EN EL JUICIO, SUSANA TRIMARCO ACUSO AL EX GOBERNADOR DE TUCUMAN
“Miranda metió a las mafias en la Casa de Gobierno”
La mamá de Marita Verón declaró ante el tribunal que juzga su desaparición. Fue un testimonio duro y fuerte. Contó el derrotero de la búsqueda de su hija, señaló las responsabilidades de los acusados y cargó contra el poder político provincial de entonces.
Por Marta Dillon
Desde San Miguel de Tucumán
Diez años de búsqueda y denuncias sostuvieron frente al tribunal la voz de Susana Trimarco, que se mantuvo fuerte en todo momento.
“Yo no voy a derramar una lágrima más. Yo voy a buscar. Gracias a Dios tengo fuerza e inteligencia y sé lo que quiero. ¿Quiénes son ellos para destruir mi vida? ¿Quién es la Chancha Ale para tirarme los autos encima? Dos veces me quisieron matar. ¿Y saben qué hice? Les tiré con un ladrillo en la luneta del auto que me había golpeado en la cadera gritando ¡no te tengo miedo! Porque no tengo miedo. Yo me voy a enfrentar así, chiquita, bajita como soy. Yo no me voy a callar. No sé por qué Tucumán no se anima. ¿Qué pasa, señores? Micaela está esperando a su madre. Es una nena que creció en mis brazos, enfrentando a las mafias conmigo. Yo busco a mi hija con vida. Pero si está muerta, quiero los huesos de mi hija. Que me digan dónde está. ¿Por qué no me lo dicen?” En primera persona, desde la soledad del estrado, Susana Trimarco acusó. Como lo hizo Emile Zola a fines del siglo XIX, como lo hizo Pablo Neruda a mediados del XX. Como lo hicieron otras y otros, Susana Trimarco acusó.
Diez años de búsqueda y denuncias sostuvieron su voz. Diez años de descubrimiento de una realidad subterránea y a la vez señalada por esas luces rojas de las que todos y todas somos testigos. Susana Trimarco, la mamá de Marita Verón, desaparecida el 3 de abril de 2002, acusó a proxenetas y funcionarios. Dijo sin un atisbo de duda que “(el ex gobernador Julio) Miranda es un atorrante que metió a las mafias en la Casa de Gobierno”. Acusó a la indiferencia social y al crimen que se organiza enhebrando esos cabos sueltos que ella nombra. Lo hizo de la manera en que pudo. De a ratos desorganizada, de a ratos conmovida; sin soltar una lágrima. Con la única certeza de que no es sólo condenas, ni siquiera justicia lo que busca. Ella busca a su hija.
El silencio en la sala se le hizo esquivo. Los acusados no toleraron las alusiones directas. Interrumpieron, se pusieron de pie. Fernando José “Chenga” Gómez, incluso, pretendió romper el acuerdo con su abogado defensor. “¡Queremos hablar!”, dijo, aunque nadie lo había invitado, mientras su hermano, José Gonzalo “Chenguita” Gómez, se superponía: “Nosotros también tenemos hijos”.
La situación se descontroló más de una vez entre las protestas de los abogados y los llamados al orden del presidente del tribunal. Sólo fue combustible para la acusadora, que no estaba dispuesta a perder esta oportunidad de hacerse escuchar a sabiendas de que su voz iba a trascender los límites de la sala del juicio.
Trimarco empezó contando la historia de su familia. Su amor adolescente con Daniel Horacio Verón, su matrimonio a los 21, el nacimiento de Daniel Horacio (h) y María de los Angeles, la crianza católica, la dedicación exclusiva que tuvo hacia ellos en los primeros años, la vuelta al trabajo como empleada en la Legislatura provincial y más tarde en la Municipalidad de Yerba Buena y el perfil de cada uno de sus hijos. “Mi marido amó a sus dos hijos como yo los amo, pero Marita para él era algo especial. Se querían muchísimo. Marita fue como es Mica –nieta de Trimarco, hija de Marita–, una mente brillante, jamás me dijo que no entendía algo. Le gustaba escribir, era admiradora del Che Guevara. A su padrino y a su papá les pedía que le regalasen libros. Tenía un carácter muy fuerte.”
