18 de octubre de 2020

OPINION.

 18 de octubre de 2020

El 17 de Octubre o la inquietud

María Seoane


Imagen: Télam

Este 17 de octubre es diferente a todos. No solo por la pandemia. Sino porque los últimos acontecimientos y declaraciones producidos por la clase dominante argentina, desde la Sociedad Rural y la Asociación Empresaria Argentina (AEA) y sus voceros en el foro de Idea, la corporación mediática con su sistema de fake news y mensajes de odio- y el sistema de justicia corrupto por el uso del Lawfare- la persecución judicial manipulada contra los adversarios-, con su partido electoral de Juntos por el Cambio, parecen haber tomado la decisión de que la democracia no es un sistema en el que quieran vivir si tienen que perder elecciones para abandonar el Estado que acunaba sus negocios espurios, la fuga de divisas, el endeudamiento a mansalva, la evasión impositiva en cuevas fiscales y, en menor medida, en someterse a la desagradable tarea de comer mayonesa nacional y no mayonesa importada de Miami, como tuiteó un empresario en el foro de IDEA, tal como contó el colega Raúl Dellatorre en este diario, mientras hablaba el ministro zen de Economía, Martín Guzmán de quien solo querían escuchar que finalmente ya no se insistirá con el aporte extraordinario de las mayores fortunas del país a esta tragedia humana y económica mundial que nos golpea. Y este 17 es diferente a todos, también, porque debe resistir no sólo la furia contenida del macrismo, su ofensiva mediática, callejera y financiera- al promover una devaluación del peso- tan brutal contra toda gestión del Estado, que no soporta un límite de la razón, como intenta ser NODIO, la investigación y alerta institucional, como en todas partes del mundo, que limite la posibilidad de inyectar odio y violencia en una sociedad que quiere ser empujada a abandonar cualquier pretensión de equidad o acceso a los derechos a vivir, estudiar, trabajar con salarios dignos, sólo como aspectos elementales de los derechos humanos. Este 17 es diferente porque la pandemia política filo neocolonial, expresada por las reiteradas apariciones del inefable “yo no fui” señor Macri, insiste con inyectar cuotas brutales de violencia simbólica al desconocer no sólo la necesidad de proteger a los argentinos de la enfermedad y su muerte incentivando a romper la cuarentena sino también su responsabilidad en la debacle económica de su gobierno, y política por el clima de odio e intolerancia in crescendo al asegurar o amenazar que se va a terminar el populismo (léase gobierno popular ) y se vienen 20 años maravillosos de libre empresa, tocata y fuga, como si prometiera una venganza milenaria contra todo lo democrático, nacional y popular que dotó a la Argentina de derechos sociales y personalísimos cada vez que el peronismo llegó al poder desde 1945, y cada vez que le tocó gobernar, pasando por los tres gobiernos de Perón el de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, y ahora el de Alberto Fernández y CFK. Pero este 17 de octubre también es igual a otros aunque sea bajo el protocolo sanitario de la pandemia, aunque no exista el cuerpo a cuerpo sino el coche a coche, y los choripanes nacionales y populares no inunden de humo la gloriosa Plaza de Mayo como antes pero igual se huela en la ciudad que, esta vez, no hay odio sino amor en bocinazos tempranos, en banderas de los sindicatos, en la bandera argentina, en los bocinazos compartidos desde coches, taxis, bicicletas, motos y argentinos de a pie. 

Télam
Y este 17 es igual a otros por lo mismo que siempre fue igual: porque en coche o a pie, o en la aplicación virtual #75Octubres en la que, tal vez por la congestión de más de dos millones de entradas, pudieron participar, al fin, de la fecha que más los identifica. Ese momento fundacional del peronismo. El momento en que la Argentina de masas liderada por Perón terminó con la Argentina oligárquica. Aquel 17 de octubre de 1945 que llegó para completar la tarea del yrigoyenismo: aquella república democrática de los derechos políticos, con la república democrática y social del peronismo, donde se sumaban los derechos sociales y humanos. Cuando ocurrió la magia indetenible de un millón de trabajadores rescatando a su líder y rescatándose a sí mismos. Porque de eso se trata la resistencia del peronismo cada vez que es perseguido y proscripto y derrotado: vuelve en defensa propia, como si la vida de la Argentina como nación siempre pendiera del péndulo de la historia que oscila entre un régimen oligárquico o neoliberal- por fraude electoral o golpe de estado o, y la historia deberá encargarse de analizarlo a fondo, porque aún no lo ha hecho, electoralmente fraudulento no por la violación de las urnas pero sí por la instalación, como ocurrió en 2015, de gigantescas manipulaciones mediáticas y mentiras o fake news acompañadas por el despliegue de denuncias judiciales falsas, llamadas Lawfare, y de un sibilino método de golpe blando sobre las creencias y la pobre inocencia de la gente. Sí, este 17 de Octubre es distinto a todos. Porque el gobierno de Alberto y Cristina debe gestionar dos pandemias: la viral y la neocolonial, con un país sitiado en América Latina por golpes duros o una derecha en ascenso, promovidos o apañados todos por el eterno y voraz acreedor de soberanía, los Estados Unidos. Ellos, siempre en el origen de las tormentas. Ellos, en el origen de aquel 17 de Octubre también cuando intentaron torcer, con el embajador Braden, el proceso electoral que llevó finalmente a Perón al gobierno en 1946 con elecciones libres y el curso indetenible de la historia que retomó su cauce con un millón de trabajadores en Plaza de Mayo liberando a Perón y ungiéndolo como su líder. Como este 17, por ejemplo, 75 años después cuando se desplegó un ciberataque contra la plataforma virtual de festejos populares, aunque nada pudieron hacer con las enormes caravanas de trabajadores que dijeron presente. Nada está escrito en el futuro. Pero una cosa es segura: el 17 de Octubre es inquietante porque es el Aleph de la historia argentina. El punto que concentra lo que fue y lo que vendrá.





