24 de agosto de 2012

PARANÁ: Se desarrolló una nueva audiencia en el marco de la Causa Hatguindeguy.

Se desarrolló una nueva audiencia en el marco de la Causa Hatguindeguy 
Pedro y José González relataron los hechos que rodearon el secuestro y desaparición de su hermana “Noni” 
El retirado teniente coronel Santiado Kelly del Moral consultó a su defensa en reiteradas oportunidades este jueves.
“Sé que me falta mi hermana. Sé que la secuestró la dictadura, de eso no tengo dudas”. 

Así definió José Luis González ante el Tribunal Oral Federal de Paraná qué pasó con su hermana, la militante peronista Norma Beatriz González. José Luis y Pedro Tomás relataron este jueves cada hecho que rodeó el secuestro y desaparición de Noni, tal como la apodaban y aún recuerdan. Contaron cuál fue el peregrinar de la familia y particularmente de su madre para dar con el paradero de la joven. 

“Apenas tenía 21 años y era una militante social. Después del trabajo iba al barrio a brindar su solidaridad a la gente que lo necesitaba y solía contener a presos políticos en la cárcel de Gualeguaychú”, señalaron. Por otro lado, se pudieron oír los testimonios de un ex agente de la Oficina de Sumarios de la Jefatura Departamental de Policía, Hipólito Irigoytía; y del juez correccional de Gualeguaychú, Benito Agustín Siboldi. 

Ambos deponentes dijeron no recordar con precisión demasiados detalles de lo que sucedía durante el golpe militar. Aunque reconocieron que hubo operativos a manos de las fuerzas de seguridad, detenciones ilegales y secuestros, todo “por comentarios” o porque “se sabía”. 
Por Natalia Buiatti
Este jueves continuaron las audiencias en el marco de la Causa Harguindeguy. Se oyeron los relatos de los hermanos de Noni González, de un ex agente de la Policía y el juez correccional Benito Agustín Siboldi. En este tramo del proceso se ventilan los delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar en el Área Gualeguaychú, la tercera de las causas que componen la megacausa Harguindeguy, que investiga los hechos sucedidos en toda la costa del Uruguay. 

Para el Área Gualeguaychú serán en total 68 los testigos que comparecerán ante el Tribunal Oral Federal de Paraná y está previsto que las audiencias se extiendan hasta noviembre. 

Vale señalar que se investigan los delitos de los que fueron víctimas Enrique Zapata, Héctor Rodríguez, Víctor Carlos Ingold, Félix Donato Román, Emilio Raúl Martínez Garbino y Jaime Gustavo Martínez Garbino. 

En tanto, entre las víctimas, Oscar Alfredo Dezorzi y Norma Beatriz González continúan desaparecidos. Es preciso señalar que en esta parte del debate están sentados en el banquillo de los acusados el ex ministro de facto, Albano Harguindeguy; al mayor Juan Miguel Valentino -quien fue jefe del Escuadrón de Exploración de Caballería Blindada II con asiento en Gualeguaychú-; y al teniente coronel Naldo Miguel Dasso -ex jefe del Regimiento de Caballería de Concordia-. 

Además, de los jefes de Área y Harguindeguy, en el banquillo de los acusados también están Santiago Kelly del Moral, retirado con el grado de teniente coronel y entonces jefe de Sección de Exploración en el Escuadrón de Gualeguaychú; y los ex policías de la provincia Juan Carlos Mondragón y Marcelo Alfredo Pérez. 

“Acá veo que la lucha valió y nos fortaleció” 
Frente al tribunal encabezado por Lilia Carnero y compuesto por Noemí Berros y Roberto López Arango, José Luis González juró decir la verdad por el honor de su hermana desaparecida y de su madre ya fallecida. Noni González era militante en un primer momento de Acción Católica, y luego se volcó al peronismo. 

Trabajaba en el Supermercado El Picaflor de Gualeguaychú y estaba por casarse con Raúl Rodera, un detenido político que permanecía alojado en la Unidad Penal de Gualeguaychú. “Tengo todo muy grabado porque estaba ahí cuando la secuestraron a Noni”, aseguró en el mediodía de este jueves. “Fue un día de septiembre del ‘76. 

Yo había ido a colaborar con otra hermana que estaba trabajando en el negocio de mi madre, quien en ese momento se encontraba enferma. Noni estaba en su empleo. A media mañana fui a comprar cosas al comercio donde se desempeñaba. Cuando ya había hecho la compra y estaba por llegar a la caja para pagar, la dueña del supermercado me dijo que se la estaban llevando. 

Salí lo más rápido posible y alcancé a ver el auto que supuestamente se la llevó. Hasta el día de hoy recuerdo que era amarillo opaco. No sé si se trataba de un Fiat 128 o 125. Tampoco alcancé a ver si dobló o siguió por calle Urquiza”, detalló. “Yo era muy chico, tenía 20 años.

Me volví al negocio de mi madre donde estaba mi otra hermana y le conté. No sabíamos qué hacer. Decidimos llamar a un hermano mayor que trabajaba en la Aduana. Cuando él llegó fuimos a consultarle a un abogado, quien nos recomendó que hagamos la denuncia. Entonces, fuimos a la Jefatura de Policía, pero allí nunca nos tomaron la denuncia”, reclamó.