El relato sobre cómo los hermanos Verón se aliaron para contarle que Marita había quedado embarazada de su novio, la preparación para la llegada de Micaela; la vida cotidiana de una familia de provincia, conservadora y hasta un tanto prejuiciosa –sobre todo cuando Marita presentó a su novio, David Catalá, “un muchacho con menos aspiraciones que mi hija”–, tomó las dos primeras horas de la mañana. Impecable en su aspecto, como siempre, Susana Trimarco fue acercándose en su relato al último día en que vio a su hija. “Nosotros cumplíamos 24 años de casados el 2 de abril de 2002, pero como el feriado se había pasado al día anterior lo festejamos el 10. Marita me hizo comida árabe, yo la fui a buscar a su casa porque iba a pasar el fin de semana en la mía con David y Micaela. Y ella el martes iba a aprovechar para ponerse el famoso DIU en la Maternidad Central por sugerencia de su vecina, la enfermera Patricia Soria. Esta mujer insistía mucho con que vaya, que no se olvide, esa mujer nunca me gustó, era muy metida. Ese mismo día que la fui a buscar me habló mal de David, que le gritaba a mi hija, que se hacía el señor. Pero Marita después me lo desmintió.”
Sobre esta enfermera, Susana Trimarco dejó expuesta una sospecha (ver aparte) que no se investigó en la instrucción. Es que esa maternidad, muy cerca de la casa donde todavía viven Trimarco y su nieta Micaela, es el destino del que Marita nunca volvió. “Fue primero el martes 2 de abril de 2002 y volvió enseguida. Le llamó la atención porque Soria le había dicho que tenía un contacto que había resultado ser un personal de limpieza ligado al gremio de sanidad. Este hombre le presentó a un médico que la revisó, la mandó a pedir un turno para un Papanicolau y resulta que cuando pide el turno le dicen que vuelva al día siguiente con el documento porque se lo tenían que sellar. Mi hija no era tonta, le pareció raro y me lo comentó, decidió que iba a ir de todos modos, pero no llevó el documento. Solamente tenía encima cinco pesos que me pidió al salir.”
El 3 de abril de 2002 salió sin que la viera su hija Micaela para no dejarla llorando. Lo último que le pidió a su mamá fue que “cuando fuera al centro trajera tintura para el pelo así nos la hacíamos las dos a la tarde. Me prometió que me esperaba con el almuerzo”. Esa conversación banal fue la última.
Yo acuso
“Quiero contar con detalle, porque el detalle es importante”, dijo Susana de frente al Tribunal pero los años de impunidad se le vinieron encima y las acusaciones se deslizaron como una cascada por la garganta. La familia notó enseguida que algo pasaba. Esa misma tarde la buscaron en cada lugar donde podría haber estado. Golpearon la puerta de Soria, fueron a buscar a Ardiles, su contacto en la maternidad. Recorrieron hospitales, casas de amigas, de parientes, de conocidos y de conocidos de conocidos. Cuando Micaela se durmió llorando pidiendo por su mamá, hicieron la primera denuncia en la Comisaría Séptima de San Miguel de Tucumán. No tuvieron éxito. Faltaba papel, dijo, y tinta para la máquina de escribir, pero sobre todo faltaba voluntad para tomar una denuncia por una mujer mayor de edad a la que le habían perdido el rastro hacía menos de 24 horas. “Mi marido, Daniel, trabajaba para el diputado Gallo Gutiérrez y él le dice que vaya a Casa de Gobierno. Ese era el segundo día que faltaba. Ahí estaba el atorrante de (Julio) Miranda. Sí, el atorrante. Y lo voy a decir 50 veces porque él metió a las mafias en la Casa de Gobierno. Después apareció Julio Díaz, que era subsecretario de Seguridad. Y él me dice que lo van a hablar a Ruben Ale porque ellos tienen 3500 remises, tienen mejores armas que la policía y tenemos convenio para que sean veedores de la ciudad. ¿Pero si yo de chiquita sé que están en todas las mafias? ¿Cómo iban a buscar a mi hija? Me convencieron, pero empecé a ver cosas raras. Yo le pedí al Estado y ellos lo que hicieron fue poner un remís Cinco Estrellas por cada lugar por donde yo pasaba. Al tercer día la vecina recibe una llamada de alguien que dice que vio cómo la metían en un auto con la marca de esos remises, me crucé en camisón a atender pero habían cortado. Ahí yo empecé a denunciarlos. Y empieza esto del secuestro que yo no podía creer. ¿Quién podía querer secuestrar a mi hija? Al tercer día hablamos con el (comisario Jorge) Tobal porque había sido compañero de escuela de mi marido y porque veíamos cómo la policía nos ponía palos en la rueda. Me decían que a lo mejor se había ido porque quería, ¿con cinco pesos en el bolsillo? En esos días aparece Fernando Auteri, un conocido, que le dice a mi marido que Rubén Ale lo llamaba para que vaya a la remisería. El y la señora que está acá –en referencia a María Jesús Rivero– le dicen que me haga callar de alguna manera, que me cachetee si era necesario, pero yo no me iba a callar. Era tan estúpida que investigaba y lo que averiguaba iba y lo contaba en Casa de Gobierno, ¡pero la mafia estaba ahí!”
