15 de marzo de 2012

Circuito Camps: el escarmiento a los estudiantes secundarios.

Circuito Camps: el escarmiento a los estudiantes secundarios
El sobreviviente de la Noche de los Lápices, Pablo Díaz, recordó su secuestro durante la dictadura y lo inscribió en un plan de persecución y secuestro sistemático de alumnos en La Plata. También recordó a sus compañeros.
14.03.2012 
Por Pablo Roesler
pabloroesler@gmail.com
Pablo Díaz sabe que su nombre orienta a la memoria colectiva directamente hacia La Noche de Los Lápices, por eso al declarar como testigo en el juicio por el Circuito Camps que se realiza en La Plata, habló del plan de “secuestro sistemático” como un “escarmiento” que la dictadura trazó contra los estudiantes secundarios, contó sobre la organización de los estudiantes y recordó a sus compañeros desaparecidos. El sobreviviente declaró por su caso de secuestro y tortura en dictadura, y también hizo denuncias sobre violencia sexual y de la presencia de sacerdotes en los centros de tortura.

“Tengo el reflejo de que le digo a mi hermano: ‘me vienen a buscar a mi’”, contó Pablo Díaz al recordar cuando una patota irrumpió en su casa a las 4 de la madrugada del 21 de septiembre de 1976. Y explicó: “Pero ¿porqué no era sorpresa para mi que me estén secuestrando? Porque antes de septiembre, desde julio y agosto, habían pasado desapariciones o secuestros de varios estudiantes secundarios de La Plata, lo cual yo era en ese momento”.

“Cuando era gobernador Iberico Saint Jean, el ministro de educación de la provincia de Buenos Aires era el general Ovidio Salani, y en la Universidad Nacional de La Plata, de la que dependían el Colegio Nacional, el Bellas Artes y los colegios de la universidad, estaba el capitán de Navío Saconne. O sea que, para que se den una idea, el Ministerio de educación y los colegios estaban bajo la órbita de las fuerzas de seguridad”, recordó.

Y sobre el final de su exposición se preguntó: “¿Porqué en el gabinete de Saint Jean el único militar ministro fue el de educación? ¿Porqué un capitán de navío era rector de la Universidad? Porque no era ajeno para ellos el tema de la educación. Yo siempre presumí que la necesidad de hacernos desaparecer era como escarmiento para el cierre de los centros de estudiantes”.

Recordó que en 1984 cuando concurrió a la Conadep para hacer su denuncia tuvo en sus manos una carpeta del comisario Alfredo Fernández con un memorándum que había sido girado a la jefatura de la Policía Bonaerense y al Estado Mayor, que llegó a manos de Miguel Etchecolatz.

“Esa nota –continuó Díaz- hablaba de la peligrosidad de los estudiantes en función de potenciales subversivos y que proponían un escarmiento y represión sobre los secundarios de la ciudad de La Plata. Lo que proponía era el secuestro sistemático de estudiantes secundarios y la elaboración de listas de las escuelas, que eran elevadas al Ministerio y luego al Batallón 601”.

Pablo Díaz recordó que hay 238 adolescentes entre la edad de 14 y 17 años desaparecidos durante la dictadura, entre quienes se cuentan sus compañeros.

La Noche de los Lápices. Díaz recordó que iba al colegio España, de 12 y 60, que participaba en la Coordinadora de Estudiantes Secundarios, que tenía militancia en la UES primero y luego en la Juventud Guevarista. En ese contexto inscribió su secuestro y el de los chicos de La Noche de los Lápices.
Recordó que luego de ser secuestrado en su casa fue llevado al destacamento de Arana, donde estuvo entre 7 y 9 días. Allí fue torturado brutalmente. Y también recordó un simulacro de fusilamiento.

“De repente entra alguien y dice: ‘los vamos a matar. Es hora de que se confiesen. Quién quiere hacerlo conmigo’. Yo todavía tenía un pullover (como capucha) y veía borceguíes y una sotana, así que era un cura y hablaba con un cura”, recordó.

Y continuó: “Me levantan y siento que van otras personas conmigo. Cuando salgo del edificio, siento que me ponen contra una pared, como que me iban a fusilar. Siento que pasa otra persona, que me hace decir un padre nuestro, que dice “prepárense” y “tiren”. Y tiran. Escucho disparos. Yo lo que recuerdo es que dije: ‘Mamá’. Era un segundo. Creías conocer el dolor de los disparos. Era un segundo y le puedo asegurar que es eterno porque uno no sabe como es la muerte”, relató.

