13 de febrero de 2022

OPINION.

 OPINIÓN

Los años sesenta, sesenta años después

13/02/2022 

En octubre de este año se cumplirán sesenta años de la crisis de los misiles en Cuba, la ocasión en la que el planeta Tierra estuvo más cerca de su aniquilación total. Cuesta pensarlo hoy, pero por aquellos años la humanidad vivía sumergida en la paranoia de una inminente hecatombe nuclear, fruto del enfrentamiento entre los EEUU y la URSS, en la llamada Guerra Fría. Nunca esos temores fueron más fundados que cuando Rusia, en respuesta a los avances de la OTAN sobre Europa, y para proteger a la joven revolución socialista cubana, comenzó en 1962 a desplegar misiles nucleares en ese territorio caribeño.

 

Igual.

 

Según la famosa frase de un militar norteamericano, ambos ejércitos estuvieron, por un momento, mirándose a los ojos "y ellos pestañearon". La verdad es que la madurez de los jefes de Estado John F. Kennedy y Nikita Krushev -sólo pronunciar sus nombres provoca nostalgia- impidió la catástrofe, que podría haberse desatado en un instante de descuido.

 

En el centro de aquel conflicto estaba Fidel Castro, que llevaba poco más de tres años en el poder, y que venía con la mística de haber derrocado al dictador Fulgencio Batista con un ejército guerrillero que se apropió de las zonas rurales de la isla y terminó ganándose al pueblo y tomando La Habana.

 

Hasta sus últimos años -como lo atestigua el extenso reportaje que le hiciera Ignacio Ramonet- Castro mantuvo la misma postura sobre aquellos episodios: su agravio de que Cuba no haya estado sentada en la mesa en que se negoció el conflicto, y su determinación de que el pueblo isleño estaba dispuesto a inmolarse en aquella conflagración. Podrán discutirse muchas cosas, menos el poder de las convicciones de este personaje central del Siglo XX.

 

No tanto.

 

Quiere la magnífica ironía de la historia que este aniversario encuentre a la humanidad envuelta en un conflicto con grotesco parecido al de Cuba, pero esta vez no en el Caribe, sino en el centro de Europa: Ucrania. Y es que el peligro de la guerra nuclear nunca desapareció del todo, pese a los tratados de no proliferación: sólo decayó la paranoia al respecto.

 

Otra vez están Rusia y EEUU mirándose a los ojos, en una partida de póker que tiene como rehén al pueblo de un país pequeño y pobre como el ucraniano. Pero las similitudes acaban cuando se considera la figura del actual presidente de aquella nación balcánica, Volodimir Zelenski, responsable del alineamiento de su país con Occidente.

 

Zelenski no llegó al poder por la guerra de guerrillas, sino a través de la fama conquistada como cómico televisivo. Según su autopercepción es un cómico de paladar negro (se confiesa admirador de los Monty Python) pero en realidad lo suyo en la TV ucraniana era bien banal. Es tentador comparar su trayectoria con las incursiones políticas de la troupe argentina "Midachi". Pero en realidad, por el tipo de programa que conducía, y por su importante fortuna personal, sería más razonable compararlo con Marcelo Tinelli.

 

Ojos.

 

Con unos ojos saltones que recuerdan un poco a Marty Feldman, el joven Volodimir ganó ampliamente las elecciones presidenciales de 2019 contra el pro-ruso Petro Poroshenko, tras una típica campaña populista de derecha, jugando a la anti-política y no dando ninguna precisión sobre su plan de gobierno: "si no hay promesas, tampoco hay desilusiones", solía repetir sin sonrojarse.

 

No es la primera vez que este personaje insignificante capta las cámaras del mundo. Durante el último año de la presidencia de Donald Trump estuvo envuelto en un verdadero escándalo, cuando el ex presidente norteamericano, tras suspender toda ayuda económica a su país, se comunicó con Zelenski para pedirle un "favor": que iniciara una investigación por supuestos negocios corruptos en Ucrania contra Hunter Biden, hijo del entonces candidato demócrata Joe. Dicho simplemente, estaba usando de los dineros públicos para forzar a un gobierno extranjero a favorecerlo en las elecciones de 2020.

 

Ahora, aparentemente ignorando el enorme poder de su vecina Rusia, y la guerra civil que asola a la región este del país -donde existe una mayoría separatista de rusoparlantes- no tuvo mejor idea que pedir la inclusión de Ucrania en la OTAN, algo que claramente Moscú no está dispuesta a aceptar.

 

Zelenski sigue revoleando sus ojos de lechuza, y -demostrando su incompetencia política- hay días que parece alarmadísimo, y otros días en que, relajado y en modo cómico, trata de poner paños fríos y decirle a sus amigos occidentales que lo de la invasión rusa no es para tanto, que sería una especie de chiste. Algo así como Roberto Benigni en "La vida es bella".

 

No es raro que extrañemos la década de los '60, cuando el mundo estaba progresando, la economía creciendo y los dirigentes políticos parecían reales. Piense el lector que en 1962, cuando la crisis de los misiles, Los Beatles estaban haciendo sus primeras grabaciones profesionales en Inglaterra. En 2022, es probable que el gran ganador de los Grammys sea Justin Bieber, un mequetrefe salido de las redes sociales. Entre nosotros, en 1962 Piazzolla acababa de grabar "Adiós Nonino", mientras en 2022, la estrella musical es un tal L-Gante. Si se escucha un gemido, es la Biblia que está llorando contra un calefón.

PETRONIO

Fuente:LaArena

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