Resumen Latinoamericano/ 2 de septiembre 2019
La caída de la economía macrista
Y finalmente la bomba le explotó a Macri
Por Claudio Scaletta
El estallido fue en el gobierno de Cambiemos. No le quedó una sola bandera en pie. La secuencia fue terrible: megadeuda, megadevaluación, inicio de default y control cambiario.
En esta línea resulta paradigmática una nota aparecida el pasado domingo en el diario de negocios londinense Financial Times, que asumió el gasto de enviar dos periodistas a Buenos Aires. El artículo reproduce la especie urbi et orbi y seguramente retroalimentará la línea que seguirán los fracasados (no económicamente, claro) consultores locales. Según la interpretación histórica que se intenta construir, la culpa fue primero del gradualismo y luego, de que se llamó al FMI “demasiado tarde”. Por supuesto, el pánico post PASO no fue debido al agotamiento del modelo, sino al temible regreso del populismo. Dicho mal y pronto, “consumen de la propia”.
El gradualismo fue un invento de marketing para justificar el absurdo endeudamiento en divisas. Durante su devenir nunca se frenó el recorte del gasto y la destrucción de las funciones del Estado. El FMI llegó antes que el más pesimista de los pronósticos. Pero la síntesis refritada para los consumidores globales es bastante elocuente, el problema no fue el dogmatismo ortodoxo, sino su presunta baja dosis. El problema tampoco fue que el plan del FMI no sirvió siquiera para estabilizar la macroeconomía, sino que se lo aplicó demasiado tarde. Y finalmente, el problema no fue que se agotó el modelo de los endeudadores seriales, sino que regresarán los que siempre pagaron las deudas. Los argumentos de los escribas del poder financiero parecen broma, pero están escritos en serio.
La realidad es que no hacía falta una inteligencia sobresaliente ni conocimientos especiales para advertir que, desde el primer día, la segunda Alianza que marcó el regreso de casi todos quienes integraron la primera y provocaron el colapso de 2001-2002, comenzó a avanzar en la dirección contraria a la que necesitaba la economía local en diciembre de 2015. Frente al problema principal del déficit para generar las divisas necesarias para continuar con el proceso de inclusión social se recurrió a la toma desenfrenada de deuda. Pero no sólo eso, al mismo tiempo se eliminaron todas las regulaciones a los movimientos de capitales y, como si no fuese suficiente, también se eliminó la obligatoriedad de liquidar divisas. Dicho de otra manera, mientras se dejaba que la nueva deuda se recicle en fuga, se aumentaba la demanda futura de divisas al mismo tiempo que se reducía voluntariamente la oferta futura. El rumbo era hacia una colisión inevitable. Se sabía que el choque se produciría más temprano que tarde, pero sin una bola de cristal era imposible adelantar la fecha exacta. El colapso, hoy se sabe, comenzó a manifestarse en abril de 2018, con el cierre de los mercados externos. Ya con el FMI adentro y la profundización del ajuste, la pregunta más honesta que cualquiera podía hacerse era “¿estalla antes o después del 10 de diciembre?”. Sin importar el lado desde el que se mirara ¿le estalla a ellos o nos estalla a nosotros?
Le estalló a Cambiemos y en la caída no le quedó una sola bandera en pie. La secuencia fue terrible: megadeuda, megadevaluación, inicio de default y control cambiario. Todo esto en tiempo récord y tras haber recibido una economía desendeudada. Para graficar la experiencia macrista el lector puede imaginar que le dan a administrar una empresa saneada y en marcha y que la devuelve superendeudada, con patrimonio neto negativo, en concurso de acreedores, con la mitad de las máquinas paradas y con menos trabajadores.
Carece de sentido ensañarse en la secuencia de medidas producidas tras la asunción de Hernán Lacunza en Hacienda. Puede decirse que el gobierno corrió detrás de los acontecimientos, que recién actuó después del drenaje de más de 12 mil millones de dólares de reservas tras las PASO, y con las acciones y bonos soberanos derrumbados y sin piso, pero la realidad es que al oficialismo no le quedaban más alternativas. Tanto el “reperfilamiento” como los controles cambiarios fueron medidas inevitables para eludir un colapso mayor de consecuencias impredecibles, ya que sobre el fin de la semana pasada hasta se había puesto en marcha una corrida bancaria.
