8 de julio de 2019

TROPEL 1 del 08-07-2019

10 años del asesinato de Kiki Lezcano
Resumen Latinoamericano, 7 de julio de 2019.-
El lunes 8 de julio, se realizará una Jornada Cultural por la memoria y justicia de Jonathan “Kiki” Lezcano, de 16 años, víctima de represión estatal, asesinado de un disparo por el policía Federal Daniel Veyga hace diez años atrás, quien fue absuelto por el hecho en 2017.
La jornada contará con un panel de Derechos Humanos, en el mismo se discutirá la responsabilidad del Estado, al mando del accionar de las Fuerzas de Seguridad.
Además, se inaugurará una escultura para conmemorar a Kiki, se realizarán actividades culturales variadas y se pintará un mural en el comedor comunitario “El Enano” que Angélica Urquiza, madre de Kiki, levantó junto a su familia y sostiene diariamente con el apoyo de la organización y las vecinas del barrio.
Invitan a adherir y participar de dicha actividad, para acompañar a la familia y apoyarlos en esta lucha, que todavía no termina: Organización Social “La Poderosa” y “Casita de Kiki”, espacio cultural de Villa 20.
Sobre el caso
El 8 de Julio de 2009, Jonathan Ezequiel “Kiki” Lezcano fue asesinado con un disparo por el policía Federal Daniel Veyga, y luego enterrado como NN en el cementerio de la Chacarita.
Su familia lo encontró después de 68 días de intensa búsqueda.
El oficial que se autoproclamó autor del crimen, fue juzgado y absuelto en el año 2017, en la última instancia del juicio, a pesar de los testimonios de amenazas y un video que demuestra el abandono con el que trataron a la víctima cuando aún estaba con vida.
Su familia sigue reclamando justicia.

A los 19 años, Ofelia Fernández podría ser la legisladora porteña más joven de la historia
Por Juan Ignacio Provéndola*, Resumen Latinoamericano, 7 julio 2019.-
Entre el hip hop y la universidad, la militante colegial y referente por la IVE va tercera en la lista porteña del Frente de Todos.
Del centro de estudiantes al Congreso y de la fiesta Bresh a las urnas: Ofelia Fernández, referente centennial.
En el contexto de unas elecciones donde las sorpresas se revelaron temprano, la “aparición” de Ofelia Fernández sobre el cierre de las listas marcó una disrupción que el día a día de la realpolitik todavía está digiriendo: una piba de 19 años encabeza una lista competitiva de un distrito caliente en una contienda que se presume histórica. Ofelia ocupa el tercer lugar como legisladora porteña por el Frente de Todos, que en la ciudad de Buenos Aires se ve representado por una alianza entre el peronismo, sectores progresistas y organizaciones sociales que le competirá la hegemonía al conglomerado PRO-UCR. Su buena posición en la boleta la consagra virtualmente en el cargo a partir de este 10 de diciembre, fecha en la que será la legisladora más joven de América Latina.
La suya será apenas una de las 60 manos que se levantarán (o no) ante cada proyecto de ley sometido a votación en uno de los tres poderes de la capital federal. Pero su aparición implica algo mucho más potente que esa estadística: representará la inédita sublimación electoral de un espíritu de época sub20 atravesado por reclamos de género, reivindicación de la educación pública, otra forma de vincularse con la práctica política orgánica y nuevos consumos culturales. El impacto de sus apariciones “mediáticas” no residió en los titulares replicados sino en el penoso desencuentro generacional: ninguno de los dinosaurios que buscaban acorralarla se preocupó por sintonizar con lo que ella representaba. Ahora, que no les quedará más remedio que escucharla, tienen una nueva oportunidad de lograrlo
Ofelia nació el 14 de abril del 2000 y cursó el secundario en el Carlos Pellegrini, donde estableció dos marcas: a los 15 años fue la presidenta más joven en la historia de ese centro de estudiantes, y a los 16 la primera en ser reelecta. Con la consigna “prestarles atención a procesos populares más allá del colegio”, su gestión estuvo marcada por cómo se instalaron en las aulas debates sociales y culturales que iban más allá de las mismas.
