonía, la violencia patriarcal asesina a seis mujeres por día), o que tiene permanentemente en su mira a jóvenes, pobres, indígenas, militantes populares y diferentes.
Ante nosotros y nosotras la indecente exhibición de las secuelas de la etapa superior del neoliberalismo, el rostro más auténtico del capitalismo periférico: un rostro salvaje y depredador. Por cierto, el capitalismo no tiene otros rostros, aunque sabe ocultar su genotipo y desconcertar con máscaras “humanas” y fenotipos “piadosos”.
Pero los pueblos saben, o por lo menos intuyen, que es absolutamente falsa la escisión entre neoliberalismo y capitalismo.
Ante nosotros y nosotras el expansionismo sin fronteras que busca optimizar el territorio mundial y renueva las viejas cadenas de dependencia al tiempo que crea otras nuevas. Ante nosotros y nosotras algunos de los “efectos” del “equilibrio continental” perseguido por los Estados Unidos. Antes nosotros y nosotras el insoportable grado de degradación económica, social, política y ecológica alcanzado por la “Civilización Occidental”.
Los sucesos de Ayotzinapa (ciudad de Iguala, Estado de Guerrero) del 26 y el 27 de septiembre de 2014 constituyen un episodio de una invariante en la historia mexicana.
El ajuste estructural de la década del 80, el Tratado de Libre Comercio (TLC) firmado en 1994 con sus correspondientes abusos del poder monopólico por parte de las empresas multinacionales y con una inserción cada vez más dependiente del capitalismo mundial, pueden considerarse como los hitos más cercanos de esa invariante.
La extensa serie de violaciones a los derechos humanos y a los derechos de los pueblos perpetrada por la clase dominante mexicana, por el colonialismo y el neo-colonialismo desde hace 500 años, constituyen sus hitos de larga data y de persistente reiteración. Pero los sucesos de Ayotzinapa no son una vicisitud más, poseen un carácter sustantivo porque representan a cabalidad todauna época.Ayotzinapa puso en evidencia esta guerra desatada por el capitalismo y el neocolonialismo contra los pueblos del mundo. Una guerra cuyo objetivo principal consiste en instituir una macabra uniformidad, una monstruosa totalidad, erradicando todo elemento que unifique y organice a los y a las de abajo, toda potencialidad autogestionaria, todo sustrato identitario y cultural que se contraponga a las coordenadas esclavizantes y alienantes y que pueda servir como basamento de un proyecto emancipador de los pueblos.
Esta guerra viene incrementando su vehemencia en los últimos años y, aunque la constatación resulte dolorosa, también hay que decir que, en ciertos aspectos, ha trepado al auge de su eficacia. Con nuevos artefactos ideológicos de dominación, el capitalismo y el neocolonialismo han generando un “colchón social” compuesto por actores fragmentados, irresponsables, a-críticos, individualistas, pesimistas, frustrados, consumistas, impiadosos, agresivos, colonizados; en fin, actores que son lisa y llanamente antisociales, monadas aisladas que pueden jugar tanto el rol de víctimas como de victimarios.
Los medios y métodos de esta guerra no constituyen anomalías. Las políticas de “seguridad” sólo pueden exhibir sus efectos destructivos sobre la vida de los pueblos. Militarización, para-militarización y narcotráfico son plenamente funcionales a los objetivos del capitalismo y el neocolonialismo (con sus componentes racistas y patriarcales). Igual de funcional es la gestión del terror. No hay fallas de continuidad. No hay efectos colaterales.
México muestra una estrategia de saqueo de las riquezas y de control social basada en una violencia cada vez más sistémica, casi mecánica. Una violencia que se retroalimenta con la soledad y la indiferencia, haciéndose cada vez más cruel y feroz y generando un medio saturado de impotencia y de tristeza. México muestra como los sistemas y los subsistemas de opresión y dominación de los seres humanos se interrelacionan y se potencian creando una maraña opresora que parece inexpugnable.
