6 de noviembre de 2019

ESPECIAL CHILE.

Cruz Roja contabilizó 2.168 atenciones por heridas de perdigón, cortes y contusiones a nivel nacional
Resumen Latinoamericano* / 5 de noviembre de 2019
Este martes, Resumen conversó con representantes de la Cruz Roja Chile quienes detallaron el número de atenciones de salud que han realizado en distintas ciudades del país.
Las atenciones han sido hechas en las regiones: Metropolitana, de Valparaíso, de Antofagasta, de O’Higgins, del Biobío y La Araucanía.


Atendiendo personas heridas en Santiago. Foto: Diego Araya
Al ser consultados por los principales tipos de heridas que han registrado, señalaron que han atendido principalmente heridas de perdigón, cortes y contusiones a un total de 2.168 personas desde el inicio de las revueltas hasta este martes.



La Cruz Roja puntualizó que no han registrado ni atendido ninguna persona herida a bala ni tampoco alguno de sus funcionarios o funcionarias han resultado heridas.


Voluntarios de la Cruz Roja en Santiago de Chile. Foto: Diego Araya
Personas heridas en la región del Biobío.
Con respecto al número de personas heridas atendidas en la región del Biobío, la institución cifró en 157 personas.


Según informó Radio Biobío en la mañana de este martes, 4 personas fueron atendidas en el Hospital Guillermo Grant Benavente de Concepción por heridas de perdigones disparados por efectivos de Fuerzas Especiales de Carabineros en la protesta de ayer lunes.


Durante la tarde de ayer lunes, Resumen constató 3 personas heridas en torno a la Plaza Tribunales, y lo informó de inmediato a través de twitter.
Resumen*
Las jornadas de octubre: reforma o revolución
Ignacio Vila / Resumen Latinoamericano / 5 de noviembre de 2019
La incapacidad de concebir una revolución en el siglo XXI, en un país como Chile, revela lo obsoleto del sistema de ideas reinantes. Para la derecha, regida por el respeto al orden, la paz social y la represión como instrumento, el movimiento social es desorden puro, espectro que obsesiona a la burguesía. Para la “izquierda” institucional el movimiento social es concebido como efecto, no como causa: la “crisis del modelo” (es decir, el no haber cambiado la Constitución) dio origen a la revuelta. La llamada izquierda tradicional pretende igualmente considerar el movimiento de octubre como una simple resultante: el motor está en otra parte, en las reivindicaciones económicas y sociales, particulares y heterogéneas del movimiento social. Incluso si se recubre esta diversidad con plataformas o programas de “izquierda”, no se quiere reconocer en el movimiento actual la aproximación más o menos rápida de una revolución: “Pero, por transformación de las condiciones materiales de vida, este socialismo no entiende, en modo alguno, la abolición de las relaciones de producción burguesas -lo que no es posible más que por la vía revolucionaria-, sino únicamente reformas administrativas…” (Marx y Engels – Manifiesto del partido comunista).

Espectro, mito, quimera: el que identifica realidad y sociedad burguesa no puede concebir la revolución. Las jornadas de octubre expresan clara y abiertamente la rebelión contra las relaciones burguesas de producción. El pensamiento institucional contempla lo que pasa asombrado, estupefacto, y mientras toda la sociedad se tambalea lo único de lo que no se habla, lo que se silencia, es de la posibilidad de una revolución.

El papel de estos señores es deslumbrante. Constantemente tratan de separar lo social de lo político, la lucha reivindicativa de su inevitable significación política. Al tratar de imponer el fin de la movilización en nombre de un cambio de Constitución, bloquea la agitación social mediante el juego parlamentario. Quien deja todos los poderes concentrados en manos del Estado se somete a un chantaje eterno: salvar al Estado burgués es salvar el Orden, reforzar al Estado es reforzar al que detenta el poder. Haciendo de la calle, de las empresas, de las escuelas y universidades los lugares de la vida política, el movimiento nacido en Octubre lleva de frente a la politización que conduce no a un cambio constitucional, sino a la transformación de la naturaleza misma del poder y, por consiguiente, a una revolución.

La violencia que aparece bruscamente, la institucionalidad dominante la considera “anormal”, y la explica a través de una sociedad “normal”, una sociedad ahora un poco agrietada, que algunas reformas harán desaparecer. Sin embargo, basta con reunir todas las reivindicaciones que están en la calle para descubrir el soplo que solo una revolución puede satisfacer.

De lo dicho se desprende que hay dos maneras de definir la situación actual. La primera es descriptiva, se basa en las voces y discursos de los diferentes partidos, en comparar los ingresos y reivindicaciones de las diferentes clases. La segunda es estratégica, busca su orientación no en lo que es la sociedad apaciguada, sino en las descargas que producen crisis y revoluciones, define las clases a partir de sus conflictos decisivos, la estadística de las clases sociales encuentra su clave en la lucha de clases.

Lo que está en la encrucijada de la historia de nuestro país son dos concepciones enfrentadas: por un lado, el pensamiento gradualista y reformista, por otro, el pensamiento revolucionario. La burguesía y los reformistas llaman a la pacificación del país y a condenar la violencia. Su concepción del pueblo es el de “perro que ladra no muerde”. Llaman al pueblo a moverse dentro de los marcos de la democracia burguesa y a que los sectores populares no vayan más allá de lo que los capitalistas le permiten. Advierten que si pasan del ladrido al mordisco entonces ahí está el ejército, las fuerzas especiales de carabineros y la PDI, dispuestas, como lo han demostrado estos días, a matar, mutilar, apalear y violar.

Si hay algo que la burguesía así como el pensamiento gradualista jamás le perdonarán a Marx es el haber escrito, en El Capital, que: “La violencia es la partera de toda sociedad vieja que lleva en sus entrañas otra nueva”. El oprimido, el trabajador, el poblador, condenado por décadas a ser un animal de carga se humaniza con la violencia, es en el proceso de la lucha que los oprimidos se producen a sí mismo. La clase existe en la medida en que lucha. Este es el punto central del pensamiento revolucionario, hoy revitalizado por el levantamiento popular en Chile, levantamiento que está siendo demoledor para las visiones reformistas. Las clases sociales como sujetos activos solo existen en la medida en que luchan. Por el contrario, podemos conocer inmediatamente al pensamiento gradualista cuando plantea la famosa letanía cobarde y arrastrada de que “no existen condiciones”.