En ese contexto se dio su primera aparición pública, sometida a sucesivos debates televisivos a partir de las tomas contra la reforma educativa propuesta entonces por el gobierno porteño. El Pelle era una referencia de esa medida adoptada por más de 30 colegios y Ofelia su interlocutora ante la caravana de medios de guardia frente al colegio. En cada panel que la interpelaba desde la comodidad de la silla y el vociferío, ella articulaba parada en la vereda y con un auricular en el oído respuestas que iban más allá de la noticia chicos-toman-colegios que empujaba la agenda periodística. Intentaba proponer un debate al margen de si militaba o no en un partido político, tal como la intentó condicionar una panelista: “Sí, claro”, contestó ella con naturalidad.
De esa saga se recuerda especialmente el episodio en el que un conductor que la cuadruplicaba en edad y prejuicio le dijo “chiquita” y ella se lo impugnó. Un recorte épico y fuertemente simbólico, aunque al mismo tiempo injusto: en ese mismo programa, durante casi dos minutos seguidos, Ofelia le rebatió la reforma educativa a Javier Tarulla, funcionario del ministerio de Educación porteño que había ido al estudio televisivo a defender en vivo la posición del gobierno. “Cerraron el diálogo en cuatro semanas de toma”, le reclamó Ofelia, empoderada porque de repente se encontraba ante la oportunidad de hablar mano a mano con quien se lo negaba. “La única información que tenemos, que es la de propia página oficial del Ministerio, no dice esas palabras que usted acaba de esgrimir porque tiene una cámara enfrente. El proyecto dice otra cosa: habla de un cincuenta por ciento de la cursada destinada a trabajo en empresas, por ejemplo.”
Eso fue en la primavera de 2017, un año después de una de sus cruzadas más recordadas en el Carlos Pellegrini: el repudio a un preceptor con denuncias de maltrato. Y un semestre antes de su plataforma pública definitiva: la exposición en el Congreso de la Nación previo al tratamiento de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en la Cámara de Diputados. Desde entonces, Ofelia comenzó a expandir su militancia más allá del colegio, con un largo peregrinaje por el país, protagonizando concurridas charlas y colaborando en construir coordinadoras de estudiantes. Terminó el año como la oradora más joven de la “contracumbre” contra el G20 que Clacso organizó en Ferro con Cristina Fernández y Dilma Rousseff como presencias principales.
Ofelia empezaba a consolidarse como vocera de una serie de demandas generacionales compartidas que encontraban potencia en su figura audaz y desafiante, intensa pero con sustancia. Pero al mismo tiempo la exposición empezaba a generar un efecto refractario: “De repente te ven y escuchan más, eso al principio te sacude, temés que te bardeen o cosas así”, explica ahora. En ese terreno de movimientos y observaciones, tensiones y atracciones, mientras la discusión por el aborto tomaba la vanguardia en las luchas de género y simultáneamente empezaba a palpitarse un 2019 electoral, apareció en el camino de Ofelia la consolidación del espacio Patria Grande y la invitación a participar en él.
“Venía militando en una agrupación, pero más en un proceso de alejamiento. Y de repente aparece ese ofrecimiento que implicaba un cambio: poner a jugar esa exposición y ese lugar de referencia en un plano muy hostil y con muchas tensiones como es el electoral. Una definición que puede acercarte a mucha gente pero también alejarte de otra. Pensé que esta oportunidad no suele estar al alcance de una piba de 19 años, y que me apareció no por ser muy genial sino gracias a un contexto y a ciertas condiciones que se produjeron. Así que lo tomé como el desafío para marcar un precedente: que ser candidato se vuelva una aspiración posible para alguien como yo. Me refiero a las pibas y a los jóvenes, pero también a otro sectores.”