Pero de ningún modo existe en México un escenario hobbesiano. Sostener esto constituye una salida fácil, superficial o cómplice. O las tres cosas al mismo tiempo. No se trata de una guerra de todos y todas contra todos y todas. Además, los medios utilizados, la direccionalidad, el sentido y la “intencionalidad pedagógica” de la violencia son demasiado evidentes. No los pueden ocultar las artimañas de los medios de comunicación monopólicos con sus verbos impersonalizados, con sus afinadas estrategias de ocultamiento, con su inveterada costumbre de estigmatizar a las víctimas y de crear estereotipos que invariablemente “dan de comer” a la violencia estatal y para-estatal, con su deseo de “cerrar el caso” cuanto antes y con su sorprendente capacidad para re-actualizar el macartismo.
Tampoco pueden ocultarlos las meras prácticas de consolación. Mucho menos pueden ser eficaces estos encubrimientos y astucias cuando buena parte de las víctimas posee la estirpe de los luchadores sociales, de los que enseñan el maravilloso oficio de la libertad, de los constructores de convivencia igualitaria, de “comunalidad” y futuro.
Directa o indirectamente las biografías de los muertos, heridos, desaparecidos de Ayotzinapa se pueden encastrar en una sola historia, en un mismo un drama colectivo.
¿Acaso no luchaban contra la privatización de la educación pública y, en general, contra el imparable proceso de mercantilización-colonización de todos los bienes públicos? ¿Acaso no estaban defendiendo la tradición de las escuelas normales, en especial la formidable tradición de Escuela Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa que parió a un Lucio Cabañas o un Genaro Vázquez Rojas? ¿Acaso no estaban vinculados a la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM)? ¿Acaso no se dirigían a un acto en conmemoración por la masacre de Tlatelolco del 2 de octubre de 1968? No hay resquicios para las casualidades.
El poder opresor –bajo cualquiera de sus formas: Estado o para-Estado, capitalistas formales o informales, legales o ilegales– hace desaparecer a los cuerpos tenaces que no logra degradar o descomponer, a los cuerpos orgullosos que no se dejan comprar, que no se quieren vender, que se niegan a ser mercancía, objeto o espectáculo; a los cuerpos arraigados en un territorio, situados en las trincheras más aptas para frenar la normalización disciplinaria y los procesos de subjetivación que impulsa el capital.
El poder opresor no tolera a los cuerpos obstinados que quieren ser autónomos y felices, que resisten, sueñan y crean.
Supo dar en la tecla esa pintada en la calle de la Reforma que decía
pienso, luego me desaparecen.
Los y las que insisten en un escenario hobbesiano se olvidan del otro México, el que viene amasándose desde abajo. El México que, con sus espacios de socialización militante, con sus espacios públicos alternativos, con sus organizaciones de base, con sus luchas y sus sueños, con sus experiencias de autogobierno y de producción democrática, con sus Caracoles y sus Comités Municipales Populares, confronta al ritmo de sus intereses y despliega las contradicciones inherentes del sistema.
El México que sabe que la ocasión de la libertad y la estación del advenimiento de la esperanza sólo se encuentran en lo colectivo y por eso teje y teje con los hilos del arco iris y del poder popular. El México que está en exceso respecto la protesta y el deseo (indispensables pero insuficientes) y trabaja para construir un proyecto
emancipador.
El México de la “tradición larga, perdurable y nunca rota” de la que hablaba Pedro Henríquez Ureña. El México de la autoconciencia popular. Vemos que carece de asidero la definición de México como “aquello que está alrededor de las fosas comunes”.
Entonces, más que de un escenario “hobbesiano” cabe hablar de un “Armagedón”. No sabemos si cercano o lejano, pero sí sabemos que será inevitable. El abismo tiene fondo.
La “Guerra al Narcotráfico” lanzada hace una década, se muestra como la estrategia para silenciar, perseguir y asesinar militantes populares y para desatar la violencia clasista, racista y sexista.