Susana ya no podía interrumpirse, las denuncias empezaron a sucederse, fue inútil que uno de los miembros del Tribunal le pidiera que ordenara su discurso. Ella tenía demasiadas cosas para decir. “Ese sinvergüenza del fiscal (Eduardo) Baaclini quiso desviar las cosas. Por los afichitos que pegábamos con la cara de mi hija vino una mujer que nos alertó de la pista de La Rioja, nos dijo que la habían vendido por dos mil quinientos pesos. Pero Baaclini hizo excavaciones ilegales en el fondo de mi casa queriéndome hacer creer que mientras yo estaba en el centro, David –pareja de Marita– la había matado y la había enterrado ahí. Nosotros insistíamos con La Rioja y aparece alguien que dice que estaba en La Ramada –a 30 kilómetros de la capital tucumana–; me dicen que la vieron, yo lo creo, agarro una mochila con ropa de ella, cargo la chiquita, la mamadera, y cuando llego ahí me encuentro al Ruben Ale haciendo circo con cuatriciclos y reflectores, haciéndose el gran héroe. Yo caminé por los cañaverales gritando ‘Marita, aparece, hija, aparecé, te estamos buscando’. Pero estábamos perdiendo el tiempo porque ya nos habían dicho que estaba en los cabarets de la Liliana Medina.”
Trimarco no pudo contener los calificativos hacia los acusados entonces. Fue inútil que ellos se pararan, ofendidos, que intentaran gritar por sobre la voz de la madre. “Acá se hacen la inmaculada Virgen María, pero yo vi los lugares que tienen estos proxenetas, yo vi lo que hacen. Ahora me están torturando con que está enterrada acá o allá. Yo rescaté a una chica a la que me llevé del lugar de la Medina en ropa interior porque como tenía 23 años la policía no la rescató. Ella me pidió llorando que no la dejara porque no iba a salir más. Dos meses durmió en mi cama esa chica muerta de miedo, con la luz prendida. Le dije que la iba a proteger, que era la mamá de Marita Verón. Ella la había visto, hasta me describió unas zapatillas a las que yo le había puesto un parche de gamuza, no lo podía inventar. Las víctimas dicen siempre lo mismo: Anahí Manacero, Paola Celaya, Patricia, Andrea, Pamela ¿todas mienten? No, yo lo sé, lo viví, lo palpé, a mí casi me violan por buscar información porque estos tratantes mafiosos no dicen nada, me tuve que hacer pasar por tratante yo también.”
Eran casi las dos de la tarde cuando se hizo el primer silencio de un discurso en el que el dolor y la bronca se trenzaron con las denuncias para delinear diez años de búsqueda. Si hubo golpes bajos, sólo aparecieron cuando Trimarco repitió lo que dicen los mensajes de texto que llegan a su celular con tenaz regularidad: “Puta, con lo que nos da tu hija estamos pagando a los abogados”, por ejemplo. No hubo lágrimas. La mamá de Marita Verón se obligó a no llorar desde que una de las víctimas que ella rescató le dijo que eso era lo que querían los captores de su hija.