Este es el verdadero problema. Solo en la rebelión está la posibilidad de emancipación y esta concepción es toda una corriente histórica que cruza los dos últimos siglos. La burguesía (y el reformismo) no quieren ver esta realidad, de ahí su doble moral. Para la clase dominante “Lo que es, lo ve como en un sueño. Lo que ya no es, se vuelve para ella realidad” como escribió el poeta alemán Goethe.
Podríamos parafrasear a Franz Fanon, otro personaje que jamás perdonarán los capitalistas, diciendo que la burguesía solo cede con el cuchillo en la garganta. Frase brutal, pero profundamente justa y claramente revolucionaria utilizada por Fanon en el marco de la insurrección argelina contra el colonialismo francés: “Cuando en 1956, -escribe Fanon en su obra “Los condenados de la tierra”- después de la capitulación de Guy Mollet frente a los colonos de Argelia, el Frente de Liberación Nacional, en un célebre folleto, advertía que el colonialismo no cede, sino con el cuchillo al cuello, ningún argelino consideró realmente que esos términos eran demasiado violentos. El folleto no hacía, sino expresar lo que todos los argelinos resentían en lo más profundo de sí mismos: el colonialismo no es una máquina de pensar, no es un cuerpo dotado de razón. Es la violencia en estado de naturaleza y no puede inclinarse, sino ante una violencia mayor.”

La revolucionaria alemana Rosa Luxemburgo, asesinada por la socialdemocracia, escribió al respecto: “La reforma legislativa y la revolución no son métodos diferentes de desarrollo histórico que puedan elegirse a voluntad del escaparate de la historia, así como uno opta por salchichas frías o calientes. La reforma legislativa y la revolución son diferentes factores del desarrollo de la sociedad de clases. Se condicionan y complementan mutuamente y a la vez se excluyen recíprocamente, como los polos Norte y Sur, como la burguesía y el proletariado.

Es por ello que quienes se pronuncian a favor del método de la reforma legislativa en lugar de la conquista del poder político y la revolución social en oposición a estas, en realidad no optan por una vía más tranquila, calma y lenta hacia el mismo objetivo, sino por un objetivo diferente. En lugar de tomar partido por la instauración de una nueva sociedad, lo hacen por la modificación superficial de la vieja sociedad. Su programa no es ya la realización del socialismo, sino la reforma del capitalismo; no es la supresión del trabajo asalariado, sino la reducción de la explotación, es decir, la supresión de los abusos del capitalismo en lugar de la supresión del propio capitalismo.”

La mistificación es obvia. Sabemos que el Estado imperante no es la “sociedad”. Es el representante de la sociedad capitalista. Es un Estado clasista. Las llamadas reformas sociales solo pueden ir en beneficio del capital.

Los que hoy desde todos los bandos institucionales se lanzan furiosos contra la violencia, lo único que hacen es ponerse del lado de los opresores y condenar lo que ha sido siempre el pivote y la fuerza motriz de la historia de la humanidad. Desde la primera aparición de las sociedades de clases, con la lucha de clases como contenido esencial de su historia, la conquista del poder político ha sido siempre el objetivo de las clases en ascenso. Este es el punto de partida y el final de todo período histórico.

No existe una crisis política en Chile porque se enfrentan opiniones o divergen concepciones del mundo, sino porque la violencia popular ha trastornado los equilibrios establecidos, las verdades admitidas y pone totalmente en tela de juicio al sistema capitalista.

Hoy, con más fuerza que nunca, debemos poner en el centro la actualidad de la revolución.
Liceo 7 de Santiago: Carabineros dispara perdigones y deja a dos alumnas heridas
Resumen Latinoamericano / 5 de noviembre de 2019
La vocera de la Coordinadora Nacional de Estudiantes Secundarios (CONES), Valentina Miranda, culpó de esta situación a dos psicópatas seriales muy reputados: al alcalde sostenedor, Felipe Alessandri, y a la directora de la institución, Denise Berenguela.
Momentos de violencia sufrieron la tarde de este martes las alumnas del Liceo Teresa Prats de Sarratea, de Santiago Centro, cuando Carabineros ingresó al establecimiento y disparó gases lacrimógenos y perdigones para reprimir una manifestación pacífica que se realizaba adentro.
La denuncia rápidamente se hizo pública a través de la vocera de la Coordinadora Nacional de Estudiantes Secundarios (CONES), Valentina Miranda, quien detalló lo ocurrido durante el ataque.
La dirigente dijo que las alumnas del Liceo 7 terminaban de realizar una asamblea en la que por votación optaron por la toma de local. Con esto, un grupo de estudiantes se acercaron a la oficina de la directora, Denise Berenguela, para solicitarle abandonar el establecimiento.
Fue entonces cuando Bereguela, la autoridad sociópata, procedió a llamar a Carabineros, huyó del local y entregó a la comunidad académica y escolar en manos de la policía militar.
Miranda hizo una comparación con los otros liceos de la región que han sufrido represión a lo largo del año y responsabilizó de esto al alcalde sostenedor, Felipe Alessandri.
“No vamos a dejar que ocurra como en el Instituto Nacional, en el INBA o en el Borgoño. Estamos en una constante lucha y el culpable es el señor Felipe Alessandri, que ha tenido esta dinámica de represión contra los estudiantes secundarios. Así también condenamos el actuar de la directora, que hoy día dejó solas a las alumnas, encerradas con profesores y auxiliares”, dijo la vocera de CONES.
La alumna del Liceo 7, Tania Parraguez, también se pronunció sobre lo ocurrido y criticó el accionar policial, que ha dejado a dos estudiantes con disparos de hasta 20 perdigones en las piernas.


🛑URGENTE
liceo 7 de STGO. mientras alumnas estaban en paro el día de hoy. FFEE hace ingreso violento armados, disparando y dejan heridas a dos niñas con perdigones.