Quizá esta vez la sociedad argentina finalmente aprenda que cuidar los dólares escasosdebe ser siempre un objetivo de la política económica. Quizá la actual recaída neoliberalsea la última. Pero conviene no ilusionarse. Lo mejor es ponerse nuevamente a trabajar contra las interpretaciones falsas. Hasta hace muy poco los ideólogos del actual fracaso afirmaban que estábamos frente al “tercer intento de modernización de la economía argentina” luego de la dictadura y los ’90. No es casual que todo haya terminado igual. Apenas resta esperar que la tercera sea la vencida.
Crisis económica: Guido Sandleris admitió que habrá más inflación y más pobreza
El titular del BCRA dio una conferencia de prensa tras el cierre de una jornada marcada por los anuncios por el cepo cambiario.

El titular del BCRA, en una rueda de prensa que comenzó pasadas las 17, señaló: «Desde las PASO el riesgo país prácticamente se triplicó y la suba del tipo de cambio desde entonces es del 30%».
En esa línea, aseguró: «La volatilidad generará un aumento de inflación en agosto y septiembre. Sabemos que eso implica más pobreza».
Otra de las novedades de la fecha fue la postergación del proyecto de ley de «reperfilamiento». Cambiemos tratará de negociar con espacios de la oposición para buscar el consenso necesario que busca el presidente Mauricio Macri.
A través de su cuenta de Twitter, el presidente provisional de el Senado, Federico Pinedo, aseguró que «el Gobierno decidió buscar consensos políticos antes de enviar el proyecto de deuda al Senado, por lo que se suspenderá la presencia del ministro para generar el diálogo correspondiente».
Cepo al dólar: largas colas e incertidumbre, así amanecieron los bancos
Los clientes de las entidades bancarias se agolpan en las puertas luego de las medidas del Gobierno.

Si bien las entidades abrieron sus puertas a las 10 como es habitual, desde las horas previas se conformaron importantes filas a la espera del inicio de las actividades, en medio de un clima enrarecido por las últimas medidas del Gobierno.
Las amplias colas, que llegaron a extenderse por 150 metros en algunos sitios, fueron retratadas en redes sociales por distintos usuarios y periodistas y se espera un gran movimiento durante la jornada, que tendrá atención extendida hasta las 17.
Mientras tanto el dólar blue volvía a instalarse en el país y se vendía alrededor de los $70 en la city porteña, los bancos no habían tocado los números de cotización, tal como lo hicieron de inmediato tras el resultado de las PASO. Sin embargo se prevé que continúe la caída de depósitos en dólares debido a la fluctuación constante del sistema financiero.
Ganadores en la era Macri: bancos, energéticas y Grupo Clarín
Es la contracara de un plan de ajuste que genera despidos y mayor pobreza.

La banca siempre gana
En los 3 años y medio de macrismo el sistema financiero tuvo más del doble de ganancias que durante los 12 años de kirchnerismo. Los datos surgen del Informe sobre Bancos que elabora el Banco Central. De enero de 2016 a junio de 2019, el sistema financiero acumula ganancias por 424.534 millones de pesos; de 2003 a 2015 ese número da 197.489 millones de pesos, menos de la mitad. Excepto 2003 y 2004, que el sistema financiero reportó pérdidas, todos los años hay números positivos de utilidades para los bancos. La diferencia es el proceso de valorización financiera exacerbado que instauraron Macri y los funcionarios de área económica.
Más de la mitad de las ganancias del sistema financiero provienen de 7 bancos privados. El Destape revisó los balances de los bancos, en los cuáles informan sus resultados. Entre 2016 y junio de 2019, cuando cerró el último balance, el Banco Macro ganó 46.709 millones de pesos; el Banco Galicia 44.709 millones, el Santander Río 33.626 millones; el BBVA Banco Francés 30.348; el Patagonia 18.707 millones; el ICBC 16.599 millones; y el HSBC 13.729.