“De inmediato, volvimos al abogado. Nos dijo que presentemos un habeas corpus. Luego salimos de ahí y fuimos a contarle a mi madre que estaba en mi casa”, asentó José Luis González. El testigo narró los hechos que siguieron a la desaparición de su hermana. 

“Vinimos a Paraná, al Servicio de Inteligencia para hacer el reclamo, para ver si podíamos averiguar algo. Nosotros pensábamos que seríamos los únicos, sin embargo, cuando llegamos, cerca de las 7.30, de la mañana había una fila de 20 ó 30 personas esperando afuera. Todos estaban por casos similares al nuestro”, aseveró, al tiempo que calificó a las personas encargadas de atenderlos como “lentos, soberbios y ladinos”. 

“No les importaba que estuviéramos cinco horas afuera esperando. Era la infamia a la máxima potencia y el cinismo”, agregó. “Nos atendió un coronel que nos dijo con rostro de piedra: ‘no tenemos ninguna novedad’. Y nos volvimos”, rememoró. José Luis además recordó que a mediados del ‘77 el diario Crónica hizo una publicación donde referían a un operativo del Ejército en el que habían detenido a “subversivos”. La nota tenía un listado en el que figuraba Noni.

“Como lo publicaron a nivel nacional, teníamos la esperanza de que esté detenida”, apuntó Tiempo después consiguieron una reunión con Albano Harguindeguy en Buenos Aires. “Antes de ingresar nos revisaron por completo, con desprecio. Nos hicieron pasar a un despacho muy amplio, todo de madera, con luz tenue. 

Nos sentaron custodiados. Luego se abrió una puerta y llegó Harguindeguy. Mi madre trató de explicar, y preguntar si tenía alguna novedad. Le dijo que había sido publicada una lista en ese medio de prensa… 

Él, fríamente respondió: ‘señora, no tengo ninguna novedad. Así que se pueden retirar’. Ese rostro me quedó grabado. Mi madre le retrucó: ‘ministro, quiero que entienda mi situación’. Pero Harguindeguy, insistió: ‘si en este momento están deteniendo un familiar mío, yo no lo sé’”, sentenció para concluir un áspero intercambio de palabras.

“Sé que me falta mi hermana. Sé que la secuestró la dictadura, de eso no tengo dudas”, ratificó José Luis González, sentado ante el tribunal. A su lado, los imputados se mostraban inmutables. Mientras el testigo víctima volcaba todos sus recuerdos y pedía justicia, Kelly del Moral descansaba, dormitaba, perdía el equilibrio de su cabeza, se refregaba el rostro con las manos y se recomponía. 

¿Aún la espera?, preguntó la presidenta del tribunal 
 “Por supuesto que sí. Sería más simple contestar que seguramente está muerta, pero no está…” (El silencio invadió la sala). 

El deponente también contó que antes del secuestro, Noni había sido detenida. “Fue antes de agosto del ’76 por la Policía de Gualeguaychú, fue trasladada a Concepción del Uruguay y luego devuelta”, dijo. Por otro lado, habló del rol de la Iglesia durante la última dictadura.

“Soy cristiano, pero como institución me defraudó”, lamentó. Por último, pidió que se haga “justicia, pero sin venganza”. Por su parte, Pedro Tomás González relató los mismos sucesos sobre el secuestro de su hermana. 

Contó que luego de insistir, en la Jefatura Departamental terminaron por tomarle una exposición. Agregó que esa misma tarde fueron al Regimiento de Gualeguaychú para entrevistarse con Valentino y Martínez Zuviría. “Nos dijeron que no sabían nada, pero que iban a averiguar a la Policía Departamental de Paraná”, recordó. 

En tanto, agregó que varias oportunidades les allanaron la casa donde vivían. Dos veces antes del golpe de Estado y una tercera el mismo 24 de marzo. “Fue increíble. Cuando llegaron a la chacra ya habían allanado casi todo Gualeguaychú. A cargo de los operativos estaba el subteniente Kelly del Moral. A mi casa entraron por el norte y el sur. Cortaron los alambres. Venían sin una orden judicial. El personal que actuaba sólo era del Ejército. 

Eran muchos hombres, algunos quedaron en la calle y en el terreno. A la casa entraron como 8 o 10, pero eran como 25 o 30. Todos uniformados”, aseguró. Pedro Tomás González refirió que acompañó a su madre la Nunciatura en Buenos Aires para averiguar algo de su hermana. “Allí nos trataron igual que los militares. Nos pidieron el número de documento, y nos dijeron que si sabían algo nos iban a avisar. 

Era lo mismo que el Ejército”, recalcó. Asimismo, enumeró los organismos ante los que realizaron gestiones: “Mami hizo gestiones en Derechos Humanos, en la Conadep, viajó a Brasil, fue parte de Madres de Plaza de Mayo de Gualeguaychú. Tuvo una gran lucha”. Al igual que su hermano, recordó la publicación en el diario, pero dijo que no se trataba de Crónica, sino de La Razón.