Sobre el final de su testimonio dijo que supo que ese sacerdote era Astolfi. También dijo que un policía Bonaerense de apellido Hurst le dijo que él y los otros chicos de La Noche de los Lápices habían estado en Arana por orden de Etchecolatz.

Su desaparición continuó en el campo de concentración conocido como Pozo de Banfield, donde estuvo desde septiembre hasta el 28 de diciembre de 1976.

“En el Pozo de Banfield me vuelvo a encontrar con mis amigos que habían sido secuestrados el 16 de septiembre”, recordó. Y continuó: “Ahí estuve 90 días. Las condiciones eran diferentes porque era un depósito”.

“La particularidad es que me encontraba con muchos estudiantes secundarios que no eran amigos míos pero que eran de la coordinadora o de la UES”, contó y enumeró: “En el pozo de Banfield estaban Claudio de Hacha, María Claudia Ciocchini, Claudia Falcone, Horacio Ungaro, David Racero y Francisco López Muntanter. Ellos tenían mi edad, así que yo los conocía”.

Durante esos tres meses de cautiverio asistió a dos embarazadas, Gabriela Carriquiriborde y Stella Maris Montesano de Ogando, hasta que fue puesto a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Fue trasladado al “Pozo de Quilmes”, donde permaneció 30 días, y tras permanecer un día en la comisaría de Valentín Alsina fue llevado a la Unidad 9 de La Plata, donde estuvo preso 4 años y ocho meses.

Entre todos los implicados en su secuestro, Díaz mencionó a tres imputados en el juicio: el policía Roberto Grillo y el comisario Eros Amilcar Tarella, como integrantes de la patota que lo secuestró; y a Etchecolatz, como quien dio la orden.

Además, recordó que un oficial de inteligencia del batallón 601 le confesó cuando él buscaba información personalmenye que participaron civiles en el secuestro de estudiantes secundarios, y señaló a la patota de la CNU: “Carlos Castillo, alias el Indio, Carlos Cardoso, José Díaz, Juan Rivadaneira, Oscar Leiva alias el Negro, Masotta, Quinteros alias el turco y Néstor Beroch”, enumeró.
Fuente:Diagonales

PABLO DIAZ DECLARO EN LA PLATA SOBRE LA PERSECUCION A LOS ESTUDIANTES DURANTE LA ULTIMA DICTADURA
El plan contra los secundarios
El sobreviviente de La Noche de los Lápices habló de la organización de los estudiantes en La Plata y de las 328 víctimas de entre 14 y 18 años. También de las denuncias sobre violencia sexual y de la presencia de sacerdotes en los campos.
Por Alejandra Dandan
Pablo Díaz mencionó a los represores del Circuito Camps, a los que están acusados y a los que murieron antes.
Como quien sabe que los procesos de justicia se hacen con la memoria de cada sobreviviente, Pablo Díaz se puso a leer un papel con una lista de nombres que empezó a pronunciar lentamente ante los jueces. Allí estaban los nombres de los acusados que lo escuchaban a sus espaldas, los que llegaron vivos al juicio oral por el circuito Camps. Pero también estaban los otros: los que ahora están muertos y no están siendo juzgados. Pero así leídos, con empecinamiento, esos nombres lograron ingresar de prepo al rito del juicio, al menos simbólicamente.

“Yo me pregunto –dijo Pablo Díaz sobre el final de su declaración– por qué (el gobernador de la provincia de Buenos Aires Ibérico) Saint Jean puso al único militar de su gabinete en el Ministerio de Educación. O por qué un capitán de navío fue rector de la Universidad de La Plata. Indudablemente no era ajeno para ellos el tema de la educación”, explicó. “Siempre presumí que la necesidad de hacernos desaparecer como escarmiento había sido con el cierre de los centros de estudiantes, pero después ellos nos escucharon gritar cómo decíamos ‘¡mamá!’o ‘¡papá!’ porque cuando nos secuestraron teníamos 15, 16 o 17 años. Una vez, me explicó uno de ellos: ‘El tema es que a vos no te torturaban por tener 16 años –me dijo–, te torturaban porque eras un demonio’.”