Ofelia se siente entusiasmada por esta aventura inédita para alguien de su edad. Reconoce entre risas que la fama de la Legislatura “no es la óptima”, aunque argumenta con seriedad: “Por empezar, no es la misma que la de la escuela”. Y a pesar del sacudón de la inmediatez, vislumbra un proceso en el que le gustaría trasladar y darle voz a su marco de reivindicaciones, que es “el de los movimientos educativos”.
La nueva agenda obligó a Ofelia a reordenar algunos esquemas internos, como la universidad: decidió “sacrificar” un intento en Sociología a través del sexto año que el Pellegrini concede como alternativa al CBC para ingresar a Derecho a través de UBA XXI. “Fue influencia indirecta de algunas personas. Pero no es que me vinieran a chamuyar, eh”, aclara Ofelia. Y destaca, por ejemplo, a la abogada y militante Eli Gómez Alcorta. “Empecé a flashear con ella y a leer cosas que jamás pensaría leer, como todo su alegato en el juicio contra Milagro Sala. Estoy hablando de experiencias concretas de gente que estudio Derecho y lo ejerce desde el bien, ja. Una de las cosas que me exijo en mi formación política es el Derecho, y creo que la facultad es el camino. Porque la, formación sociológica creo que la puedo autogestionar: a Max Weber lo leo en mi casa por diversión, pero no creo que me pase lo mismo con el Código Penal.”
Otro de sus hábitos de momento postergados es la actuación: estudió diez años teatro y hasta participó de Los miembros de la familia, película que está por proyectarse en el cine Gaumont. “Cada tanto me llaman de algún cásting y voy para mantener viva esa parte”, comenta. De todos modos, Fernández reconoce que la política tiene su propia impronta teatral, lo cual “no significa que sea ficcional”, aclara. “Es una manera de pensar comunicacionalmente cómo decir esas cosas. Lo hacía en el Pelle y mis compañeros me descansaban. Pero había que ir a 75 divisiones a decir lo mismo que después ibas a repetir en una asamblea. Y el teatro me dio la posibilidad de expresarlo con emoción. Porque por más que recontra sientas la importancia de lo que estás diciendo, había que interpelar a los que te estaban escuchando. Sobre todo en el colegio, donde la gente está como medio en la suya y es más cómodo quedarte en tu casa que ir a una movilización de treinta cuadras. No solo los representás, sino que también los impulsás.
Entre reuniones, entrevistas, rosca y campaña, Ofelia activa Spotify y escucha Billie Eilish (“Tiene 17 años, la pegó por fuera de la industria y es tremenda data”, define), Travis Scott, Anderson Paak o Tyler, The Creator, además de otros artistas de hip hop y trap. “Soy medio cipaya con mis gustos”, dice, aunque al mismo tiempo reivindica exponentes de la escena argenta como Marilina Bertoldi (“Están todos con la teoría de que el rock se murió porque no se pueden fumar que la única persona que está haciendo rock es una mina”), Louta, Wos (“Otra manera ser chabón en la música”), Sara Hebe, Juan Ingaramo o Ángela Torres. “Siento que me estoy olvidando de alguno… y son todos medio amigos, porque somos de la misma generación y sintonizamos con varias cosas.”
También recuerda que al principio no se bancaba a Duki y su movida. Hasta que, de repente, le agarró un trauma: “Esa cosa snob de que si pega no me gusta. Porque ir al Pelle tiene eso, ¡aunque en el Nacional mucho más!”, bromea. “Pero después, cuando llegás a los 70, te das cuenta de que fuiste el ortiva que bardeaba a un movimiento musical de la historia argentina porque se quería sentir cool. Voy a decir algo polémico, pero en cada época hubo artistas cuestionados y Piazzolla fue uno de ellos. Decían que su tango fusión era una falta de respeto, que no se cuánto, y ahora nadie se animaría a despreciarlo. Alabamos al Flaco Spinetta porque, claro, en ese momento había otro refinamiento artístico. Pero esta megaglobalización, con tanta data, marca otras cosas que a lo mejor entenderemos con el tiempo.”