Entre la lealtad y la alegría

Imagen: Kala Moreno Parra

Ellos, los de los banderazos anticuarentena, tienen como denominador común el grito destemplado, la rabia del que ve enemigos hasta debajo de una baldosa, el malhumor y el odio a todo lo que representa lo popular. En ese sentido, se parecen mucho, casi calcados a la oposición venezolana que en sus movilizaciones, más o menos escuálidas, predomina eso mismo, el odio.

Pero no son los únicos que se parecen. Las movilizaciones del peronismo o, para ser más preciso, la del campo popular, nacional, democrático y feminista, son expresiones masivas pletóricas de alegría, entusiasmo, solidaridad, amor, compromiso y lealtad. Así son las marchas chavistas que, vale decirlo, son posteriores a las de acá pero por una cuestión temporal porque el movimiento de Hugo Chávez nació pocos años antes de que finalice el Siglo XX.

Ellos, los opositores vernáculos, repudian todo lo que sucede en estos últimos diez meses olvidando el gobierno que los representó. Esa falta de memoria no es inocente. No es causal que reivindiquen el gobierno de Macri, el que negó los 30.000 y que promovió la caída de las causas de lesa humanidad, el que reprimió para destruir el sistema jubilatorio, la industria nacional y provocó la mayor caída del empleo de los últimos tiempos. Por desgracia para ellos, la memoria está del otro lado y no olvida.

Este último 17 de octubre tuvo una particularidad que lo diferencia del año pasado que también fue diferente a los anteriores. No sólo porque el de 2019 se realizó en La Pampa sino porque era la representación máxima de la unidad del peronismo como garantía de recuperación del gobierno. Fue una fiesta, de eso no hay duda porque representó, de manera clara y precisa, aquel mandamiento laico de Juan Domingo Perón en la noche de hace 75 años cuando les dijo: "¡Únanse! sean hoy más hemanos que nunca. Sobra la hermandad de los que trabajan ha de levantarse de esta hermosa patria la unidad de todos los argentinos". Parece simple porque se unieron y ganaron las elecciones.

La movilización en vehículos que se produjo este 17 en todo el país es también diferente porque se realizó en el contexto de una pandemia, aguantando casi ocho meses de cuarentena primero y aislamiento social después. Sin embargo, la nueva versión de este 17 de octubre tuvo, a pesar de lo que deseaba la oposición, movimiento, calle, alegría, compromiso y, como siempre, lealtad. Esa que, como destacó Cristina Fernández de Kirchner la noche del último 10 de diciembre, "la lealtad entre la política y el pueblo es a dos puntas. Los pueblos no son zonzos ni tontos, conciben la lealtad con aquellos dirigentes que sienten que los defienden y representan". No es difícil comprenderlo y vivirlo y disfrutarlo. Ellos, aunque lo nieguen, lo envidian.

El 17 motorizado

Luis Bruschtein

Imagen: Bernardino Avila

Fue como si se abrieran las compuertas del enorme dique de la epidemia. Decenas de miles de personas, cientos de miles que inundaron en camiones, colectivos, a pie y en automóviles, en utilitarios y chatas en larguísimas caravanas que circularon por las ciudades del país en una nueva edición del 17 de octubre. Una fecha que se reinventa para resurgir a través del tiempo en la voz del pueblo, enorme gesta en la que el viejo grito de “¡Viva Perón!” atravesó 75 años de historia, se resignificó y resonó en los oídos de todo el país, de oficialistas y opositores. El mensaje de respaldo masivo al gobierno y de advertencia a las ilusiones destituyentes fue alto y claro.

Si la derecha creyó en algún momento el relato de crisis y desastre del gobierno que fue tejiendo en los últimos meses, ayer se dio un portazo en la nariz. La ciudad de Buenos Aires, el Conurbano y otras ciudades del país fueron el escenario de un enorme espectáculo de ejercicio democrático de las mayorías que votaron a este gobierno.

