EL PUEBLO:
Populismo o Protagonismo Popular
En los
últimos tiempos se han incentivado las referencias a una expresión que pretende
involucrar al Pueblo pero sin definirlo ni conceptualizarlo. Dicha denominación
es el “Populismo” y todas sus acepciones, más allá de los criterios utilizados,
confluyen en un denominador común: desdibujar
al Pueblo como objeto y sujeto de toda realización humana
El liberalismo y
sus versiones de adecuación a su crisis terminal (socialdemocracia,
neoliberalismo, progresismo) asumen al Populismo
como la forma de negación del Pueblo en su condición de unidad funcional/estructural en proceso creciente de conformación,
constituyendo, en cada etapa de su desarrollo consciente, la categoría primera
de la construcción política en la medida de su gravitación como protagonista de
su propio destino.
De ahí
que el Gral. Perón afirmara que el Pueblo es “la suma histórica de los
trabajadores de todos los tiempos” entendiendo que existe una sola clase de hombres: los que trabajan,
quedando fuera de esta consideración los que no lo hacen, una minoría ociosa
que especula y medra con el esfuerzo y el sacrificio de los demás.
Como se
puede advertir, se refiere claramente a una idea dinámica por la que el hombre
transita desde su condición de individuo
(cuya expresión colectiva es la masa)
a la de Persona, en tanto se persuade de su dignidad (identifica sus atributos
exclusivos que son: la libertad, la razón
y la moral) que permite conformar un colectivo consciente, que es la idea
de Pueblo y finalmente madura hacia
la condición de Persona Social, cuando advierte que lo que no alcanza a
resolver en el plano individual lo concreta mediante la asociación con otras personas en torno a intereses
permanentes y comunes, para lo cual debe superar los egoísmos interiores dando
paso al sentimiento solidario. Este último proceso deviene en un conjunto que
se expresa en el Pueblo Organizado.
Queda
claro que las consecuentes etapas que se fueron concretando, implicaron a su
vez, la superación de distintos grados de
gregarismo del Pueblo y que estos momentos históricos de inmadurez,
constituyeron circunstancias propicias para la prevalencia de élites que se arrogaron
el derecho de hegemonizar el poder de las decisiones, la propiedad de los
recursos y del capital y el manejo del conocimiento y de la fuerza.
Cualquiera
fuese el origen de las sucesivas élites (de derecha: divino, aristocracia,
plutocracia o de izquierda: vanguardias, buro revolucionarios) todas
coincidieron en reservar a los Pueblos un papel secundario de convalidación de
dichas hegemonías y por lo tanto, en ambas circunstancias la UNIDAD se procuró
mediante la COMPULSIÓN y la TOTALIZACIÓN por EXCLUSIÓN.
Basados
en un concepto de Darwinismo Social, se justificó y se impuso la resolución de
los conflictos por la CONFRONTACIÓN y la COMPETENCIA sustentados en un
INDIVIDUALISMO EGOISTA y por lo tanto la LUCHA DE CLASES constituyó,
esencialmente, la acreditación científica de que el más fuerte imponga su
voluntad al más débil.
Con el
tiempo y en la medida que los Pueblos crecieron en conciencia, las minorías
debieron apelar a formas cada vez más engañosas para prevalecer en el ejercicio
de la dominación, mutando, finalmente,
hacia antinomias falsas con la pretensión de burlar la voluntad
expresada en el voto, a la vez que se desnaturalizaba la esencia de la política
y prevalecía la hipocresía y la especulación.
Las
necesidades esenciales de los Pueblos no se resolvieron y por el contrario, a medida que se evolucionó en
términos de recursos tecnológicos y por lo tanto en posibilidades de disponer
de medios para mejorar la existencia y el bienestar, los resultados fueron, por
el contrario, la mayor concentración de
la riqueza y su contrapartida, el crecimiento exponencial de la exclusión.