En Instagram, Ofelia tiene 230 mil seguidores, más que el actual jefe de Gobierno de la ciudad en la que ella será legisladora desde diciembre. Y en Twitter otros 121 mil. Sabe que la socialmedia amplifica y por eso suma al juego su poder de expresión y oratoria. Pero también sabe que, al mismo tiempo, lija y horada. Así se lo hicieron saber difundidas fake news sobre una aparente incapacidad etaria para ser legisladora (cuando en verdad supera por un año el mínimo), o la reciente que compara su futuro sueldo con el de una cadeta de la Armada (aunque en la imagen aparezca una de la Marina). Allí acusan a Ofelia de cobrar el doble de lo que en verdad le pagarían, y además de no haber terminado el secundario, cosa que hizo.
“Trato de no enroscarme con esas cosas porque los acuerdos no se consiguen con likes”, supera Ofelia. “En ese sentido, fíjense cómo la iglesia evangélica termina siendo mucho más disciplinada. Mientras nosotros estamos en Twitter viendo quién es más progre, ellos todos los días hablan con la gente, convenciéndolos de que la salida al caos es poner el diezmo y alinearte con una iglesia que metió a Bolsonaro en Brasil y alienta a otros candidatos en la región. Hay peligros que, si no los vemos a tiempo, vamos a terminar todos escribiendo en Ttwitter: ‘¿cómo carajo pasó esto?’. Bueno, che, hay que ir y dar esas discusiones donde deben darse: en la práctica militante. Si no, nos va a caber a todos.”

Frío invernal: Un cisne negro amenaza al gobierno
Por Carlos A Villalba*, Resumen Latinoamericano, 7 de julio de 2019.-
El frío cayó con todo sobre Buenos Aires, congeló las madrugadas de las ciudades que la rodean y del grueso del territorio argentino; los termómetros marcaron cero grados y apuñalaron hasta con menos cuatro de sensación térmica. La situación dio visibilidad a miles de nenas y nenes, mujeres  y hombres que duermen en la calle, las imágenes se convirtieron en  la amenaza de uno de esos “cisnes negros” de la realidad que, a veces, se cruzan con los relatos, los destrozan, alteran la opiniones y se llevan puestos a funcionarios y hasta a gobiernos, sobre todo en tiempos de elección y campañas sucias.
Un muerto por hipotermia, el quinto en once días, Sergio Zacaríaz, en San Telmo, el barrio más turístico del país, a solo 400 metros de la Casa de Gobierno; 7251 personas en situación de calle según el censo más serio realizado hasta el momento, buscan refugio, muchas más que las solo 1.146 que reconocen las autoridades porteñas.
Un club abre su estadio para que se cobijen quienes quieran y se convierte en “el más grande albergue de indigentes de América Latina” según la televisión europea; otro club, otro, otro, otro más, en la ciudad, en las afueras, en las provincias. Unidades básicas que permanecen abiertas a la noche por si alguien que está en la calle necesita el techo modesto de esos locales, una sopa, un mate. Casi 20 años después otra vez las “Noches de Caridad” de las 50 parroquias porteñas no dan abasto con las mismas rondas con las que fueron al encuentro de las personas más golpeadas por la crisis del  año 2001.
Imágenes, historias, penurias, que estallaron en el centro de un escenario que los estrategas del intento de reelección del presidente Mauricio Macri intentaban mantener lejos de la realidad y enfocado en el “dólar ballotage” quieto y por debajo de los $45; iluminados por las luces de acuerdos fantasma con la Unión Europea, con Estados Unidos…, que no se firmaron y que, de concretarse, destruirían las posibilidades de desarrollo nacional por décadas, y gracia a denuncias surgidas de los tribunales federales que, contra lo que manda la Constitución Nacional, hacen política partidaria al compás de los intereses del Ejecutivo.