La “Guerra al Narcotráfico” es una forma de guerra contrainsurgente en el mundo de la posguerra fría. No por casualidad deviene (en México o en Colombia, en Brasil o en Argentina, o dónde sea) en interpenetración del narcotráfico, el tráfico de personas, y otros “tráficos”, con el Estado, las clases dominantes y el imperialismo. La lógica de estos actores, en el fondo, es exactamente la misma, porque es la lógica del capital: vale lo mismo para el gas, el petróleo, el oro, el agua, las drogas, los seres humanos o algunas de sus partes.
De este modo, la “Guerra al Narcotráfico” ha servido para consolidar monstruosos bloques de poder y para profundizar el proceso de enajenación de soberanía.
Por factores económicos, políticos, sociales y culturales (geopolíticos), México es demasiado importante para la preservación del orden dominante a escala mundial.
Al mismo tiempo, en la sociedad civil popular mexicana anidan enormes potencialidades; la misma presenta “momentos de verdad” con posibilidades de devenir alternativas concretas al sistema de capital y a las formas de la democracia liberal (delegativa, representativa, procedimental). Los sistemas comunitarios de los pueblos campesinos-indígenas, por ejemplo, no son sólo una alternativa retórica y romántica. Son una alternativa concreta y buena. El futuro tiene reservas en México.
De ahí que el capitalismo y el neocolonialismo no escatimen esfuerzos y crueldades a la hora de desestructurar todo tipo de resistencia de los y las de abajo, todas las experiencias que expresan algo radicalmente nuevo.
Los muertos, heridos y desaparecidos de Ayotzinapa pusieron en evidencia la incompatibilidad de fondo entre el mercado y la Política (así, con mayúsculas).
Los muertos, heridos y desaparecidos de Ayotzinapa pusieron en evidencia los efectos inevitables de la mundialización neoliberal, lo que ocurre (y ocurrirá) si la regulación mercantil sigue imponiéndose a la regulación política popular, si los intereses de las corporaciones predominan sobre los intereses de los pueblos.
Los muertos, heridos y desaparecidos de Ayotzinapa hicieron un poco más visibles los engranajes mortíferos de un sistema en guerra (la expresión es literal) contra toda estructura social contendora, contra toda forma de sociedad orgánica.
Un sistema que pretende desarraigar a todos los hombres y a todas las mujeres, para luego fagocitarlos.
Los muertos, heridos y desaparecidos de Ayotzinapa sirvieron para que muchos y muchas dentro y fuera de México tomaran conciencia del grado de descomposición de las clases dominantes y el Estado mexicanos, del abismo inexorable al que conduce la mundialización neoliberal, del altísimo grado de complicidad con la muerte que tienen aquellos y aquellas que siguen reivindicando su derecho a la indiferencia.
Al mismo tiempo, nos recordaron que sólo con el desarrollo de la conciencia popular – una conciencia que no sea desdichada– será posible superar esta crisis civilizatoria y generar una alternativa sistémica.
Los muertos, heridos y desaparecidos de Ayotzinapa tienen la dignidad de un árbol grande.
Cumpliendo con sus deberes inmediatos, se han convertido en universales. Son bandera de lucha para el campesinado y para las comunidades indígenas que, cercados por las empresas multinacionales, no se rinden y defienden sus territorios; para los y las que se resisten a gastar su sangre en las plantaciones agro-industriales o en las maquilas y se organizan y luchan, para los y las que quieren escapar de la miseria, la precariedad, la prostitución, el narcotráfico y el para-militarismo, sin asumir la amarga alternativa de cruzar la frontera.
Los muertos, heridos y desaparecidos de Ayotzinapa son nuestros héroes irreprochables. Pero son Héroes de sacrificio. De nosotros y nosotras depende que algún día México y Nuestra América toda vuelvan a parir héroes de triunfo.
¡Vivos se los llevaron. Vivos los queremos!
fuente: APL
Envío:ResumenLatinoamericano





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