La aceleración del proceso de acumulación de los bancos es notable. La comparación del primer semestre de 2019 con el mismo período de 2018 muestra lo siguiente. El sistema financiero ganó un 81% en la comparación de esos períodos. Pero en el caso de los bancos privados la diferencia es mucho mayor. El Macri tuvo un crecimiento en sus ganancias del 115%, el Galicia del 356%, el Santander Río del 199%, el BBVA Banco Francés del 243%, el Banco Patagonia del 229%, el ICBC del 314% y el HSBC del 258%. La explicación es sencilla: la tasa de interés que pagaron las Leliq, las letras con las que el Banco Central reemplazó el stock de Lebac pero que fueron un negocio exclusivo para los bancos. El esquema es claro: los bancos tuvieron ganancias extraordinarias a expensas de las arcas públicas.
Dolarizadas
Las empresas de energía están en el pelotón de la máxima beneficiarias de la era Macri. El caso que despunta es el de Central Puerto, donde tiene acciones el amigo del alma presidencial Nicolás Caputo. CEPU, sigla bajo la que cotizan sus acciones, pasó de una ganancia de 1.768 millones en 2016 a 6.262 en 2017 y finalmente 17.185 en 2018. O sea, multiplicó sus ganancias por 10 en los primeros 3 años de Macri.
Otros casos: Transener, la empresa que casi monopoliza el transporte de energía eléctrica, pasó de ganar 125 millones en 2016 a 4.923 en 2016 y 5.401 en 2018 y en el primer semestre de 2019 ya acumuló 3.210 millones. Es decir que en 2018 ganó 43 veces más que en 2016, y en el primer semestre de 2019 ya obtuvo 25 veces más que en todo 2016. Otra de las empresas del grupo, Edenor, pasó de reportar pérdidas por 656 millones. TGS, la transportadora de gas del grupo, también multiplicó sus ganancias: pasó de 2.966 millones en 2017 a 11.416 en 2019 y 9.017 en lo que va de 2019.
Edesur, por suparte, pasó de 4.579 millones de ganancias en 2016 a 15.162 en 2017 y una drástica reducción en 2018, donde informó apenas 3.087 millones. En lo que va de 2019 parece que se recuperó, con ganancias por 8.586 millones.
Las petroleras subsidiadas
Cambiemos garantizó ganancias para las compañías que extraen combustibles, principalmente en Vaca Muerta. El Ejecutivo dolarizó el precio de gas en boca de pozo, lo que desencadenó disparadas en los precios de las naftas, además de presionar a las boletas de energía eléctrica, a las que les dieron otra razón para los continuos tarifazos.
Las petroleras desinvirtieron, al punto de reducir la producción, pero pese a eso consiguieron revertir sus resultados negativos y convertirlos en ganancias extraordinarias. La 51% estatal YPF había sufrido una pérdida de $ 24.246 millones en 2016, pero por la mejora sustancial en sus ingresos recibió utilidades por $ 16.073 millones al año siguiente y al otro lo multiplicó a $ 43.780 millones. Además, en el primer semestre de 2019 consiguió $ 17.799 millones. Incluyendo el rojo, en estos tres años y medio de macrismo acumuló un resultado positivo de $ 53.406 millones.
Tecpetrol, la gacífera del Grupo Techint, había registrado – $ 88 millones de pérdidas en el primer año de Cambiemos. En 2017 profundizó ese rojo a – $517 millones. Sin embargo, gracias a los subsidios que le entregó Macri por su actividad en el mayor reservorio de gas no convencional de Latinoamérica, amasó ganancias por $ 5.500 millones en 2018. Esto se incrementó a $ 9.090 millones en los primeros seis meses de este año. Pese a que tuvo más períodos de rojo que de verde, la empresa de Paolo Rocca sumó $ 13.985 millones desde Macri.
Ganó el blindaje
Otro de los que no sufrió la crisis, más bien todo lo contrario, fue el Grupo Clarín. Hoy el holding comandado por Héctor Magnetto tiene dos portaaviones: el Grupo Clarín, que agrupa la parte editorial, y Cablevisión Holding, que controla la fusionada Cablevisión-Telecom junto al servicio de internet y de telefonía celular.
En 2016, reportaron ganancias por 8.286 millones de pesos, cifra similar a la que obtuvieron en 2017. En 2018 tuvieron ganancias por 5.536 millones, año en que se materializó la fusión Cablevisión-Telecom. En 2019 ya remontaron, y en el primer semestre tuvieron ganancias por 6.333 millones de pesos.
Agencias/ Destape/ Página12
Envio:RL

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