Sin embargo, el tablero de comando oficialista se llenó de luces rojas. Quienes diseñan las campañas saben que, a poco más de un mes de las internas simultáneas, cualquier elemento que salga del libreto armado puede expulsar a franjas de los electorados y cambiar los resultados en una u otra dirección. En el caso del equipo de la alianza Cambiemos el objetivo hasta el 11 de agosto próximo es impedir que aumente la brecha de entre cuatro y cinco puntos que, según sus datos, los separa del Frente de Todos de Alberto Fernández y Cristina Kirchner.
El frío, como problema humano, como tragedia cotidiana, de gente de carne y hueso instalada hasta como foto principal de las tapas de los diarios que editan las informaciones “en favor” del Gobierno, relatada por los móviles de todos los canales y, lo peor, comentada en millones de hogares en los que, todavía, se alcanza a pagar la luz, la garrafa o el gas con medidor de los barrios, y a comer un caldo de algo y un plato de fideos, puede constituir un impacto de características nucleares.
Los equipos subterráneos que comanda el jefe de Gabinete, Marcos Peña, empezaron el jueves pasado a medir esos efectos, con la intención de preparar respuestas que permitan “controlar  daños”. Aunque el primer corte de esas lecturas recién estarán en sus manos después del largo feriado por el Día de la Independencia, el alerta ya se potenció, a raíz de la “imagen residual” negativa que generaron el “apagón histórico” del pasado 16 de junio, que dejó sin luz a 50 millones de personas durante seis horas y a la mitad de esa población a lo largo de otras seis.
Y el corte que quitó la luz y el agua durante cuatro días a la capital de la provincia que maneja María Eugenia Vidal. Frío + mega-apagones conforman un combo muy alejado de la imagen de “estabilidad”, “cambio” y “mejorías” que tratarán de presentar los candidatos macristas en la disputa que ya está en marcha contra una “pesada herencia” que, temen, empiece a lucir como algo mejor que al presente.
Es el miedo a ese cisne negro que puede destruir cualquier plan, un acontecimiento no planificado y dañino; el mismo, pero en sentido contrario, que esperan lograr con denuncias judiciales en las próximas semanas, aunque en base a un tema mucho menos sensible para un electorado que fue corriendo sus preocupaciones y hoy pena por “la economía”, en base a la inflación (56% de junio a junio, de acuerdo a datos oficiales), las deudas personales (del 25 al 47% de la población según ingresos) y temor al desempleo (10,1% oficial en base a datos de 2018) y sus consecuencias de precarización laboral, que afecta a millones de familias. Esas “preocupaciones de los argentinos” hoy registran mayor impacto que “la corrupción” o los “subsidios innecesarios”.
No es la estufa, es el modelo
Además de miles de personas ateridas, lo que la primera ola de frío del año dejó a la intemperie es la situación que se vive en la Argentina, le puso cuerpo y dolor a los números del propio instituto de estadísticas gubernamentales que, en base a mediciones del segundo semestre de 2018, seguramente mejores que las del año en curso reconoció un 6,7% de personas que viven en la indigencia. Según ese cálculo hay 1.865.867 de mujeres y hombres de todas las edades que no cuentan ni con les recursos mínimos para sobrevivir; si se transporta el cálculo al total nacional se choca contra un millón de familias en esa situación, aproximadamente 3 millones de residentes.
Es el resultado de las políticas de tres años y medio de gobierno, que destruyeron el aparato productivo, dejaron a centenares de miles de personas sin  trabajo y hasta sin changas y aceleraron el deterioro de los sectores más vulnerables. Es lo que explica que comedores y merenderos populares se multiplicasen como nunca antes en el país; las escuelas, las capillas de los barrios humildes, las casas solidarias del vecindario hoy asisten con alimentación.