“La nota era sobre la causa Cáceres Monié. Publicaban una lista de detenidos y decía que Norma Beatriz González y Oscar Alfredo Dezorzi, estaban prófugos. Aunque en realidad mi hermana ya estaba desaparecida”, contrastó. 

Los testigos que recordaban poco
La audiencia de este jueves abrió con el testimonio de Hipólito Irigoytía, quien se desempeñó como oficial de Policía auxiliar de tercer grado en la Jefatura Departamental y en Fiscalía.

Si bien recordó haber labrado actas de personas desaparecidas, en primera instancia no pudo decir de quienes se trataba. Minutos después, admitió que recibió una denuncia en Fiscalía por la desaparición de Norma Beatriz González. Dijo que le dio curso, e intervención a Investigaciones y elevó un sumario al Juzgado de Instrucción. 

“Decían que prácticamente fue secuestrada en el supermercado”, consintió. En tanto, no recordó en ningún momento quiénes eran sus superiores, aunque arriesgó que más de una vez preguntó a sus jefes por los informes que había cursado de personas desaparecidas.

“Evadían darme esas respuestas”, se despegó. Reconoció que se hacían operativos en conjunto entre la Policía y el Ejército. “Se hacían bajo órdenes del Ejército, aunque no sabe si eran escritas o verbales”, afirmó.

También dijo que le tocó hacer “cuatro o cinco allanamientos”, pero no aportó mayor información. Sólo deslizó: “La gente del Ejército pasaba por Jefatura”. “Por comentarios, sé que hubo detenidos políticos. 

En varias oportunidades, y sé de varias personas”, apuntó. Sin embargo, no pudo precisar cómo sabía quienes eran presos políticos y quienes no. “Dicen que hubo detenidos en esa época por política, pero a mí o me consta”, se contradijo minutos más tarde. El ex policía arriesgó por qué la llevaron a Noni González. “Porque era peronista de izquierda”, determinó, dejando estupefacto a los presentes.

Ante la pregunta del tribunal sobre qué es ser “de izquierda”, Irigoytía dijo: “Ser de izquierda era no concordar con la idea de nosotros”. Además, aseguró que en los allanamientos buscaban armas, y quienes se encargaban de los libros y publicaciones eran agentes del Ejército. “Casi todos los operativos eran conjuntos, como si prestáramos colaboración”, describió. 

“Todas las órdenes venían del Ejército”, apuntó; y añadió que cuando se regresaba de un operativo no reportaba a nadie lo que había sucedido. “A los informes los hacía el Ejército”, recalcó. Por último, ante la pregunta de la Defensa, indicó que los jefes de las departamentales de Policía generalmente eran militares; reconoció a Valentino como jefe del Regimiento de Gualeguaychú, y aseveró que tenía una estrecha comunicación con la Jefatura de Policía.

“Todo era extraño, sin motivos” 

Por otro lado, Benito Agustín Siboldi, también reconoció las desapariciones de Noni González y Oscar Dezorzi. “La familia González me presentó un habeas corpus. Hicimos todo lo posible, liberamos todos los oficios, pero dieron negativo”, determinó. “Me acuerdo que en esa época se trataba de hacer una cosa pseudo-legítima. 

En este golpe cambiaron el sistema y comenzaron a realizar cosas ocultas, de noche”, esbozó. Dijo que “la fuerza que dominaba era el Ejército”, y reconoció a Valentino como el jefe. Acotó que en una oportunidad fue a la cárcel de Gualeguaychú, donde vio a Jaime y Emilio Martínez Garbino, a Irigoyen y Rodríguez. “Hablé con ellos y les pregunté cómo estaban. Se los veía bien. Me dijeron que estaban bien. 

Estaban en el patio de la cárcel, un día como hoy. Bien vestidos, limpios y no tenían rastros de ninguna naturaleza”, delineó. “Después no los vi más”, deslizó rápidamente. Como juez correccional, dijo que nunca tramitó un habeas corpus por los Martínez Garbino. Además, sobre las detenciones, apuntó que “en la cárcel informaban que los presos estaban a disposición del Ejecutivo, pero no había orden judicial”. Siboldi nunca supo de detenciones masivas en Gualeguaychú. Reconoció el secuestro de Noni, pero dijo que no había argumentos: “Todo era extraño, sin motivos. 

Así, sin ningún tipo de cobertura jurídica. Iban y secuestraban como cualquier delincuente secuestra a gente común”, intentó ejemplificar. “Decían que quienes secuestraban era gente del Ejército y la Policía”, acotó. Argumentó que no investigaba porque no tenía competencia. Y agregó que con el juez de Instrucción nunca se llevaron bien. “En Gualeguaychú eran muy discretos”, se le oyó decir. También admitió que una vez vio una “movilización como para detener a alguien a las 11 de la mañana”. “Lo vi por la ventana de mi estudio, había un uniformado que estaba armado, pero bajé la persiana”, completó.
FuentedeOrigen:AnalisisDigital
Fuente:Agndh


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