La directora y Alcalde son responsables por las alumnas heridas!
Hasta cuando AleSSandri con represión!








Marcos Roitman: “Piñera ha traspasado la Constitución de Pinochet, otorgando poderes para reprimir”
Mario Casasús / Resumen Latinoamericano / 5 de noviembre de 2019
Ciudad de México.- En entrevista con Clarín, Marcos Roitman (1955), sociólogo y columnista de La Jornada, analiza las protestas en Chile: “Que estalle la crisis en el segundo gobierno de Piñera es circunstancial. Pero la corrupción, la desigualdad social, las reformas de las pensiones, los escándalos financieros, la aplicación de la Ley Antiterrorista al pueblo mapuche, la venta del país a las transnacionales, la privatización de la educación y los déficit sociales en materia de vivienda, sanidad se han dado en las administraciones de la Concertación y la Nueva Mayoría. Incluso cuando hablamos de justicia reparadora a quienes padecieron los tormentos de la dictadura o directamente fueron asesinados, detenidos desaparecidos, los políticos de la Concertación fueron timoratos. Gracias a su Ley de Amnistía, los torturadores y cómplices civiles de la dictadura han quedado impunes, incluso algunos de ellos están en la cámara de diputados, en el senado, son alcaldes o tienen cargos públicos. Asimismo, apoyaron la liberación del genocida en Londres”.
El periodista Julio Scherer escribió: “Desde 1973 Joan Garcés ha trabajado como ninguno para documentar el genocidio de Chile. En los cuatro compartimentos de su oficina sólo hay sillas, escritorios, libros, legajos, expedientes, teléfonos. Me recibe junto al sociólogo Marcos Roitman, dos secretarias y un auxiliar” (Pinochet. Vivir matando, 2000). Este párrafo reconoce el papel de Roitman durante el juicio contra el genocida en Londres, el intelectual chileno era la persona de mayor confianza de Joan Garcés en 1998. En septiembre de 1973, Roitman estudiaba en la Universidad Técnica del Estado, fue detenido y torturado en el Estadio Chile. En la actualidad es catedrático de la Universidad Complutense de Madrid y coordina la colección Inter Pares de la Editorial Akal, también continúa acompañando a Joan Garcés en varios viajes por Latinoamérica y en el juicio por la indemnización del Clarín. Incluso no descarta regresar a Chile: “Ir para compartir con la ciudadanía sus demandas de dignidad, justicia social y las luchas democráticas por abrir las grandes alamedas. Tarea aún pendiente”.    
MC.- Marcos, la prensa internacional exagera en la cobertura de las manifestaciones venezolanas, pero parece haber un cerco mediático ante las protestas en Chile, ¿cuál es tu análisis de la prensa española?
MR.- Vivimos un mundo en guerra, donde la batalla consiste de romper las resistencias mentales. Así el enemigo a vencer no es un país, una ideología, que también, sino la capacidad de cuestionar el orden que se le presenta. Sumisión, control y obediencia para aprobar invasiones, magnicidios o golpes de Estados.  De esta manera se filtran las noticias, se redactan los comunicados y se presentan los conflictos. Cuando afectan a los aliados como Chile, se minimizan, miente o se crean noticias para distraer la atención invisibilizando aquellas que no responden a los objetivos de seguridad hemisférica. Ahora cuando se trata de una potencia o país enemigo, se le desacredita continuamente y sin piedad. Esto sucede con Venezuela. En particular los medios de comunicación de masas en  España se han mostrado fieles a los intereses de Estados Unidos para América Latina y bajo este parámetro, todo aquello que redunda en sus intentos por desacreditar al gobierno es bienvenido. Por el contrario el gobierno neoliberal de Sebastián Piñera es su amigo, hay que protegerlo, darle aires y  apoyarlo. Así, las protestas se diluyen en noticias de segundo orden, desparece de las páginas centrales y deja de ser un suceso a comentar. Se entrevistan a dirigentes y se presentan columnas de opinión que hagan análisis benevolentes, salven el modelo neoliberal y pongan a Chile como un ejemplo de país exitoso. Es decir se descontextualizan, hasta hacerlas irrelevantes. Este 1 de noviembre, por ejemplo, no había en las páginas de internacional de la mayoría de la prensa escrita, nada destacado sobre Chile.
MC.- El abogado Joan Garcés y tú fueron observadores electorales en Venezuela, ¿te interesaría regresar a Chile para recopilar testimonios de las violaciones a los derechos humanos?
MR.- Es cierto, fui invitado por el Consejo Electoral, junto a Joan Garcés y representantes de los partidos políticos del arco parlamentario español para acompañar algunos de los procesos electorales. Pero en el caso de Chile, no creo que el gobierno tenga intenciones de construir comisiones de verificación sobre violaciones de derechos humanos, torturas o detenciones ilegales cometidas por las fuerzas armadas y carabineros. Incluso han traspasado la propia constitución pinochetista vigente, otorgando poderes para reprimir que no están contenidos en su articulado. Así lo hace ver la carta abierta redactada por  los Premios Nobel Alternativos cuya lista la encabeza, justamente, Joan Garcés. Otra cosa es ir para compartir con la ciudadanía sus demandas de dignidad, justicia social y las luchas democráticas por abrir las grandes alamedas. Tarea aún pendiente.
MC.- ¿Qué te parece la renuncia del Ministro del Interior?, ¿soluciona una parte del problema?
MR.- El ministro de interior, primo del presidente, estaba muy cuestionado desde antes de las protestas, para Piñera ha sido una oportunidad para destituirlo, dando la impresión de haber tomado el toro por los cuernos, pero ha sido una medida cara a la galería. El problema es de fondo. El sistema neoliberal imperante en Chile desde 1974, tras las políticas de shock que llevaron a la implantación del neoliberalismo militarizado.
MC.- ¿Por qué debe renunciar Sebastián Piñera?
MR.- En cuanto a la renuncia de Piñera, tampoco es relevante, si ello no supone un proceso constituyente. Piñera es prescindible si el objetivo es salvar el modelo imperante. En eso hay un acuerdo estratégico. Podrán dejar caer al soldado Piñera y buscarán recambios en personajes relevantes que han estado inmersos en los pactos y defendido las reformas neoliberales. En este sentido, el recambio podría venir del Partido Socialista, la Democracia Cristiana, o el PPD, incluso de Renovación Nacional o la UDI. No hay grandes diferencias. Pueden incluso llegar a un acuerdo nacional para dar continuidad al neoliberalismo, remozando su fachada. Piñera es prescindible.