La
inexorabilidad de la experiencia social de los Pueblos, que les confiere su
sentido histórico, les fue permitiendo concluir que en la medida en que no se participe de las decisiones se queda fuera de
sus resultados, haciendo que desde sus formas más estructuradas de luchas
reivindicativas, se evolucione hacia organizaciones sociales preparadas para
ser protagonistas e integrantes de una comunidad, que para su realización,
necesita de todos. (La Hora de los Pueblos)
El determinismo evolutivo que
implica pasar de la condición de individuo a persona y a persona social, entre
otros aspectos, genera como resultado, la existencia de un hombre cada vez más
libre y si se tiene en cuenta que no se concibe a la libertad sin un espacio
donde ejercerla (lo contrario es pura retórica) el mismo debe
pertenecer al hombre libre para que éste no dependa de nadie en su
realización. A su vez, esa percepción de
la pertenencia se corporiza, se hace realidad en el sentido de propiedad.
Por ello cuando a la libertad la detentan unos pocos, es
a expensas de la esclavitud y el sometimiento de muchos y por lo tanto, también
la propiedad estará concentrada en una minoría, mientras las mayorías no serán
ni libres ni dueñas de lo mínimo indispensable para ser dignos.
No es
casualidad que el Gral. Perón afirmara
que la Libertad Individual se realiza en
la medida en que se logre que todos sean libres y como consecuencia de ello la
propiedad habrá de dejar de estar concentrada en unas pocas manos, para
distribuirse en el seno del Pueblo. (El Marxismo y el Capitalismo coinciden en
que el único que no es propietario es el Pueblo).
Este sentido de propiedad
(sentirse dueño) constituye la base insustituible de la determinación del
hombre de participar en las
decisiones que hacen a su destino (nadie
participa de lo que no se siente dueño) y esta condición lo lleva a
disputarle a las minorías lo que hasta aquí parecía que les pertenecía de
manera definitiva y excluyente.
Pero
para que esta participación tenga el efecto indispensable para influir en el desenvolvimiento de las cosas
que hacen a la existencia, se debe
generar el poder necesario que transforme a la participación en protagonismo. Lo
contrario constituye sólo la participación convalidante.
Es bueno
aclarar, a esta altura, que el Poder no
se toma, el Poder se construye y en este sentido se construye o para la confrontación y la imposición (poder de las
minorías) o bien para la integración
y la armonía (poder popular).
En el Poder de las
Minorías, se parte de la selección (por competencia, confrontación) del sector prevalente del todo colectivo, que
hegemoniza al conjunto desde su estrategia dominante imponiendo sus intereses y
privilegios.
Por su
parte el Poder Popular, se construye
mediante la formulación de un Proyecto
Estratégico Nacional con la participación
protagónica del Pueblo a través de sus instituciones en el que se plasman
las respuestas a sus necesidades, intereses y expectativas que hacen a su dignidad,
concebidas desde los valores y virtudes que conforman la base ética de su cultura y la identidad
del país como Nación. (Doctrina Nacional)
El participar de su definición lo lleva a
sentirlo como propio, encarnándose en la realización cotidiana desde una
referencia que une a la Voluntad Nacional,
haciendo que los instrumentos del poder (la economía, el conocimiento y la fuerza) se encuentren al servicio
de ese proyecto y ejercidos por el propio Pueblo.
De aquí
que la nueva época, hacia la que se transita, se encuentra signada por un nuevo
paradigma que es: “si se quiere gobernar para
el Pueblo, habrá que gobernar con el Pueblo y por lo tanto, así como se
organiza el Gobierno y el Estado, se tendrá que organizar el Pueblo”.
Las formas instrumentales de la referida organización, no
son otras que sus instituciones intermedias identificadas por una misión a
cumplir en el seno del conjunto al que pertenecen y que en la medida de la
resolución de los objetivos compartidos,
encontrará la respuesta a su propia realización, asumiendo responsabilidades en
concurrencia con el Estado y el Gobierno. Ello habrá de significar el ejercicio
de la soberanía del Pueblo en el seno del Estado, finalmente única garantía de
la plena realización de la Justicia Social y la emancipación de la Patria.
A un
Pueblo Protagónico, al que las minorías le temen, se lo podrá someter cada vez
menos, al uso especulativo y negador llamado Populismo. Por el contrario avanza
hacia su constitución como sujeto excluyente de la conformación del nuevo mundo
que se avecina.
Jorge
A. Dall´Aglio
Agosto del 2015.-
Envío:Oscar Canepa
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