Muchos de quienes alquilaban piezas o casas modestas con los recursos que les daba el trabajo debieron buscar alternativas habitacionales; quienes no las consiguieron… quedaron en situación de calle. Una explicación que el vice jefe de Gobierno de la capital latinoamericana con mayor PBI per cápita, Diego Santilli, intentó ocultar detrás de la supuesta “situación siquiátrica” o las “adicciones” de las víctimas de las decisiones de los responsables nacionales de su gobierno.
El “negacionismo” de miles de personas en situación de calle decidido por el jefe de Gobierno, Rodríguez Larreta, no solo trata de ocultar la situación, intenta además “cubrir” las consecuencias de las decisiones de Mauricio Macri, que se ven incluso en pleno centro de su ciudad de metrobuses, bolsitas para deposiciones caninas, asfaltos repetidos sobre sí mismos una y otra vez y peatonales para turistas extranjeros que sacan  fotos a los miles de carteles de “En venta” o “Se alquila” colgados de los escaparates de negocios que quebraron en los últimos 36 meses.
El censo de lo oculto
Desde el 10 de diciembre de 2007 y hasta el mismo día de 2015, cuando se instaló en la Presidencia, Mauricio Macri gobernó la capital argentina. A partir de aquel año, se recortaron los programas de vivienda transitoria y los recursos, también achicados, se destinaron exclusivamente a  la “asistencia”, los paradores colapsaron, no respetan las dinámicas familiares, las mujeres deben separarse de los hombres,  lo que obliga a las parejas y las familias a dividirse y a hijas e hijos a alejarse de sus padres.
Un grupo de organizaciones sociales de la Ciudad realizó a fines de abril el Segundo Censo Popular de Personas en Situación de Calle, que no solo dio cuenta de las 7251 personas en esa condición, sino que mostró que en los dos últimos años esa población creció más del 64% y que el 52% de los registrados duerme en la calle por primera vez.
Detrás de los números hay personas y junto a los porcentajes están las pruebas del deterioro: la razón de más peso por la que están en la calle es “haberse quedado sin trabajo”y más de la mitad llegó a esa situación durante el corriente año.Cada una de las pantallas con los que la Asociación Civil “bitácora” reseñó la situación de calle en la Ciudad de Buenos Aires constituye un nuevo  fotograma de la película filmada por el gobierno que hizo más daño en menor tiempo en la Argentina postdictorial.
* Periodista y Psicólogo argentino. Investigador asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico, miembro de La Usina del Pensamiento Nacional y Popular. Las fotos de situación de calle son del autor.
Mientras la población sufre apagones, el Estado perdona deuda millonaria a Edenor y Edesur
Por Celeste Vazquez*, Resumen Latinoamericano, 7 de julio de 2019.-
El monto corresponde a una serie de multas por un total de $35 mil millones, que las concesionarias debían pagarle a los usuarios por fallas en el servicio. Gracias a la “ayudita” del Estado, las empresas podrán invertir $7 mil millones (del total) en futuras obras en un lapso de 5 años, en vez de devolver el dinero.En el mes de mayo el Gobierno nacional definió el traspaso del control y la regulación de la distribución eléctrica, a cargo de Edenor y Edesur de la jurisdicción federal a las de la Ciudad y provincia de Buenos Aires. En ese momento, desde La Izquierda Diario, denunciamos que dicho pacto incluía la bochornosa condonación de una suma de $ 7 mil millones que las empresas debían pagarle a sus clientes por fallas en el servicio.
Al Estado no se le ocurrió mejor idea que establecer que ese monto, en vez de volver a la población que cada vez paga tarifas más caras por un servicio peor, sea “invertido” en obras y mantenimiento. Y lo hizo para cumplir con una de las exigencias del FMI de reducir el déficit, para lo cual eliminó el gasto en tarifa social que corría a cargo de Nación.