MC.- ¿Cuándo habrá una nueva Constitución política en Chile?
MR.- Eso está por ver. Esperemos que pronto. Pero tampoco es una panacea. Recordemos que Bachelet inició un proceso espurio que acabó en nada. Otra cosa es presentar un proyecto democrático, donde su articulado responda a las necesidades de las grandes mayorías sociales, se reconozca la autonomía y soberanía territorial del pueblo mapuche, se protejan las riquezas básicas, sistemas de pensiones públicas, una educación pública de calidad y gratuita, una sanidad universal, un sistema de impuestos progresivos, derechos sociales, políticos, culturales, el matrimonio homosexual, o el control a las fuerzas armadas, una Carta Magna capaz de romper la lógica del neoliberalismo y proponer otro pacto social. Una constitución nueva no es garantía de constitución democrática y progresista. Se puede lavar la cara, y eso ya lo hizo Ricardo Lagos, quitando la firma de Pinochet y señalando que era una nueva constitución.
MC.- ¿Cuál es la responsabilidad de la Concertación/Nueva Mayoría en esta crisis?
MR.- Diría, toda. Sus presidentes Patricio Aylwin, Frei Ruiz Tagle, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, han conducido, desarrollado y bendecido la propuesta económica del pinochetismo. Que estalle la crisis en el segundo gobierno de Piñera es circunstancial. Pero la corrupción, la desigualdad social, las reformas de las pensiones, los escándalos financieros, la aplicación de la Ley Antiterrorista al pueblo mapuche, la venta del país a las transnacionales, la privatización de la educación y los déficit sociales en materia de vivienda, sanidad se han dado en las administraciones de la Concertación y la Nueva Mayoría. Incluso cuando hablamos de justicia reparadora a quienes padecieron los tormentos de la dictadura o directamente fueron asesinados, detenidos desaparecidos, los políticos de la Concertación fueron timoratos. Gracias a su Ley de Amnistía, los torturadores y cómplices civiles de la dictadura han quedado impunes, incluso algunos de ellos están en la cámara de diputados, en el senado, son alcaldes o tienen cargos públicos. Asimismo, apoyaron la liberación del genocida en Londres. Qué más podemos decir. Todos sus presidentes han estado salpicados por escándalos. Y qué decir del escándalo del periódico El Clarín, donde se unieron todos, desde la derecha pinochetista hasta los socialistas, para seguir manteniendo el duopolio de la prensa, negando así la libertad de información y prensa en Chile.
MC.- En su momento hablamos de la decepcionante campaña electoral de Camila Vallejo respaldando a Bachelet, ¿ves un nuevo oportunismo del Partido Comunista?
MR.- Creo que a Camila Vallejo le van a perseguir siempre sus palabras en la entrevista al periódico español El País en 2012: “Jamás estaría dispuesta hacer campaña por Bachelet”. Quién puede olvidar su afirmación en medio de la crisis de la Concertación y bajo unas fuertes protestas populares de 2011, donde cobró protagonismo como dirigente estudiantil, de las Juventudes Comunistas y del partido. Ella debe ser consciente y sobre todo saber que luego, cuando sin rubor, hizo campaña junto a Bachelet, le pasaría factura. Si algo debe caracterizar a un dirigente comunista es su consecuencia, allí se juega su dignidad política. Ese fue el sentido de la decepción, su pérdida de dignidad política. Tal vez, debió renunciar a ser candidata a diputada, predicar con el ejemplo. En su partido los tenía, Recabarren sin ir más lejos, o los cientos de militantes que fueron detenidos, torturados y asesinados por la dictadura. A partir de ese momento, lo que diga no tiene valor que el oportunismo político. Lo cual no supone negar su capacidad política. En cuanto al oportunismo del Partido Comunista, creo que tiene una lucha interna donde se juegan posiciones que buscan mantener la trayectoria que les mantuvo al lado y formando parte de las luchas democráticas en Chile, y quienes buscan hacer travestismo político, que se llamen comunistas es otra cosa, que lo sean también.
MC.- ¿Todavía tiene credibilidad Bachelet al enviar observadores de la ONU a Chile?
MR.- Creo que como representante de ONU es su deber, otra cosa diferente es el sentido de los informes que se redacten. Habrá que esperar. Pero la credibilidad de Bachelet es nula, no por el informe sobre Venezuela, sino por su quehacer político como Ministra de Defensa primero y presidenta posteriormente. ¿Acaso olvidamos la aplicación de la Ley Antiterrorista a la nación Mapuche? La carta abierta dirigida a los 108 días de huelga de hambre por los presos políticos mapuche. Desde José Saramago, Noam Chomsky, Luis Sepúlveda se levantaron para acusarla del exterminio que precedía sus políticas. Y qué decir de sus escándalos como presidenta que afectaban a su familia. En fin, su credibilidad desapareció cuando llamó “tío” al golpista de la fuerza aérea Matthei, quien fue responsable de las torturas de su padre que supusieron su muerte, en un acto público y lo abrazó. Sin comentarios.
MC.- Finalmente, escribiste el “Breve manual actualizado del golpe de Estado”, ¿es viable que los milicos repitan un golpe para “garantizar” el orden y apaciguar la guerra contra los “alienígenas” chilenos?
MR.- Creo que las fuerzas armadas ya no tienen la misión de ejercer el poder formalmente. Vivimos un proyecto de liberalismo militarizado, donde el papel que cumplen los militares está más allá convertirse en los protagonistas de un golpe de Estado, al menos en Chile. Tienen autonomía y responden a un proyecto de seguridad hemisférica de los Estados Unidos. Su dimensión política es garantizar el sistema de poder real y no los gobiernos temporales. En eso, como sucedió en 1973, no actuarán por su cuenta. Estados Unidos decide. Mientras no peligre su modelo de capitalismo neoliberal y su papel subordinado dentro del TIAR, las fuerzas armadas chilenas han agotado su credibilidad tras 1973. No están en condiciones de patrocinar un golpe de Estado y sus aliados de la plutocracia tienen otras armas para revertir procesos. Un golpe de Estado al viejo estilo, se antoja extemporáneo. Hoy, la fronda aristocrática chilena tiene más recursos que las bayonetas.
