24 de agosto de 2015

OPINIÓN.

EL PUEBLO:
Populismo o Protagonismo Popular

            En los últimos tiempos se han incentivado las referencias a una expresión que pretende involucrar al Pueblo pero sin definirlo ni conceptualizarlo. Dicha denominación es el “Populismo” y todas sus acepciones, más allá de los criterios utilizados, confluyen en un denominador común: desdibujar al Pueblo como objeto y sujeto de toda realización humana
             El liberalismo y sus versiones de adecuación a su crisis terminal (socialdemocracia, neoliberalismo, progresismo) asumen al Populismo como la forma de negación del Pueblo en su condición de unidad funcional/estructural en proceso creciente de conformación, constituyendo, en cada etapa de su desarrollo consciente, la categoría primera de la construcción política en la medida de su gravitación como protagonista de su propio destino.
            De ahí que el Gral. Perón afirmara que el Pueblo es “la suma histórica de los trabajadores de todos los tiempos” entendiendo que existe una sola clase de hombres: los que trabajan, quedando fuera de esta consideración los que no lo hacen, una minoría ociosa que especula y medra con el esfuerzo y el sacrificio de los demás.
            Como se puede advertir, se refiere claramente a una idea dinámica por la que el hombre transita desde su condición de individuo (cuya expresión colectiva es la masa) a la de Persona, en tanto se persuade de su dignidad (identifica sus atributos exclusivos que son: la libertad, la razón y la moral) que permite conformar un colectivo consciente, que es la idea de Pueblo y finalmente madura hacia la condición de Persona Social, cuando advierte que lo que no alcanza a resolver en el plano individual lo concreta mediante la asociación  con otras personas en torno a intereses permanentes y comunes, para lo cual debe superar los egoísmos interiores dando paso al sentimiento solidario. Este último proceso deviene en un conjunto que se expresa en el Pueblo Organizado.
            Queda claro que las consecuentes etapas que se fueron concretando, implicaron a su vez, la superación de distintos grados de gregarismo del Pueblo y que estos momentos históricos de inmadurez, constituyeron circunstancias propicias para la prevalencia de élites que se arrogaron el derecho de hegemonizar el poder de las decisiones, la propiedad de los recursos y del capital y el manejo del conocimiento y de la fuerza.
            Cualquiera fuese el origen de las sucesivas élites (de derecha: divino, aristocracia, plutocracia o de izquierda: vanguardias, buro revolucionarios) todas coincidieron en reservar a los Pueblos un papel secundario de convalidación de dichas hegemonías y por lo tanto, en ambas circunstancias la UNIDAD se procuró mediante la COMPULSIÓN y la TOTALIZACIÓN por EXCLUSIÓN.
            Basados en un concepto de Darwinismo Social, se justificó y se impuso la resolución de los conflictos por la CONFRONTACIÓN y la COMPETENCIA sustentados en un INDIVIDUALISMO EGOISTA y por lo tanto la LUCHA DE CLASES constituyó, esencialmente, la acreditación científica de que el más fuerte imponga su voluntad al más débil.
            Con el tiempo y en la medida que los Pueblos crecieron en conciencia, las minorías debieron apelar a formas cada vez más engañosas para prevalecer en el ejercicio de la dominación, mutando, finalmente,  hacia antinomias falsas con la pretensión de burlar la voluntad expresada en el voto, a la vez que se desnaturalizaba la esencia de la política y prevalecía la hipocresía y la especulación.
            Las necesidades esenciales de los Pueblos no se resolvieron y por el  contrario, a medida que se evolucionó en términos de recursos tecnológicos y por lo tanto en posibilidades de disponer de medios para mejorar la existencia y el bienestar, los resultados fueron, por el contrario, la mayor concentración de la riqueza y su contrapartida, el crecimiento exponencial de la exclusión.
            La inexorabilidad de la experiencia social de los Pueblos, que les confiere su sentido histórico, les fue permitiendo concluir que en la medida en que no se  participe de las decisiones se queda fuera de sus resultados, haciendo que desde sus formas más estructuradas de luchas reivindicativas, se evolucione hacia organizaciones sociales preparadas para ser protagonistas e integrantes de una comunidad, que para su realización, necesita de todos. (La Hora de los Pueblos)
