Registros del terror de la policía tucumana
La nómina que un testigo que estuvo secuestrado y luego trabajó para la policía entregó a la Justicia tucumana documenta 293 casos de secuestros. En 195 personas figura la observación “DF”, que significa Disposición Final, es decir que fueron asesinados. También aportó fotocopias de 28 fotografías, una nómina de “Operativos aprobados pendientes de ejecución” y otra de “DS (delincuentes subversivos) que actualmente se encuentran en la clandestinidad cuya captura se hace necesaria”. Aparece la firma de uno de los represores acusados en la causa, Roberto Heriberto Albornoz.
Por Ramiro Rearte
Desde Tucumán
Son 293 nombres. Escritos prolijamente con una máquina de escribir por orden alfabético. Nueve páginas. Los apellidos están en mayúscula. En la segunda columna están los alias, varios casilleros están en blanco. La tercera se titula observaciones y allí figuran DF, Libertad o Disp. PEN. Así es la lista que entregó el martes a la Justicia tucumana Juan Carlos “El perro” Clemente al declarar como testigo. Es el registro documental de 293 secuestros, realizado, según el testigo, en la jefatura de policía de Tucumán, donde funcionó un centro clandestino de detención. En 195 casos figura DF, “Disposición Final”, es decir que fueron asesinados.
Clemente entregó a los jueces dos biblioratos. Allí no sólo está la lista en la que se detallan los nombres de los secuestrados y qué pasó con ellos (libertad, a disposición del Poder Ejecutivo Nacional o Disposición Final), sino también fotos con los seudónimos de cada detenido. Hay fotocopias de 28 fotografías de personas, que en muchos casos tienen la indicación “NG” (nombres de guerra), una lista denominada “Operativos aprobados pendientes de ejecución”, que contiene los nombres de 28 personas, y otra titulada “Nómina de DS (delincuentes subversivos) que actualmente se encuentran en la clandestinidad cuya captura se hace necesaria”, que incluye los nombres de 36 personas.
El testigo también aportó una nota firmada por uno de los represores acusado en este juicio de la muerte y desaparición de 22 personas, Roberto Heriberto Albornoz, en la que instruye al 2º jefe del Departamento de Inteligencia (D2) para que investigue a un militante tucumano, Flavio Orlando Villafañe. “Era amo y señor de las personas”, dijo Clemente sobre Albornoz, cuya firma figura en los documentos. En otra foja, bajo el título, “nómina de delincuentes subversivos que se encuentran en la clandestinidad”, se observan anotaciones manuscritas. Y en otra se detallan las personas “cuya captura se hace necesaria”. También hay escritos en donde se resalta “nómina de cadáveres identificados por la sección dactilografía durante el año 1975” y un acta de “entrega del cuerpo de Susana Inés Strelzik (cuatro fojas)” y la entrega del cuerpo de un joven dirigente tucumano “Juan Carlos Suter (dos fojas)”.
Clemente fue uno de los testigos más resistidos por los abogados querellantes y también por la defensa de los represores en este juicio en el que, además de Albornoz, están acusados el ex jefe del Tercer Cuerpo del Ejército, Luciano Benjamín Menéndez, y dos policías. El represor Antonio Domingo Bussi quedó fuera de este juicio por problemas de salud. Clemente era acusado de ser “doble agente”, porque fue secuestrado pero después de ser liberado entró oficialmente a trabajar en la policía tucumana hasta que se retiró, en 1984. Por estos días atiende un quiosco de golosinas dentro de un colegio privado. Finalmente fue uno de los abogados de los represores quien pidió que se presentara a declarar. Nadie sabía lo que iba relatar frente a los jueces y mucho menos que iba a entregar memos de la represión. 20 de las 22 víctimas incluidas en la megacausa de la Jefatura de Policía en Tucumán figuran en los libros de la represión tucumana a los que tuvo acceso Página/12.
