21 de agosto de 2019

OPINION.

Movimiento, no corridas
Por Luciano Salerni*, Resumen Latinoamericano, 19 agosto 2019
El problema, nuestro problema, es que estamos pensando como clase pero la economía, es decir, la distribución, lo que gano y lo que pierdo. O sea, estamos confundiendo clase con un sector y así auto-condicionamos la dimensión política del problema. Lo que hay que discutir como clase, a esta altura, es el poder. Esa es hoy la condición o la variable independiente del resto de la ecuación social. Porque si tomamos una posición de poder y damos un paso adelante, entonces si estaremos construyendo un escenario favorable para que el plan económico que pretendemos, nuestro plan económico, sea viable. Al revés, nunca sucedió. Pero aun así, le seguimos pidiendo a este gobierno que se revea y que ejecute lo que nosotros queremos o necesitamos. O sea, una ilusión.
Está claro también que el problema para los demás, es otro. No hay un mismo problema para todos. No somos dos perros tironeando del mismo hueso. Soberanía es, en todo caso, tener el poder para hacer lo que se quiere hacer. Esa es una maniobra de fuerza donde lo resultados no se miden en un beneficio directo inmediato sino en la capacidad de generar -y condicionar así- un escenario, el nuestro, donde los demás tengan que venir a ver como solucionan su problema.
Esta claro que la política en sí, como actividad específica de representantes, no puede resolver esta encrucijada. Cuando mucho, especula sobre lo posible, sobre lo más o lo menos que le puede sacar como resultado a esta circunstancia. Es entendible inclusive. Pero fijémonos que en esa lógica hay algo que queda librado al azar, a las buenas de no se quién o a las buenas de las mismas manos invisibles del mismo mercado. Dice: especular sobre lo posible en “estas circunstancias”… Pues bien -otra vez-, lo que debe ser alterado son las circunstancias dentro de las cuales se debate lo que se debate y se decide lo que se decide. Es como discutir el precio de las cosas -alto o bajo- pero sin resolver las condiciones que determinan que sea así acotado el rango de lo posible, dentro del cual puede variar ese precio. Para esas ocasiones, sí; para discutir el precio razonable de cada cosa, sí; ahí se ponen altisonantes y justicieros como si se tratase la cuestión de fondo cuando en verdad solo se está dirimiendo algo más o algo menos dentro de una escala que ya está, claramente, determinada.
En favor entonces de que podamos verdaderamente decidir y no solo administrar o gestionar lo posible, hay que dar un paso al frente. Eso es una determinación.
La cuestión no es si este gobierno se va antes o después. Antes o después de qué, valdría preguntarnos y volvemos a empezar por los párrafos precedentes: el problema de todos, no es el mismo. Lo central entonces, no es ahora o en octubre sino que ocurra en el momento justo. Ese momento, que no es tiempo que se mide con el reloj o con el calendario, ese cuándo, es cuando el escenario sea favorable y por lo tanto, o generamos el escenario que queremos o lo genera otro e inevitablemente asistiremos como espectadores o como acompañantes a otra cancha.
Si es en octubre o antes de octubre, solo debe depender de la posición que tome el pueblo trabajador, el movimiento social, los trabajadores como argamasa de todo lo demás y no como sujetos que, como hasta ahora, los representantes y aspirantes a representantes reconocen como un sector más que debe ser incluido en el debate con todos. Vamos al debate, claro. Pero al que queremos dar y no a dar la mejor respuesta posible ante preguntas que no resuelven lo medular. “Eso rasca, y rasca bien, pero rasca donde no pica”, dijo Galeano que decía el jefe Seattle.
Tomar una posición no es solo para denunciar los arrolladores cuatro años pasados ni para protestar por este presente que agudiza aun más esa misma tendencia. Esa es una realidad consumada y como tal determina y sigue así determinando el margen de maniobra para el futuro. Aunque seguramente nuestro párrafos hablen de las miserias, las pobrezas de todo tipo y las imposibilidades de vida que han promovido directamente los funcionarios que gobiernan desde 2015, tomar posición tiene un valor de cara al porvenir.
