Reclamo de la comunidad palotina
La comunidad palotina sigue trabajando en la causa de canonización de los cinco religiosos asesinados durante la dictadura militar en la denominada Masacre de San Patricio, de la cual ayer se cumplieron 36 años, y en la reapertura de la causa penal, ya que hasta el día de hoy nunca fue esclarecida en la justicia.
“Para nosotros como comunidad –de eso se trata ser Iglesia– es siempre una alegría poder celebrar este acontecimiento que cambió para siempre nuestra vidas y la de la Iglesia en la Argentina. Aunque aún no sabemos quién y por qué los asesinaron, seguimos trabajando y orando para algún día poder aclarar este terrible hecho”, evaluó el padre Juan Sebastián Velasco, impulsor de la canonización de los mártires palotinos.
En ese marco, el sacerdote señaló que –paralelamente a la causa de canonización– “se está trabajando en la reapetura de la causa penal, que no prescribe por ser considerado un crimen de lesa humanidad”.
La muerte de los tres sacerdotes y dos seminaristas, que fueron asesinados el 4 de julio de 1976 en la Parroquia San Patricio del barrio porteño de Belgrano, nunca fue esclarecida en la justicia, aunque algunos testigos coincidieron en que los autores pertenecían a un grupo de tareas de la ESMA, versión que demostró el periodista Eduardo Kimel en su libro La Masacre de San Patricio.
FuentedeOrigen:TiempoArgentino
Fuente:Agndh
La masacre de San Patricio
Roberto Killmeate, uno de los sobrevivientes de la masacre de San Patricio, consideró que el fusilamiento de cinco religiosos católicos fue “una advertencia a la iglesia para que se silencie y fue el objetivo que consiguieron”.
El 4 de julio de 1976, un grupo de tareas entró en la iglesia palotina de San Patricio, en Belgrano, y acribilló en el piso a los sacerdotes Alfredo Leaden, Pedro Dufau, Alfredo Kelly y a los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti.
“Fue un mensaje para todos los que intentaban abrir las mentalidades o cuestionar a procesos no democráticos”, refirió Killmeate a 36 años de la masacre. Seminarista a punto de ordenarse, Killmeate vivía en la iglesia de Belgrano, pero estaba estudiando en Colombia cuando ocurrió la masacre, razón por la que se salvó.
FuentedeOrigen:Pagina12
Fuente:Agndh
04 de Julio
La comunidad palotina realizó un homenaje a las víctimas de la "Masacre de San Patricio "
La comunidad palotina recordó a los religiosos asesinados hace 36 años durante la última dictadura militar, con un a misa y un acto llevado a cabo en la Parroquia San Patricio, lugar donde ocurrió la masacre, al tiempo que renovó sus pedidos de justicia y de canonización de los cinco religiosos.
Fue con una ofrenda floral y una misa celebrada en la misma parroquia donde fueron asesinados los sacerdotes Alfredo Leaden, Pedro Dufau, Alfredo Kelly y los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti, que los Padres Palotinos en Argentina evocaron la memoria de las víctimas de la denominada "Masacre de San Patricio", perpetrada el 4 de julio de 1976 en pleno Belgrano R.
En diálogo con Télam, el párroco de San Patricio, Pablo Bocca, reflexionó acerca del aniversario, y sostuvo que lo ocurrido esa madrugada se trató del "hecho más grave para la Iglesia en la historia argentina, un hecho atroz en el que se mataron a los cinco miembros en la propia casa" religiosa.
"Hubo gente que no estuvo presente por distintas razones, pero si hubieran estado hubiera sido mucho más grave. Se trató del hecho más grave que sufrió la Iglesia argentina en su historia y nosotros como comunidad también", afirmó el párroco, al tiempo que reiteró que se encuentra en marcha el proceso de reapertura de la causa judicial y de canonización de los "mártires".
Y agregó: "Queremos saber la verdad y que salga todo a la luz. Que podamos saber qué pasó y quiénes han sido los autores. Esto no se va a sanar hasta que no esté todo a la luz y no se sepa la verdad. El pedido de reapertura de la causa surgió el año pasado y ahora están nuestros abogados trabajando en el tema. Estamos esperando la aprobación de la congregación en Irlanda", anticipó.
Sobre el oficio religioso, el sacerdote a cargo de la misa señaló que la comunidad palotina celebra "estos 36 años, como todos los años, para hacer memoria sobre ellos en el lugar que nos reúne como comunidad. Porque desde ese lugar queremos recordarlos y no desde el sacrificio de sus vidas y de la fidelidad a Cristo o a la Iglesia".
La tradicional ceremonia tuvo también pasajes dedicados a la memoria del fallecido periodista Eduardo Kimel, autor de la investigación periodística registrada en el libro "La masacre de San Patricio" (1989) y que le costara a su autor ser el único condenado de la causa, solamente por cuestionar el desempeño del juez Guillermo Rivarola a cargo entonces de la causa judicial.