“Por eso señores, jueces, yo lo que hago es buscarla. Porque si no ¿quién busca a mi hija? ¿La Justicia la busca?”, preguntó Trimarco como si lanzara un guante sobre el estrado. De inmediato se pasó a cuarto intermedio. Las sesiones seguirán hoy, cuando Susana Trimarco conteste las preguntas que podrán profundizar en cada uno de los pasos que ella siguió en estos diez años. Sobre cada una de las acusaciones que enunció, así bajita como ella misma se describe, acusaciones como piedras que tal vez empiecen a hacer tambalear al Goliat de la impunidad.
EL EXTRAñO COMPORTAMIENTO DE UNA ENFERMERA
Una pista que no fue investigada
Por Marta Dillon
“¿Ya te indisponiste?” Esa era la pregunta que Patricia Soria, enfermera y vecina de Marita Verón en el departamento que estaba pagando en el barrio Gráfico II, en la periferia de San Miguel de Tucumán, solía hacerle a la joven con insistencia, según relató Susana Trimarco ayer. Esa pregunta íntima sobre el ciclo menstrual de su hija alteraba a la mamá de Marita, que la visitaba cada mañana para llevarle el pan que vendía en el pequeño negocio que había montado en uno de los ambientes de esa vivienda social. “Marita se quería poner un DIU porque decía que las pastillas anticonceptivas le hacían mal. No quería embarazarse otra vez porque tenía otros proyectos de vida. Me había dicho que le pidiera un turno con un médico amigo porque ella no tenía obra social; pero cuando se lo iba a pedir me habló de esta vecina que decía que tenía un contacto en la Maternidad Central para que se lo pusieran gratis”, dijo Trimarco ayer en la detallada exposición que dedicó a toda la etapa previa a la de-saparición de su hija.
Pero si esa pregunta la inquietaba antes porque le parecía fuera de lugar, tuvo otro relieve cuando la ausencia de su hija se convirtió en un continuo de días iguales hasta completar casi diez años –se cumplirán el próximo 2 de abril–. Iguales en la ausencia, porque todo lo demás cambió por completo en la vida de Trimarco.
En las primeras horas de la de-saparición de Marita, Trimarco y su marido fueron a buscar a Soria. Al fin y al cabo, la maternidad donde la enfermera estaba empeñada en que la joven acudiera había sido su último destino. “Golpeamos la puerta, gritamos por la ventana y no salió. Después hablé con una vecina que la llamó para que pusiera una inyección y ella misma dijo que había estado ahí toda la tarde. Por esa vecina conseguimos el teléfono de Soria y le pedimos que nos dé los datos de su contacto, un tal Ardiles. Al principio se negó, pero después nos dio su dirección.”
Este hombre, a quien Marita fue a ver pensando que era jefe de personal de la maternidad, resultó ser empleado de limpieza. “Pero cuando fuimos a la casa, en un barrio muy humilde de nuestra ciudad –dijo Trimarco en su testimonio–, tenía un caserón, con portones corredizos, dos autos estacionados y portero eléctrico con cámara. Nos atendió de mala manera, no dijo nada coherente, se contradijo en todo.” Ardiles y Soria son los testigos que siguen en su turno frente al estrado cuando termine Susana Trimarco. “Esa pista no fue investigada en la instrucción –admite uno de los abogados de la querella, Carlos Garmendia–, habrá que ver qué pueden aportar cuando den testimonio.”