Pablo Díaz declaró en el juicio por el circuito Camps como lo hace desde hace años, pero esta vez lo hizo como víctima de lo que él mismo definió como “el plan sistemático sobre los colegios secundarios”. Se detuvo en varios ejes que le dan carácter a esa definición. Habló de los antecedentes de la organización de los estudiantes en La Plata, de su expansión y de las 328 víctimas que cayeron de entre 14 y 18 años. En otro tramo ingresó en las denuncias sobre violencia sexual.

La extinción
A Pablo lo secuestraron el 21 de septiembre de 1976, pero antes de describir el operativo eterno en el que intentaron tirar abajo las puertas de su casa; o de avanzar con su ingreso a Arana, al Pozo de Banfield y la prisión en la Unidad 9 de La Plata, volvió un paso atrás para explayarse en lo que en definitiva molestaba: la expansión de los secundarios.

“Me toman por los brazos, me arrastran y me tiran al piso y me ponen un pulóver en la cabeza, pero para mí no era una sorpresa el hecho de que me estaban secuestrando”, explicó. “Antes de septiembre, desde julio hasta agosto, habían desaparecido o secuestrado a varios estudiantes en La Plata. Yo estaba en el colegio España, pertenecía a la Coordinadora de Estudiantes Secundarios, militaba en las agrupaciones políticas partidarias, primero en la UES y luego en la Juventud Guevarista.”

Pablo explicó cómo los casos se repitieron en julio y agosto. Y cómo las familias se ponían muy reticentes para contarlo. “Ahí no entendíamos nada hasta que el 4 de agosto, por un hecho del colegio nacional, cuatro chicos fueron separados del curso quince minutos antes de que tocaran el timbre y los llevaron al despacho del vicedirector, los interrogaron y los secuestraron desde el mismo despacho.” Supieron que las listas de las escuelas llegaban al Ministerio de Educación, y entonces a las Fuerzas Armadas, y de allí al Batallón 601. “O sea: para que se den una idea, el ministro de Educación y los colegios estaban bajo la órbita de las fuerzas de seguridad.”

En Arana estuvo ocho o diez días. Entre las torturas, hubo un simulacro de fusilamiento y antes, la voz del cura Luis Astolfi que pasó a confesarlo: “Le dije que había militado, y el cura me acariciaba la cabeza, y me dijo: ‘Pero ya es tarde’. Nos levantan y siento a otras personas conmigo. Cuando salgo siento perros que ladran. Vamos y siento que me ponen contra una pared como que me iban a fusilar, y otra vez escucho a esa persona que dice: ‘Hijos, vamos a rezar el Padrenuestro’”. Lo rezó. “Digo el Padrenuestro, y escucho: ‘Prepárense. Tiren’. Y tiran y siento disparos. Lo único que recuerdo es que dije: ‘Mamáaa’. Era un segundo, creías conocer el dolor, pero los disparos nunca me habían pasado: sabía que me habían disparado o eso creía, y fue un segundo, pero fue eterno porque uno no sabe cómo es el momento de la muerte.”

“Ya no puedo ser mujer”
Pablo habló muchas veces de la despedida de María Claudia Falcone en el Pozo de Banfield y de la relación que tejió ahí, con ella, pared de por medio. Ayer se detuvo en esa escena. Era el 28 de diciembre, cuando le anunciaron que se iba. Pablo pidió despedirse de ella. “Ella me dice que no podía ser mujer porque la habían violado, en Arana, 16 años tenía, y me dice que no íbamos a poder estar juntos”, explicó deteniendo el relato. Pablo dijo que esto tampoco lo había sorprendido. Que en otro momento, cuando los sacaban a los baños, escuchó a una de sus compañeras a los gritos, tenía 17 años, se defendía de uno de los guardias. La chica empezó a pegarse la cabeza contra una pared y repetía que iba a matarse. “Entonces cuando Claudia me dice que había sido violada –dijo él–, la verdad es que estaba desgarrada.”

Cuando uno de los fiscales, le preguntó por sus condiciones de detención y la higiene, Pablo mencionó otro episodio en un baño. Esta vez, un guardia que lo llevó y le dijo: “¡Qué lindas tripas que tenés!” “Yo me asusté –dijo Pablo– porque creí que iba a ser violado.” El guardia dijo algo más, dijo que al final eran todos maricones. Y Pablo explicó que esas situaciones no se repitieron demasiado porque él evitaba ir al baño: “Iba muy pocas veces: me acostumbré a hacerme encima, esta es la verdad”.
FuentedeOrigen:Pagina12
Fuente:Agndh

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