Clemente contó ante los magistrados que mantuvo esa documentación en secreto durante 34 años porque no confiaba en nadie y vivía permanentemente amenazado. En su relato, sostuvo que fue secuestrado el 23 de julio de 1976, llevado a Nueva Baviera, donde estuvo una semana, y después a la ex Jefatura, donde fue interrogado bajo torturas. Meses después le propusieron ingresar a una oficina administrativa del Servicio de Información Confidencial tucumana (SIC), donde lo hacían archivar papeles. A fines de 1977, cuando fue desmantelado ese organismo clandestino de la dictadura, y ya convertido en policía, dijo que logró rescatar esos dos biblioratos, en momentos en que la mayoría de los papeles se arrojaba a una fogata.
El testigo confirmó que en la época de su juventud, cuando era militante barrial de la Juventud Peronista y estudiante de Medicina de la UNT, le decían El Perro Clemente. Las frases más impactantes de su testimonio fueron: “arrojaban los papeles que no servían a una fogata y el resto no sé adónde iba”, “tenerlos (por los libros) era pena de muerte, por eso los envolví en plástico y los escondí bajo un entrepiso”.
Clemente volverá a sentarse frente a los jueces el próximo martes, cuando responda las preguntas de las partes. Los abogados de las víctimas y el fiscal general Alfredo Terraf pidieron una pericia caligráfica del represor Albornoz, ya que, según la declaración del testigo, muchos de los documentos tenían su firma.







Haz click en la imagen para ampliar .“Mi hermano era un valiente”
Luis Adolfo Holmquist es una de las 22 víctimas cuyo secuestro se investiga en la causa del Centro Clandestino Jefatura de Policía. Su ingreso en el lugar está asentado en los libros que el testigo Juan Carlos Clemente entregó a la Justicia. Holmquist fue detenido en un operativo de la Brigada de Investigaciones tucumanas cuando tenía 20 años y nunca más se lo volvió a ver. El joven militaba en la UES y su hermano Oscar lo recordó ante Página/12. “Luis era muy valiente, tenía mucha capacidad de conducción desde chico, era muy querido en la zona sur de San Miguel de Tucumán por su constante militancia y presencia en los barrios carenciados”, dijo.
Ante la consulta sobre su opinión acerca del testigo que entregó la documentación que compromete aún más a los represores que están siendo juzgados, Holmquist fue tajante: “Clemente es un traidor, se valió de las fuerzas represivas para romper al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), tiene su compañera desaparecida y viene de la militancia de los grupos católicos. En el año ‘70 lo conocí. Es más, simuló su muerte en Salta”, terminó.
Luis Adolfo Holmquist es una de las 22 víctimas cuyo secuestro se investiga en la causa del Centro Clandestino Jefatura de Policía. Su ingreso en el lugar está asentado en los libros que el testigo Juan Carlos Clemente entregó a la Justicia. Holmquist fue detenido en un operativo de la Brigada de Investigaciones tucumanas cuando tenía 20 años y nunca más se lo volvió a ver. El joven militaba en la UES y su hermano Oscar lo recordó ante Página/12. “Luis era muy valiente, tenía mucha capacidad de conducción desde chico, era muy querido en la zona sur de San Miguel de Tucumán por su constante militancia y presencia en los barrios carenciados”, dijo.
Ante la consulta sobre su opinión acerca del testigo que entregó la documentación que compromete aún más a los represores que están siendo juzgados, Holmquist fue tajante: “Clemente es un traidor, se valió de las fuerzas represivas para romper al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), tiene su compañera desaparecida y viene de la militancia de los grupos católicos. En el año ‘70 lo conocí. Es más, simuló su muerte en Salta”, terminó.
El caso de Diana Oesterheld
Una de las personas que figuran en la lista de Juan Carlos Clemente es Diana Irene Oesterheld, hija del escritor y guionista Héctor Oesterheld, quien estaba embarazada de seis meses al momento de su secuestro. Fernando Araldi, su hijo, al que también llevaron por unos días, la recordó cuando declaró en Tucumán durante el juicio. Lo acompañó su abuela, Elsa Sánchez de Oesterheld, que viajó desde Buenos Aires para revivir el secuestro de Diana y el asesinato de su esposo Raúl Araldi, en agosto de 1977, en Tucumán. Días después del secuestro de Diana, el 28 de julio de 1976, personal de la Jefatura de Policía liderado por el represor Roberto “El Tuerto” Albornoz dejó a Fernando en la Sala Cuna, donde estuvo como NN hasta el 10 de agosto, cuando fue recuperado por sus abuelos paternos.