Milheim en su laberinto
Por Marta Dillon
Ayer, la jornada del juicio oral iba a empezar con la declaración de Hilda Medina, a quien Daniela Milheim conoció como “Mamá Lili” cuando estuvo ocupando una “plaza” en el Candilejas. La propia Medina había pedido la palabra y acusó a Milheim de haberle pedido “diez mil pesos para seguir mintiendo”. Pero en el transcurso de la noche al día, la bronca de la supuesta madama pareció haberse diluido y desistió de declarar. Sólo vociferó cuando se sintió aludida por Trimarco a lo largo de su testimonio. Es que era difícil permanecer indiferente a las palabras de Susana. La propia Milheim se descompuso poco después de que Trimarco relatara lo que había sufrido Anahí Manacero hasta que ella y su marido la rescataron después de un allanamiento dentro del burdel de Medina. “La trata existe en Argentina y en el mundo, las víctimas no se complotan para engañarnos, son muchas las que se animan a hablar y esto sigue pasando”, decía la mamá de Marita. Fue entonces cuando el abogado de Milheim, Horacio Molina, pidió que la dejaran salir de la sala porque estaba descompensada. Más temprano, cuando Milheim pasó al estrado por su propia voluntad para decir otra vez que se declaraba inocente, el abogado defensor de los hermanos Rivero –y también representante legal de Rubén Ale– le había preguntado por qué al terminar la jornada del martes se la vio en actitud de festejo junto a los abogados querellantes. La pregunta fue objetada, pero Milheim la contestó igual: “Después de lo que yo sufrí no puedo no alegrarme con el trabajo que hace la Fundación rescatando chicas y ayudándolas a salir de esto”. Escuchar otros padecimientos, fue evidente, hicieron el efecto contrario.
EL JUICIO EN LAS REDES SOCIALES
En directo, por Twitter
Por Soledad Vallejos
Pasó desde temprano en la mañana hasta entrado el mediodía. Poco menos después, cuando la audiencia ya había terminado pero quedaban, como un oleaje suave en memoria de la tormenta, algunas frases más por contar. A pesar de que el tribunal prohibió el ingreso de cámaras fotográficas y la transmisión televisiva de lo sucedido durante el debate oral y público, cada palabra de Susana Trimarco, como el día anterior las de algunos acusados, zanjaba instantáneamente cualquier distancia, fueran pocos metros o miles de kilómetros. Gracias a que unos cuantos periodistas acreditados ante el tribunal son twitteros, en la red de microblogging puede seguirse el momento a momento de un juicio histórico cuya presencia es minimizada en infinidad de medios y escatimada, al menos en el directo, a la vista y el oído públicos.
Las radios no pueden reproducir el sonido de las declaraciones de la madre de Marita Verón; los canales de televisión no pueden transmitir la imagen de los acusados gritando insultos a Trimarco; los periodistas de medios gráficos no pueden contar con grabaciones de lo escuchado. Rige, sí, la resolución de la Corte Suprema de Justicia que garantiza la transmisión de los alegatos y las sentencias. Pero durante el transcurso del juicio, este tribunal en particular procura que ningún testigo sea influenciado por declaraciones de testimoniantes que lo hayan precedido; de allí los límites al vivo y directo. Sin embargo, los mismos jueces, contó a este diario uno de los acreditados tucumanos, cuidaron que la prensa tuviera acceso a señal de Internet. Vale decir que la hipótesis de la transmisión instantánea sí existe para la Justicia.
Cuando hay interés público, la tecnología y las redes sociales pueden cambiar el escenario de las noticias y la noción misma de instantaneidad. Por eso, durante las horas del juicio, Twitter se convierte en un relato coral con audiencia creciente. Lo hilvanan periodistas gráficos, televisivos, radiales, productores de radio y TV: algunos como parte de su tarea profesional (y hasta como block de notas), otros porque sí, alrededor de diez trabajadores de medios amplifican lo que ven y escuchan al contarlo a sus seguidores. Allí están los textuales de la acusada que se decía inocente y terminó revelando una red de trata, el clima que reinó en la sala cuando se anunció que ingresaría Susana Trimarco, las palabras que usó para contar su vida con Marita, el vacío que sobrevino al secuestro. Todo ello, en vivo y de primera mano cuando no funcionan los modos tradicionales de acceder a la noticia.