Esta maniobra del Estado beneficia claramente a dos de las privatizadas que más han ganado en los últimos tiempos de la mano de los tarifazos, y perjudica a la inmensa mayoría de la población que tiene que sufrir pésimos servicios, tarifas cada vez más impagables y que ahora ni siquiera tendrá el derecho a exigir que las empresas los compensen por los daños sufridos.
Si bien la condonación de la millonaria deuda fue decretada hace más de un mes y medio, en la mañana de este martes tuvo un alto impacto mediático por dos razones: en primer lugar, porque se conoció la noticia de que tanto el secretario de Energía, Gustavo Lopetegui, como el secretario de Recursos Renovables y Mercado Eléctrico, Juan Antonio Garade, fueron denunciados penalmente por el diputado nacional Rodolfo Tailhade; y en segundo lugar, porque el país entero viene de sufrir un apagón histórico al que luego se sumó uno en La Plata que duró una semana en algunas zonas y que causaron innumerables.
Una desigualdad que tiene responsablesDe un lado, ganancias millonarias para los “dueños de la energía” como Marcelo Mindlin (Pampa Energía/Transener/Edenor) y Nicolas Caputo (Edesur / Central Puerto); del otro, servicios públicos inaccesibles y deficientes para las amplias mayorías que quedan así expuestas a enfermedades y muertes, como el caso de Valentino, de apenas 5 años, a quien Edesur le cortó la luz porque su mamá no pudo pagar una factura de $60.000.
Y en el medio un Estado que no duda en elegir de qué lado estar. En un sistema, como el capitalismo, en el que los servicios esenciales no constituyen un derecho, sino un negocio millonario sólo para unos pocos.
La población tiene que destinar una parte cada vez mayor de sus ingresos al pago de los servicios, se estima que con los gastos de transporte, el gasto total en servicios representa un 30 % del ingreso de los hogares. Según un informe de Economía Política para la Argentina (EPPA), en junio de este año, los gastos en pago de los servicios de energía representan un 18,3 % del salario mínimo.
Hace unos días, Horacio Verbitsky en El Cohete a la Luna reveló la existencia de otra «ayudita» del Gobierno nacional a Edenor y Edesur: un acuerdo, con fecha 10 de mayo de ese año, en el que el Estado “reconoce una deuda con ambas empresas de entre 40 y 100.000 millones de pesos por el congelamiento de tarifas durante el gobierno anterior”.
Un lector desprevenido podría preguntarse: ¿durante el kirchnerismo, estas y otras privatizadas perdieron plata como para que el Estado las tenga que recompensar ahora?
Claro que no. Prueba de ello es que entre los años 2004 y 2015 el Estado desembolsó 162 mil millones de dólares en subsidios, que como demuestra el apagón no fueron destinados a mantener y mejorar el servicio. Las gestiones kirchneristas además mantuvieron intacto el esquema privatizador.
A los servicios públicos, el Estado y los capitalistas lo convirtieron en un negocio. Y sus consecuencias las padece la población con tarifazos y apagones. Por esa razón, sin cuestionar las privatizaciones no hay salida de fondo.
Solo una medida de fondo, como la nacionalización y reestatización sin pago de las empresas privatizadas bajo control, administración y gestión de trabajadores y control de los usuarios populares puede revertir la situación actual de millones de familias acechadas por la pobreza energética. ¿Por qué? Porque es una medida pensada desde una lógica totalmente opuesta a la de los capitalistas cuyo único objetivo es obtener ganancias.
Esa es la propuesta de la izquierda, invertir las prioridades porque primero tienen que estar las necesidades de la población, no cumplir con los compromisos del FMI. Hay que anular los tarifazos y nacionalizar todo el sistema energético bajo administración obrera y popular.
*Fuente: La Izquierda Diario. http://www.laizquierdadiario.com/Mientras-la-poblacion-sufre-apagones-el-Estado-les-perdona-7-000-millones-a-Edenor-y-Edesur
Envio:RL

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