16 DE FEBRERO DE 1835: ASESINATO DE FACUNDO QUIROGA
FuenteFoto:Web
Facundo Quiroga, una vez cumplida su misión de mediar entre los gobernadores de Salta (Latorre) y Tucumán (Heredia) -por cierto fracasada-, salió con el doctor Ortiz de vuelta hacia Buenos Aires. En su viaje de ida Rosas lo había advertido que "sus enemigos podían muy bien jugarle una mala pasada". Rechazó la escolta ofrecida por Rosas porque "su persona era la mejor escolta para contener a cualquier cobarde".
Los enemigos eran la gente de López, sobre todo los Reinafé de Córdoba. Después se sabría que Quiroga había sido sentenciado por los gobernantes de Córdoba cuando cruzase la provincia, pero la premura del viaje de ida, hizo que el atentado -preparado en el monte de San Pedro, cerca de Tulumba- no tuviera lugar. Los rumores llegaron a Santiago del Estero encontrándose Quiroga allí, e Ibarra le aconsejó que cambiase el itinerario tomando por las provincias andinas. Pero Quiroga no creyó que los Reinafé se atreviesen a matarle y no solamente tomó por la ruta de Córdoba, sino que volvió a rechazar la oferta de una escolta que le hizo Ibarra.
Sale de Santiago del Estero, solo con el doctor Ortiz y la dotación del carruaje. Le llegan advertencias en el trayecto: el comandante de Tulumba, Guillermo Reinafé, reúne las milicias departamentales; se señala al capitán Santos Pérez como su jefe. No pueden tener otro propósito que la eliminación de Quiroga; pero el caudillo seguirá imperturbable.
El 15 de febrero de 1835 entra en la provincia de Córdoba, cruza por el monte de San Pedro, donde debió ser asesinado en diciembre, y hace noche en la posta de Inti-huasi. Al parecer ha pasado el peligro, pues no se atreverán a atacarle cerca de la ciudad. Reanuda el viaje al amanecer: a las once, en el recodo solitario de Barranca Yaco, una partida armada detiene el carruaje. "¿Qué significa esto?", pregunta Quiroga asomándose a la ventanilla de la puerta: un pistoletazo que le entra por el ojo izquierdo lo deja exánime, un soldado lo despena.
Nadie quedó con vida: ni el doctor Ortiz, ni el cochero, ni los postillones, ni un niño que acompañaba a los postillones en el trayecto de posta a posta. No debía haber testigos. Pero el correo y un ordenanza, que venían a caballo retrasadoss, consiguieron ver todo y testimoniarían contra Santos Pérez (que después de asesinar a Quiroga salió a "los santos perez" [está plagiado del maestro Fontanarrosa]) y la partida de las milicias rurales cordobesas.
Rosas recibió la noticia el 3 de marzo en su estancia San Martín. Estaba escribiendo a uno de sus mayordomos: "Mi querido Don Juan José: Ésta sólo tiene por objeto prevenirle que a Pascual me le entregue veinte bueyes aparentes y como para las carretas. Deseo que le haya ido bien en su viaje".
Allí se interrumpió, porque debió llegarle la trágica noticia. con el tipo de letra cambiada por la nerviosidad, seguiría: "Política: El señor Dorrego fue fusilado en Navarro por los unitarios. El general Villafañe, compañero del general Quiroga, lo fue en su tránsito de Chile para Mendoza por los mismos.
El general Latorre la ha sido a lanza, después de rendido y preso en la cárcel de Salta, sin darle un minuto de término para que se dispusiera, lo mismo que al coronel Aguilar que corrió igual suerte. El general Quiroga fue degollado en su tránsito de regreso para ésta el 16 del pasado último febrero, 18 leguas antes de llegar a Córdoba.
Esta misma suerte corrió el coronel José Santos Ortiz y toda la comitiva en número de 16, escapando sólo el correo que venía y un ordenanza que fugaron entre la espesura del monte. ¡Qué tal! ¿He conocido o no el verdadero estado de la tierra?
Pero ni esto ha de ser bastante para los hombres de las luces y los principios. ¡Miserables! ¡Y yo, insensato, que me metí con semejantes botarates! Ya lo verán ahora. El sacudimiento será espantoso y la sangre argentina correrá en porciones".
Otro estadista del siglo XX hubiera dicho "¡Cuando los pueblos agotan su paciencia, suelen hacer tronar el escarmiento!".
Fuente:MemoriaActual

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