Franck Gaudichaud: “Estamos en una fase ‘destituyente’ contra el neoliberalismo”
Jean Baptiste Thomas y Julien Anchaing / Resumen Latinoamericano / 5 de noviembre de 2019
Especialista de la historia del Chile contemporáneo, presidente de la asociación France Amerique Latine  y miembro del comité de redacción de Contretemps, Franck Gaudichaud es politólogo y enseña la historia de América Latina en la Universidad Toulouse Jean Jaurès, Francia (1). Repasa aquí las hipótesis y el desarrollo de la actual movilización que agita Chile desde hace más de 15 días.
Según los economistas y analistas “mainstream”, Chile era un auténtico islote de estabilidad y prosperidad en América Latina. A la vista de la actual movilización, ¿cómo se explica semejante explosión generalizada de ira? 
Podemos decir que, en efecto, las clases dominantes chilenas realmente vendieron la imagen de un “Chile paradisiaco”, modelo de crecimiento económico y modelo indiscutible de América Latina. El presidente Sebastián Piñera hablaba incluso de un país «oasis de estabilidad» en el concierto latinoamericano. Menos de una semana después de esas declaraciones asistimos al inicio de una movilización sin precedentes y el presidente declaró en la televisión que: “el país está en guerra”. En realidad, tras el escaparate del Chile “moderno” y neoliberal se esconden desigualdades sociales de las más importantes del mundo y especialmente de la región. La violencia del capitalismo, tal como se aplicó desde 1973 con la dictadura y después de 1975 con el “giro neoliberal” de los Chicago Boys, se prolongó a partir de los años 90 bajo los diversos gobiernos civiles democráticos. Así, el modelo de capitalismo neoliberal, calificado a veces de “avanzado”, es un modelo extremo. Existe una privatización generalizada en todos los terrenos y ámbitos sociales (educación, salud, jubilaciones, transportes, etc.). Y aunque la pobreza se redujo a la mitad desde los años 90, las desigualdades sociales continuaron y se acrecientan. Lo que supone que, en la actualidad, la economía del país está dominada por siete grandes familias de la burguesía chilena cuando la mitad de los trabajadores ganan menos de 480 euros mensuales (mientras el precio de un viaje en metro en Santiago es de un euro). La “democracia de los consensos” y de los acuerdos pactados que nació en 1990, tras la dictadura y negociando con los militares, legitimó ese “modelo”. Las élites civiles de los partidos de la Concertación y -por supuesto- la derecha, aceptaron incluso conservar (con algunas reformas) la Constitución ilegítima elaborada en 1980, en plena dictadura.
Uno de los rasgos distintivos del proceso chileno actual es sin duda la entrada en movimiento de un mundo laboral que la dictadura quiso romper y del que los gobiernos posteriores a 1989 pretendieron perpetuar la fragmentación. ¿Asistimos a una auténtica renovación del movimiento obrero? 
La explosión social actual está vinculada a una acumulación de experiencias colectivas anteriores, como grandes movilizaciones de trabajadores a partir de 2006-2007, y también de los centros de enseñanza y de los estudiantes (a partir de 1997). Recordemos la “revolución estudiantil” de 2011. Después tenemos también la multiplicación de las luchas eco-territoriales en torno de lo que se denomina en Chile las “zonas de sacrificios”, zonas de extractivismo masivo y graves destrozos ecológicos y ambientales. Finalmente, podemos citar las importantes movilizaciones en torno al sistema de pensiones, completamente privatizado y en manos de fondos de pensiones (capitalización que por cierto puso en marcha durante la dictadura el hermano del actual presidente…), con el movimiento “No + AFP”. Entre la clase trabajadora, los sectores sindicales más combativos son los de puertos, mineros y una parte de la distribución, además de otros sectores de trabajadores como el de los profesores y del sector de la salud.Y siempre está muy presente la incansable lucha del pueblo Mapuche, que vive la militarización desde hace décadas, desde hace siglos en realidad…
Uno de los rasgos distintivos del movimiento actual no ha sido la centralidad del movimiento obrero tradicional organizado. Al contrario, lo que emerge rápidamente en primer lugar son las luchas de la juventud, la juventud precarizada, los estudiantes, los alumnos de secundaria que comienzan a saltar los torniquetes del metro de Santiago y llaman a toda la colectividad a no pagar y “eludir” masivamente.
Con la represión y la militarización del espacio público, con la proclamación del estado de emergencia y del toque de queda, asistimos a la ampliación de los espacios sociales movilizados, que rechazan la represión y a la ampliación de las reivindicaciones en términos de críticas mas globales al neoliberalismo. Es entonces cuando empiezan a entrar en escena algunos sectores del movimiento obrero y los trabajadores, y en particular los del sindicalismo estratégico y más politizado. Hay que destacar en particular en el papel clave que han desempeñado los estibadores de la «Unión Portuaria», que desde el lunes 21 de octubre llaman a la huelga mientras la Central Única de los Trabajadores (CUT), por su parte, apareció como paralizada. Se trata de una central sindical ampliamente burocratizada en su dirección, en manos de los partidos que han gobernado a lo largo de los tres últimos decenios, el Partido Socialista, la Democracia Cristiana y también ahora el Partido Comunista. No obstante, el movimiento obrero se ha puesto en marcha y la CUT también reaccionó, pero demasiado tarde y con frenos de una parte de los dirigentes y organizaciones. Es interesante observar el papel de los portuarios y de los mineros, especialmente los de la gran mina «la Escondida», que también han llamado a la movilización y a la huelga. La aparición de una iniciativa unitaria más amplia, la mesa de «Unidad Social», en la cual se encuentran la CUT, el movimiento «No+AFP» contra los fondos de pensiones, así como la Coordinación 8 de Marzo, feminista, los sectores de la ecología política y varias decenas de organizaciones sociales y sindicales, fue un paso adelante notable, bajo la presión de las movilizaciones. Se trata pues de un espacio mucho más amplio que el sindicalismo por sí solo, aunque en los llamamientos a la huelga nacional han desempeñado un papel importante para cambiar el equilibrio de poder y hacer retroceder al Ejecutivo, en particular con respecto al estado de emergencia.