Un año después, en agosto de 1977, Raúl Araldi tuvo el mismo destino de su madre. “A mi padre directamente lo mataron y llevaron su cuerpo a la Jefatura. Un testigo sobreviviente contó que, mientras estaba secuestrado, escuchó que policías festejaban porque habían traído muerto a mi padre, uno de los últimos jefes montoneros”, relató. Elsa Sánchez de Oesterheld aseguró: “Me enteré del secuestro de mi hija tiempo después y pude venir unos pocos días. Presenté un hábeas corpus pero no tuve novedades de mi hija ni de mi yerno”, contó. Diana militaba en ese entonces en la Juventud Peronista. Durante la dictadura, Elsa también perdió a sus otras tres hijas, a otro yerno y a dos nietos por nacer.
Cómo sigue el juicio
Para hoy se espera escuchar el testimonio de Hugo Lindor Barrionuevo, alias “El Cabo Savino”. Se trata de un conocido personaje entre los organismos de derechos humanos tucumanos, que “hacía un seguimiento ideológico” a los trabajadores de Canal 10 (manejado por la Universidad Nacional de Tucumán y el gobierno provincial) durante la última dictadura, según lo indicaron varios testigos. Fue caratulado por varios testigos como un “colaborador” de los represores que se desempeñaba como agente de seguridad en Canal 10 durante los años de la última dictadura militar y declarará frente al Tribunal Oral Federal en calidad de testigo. Barrionuevo dará su testimonio desde Mar del Plata a través del sistema de teleconferencias.
FuentedeOrigen:Pagina12
Una de las personas que figuran en la lista de Juan Carlos Clemente es Diana Irene Oesterheld, hija del escritor y guionista Héctor Oesterheld, quien estaba embarazada de seis meses al momento de su secuestro. Fernando Araldi, su hijo, al que también llevaron por unos días, la recordó cuando declaró en Tucumán durante el juicio. Lo acompañó su abuela, Elsa Sánchez de Oesterheld, que viajó desde Buenos Aires para revivir el secuestro de Diana y el asesinato de su esposo Raúl Araldi, en agosto de 1977, en Tucumán. Días después del secuestro de Diana, el 28 de julio de 1976, personal de la Jefatura de Policía liderado por el represor Roberto “El Tuerto” Albornoz dejó a Fernando en la Sala Cuna, donde estuvo como NN hasta el 10 de agosto, cuando fue recuperado por sus abuelos paternos.
Un año después, en agosto de 1977, Raúl Araldi tuvo el mismo destino de su madre. “A mi padre directamente lo mataron y llevaron su cuerpo a la Jefatura. Un testigo sobreviviente contó que, mientras estaba secuestrado, escuchó que policías festejaban porque habían traído muerto a mi padre, uno de los últimos jefes montoneros”, relató. Elsa Sánchez de Oesterheld aseguró: “Me enteré del secuestro de mi hija tiempo después y pude venir unos pocos días. Presenté un hábeas corpus pero no tuve novedades de mi hija ni de mi yerno”, contó. Diana militaba en ese entonces en la Juventud Peronista. Durante la dictadura, Elsa también perdió a sus otras tres hijas, a otro yerno y a dos nietos por nacer.
Cómo sigue el juicio
Para hoy se espera escuchar el testimonio de Hugo Lindor Barrionuevo, alias “El Cabo Savino”. Se trata de un conocido personaje entre los organismos de derechos humanos tucumanos, que “hacía un seguimiento ideológico” a los trabajadores de Canal 10 (manejado por la Universidad Nacional de Tucumán y el gobierno provincial) durante la última dictadura, según lo indicaron varios testigos. Fue caratulado por varios testigos como un “colaborador” de los represores que se desempeñaba como agente de seguridad en Canal 10 durante los años de la última dictadura militar y declarará frente al Tribunal Oral Federal en calidad de testigo. Barrionuevo dará su testimonio desde Mar del Plata a través del sistema de teleconferencias.
FuentedeOrigen:Pagina12
Fuente:Rdendh
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