Por la dinámica propia de las redes sociales, esas palabras también se amplifican al circular minuto a minuto. En asuntos de interés público legítimo, lo que la tradición del consumo de medios no da, el uso de Internet permite alcanzarlo. Desde el primer día del juicio, la presencia del tema en la web fue creciendo; los modos de aprovechar las posibilidades de acceder a lo lejano, también. No es más ni menos que una demostración de que miles de ciudadanos quieren saber qué sucede en esa sala de audiencias: mientras la televisión y la radio privilegiaban novelones deportivos y folletines policiales de asuntos no sociales dignos de la pulp fiction, ayer #Marita, #Trimarco, #MaritaVeron fueron trending topics, temas del momento, en Argentina. No hay más que buscar esas palabras clave para ir encontrando, si es que se quiere saber.
svallejos@pagina12.com.ar
Fuente:Pagina12
15.02.2012
Conmovedora declaración de Susana Trimarco, mamá de Marita Verón
“Estuve a punto de que me violen, a cambio de saber datos de Marita”
La mujer inició su testimonio frente al tribunal que encabeza el juicio oral por la desaparición de su hija. Reveló la relación de Rubén “La Chancha” Ale, ex pareja de una imputada, con el ex gobernador tucumano, Julio Miranda.
Por: Ramiro Rearte
Tras diez años de espera y de peregrinar por despachos judiciales y policiales, y dependencias municipales y gubernamentales, Susana Trimarco declaró ayer frente a los jueces tucumanos.
Lo hizo en dos tramos de la audiencia que fueron desgarradores y reveladores para la causa en el juicio que se lleva adelante por la desaparición de su hija, María de los Ángeles Verón, en abril de 2002. Muy de cerca siguieron el testimonio los 13 imputados en causa, sin que se les mueva un solo músculo de la cara.
Trimarco llegó pasadas las 10 a los tribunales, acompañada por Micaela, su nieta e hija de Marita Verón y el abogado Carlos Garmendia.
“Al fin llegó el día, no lo puedo creer”, suspiró la mujer cuando subió al ascensor, luciendo un prendedor del lado de su corazón con la foto de María de los Ángeles Verón, sonriendo.
Antes de entrar a la sala de testigos, Micaela y Susana se abrazaron muy fuerte y la niña volvió acompañada por gente allegada a Trimarco hacia la fundación que lleva el nombre de Marita.
Abierto el debate, y tras cuestiones preliminares, se convocó como la primera de la testigos previstas a Trimarco, quien se paró frente a los jueces (sin mirar a los imputados) y se sentó.
Primero se focalizó en su vida familiar, desde cómo conoció a Daniel Verón, papá de Marita y cómo conformaron familia. Luego tuvo un párrafo sobre la hija y cómo era la personalidad. En la segunda parte de su testimonio (divida por un cuarto intermedio) Trimarco comenzó a relatar el “calvario” en la búsqueda de su hija.
“Mamá voy y vuelvo, y preparo la comida, no me voy a demorar, eso me dijo Marita antes de irse”, recordó. Y siguió: “También me preguntó si tenía para que le preste una remerita, era una remera turquesa, se puso un jean azul común, y en la mesita de luz había un par de zapatillas que las usó, ella me dice me voy; y salió escondida de Mica, porque lloraba porque quería ir con ella. Me pidió cinco pesos, porque no tenía cambio. La acompaño hasta la puerta me da un beso y se va. Al ratito vuelve, y me dice ‘mamá comprá la tintura así nos teñimos el pelo las dos juntas’, esa fue la última vez que la vi a mi hija”, contó Trimarco mientras, se le quebraba la voz en su relato.
También contó a los jueces cómo tuvo que conseguir ayuda y datos, ya que nadie la ayudaba a encontrar a su hija. Aseveró que llegó a vestirse de prostituta para poder ingresar a diversos prostíbulos del interior del país en donde sufrió también maltratos.
“Estuve a punto de que me violen, en La Rioja en el prostíbulo “Five Star” (cinco estrellas, que tendría vinculaciones con los Ale). Quisieron violarme cuando quise que me cuenten sobre mi hija. Yo vi con mis propios ojos el horror, tengo todo en mi corazón de madre. Y tengo que soportar que estos delincuentes sinvergüenzas digan que no saben nada, ahora resulta que la inmaculada Virgen María queda un poroto a la par de estos tipos”, señaló enojada. En ese momento, todos los abogados defensores de los imputados trataron de increpar a Trimarco para que “baje el tono” de sus declaraciones frente a los jueces.