Sin embargo, el movimiento sindical chileno sigue siendo débil y fragmentado como resultado de la gran derrota y el aplastamiento por parte de la dictadura de Pinochet entre 1973 y 1989. Pero también es el resultado de los gobiernos civiles de la Concertación (1990-2010 especialmente), que no hicieron nada para cambiar esta situación, muy al contrario, hicieron todo lo posible para mantener una actividad sindical directamente aliada de los gobiernos y canalizada (aunque no siempre lo lograron). Actualmente, pues, el desafío es la reconstrucción de colectivos sindicales combativos que puedan desplazar el peso de algunas de las direcciones más tradicionales. Vemos que en esta fase la organización de «la Unidad Social» es mucho más amplia que la CUT sola. Se trata de un espacio de organización y tensiones que ha permitido comenzar a dar una orientación y una dirección posibles a las movilizaciones, pero con el riesgo de la tentación de querer capitalizarlos por parte de algunos y dirigirlos “desde arriba”, lo que conduciría entonces a canalizar esta extraordinaria fuerza del movimiento hacia una salida institucional-parcial y de nuevo dentro de los “consensos” y pactos sociales a la chilena…
En las manifestaciones y las huelgas, uno de los eslóganes más repetidos sigue siendo «¡Fuera Piñera!». Sin embargo la izquierda radical, el Partido Comunista Chileno y el Frente Amplio –que tienen, como dices, un peso importante en el movimiento sindical y el movimiento social- han optado por renunciar a esta reivindicación en favor de un «impeachment» de Piñera o de algunos de sus antiguos ministros o en favor de un referéndum, ¿Cómo se explica semejante opción política? 
Hay una fuerte reivindicación entre las personas movilizadas en torno a la salida de Piñera, «¡Fuera Piñera!», reivindicación en mi opinión totalmente legítima cuando estamos hablando de 20 personas muertas, cientos de heridos (entre ellos algunos muy graves), miles de detenidos, decenas de abusos sexuales y torturas en las comisarías, desaparecidos, etc. Las reformas sociales parciales anunciadas por el Gobierno no son en absoluto aceptadas por la calle porque consisten, una vez más, en que el Estado subsidia el salario mínimo, el sistema de pensiones privatizado y finalmente el sector privado… Por lo tanto, no plantea ningún retroceso del modelo de Estado subsidiario neoliberal. Tampoco el cambio de gabinete es considerado como medida de cambio real. Por otra parte, la reacción de la oposición política parlamentaria ha sido más que tímida, por no decir desastrosa. Algunos incluso han llamado a la represión, como es el caso del antiguo ministro socialista y exdirigente de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza. Por parte del PC sí hubo una reacción. Con su experiencia política de larga trayectoria, los comunistas comprendieron rápidamente la trampa que representaba negociar con Piñera, por lo que llamaron a boicotear esas reuniones de negociación, mientras tanto había estado de emergencia, y con razón. En cuanto al Frente Amplio, vemos hasta qué punto está atravesado de tendencias contradictorias y la fragilidad de su proyecto, en esta etapa, porque existe todo un sector importante, llamado “Revolución Democrática”, que quería ir a la Moneda ¡Mientras estaba el estado de emergencia, el toque de queda y la represión en la calle! Finalmente, en un primer tiempo, el Frente Amplio tampoco fue a negociar y llamó a denunciar esas maniobras. Pero se ve las dificultades del Frente Amplio para posicionarse en semejante coyuntura de movilizaciones excepcionales, cuando creo este debería ser un momento fundamental para la izquierda, para presionar, para alimentar la movilización, dar dirección hacia unas primeras rupturas con el modelo capitalista neoliberal y las herencias de la dictadura, para llamar inmediatamente a una Asamblea Constituyente, apoyando a la vez el llamado a la dimisión del Gobierno. Y ahí el Frente Amplio ha sido confuso, con sectores muy marcados por las lógicas parlamentarias de “negociación en las alturas”, a contrapié con lo que está pasando en el país, aunque es de notar que el sector de izquierda del FA, Convergencia Social, ha sido más claro en ese sentido y también movilizado desde el principio.
Existen, pues, llamados al «impeachment» contra Piñera (con pocas posibilidades de prosperar a nivel del Senado). Algunos piensan también que sería posible negociar acuerdos mínimos con el nuevo Gabinete y el fin de la represión. También organismos de derechos humanos y abogados han comenzado una querella en contra de Piñera y del ahora exministro del interior (Chadwick) por responsabilidad política en crímenes, tortura y asesinatos. Pero lo que está creciendo dentro del movimiento, en términos de lo que se podría denominar “reivindicación transitoria” unitaria, es ante todo el llamado a una Asamblea Constituyente Libre Soberana y Popular constituida “desde abajo”, que sea representativa y proporcional, realmente democrática (a diferencia de todas las constituciones chilenas, no solamente la de Pinochet), que permita poner así todo sobre la mesa y que sea aprobada por referéndum en una óptica de “refundación” del modelo social y político chileno. Las izquierdas de izquierda, anticapitalistas, deberían tener un papel que desempeñar en ese sentido. Evidentemente, no se trata de que el Parlamento reabsorba y canalice las movilizaciones a través de una nueva reforma constitucional (como ya el PS y sectores de la derecha lo están proponiendo). Sino, por el contrario, de hacer que crezcan la autoorganización y la politización en un proceso en el que la Asamblea Constituyente y Popular no sería más que uno de los elementos de un proceso abierto de democratización que forzosamente tendría que ir cuestionando y a contrapelo de los privilegios exorbitantes de la burguesía chilena, una de la más voraz de América del Sur.