Tomar una posición es, de alguna manera, construir ese escenario o al menos condicionarlo y ponerle límites para que no llegue a ser como no queremos que sea. Si no, si llegamos a una situación de naufragio –sea en octubre o antes de octubre-, cualquier salvavidas aparece como mejor que nada. Y así pasa a ser justificable, como ya se dijo en estos meses de campaña, que no se mejore la distribución del ingreso o, peor aun, que deben flexibilizarse algunas de las condiciones laborales.
Esta escalera hacia la agudización, esta construcción de una situación de no retorno en la que se queman todas las naves y nadie puede volver a casa, es el plan que ha venido desplegando el régimen, paso a paso, medida tras medida, no ya desde 2015 sino justamente desde antes y para que no aconteciera aquel 2015 como lo necesitábamos. Desde 2008-2011, lograron dividirnos para erradicar, en 2015, la polvareda popular que ganaba espacios en la bandera nacional. Y después sí, bien almidonada la bandera, pedirle al resto de los “sectores” del pueblo que acompañen pues es lo que más le convendría. ¿Y sin pueblo? ¿Y sin nosotros, que sería del presente de ellos? ¿Quién necesita más a quién? ¿Y qué necesitan ellos de nosotros y nosotros de ellos? ¿Que volvamos a poner la fuerza para acompañar primero y después que hagamos el esfuerzo de aguantar porque la crisis es de tal grado o más grave aun como vemos que va siendo?
No se trata de tener confianza o desconfianza. Eso es especular. Pero especular sobre la ilusión de que suceda lo que esperamos, es más grave aun y por lo tanto somos más débiles también. Además, ya confiamos. Una y otra vez depositamos nuestra confianza. Cómo nos fue, podría ser la pregunta que rápidamente se nos dispara. Pero no. La más importante para afrontar este presente, es qué aprendimos. ¿Qué aprendimos, compañeros?
Para despojarnos de confianzas y desconfianzas, se trata de visualizar lo que nos importa y no menos: el ejercicio del carácter social de la justicia y del carácter soberano de la política.
Soberano es el pueblo. Sí, cuando logra serlo. Si no, es una definición formal de diccionario que no aplica sobre la realidad concreta. Contrastemos domingo contra lunes y tendremos una medida de nuestra soberanía.
El pueblo es soberano si quiere serlo. Es decir, si quiere ser pueblo y no un conjunto de población colindante. El carácter de pueblo es una condición que se conquista también y que se hace en la lucha por ser soberanos. Recordemos que así fue. Recordemos que fuimos pueblo en lucha antes que Nación y República, y en esa pelea nació la bandera.
Además, antes que cualquier metáfora alegórica de cualquier tipo de acto que apele a la sensibilidad popular, pueblo somos, primero, los que vivimos de nuestro trabajo y después, todos los que comprenden las injusticias que padecemos y se abrazan a la causa. Al revés, acontece de modo esporádico ante circunstancias que, al cambiar, nos dejan nuevamente a la intemperie de una naturaleza económica que nunca manejamos.
Recordemos también, más acá, que la oposición político-parlamentaria nació en circunstancias particulares y determinadas por el pueblo trabajador movilizado y luchando en la calle contra todo lo anterior y la reforma previsional puntualmente. Todo lo anterior, como el terrible Pacto Fiscal, había sido convalidado en el ámbito político parlamentario, fracturado por intereses partidarios particulares y no justamente populares.
Fue entonces sobre esas condiciones que germinó la actual unidad nacional electoral basada en los argumentos, en los despidos, en los recortes y en las marchas y reclamos que durante los tres años anteriores tuvieron como artífices solo a los trabajadores movilizados por la propia, en las regiones donde vivimos y donde ganamos el salario. No había ni actos ni comisiones temáticas de trabajo. Había asambleas, rondas y decisiones.
El domingo expresamos una voluntad, no queremos al actual gobierno y queremos otro gobierno con otro plan de gobierno. El régimen nos contestó con corridas y saqueos (financieros). No debemos responder -ni mucho menos en el mismo plano- porque no se trata de una reacción. No tenemos tampoco que demostrar ni visibilizar nada a nadie, como si hubiera un jurado superior legitimante o evaluador de nuestras acciones. Para que lo que venimos reclamando sea realmente posible y realizable, tenemos que adelantar organizadamente el paso, señalar y demarcar ahora ese próximo escenario. Tenemos que hacerlo por nosotros, pueblo trabajador.
14-08-2019
*periódico El megáfono, Rio Cuarto, Córdoba
Envio:RL

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