Pero Trimarco siguió con el mismo tono e igual convicción para llevar adelante el testimonio: “La prostitución es una cosa, la trata de personas es otra cosa. No me van a hacer confundir, lo tengo muy claro y no me van a confundir.”
“Todos sabemos quiénes manejan la prostitución y la droga de todo Tucumán, todos saben que es Rubén La Chancha Ale. Nunca me van a detener. Señor juez, que me devuelvan a mi hija, se llevaron mi vida, la tuve acá, acá (señalándose el vientre varias veces). Quiero a mi hija. Busquen a mi hija, la tierra no traga gente, los marcianos no se llevan a la gente”, exigió.
Cuando el presidente del tribunal, Alberto Piedrabuena, le explicó a Susana que se pasaba a un cuarto intermedio, ella contestó: “Yo no tengo problemas de seguir declarando, mañana, tarde y noche, esperé diez años para este momento”.
En la jornada de ayer, el relato de la mujer conmovió a muchos de los presentes. Tanto que incluso una de las imputadas, Natalia Milhein, se descompuso mientras Trimarco declaraba sobre cómo era el funcionamiento de las prostíbulos en las diversas provincias en donde buscó sin éxito a Marita Verón. Narró la relación de La Chancha Ale con el ex gobernador Julio Miranda. “Aportó todos los remises para la campaña. Durante el gobierno tenía más poder que la policía.” Contó que cuando desapareció su hija el ex ministro de Gobierno le dijo que hable con La Chancha para buscarla. María Jesús Rivero, ex mujer de este hombre, es una de las imputadas.
Hoy Trimarco seguirá declarando.
Fuente:TiermpoArgentino
15.02.2012
OPINIONES
De la indignación al reconocimiento
Sara Torres, Fabiana Tuñez y Any Krieger reflexionan sobre la trata y la figura de Susana Trimarco, la madre de Marita Verón.
Opinión I
Los más invisibilizados son los responsables directos: los consumidores
Sara Torres
Coordinadora del Mercosur de CATWLAC.
En todo este tiempo, donde tantos medios hablan sobre la trata de personas, nos estamos olvidando de algo importante: la Argentina es signataria del convenio de 1949 contra la Trata de Personas y la explotación de prostitución ajena, que es ley nacional vigente y que no se está tomando en cuenta. Esto tiene que ver con la convocatoria que se realizó en la ciudad de Palermo, Italia (por ser históricamente el lugar de las “mafias”) el año 2000 que elaboró la Convención de Naciones Unidas Contra el Crimen Transnacional Organizado que incluye el Protocolo contra la Trata (Protocolo de Palermo).
Este protocolo contiene una definición de trata que divide en eslabones el traslado, la acogida, recepción, etcétera, y que ha demostrado que no ha resultado útil para combatir la trata y castigar a los traficantes o tratantes; tiene muchas fallas. Sobre todo porque divide a la trata en rapto, fraude, abuso de poder concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento con fines de explotación, obligando a probar cada una de las ellas y haciendo muy compleja en términos de su prueba, además de que la carga de la prueba queda en la víctima y no en el explotador.
Desde que se promulgó a nivel global, el “negocio” de las distintas formas de trata y explotación ha crecido exponencialmente. En todos los estados se permitieron estas formas de explotación y de los prostíbulos, porque es tan complejo el probar que hay trata que queda invisibilizada la explotación, ya que el protocolo de Palermo no tiene capítulos específicos sobre este problema.
Por el convenio del ’49, la Argentina es un país “abolicionista”, por lo cual no se pueden establecer prostíbulos. Aun así, nuestro territorio está lleno de ellos, los cuales se habilitan con eufemismos. Por ejemplo, están los locales de baile clase A, más conocidos como cabarets, donde está permitido que las mujeres inviten a tomar copas a los clientes, pero está prohibido el pase (así se llama cuando los clientes tienen sexo con las empleadas del local). Entonces, para poder sortear el impedimento legal, estos lugares suelen tener un departamento lindero, al cual se accede por otra puerta, y donde se lleva a cabo la explotación sexual. Eso también está prohibido y, a pesar de ser conocido por todos los inspectores municipales de todo el país, se arregla mediante “coimas” y otros eufemismos que son un negocio brillante.