Los elementos de autoorganización que se ven aparecer en los centros de trabajo y a un nivel territorial, en Concepción por ejemplo, con la Asamblea provincial, o en Antofagasta con el “Comité de Emergencia”, dan un aire “años 70” a la movilización actual. ¿El imaginario de los Comandos comunales o de los Cordones industriales, el ala activa del proceso revolucionario 1970-1973, sigue presente en Chile?
En cuanto a fuerzas e iniciativas de autoorganización han sido muy potentes en este movimiento, en el sentido de que es un movimiento “espontáneo” que se propagó por las redes sociales, por Facebook, de forma horizontal y fuera de los canales tradicionales instituidos (sindicales, sociales o políticos). Vemos, una vez más, que existe una gran experiencia acumulada procedente de los movimientos anteriores, de los conflictos laborales de 2006-2007, de los de los estudiantes de 2011, de experiencia como la ACES ( Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios) o de los movimientos feministas y sindicales, con organización de múltiples “cabildos” y asambleas territoriales y populares. O también en estos con la “toma feminista” de plaza Italia en el centro de la capital. Son experiencias democráticas, participativas, de “poder popular” en acción. Esta es en realidad una de las fuerzas “disruptiva” de este movimiento y es todavía difícil medir la amplitud de esas asambleas en el plano nacional, pues aparecen de Norte a Sur. Todavía son dispersas y muy desiguales según los territorios, mientras los niveles de represión estatal continúan siendo escandalosos. De alguna manera permanece la memoria colectiva del “poder popular” y de los cordones industriales de los años 1970-1973, aunque no siempre directamente. Estamos, por supuesto, muy lejos de los niveles de politización y movilización de los años 70 que caracterizaron a la clase obrera chilena con la experiencia de la Unidad Popular, una clase obrera que incluso comenzó a sobrepasar los límites de la “vía chilena al socialismo” que propuso Salvador Allende a su pueblo.
En la actualidad, nos hallamos más bien en una fase “destituyente” frente al neoliberalismo y al Gobierno de Piñera, pero también potencialmente “instituyente” en el sentido en que se vuelve a hablar en Chile, a una escala masiva, de una perspectiva posneoliberal y democrática que buscaría superar –por fin- la herencia de Pinochet y de 30 años de “democracia pactada” y tutelada. Este es ya uno de los formidables logros de estas jornadas de rebelión de octubre de 2019 sin que se abran de nuevo (como en los 70), de momento, las grandes alamedas de las perspectivas anticapitalistas. Es necesario entender hasta qué punto el “modelo” chileno todavía sigue siendo uno de los más arraigados y “blindado” de América Latina, a pesar de todas las fuertes sacudidas y revueltas que lo atraviesan. Pero después de octubre, ya nada será igual en Chile para los dominantes, y eso solo comienza. Se ensancharon las fisuras del neoliberalismo, no hay vuelta hacia atrás…
1/ Entre las publicaciones recientes de Franck Gaudichaud, señalemos una obra de referencia sobre el período de la Unidad Popular chilena, “Chile 1970-1973. Mil días que estremecieron al mundo”, LOM ediciones, 2016 así como su último trabajo, en colaboración con Jeff R. Weber y Massimo Modonesi, “Los gobiernos progresistas latinoamericanos del siglo XXI , Ensayos de interpretación histórica”, UNAM, 2019, ver en línea: http://www.rebelion.otg/noticia.php?id=259150.
Fuente: https://.revolutionpermanente.fr/Gaudichaud-On-est-dans-ine-phase-destituante-contre-le-neoliberalisme-et-Pinera
rebelion.org/noticia.php?id=262136
Chile ya no será sede de final de la Copa Libertadores: por crisis social se traslada a Lima
Sebastián Mora / Resumen Latinoamericano / 5 de noviembre de 2019
El Estadio Monumental de la capital peruana será el escenario en donde finalmente chocarán River Plate y Flamengo, el próximo 23 de noviembre.
Conmebol confirmó este martes que finalmente la final de la Copa Libertadores 2019 no se jugará en Chile debido a la crisis social que registra el país, siendo Lima la ciudad escogida para albergar el encuentro entre River Plate y Flamengo.
El organismo detalló que la fecha del encuentro se mantendrá para el 23 de noviembre, pero tendrá como recinto al Estadio Monumental de la capital peruana.
La decisión fue tomada luego de que se reunieran los presidentes de las asociaciones de Argentina, Brasil y Chile para ver los alcances de la situación.
Alejandro Domínguez, presidente de la Conmebol, dijo que Lima «era la opción más viable para los equipos».
Recordar que el pasado 30 de octubre, el Gobierno de Chile había ratificado el Estadio Nacional de Santiago como sede del encuentro, argumentando en voz de la ministra del Deporte, Cecilia Pérez, que «es una de las tantas fiestas que le hace bien al país, y vamos a estar trabajando en conjunto con el Ministerio del Interior, y conversaciones permanentes con Conmebol, para llevar a cabo esta final».
«Quedan días para hacer esta final y tenemos que hacerlo entre todos juntos», añadió en la ocasión Pérez.
24 Horas
Chile en la multipolaridad de las relaciones internacionales
Cristián Fuentevilla / Resumen Latinoamericano / 5 de noviembre de 2019
Pensar la denominada crisis del modelo neoliberal en el Chile del siglo XXI, requiere de un enfoque de la transición postcapitalista en la multipolaridad de las relaciones internacionales. Primero porque la división internacional del trabajo sucumbe en la adopción de modelos de integración regional basados en la financiarización del crecimiento económico. Visto esto, como modelo de desarrollo dependiente de las economías centrales, pero principalmente de EE.UU en la región sudamericana. Sin ambigüedades se puede decir que tambalea el imperio.