            El determinismo evolutivo que implica pasar de la condición de individuo a persona y a persona social, entre otros aspectos, genera como resultado, la existencia de un hombre cada vez más libre y si se tiene en cuenta que no se concibe a la libertad sin un espacio donde ejercerla (lo contrario es pura retórica) el mismo  debe pertenecer al hombre libre para que éste no dependa de nadie en su realización. A su vez, esa percepción de la pertenencia se corporiza, se hace realidad en el sentido de propiedad.
            Por ello cuando a la libertad la detentan unos pocos, es a expensas de la esclavitud y el sometimiento de muchos y por lo tanto, también la propiedad estará concentrada en una minoría, mientras las mayorías no serán ni libres ni dueñas de lo mínimo indispensable para ser dignos. 
            No es casualidad que el  Gral. Perón afirmara que la Libertad Individual se realiza en la medida en que se logre que todos sean libres y como consecuencia de ello la propiedad habrá de dejar de estar concentrada en unas pocas manos, para distribuirse en el seno del Pueblo. (El Marxismo y el Capitalismo coinciden en que el único que no es propietario es el Pueblo).
            Este sentido de propiedad (sentirse dueño) constituye la base insustituible de la determinación del hombre de participar en las decisiones que hacen a su destino (nadie participa de lo que no se siente dueño) y esta condición lo lleva a disputarle a las minorías lo que hasta aquí parecía que les pertenecía de manera definitiva y excluyente.
            Pero para que esta participación tenga el efecto indispensable para  influir en el desenvolvimiento de las cosas que hacen a la existencia, se debe generar el poder necesario que transforme a la participación en protagonismo. Lo contrario constituye sólo la participación convalidante.
            Es bueno aclarar, a esta altura, que el Poder no se toma, el Poder se construye y en este sentido se construye o para la confrontación y la imposición (poder de las minorías) o bien para la integración y la armonía (poder popular).
            En el Poder de las Minorías, se parte de la selección (por competencia, confrontación) del  sector prevalente del todo colectivo, que hegemoniza al conjunto desde su estrategia dominante imponiendo sus intereses y privilegios.
            Por su parte el Poder Popular, se construye mediante la formulación de un Proyecto Estratégico Nacional con la participación protagónica del Pueblo a través de sus instituciones en el que se plasman las respuestas a sus necesidades, intereses y expectativas que hacen a su dignidad, concebidas desde los valores y virtudes que conforman la base ética de su cultura y la identidad del país como Nación. (Doctrina Nacional)
            El participar de su definición lo lleva a sentirlo como propio, encarnándose en la realización cotidiana desde una referencia que une a la Voluntad Nacional, haciendo que los instrumentos del poder (la economía, el conocimiento y la fuerza) se encuentren al servicio de ese proyecto y ejercidos por el propio Pueblo.
            De aquí que la nueva época, hacia la que se transita, se encuentra signada por un nuevo paradigma que es: “si se quiere gobernar para el Pueblo, habrá que gobernar con el Pueblo y por lo tanto, así como se organiza el Gobierno y el Estado, se tendrá que organizar el Pueblo”.
            Las formas instrumentales de la referida organización, no son otras que sus instituciones intermedias identificadas por una misión a cumplir en el seno del conjunto al que pertenecen y que en la medida de la resolución  de los objetivos compartidos, encontrará la respuesta a su propia realización, asumiendo responsabilidades en concurrencia con el Estado y el Gobierno. Ello habrá de significar el ejercicio de la soberanía del Pueblo en el seno del Estado, finalmente única garantía de la plena realización de la Justicia Social y la emancipación de la Patria.
            A un Pueblo Protagónico, al que las minorías le temen, se lo podrá someter cada vez menos, al uso especulativo y negador llamado Populismo. Por el contrario avanza hacia su constitución como sujeto excluyente de la conformación del nuevo mundo que se avecina.
           
                                                                                                       Jorge A. Dall´Aglio
            Agosto del 2015.-
           
           
           

 Envío:Oscar Canepa           

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