Las mayores víctimas de este negocio son las mujeres en situación de prostitución y los más invisibilizados son los responsables directos: los consumidores. Si no existieran señores que consumen el cuerpo de las mujeres en situación de prostitución, ninguno de estos negocios existiría. Supuestamente los cabarets son lugares de recreación, de espectáculo, pero esto no necesariamente incluye sexo con las personas que trabajan ahí.
Considero que la actual Ley de Trata, por regirse de acuerdo con el Protocolo de Palermo, no ha servido en la Argentina ni en el resto del mundo. De hecho ha crecido la trata a nivel mundial y no es casual. Del tercer negocio ilegal mundial ha pasado a ser el segundo. Significa un gran ingreso de divisas para todos los países, a costa del cuerpo de las mujeres.
No hay ningún proyecto para mejorar esta situación y ni siquiera para aplicar el convenio del ’49 que está vigente.
Con casos como el de Marita Verón, se ha vuelto a hablar de la Ley de Trata y ha quedado demostrado hasta el día de hoy que no ha solucionado el problema.
Opinión II
Esperamos que la justicia no tenga vendas en los ojos por las otras familias que buscan
Fabiana Tuñez
Asociación Civil La Casa del Encuentro.
Tucumán, el 3 abril de 2002 fue secuestrada María de los Ángeles Verón, su madre esperaba que regresara a su casa pero eso nunca sucedió, hasta el momento. Una madre más que tiene que enfrentarse a una de las peores realidades, la desaparición de una de las personas más queridas.
Comenzó allí su ardua tarea de búsqueda. Allí comenzó a enterarse que la trata de personas para la prostitución se había llevado a su hija, comenzó a saber qué significaba, cómo operaban y quiénes en su provincia estaban relacionados con estas organizaciones criminales y mafiosas.
Ella buscando a Marita fue rescatando otras víctimas, las que le contaron que la vieron a su hija pero que alguien se la había llevado.
El caso de Marita Verón instaló en la sociedad y en la agenda pública una realidad de la cual no queríamos hablar y aceptar. Se convirtió en un emblema junto con la lucha que lleva incansablemente su madre.
Una Madre Coraje estará sentada mirando a los ojos a los 13 imputados, escuchando las declaraciones de los/as testigos, a la espera de que se haga justicia, con la esperanza de que a partir de lo que pase se puedan abrir nuevas líneas de investigación que puedan dar con el paradero de Marita, ayuden a destejer las telarañas de complicidades y condenar a todos los responsables.
Este juicio es emblemático y esperamos que la justicia no tenga vendas en los ojos porque hay otras familias que también esperan y buscan a sus hijas…
Susana, la sociedad está con vos y con tu nieta. ¡Aparición de Marita, Justicia y Verdad!
Opinión III
Marita entró en la memoria colectiva como una daga
Esther Any Krieger
Psicoanalista. Miembro didacta APA.
El caso Marita Verón es imposible de ser llevado al olvido; ha entrado en la memoria colectiva como una daga clavada en el corazón de la sociedad y que dejará una huella indeleble aunque Marita aparezca y así lo deseamos: que aparezca.
Al nombrarla, automáticamente aparece Susana Trimarco, su madre.
Esta madre ha cobrado la dimensión emblemática de lo que un sujeto decidido encarna cuando queda sujetado a su deseo. El deseo de encontrar a su hija cueste lo que cueste...
Esta mujer es una piedra en el camino de los responsables de encontrarla y, por qué no, también produce la vacilación de quienes la secuestraron.
Es una mujer que no piensa “yo no voy a poder”; muy por el contrario, tiene la convicción de que es posible.
A través de su coraje y sana obstinación nos convoca a pensar que, el que quiere puede. Un verdadero ejemplo a seguir en la época que nos toca vivir, donde justamente el ejemplo de actuar en relación al deseo... ha enfermado de anorexia.
Fuente:TiempoArgentino



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