Al evocar la memoria de Kimel, el legislador porteño y ex fiscal de la investigación, Aníbal Ibarra, sostuvo a Télam que la condena al periodista "ha sido una gran injusticia, él la peleó, pero luego de su muerte finalmente llegó la anulación de todo ese juicio. Hubiera sido mucho mejor muchos años antes"
"Su condena fue profundamente injusta porque hizo un trabajo de investigación y esbozó una tenue crítica sobre un magistrado, que le costó una condena por parte de la corporación judicial", señaló el ex jefe de Gobierno, al tiempo que se mostró optimista acerca de una posible reapertura de la causa.
Por su parte, el secretario de Culto, Guillermo Oliveri, aseguró a Télam que el Estado acompañará la presentación judicial que realizará próximamente la congregación palotina, ya que debe "esclarecerse este crimen, que fue parte de estas fuerzas oscuras que gobernaron el país y que se cobraron estas cinco vidas, de quienes solamente pedían por la mejora de los más humildes y en paz".
Fuente:Telam
Recuerdo del periodista que investigó la masacre
Eduardo Kimel: alguien que también supo dar testimonio en los momentos difíciles
Por Oscar Taffetani
“El juez Rivarola –escribió Eduardo Kimel en su libro La masacre de San Patricio, de 1989- realizó todos los trámites inherentes. Acopió los partes policiales con las primeras informaciones, solicitó y obtuvo las pericias forenses y las balísticas...
...
Hizo comparecer a una buena parte de las personas que podían aportar datos para el esclarecimiento. Sin embargo, la lectura de las fojas judiciales conduce a una primera pregunta: ¿se quería realmente llegar a una pista que condujera a los victimarios? La actuación de los jueces durante la dictadura fue, en general, condescendiente, cuando no cómplice de la represión dictatorial”.
Aquel párrafo, que resumía una verdad tan grande y obvia como la redondez de la Tierra (y que explica la vergonzoza impunidad en la que permanecieron miles de crímenes de la dictadura) marcó el inicio de un calvario judicial para Eduardo, quien recibió una querella penal por “calumnias e injurias” (de parte del juez aludido) y una condena en primera y tercera instancia de los tribunales argentinos.
Casi veinte años transcurrieron, entre apelaciones, denegaciones y ausencia de justicia, para Eduardo, para el libro de Eduardo, para la memoria de tantas víctimas de la represión ilegal y, finalmente, para los periodistas (no para todos, en rigor, sino para aquellos que seguimos creyendo que el único valor no negociable, en una investigación, es la verdad). Hasta el diario La Nación, tan caro a jueces y juristas, llegó a expresar en un editorial la paradoja de que el único condenado, tras la masacre de San Patricio, era el periodista que la había investigado.
“Los asesinos, probados pero sueltos”, escribió Walsh en 1957, refiriéndose a los fusilamientos clandestinos en José León Suárez. Eso mismo volvió a escribir, con otras palabras y treinta años después, Eduardo Kimel, al concluir su investigación sobre la masacre de San Patricio. Los Walsh y los Kimel ayudan a delinear para nosotros, los periodistas, un modelo ético y profesional indestructible.
A fines de 2008 llegó el dictamen de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, pero Griselda Kleiner, su compañera de lucha y de sueños, ya no podía abrazarlo a Eduardo Kimel, en la celebración. El cáncer contra el que ella batalló por mucho tiempo, con ese físico menudo que había conocido los rigores de la cárcel y la violencia represiva, decidió emitir su fallo, inapelable, unos meses antes que la Corte Interamericana. El de Griselda era el rostro que más hubiera querido ver Eduardo aquel día de victoria, para decirle “¿Viste? ¿Viste? ¡Ganamos!”. Y poco tiempo después, previsiblemente, como quien ha cumplido con la tarea máxima y encuentra que cualquier otro desafío ya no es importante, se despidió Eduardo.
Aunque la dictadura había quedado atrás, los '90 seguían siendo tiempos duros para la investigación periodística. Escaseaban los aliados o los valientes en la corporación judicial. Y el mensaje que llegaba desde los despachos oficiales era uno solo: "mejor olvidar, mejor dar vuelta la página, mejor no remover esa historia". Y Eduardo Kimel fue uno de los corajudos periodistas que dijeron no, y que no renunciaron a los valores más preciados de nuestra profesión. Por eso, al recordar a los palotinos masacrados en San Patricio, siempre recordaremos al colega y compañero Eduardo Kimel. A su modo, sin ser devoto ni creyente, él supo dar testimonio, en los momentos difíciles.
FuentedeOrigen:Telam
Fuente:Agndh


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