Sucede también que al analizar el modelo económico neoliberal y su implosión, hemos de dar cuenta de su origen en el régimen político de excepción basado en la Constitución de 1980 de la dictadura cívico militar de Chile. Suena una letanía, pero en concreto es lo que permite hasta ahora constituir un tipo de Estado basado en una soberanía constitucional. Un Estado pregonero del derecho diría Carl Schmitt, que constituye un cuerpo jurídico que resuelve contra-mayoritariamente la balanza política que discierne la justicia. Esto generó en primera instancia el término del Estado nación y en consecuencia el mercado adquirió una formalidad inédita, ahí donde el Estado dejo un vacío. La salud, la educación, el sistema previsional, la energía, el transporte, las comunicaciones, el agua, los recursos naturales, etc. Todas las empresas del Estado que fueron privatizadas constituyendo monopolios bajo la complacencia del sistema político bipartidista de centro y derecha.
No obstante lo señalado anteriormente el proceso de implosión neoliberal se manifiesta en lo inmediato en un estallido social. Precisamente bajo el protagonismo de los sectores tributarios de los más altos indices de exclusión, pues hay que decirlo, que si de algo tributan las inmensa mayoría de los chilenos es de la sistemática exclusión, a la que están expuestos en el actual modelo de desarrollo. El derrotero de los actuales acontecimientos no es un relato secuencial, pues si bien es cierto que la represión en los estudiantes secundarios de la educación pública generó una experiencia extrema, la respuesta fue una respuesta radical en la organización de sus demandas. Esto es importante para distinguir que junto a esta respuesta política, operó un escenario multifactorial de un colapso constante de distintas instituciones públicas, que con mayor o menor sincronía operaron al unísono, como transporte, salud, educación. Las demandas sociales son tan altas, en diferentes dimensiones que desechan por completo la posibilidad programada de un estallido social. Este escenario no requería un detonante, ni fue determinado por una vanguardia política capaz de gobernar los actuales acontecimientos. Lo que se contrapone en lo inmediato a las elucubraciones de los defensores de la Constitución de 1980 y su modelo económico. Quienes por cierto generan una respuesta programada de contención a la demanda, bajo una represión basada en su paradigma de base de la doctrina de la seguridad nacional.
Lo pertinente en torno al tipo de represión es su fundamento doctrinal, pues el presidente Sebastián Piñera declara estar en guerra contra los chilenos. Lo que es coherente con el hecho de que EE.UU libra todo tipo de guerras por el mundo: guerras comerciales, guerras calientes, guerras frías, etc. En la región sudamericana la desaparición forzada, la tortura y la violación fueron institucionalizadas a través de las instituciones de defensa y seguridad interior del Estado. En un primer momento bajo la lógica contrainsurgente de la Escuela de las Américas que se ubicaba en Panamá y en un segundo momento posguerra fría o término del mundo bipolar, bajo una lógica de militarización policial de la agenda pública a través del Colegio Interamericano de Defensa con sede en Washington DC. En dos semanas la evidencia es implacable, todas las víctimas en muertos, desaparecidos, torturados, violados, detenidos y heridos, bajo el Estado de Emergencia y posterior a este son miembros de la sociedad civil. No se pueden considerar víctimas las fuerzas armadas, ni las policías pues son fuerzas de pago de una parte del conflicto político. Y si analizamos el daño a la infraestructura de transporte en el caso del metro de Santiago y la reiterada complacencia en el saqueo, bajo el control de los militares. Sigue siendo la sociedad civil en su fuerza productiva los más perjudicados. Entonces no se puede minimizar el rol que juega el poder ejecutivo al determinar este plan de contención, ajeno por cierto para con algún escenario prospectivo en el gobierno de la violencia estatal. Que no sea la reafirmación constante de la capitulación del pueblo a sus demandas. Abriendo con ello un nuevo periodo de algidez de conductas de terrorismo de Estado, que aparecen como una experiencia constante y bloqueada en su judicialización bajo la ya mencionada soberanía constitucional desde el Tribunal Constitucional en el caso chileno. El actual escenario regional a estado determinado por la continua caída del dólar desde el 2016, lo que ha generado un descenso de un 23% de la base monetaria de la Reserva Federal de los EE.UU. Lo que genera la emisión de monedas que a la par sube el precio de sus activos en el valor especulativos de las propiedades del 1% de la población mundial y genera el empobrecimiento del restante 99%. A través de los bancos centrales como en el caso de Chile, estos beneficios se trasladaron premeditadamente a menos de 10 familias en Chile, la 7° de acuerdo al tamaño patrimonial es la de Sebastián Piñera. De aquí que la capacidad de respuesta programada a modo de contención cuente con una burocracia para su ejecución y administración más allá de su decisión política, asociada exclusivamente a los beneficios directos de la represión. Para la permanencia de la clase política que opera como estructura social del sistema político. Finalmente el escenario multipolar del sistema mundo, genera una mayor grado de competitividad entre diferentes actores, por los desafíos de esta era de transición postcapitalista. Los modelos neoliberales sucumben y tambalea el imperio. En este escenario los pueblos en sus conocimientos de más largo alcance, hacen parte de modelos de civilización sincréticos. Que son respuesta para el integrismo político del capitalismo en quiebra. Desde este punto de vista Chile se ha generado un momento constituyente, donde puede desbloquear los problemas no resueltos en 200 años. Pues cuando la burguesía se hizo clase nación en las revoluciones aristocráticas terminó con 300 años de sociedad pluriétnica, constituyo el Estado liberal uninacional y generó las aberraciones más grandes vividas por nuestros pueblos, a partir del expolio de la división internacional del trabajo y el orden geopolítico hemisférico. La multipolaridad nos desafía en la resolución de lo no resuelto, envuelve a nuestro pueblo en un destino propio, que como todo destino nace de esa libertad perdida de una sociedad pluriétnica, que se constituye en un presente plurinacional. Pues como lo plantea el empirismo de Nicolás Maquiavelo, a la pregunta de cuál es el nervio de la guerra, la economía o la política, sin duda que la política. Los hechos lo demuestran nuevamente.
Envio:RL

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