El Presidente que habló en la CGT no era el mismo que el del viernes. Habló impulsado por la inmensa marea que desbordó la ciudad de Buenos Aires y las principales ciudades del país para respaldarlo en medio de la epidemia, en medio de una fuerte ofensiva de los medios opositores, en medio de una campaña de la oposición de derecha, y tras una seguidilla de pequeños actos para esmerilar su gobierno.

El contraste con los actos que hizo la derecha desde el comienzo de la pandemia no sólo se puso en evidencia en las cantidades. Mientras el tono en las declaraciones de los manifestantes de Juntos por el Cambio fue de un antiperonismo acérrimo, violento. En las caravanas peronistas no predominaban los gritos contra sus adversarios políticos, sino los de respaldo a Cristina Kirchner y al presidente Alberto Fernández.

Las redes se poblaron de historias populares: “Hace 71 años, mi madre tenía 12 años y estaba en la puerta de su casa, en Boedo y vió pasar a un grupo de trabajadores que iba al acto del 17. Pensó que le gustaba el rubio que tocaba el bombo. Era mi papá que tenía 16 años, vió a mi mamá y al día siguiente se apareció en su casa para invitarla a salir. Fueron a la plaza y casi diez años después se casaron”. Son historias de los protagonistas silenciosos de la historia.

El presidente recordó que hablaba en el salón Felipe Vallese, el primer militante de la Juventud Peronista que fue desaparecido. Desde el interior de los autos que circulaban en las caravanas se escuchaba la marcha peronista. Pero también jóvenes que cantaban “Somos de la gloriosa Juventud Peronista, somos los herederos de Perón y de Evita, a pesar de las bombas, de los fusilamientos, los compañeros muertos, los desaparecidos, no nos han vencido”. El 17 de octubre es historia que a la vez es presente. En las marchas de Juntos por el Cambio desfilaron personajes con las fotografías de los dictadores. Ellos también son historia.

“Estaba con ganas de expresarme” dice un motociclista. Sus palabras representan a millones de personas en todo el país que asistían hasta ayer desde sus casas, reprimidas por la responsabilidad de la cuarentena, a la ofensiva destituyente de las corporaciones mediáticas, a los escraches en la casa de Cristina Kirchner y al relato de una derecha que otra vez mostraba que se siente dueña del país, de la república y la democracia.

No hubo escraches, no hubo odio, no hubo insultos ni agresiones a periodistas y había mucha claridad del significado de lo que estaban haciendo. “Se terminó la invisibilización del pueblo”, dijo otro que estaba en un grupo del sindicato Químico. En su discurso, Alberto Fernández agradeció a los que se movilizaron en sus autos “aunque hubiera preferido que nos vieran desde sus casas”. Y agregó en otro párrafo: “acá no hay odio ni rencores”. Es probable que los haya, porque el nivel de agresión en las marchas de la derecha busca esa respuesta. Por eso, fue más llamativo que las consignas fueran todas en defensa del gobierno y no de odio contra la oposición.

Seguramente hay odio y hay rencor porque es lo que han provocado con la persecución y el saqueo de los cuatro años macristas, pero es más fuerte la pulsión positiva, la defensa de una propuesta, la reivindicación de una historia y la ratificación de ser mayoría. Frente a esa manifestación pacífica y ciudadana, en contrapartida, el sitio que se había programado para intervenir en el acto de manera virtual fue atacado por cuarenta servidores que enviaron millones de interferencias al mismo tiempo hasta sacarlo de servicio.

La participación de Cristina Fernández de Kirchner fue motivo de disquisiciones. Hubo quien planteó su ausencia como una forma de desplazarla. Pero Máximo Kirchner, que estuvo en el acto con Alberto Fernández en la CGT, había descartado esa posibilidad. “Apoyamos al presidente, yo tampoco voy a todos los actos que quisiera”.

Pero la presencia de Cristina, más allá de su participación física, estaba en las declaraciones de las familias que formaron las caravanas, en los motociclistas, en los carteles y las camisetas que llevaban su imagen. “Cristina otorgó derechos a las minorías como nadie” enfatizó Alberto Fernández cuando hizo una historia de las luchas y gobiernos peronistas.

“Que la lealtad y las convicciones, al pueblo y a la Patria sigan inalterables en tiempos de pandemia. Con la misma pasión y el amor de siempre” fue el mensaje que hizo circular CFK en las redes. Su ausencia seguramente forma parte de la estrategia de bajo perfil que mantiene desde que asumió como vicepresidenta.

Para la enorme cantidad de personas que se movilizó se trató de un acto de respaldo al gobierno. El gobierno, en la voz del presidente reconoció que junto con los gobernadores serán identificados por la historia como “los gobiernos de la pandemia”. Y se apoyó en el enorme espaldarazo que recibió para convocar a la unidad: “Vamos a terminar con esa argentina del odio”. Y agregó: “Unanse. El mundo nos exige más que nunca estar unidos, porque el virus no ha terminado”.

Fuente:Pagina12                            

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