La pelea por el control de los relatos
El gobierno de Correa no logró aprobar la Ley de Comunicación que entró en la Asamblea Nacional en septiembre de 2009. Si el oficialista Alianza País consiguiera hoy la mayoría en el Legislativo, la ley de medios sería prioridad.
Por Mercedes López San Miguel
Desde Quito
Correa comenzó a desarrollar una red de medios afines para contrarrestar a los opositores.Imagen: AFP
Desde su llegada al palacio Carondelet, Rafael Correa comenzó a desarrollar una red de medios públicos, integrada por los diarios estatales El Telégrafo y PP El Verdadero, la agencia de noticias Andes, Ecuador TV y la Radio Pública. Una red a través de la cual Correa le da pelea a la “gran prensa” –así la llama–, como son los diarios de mayor peso en la opinión pública, El Universo y El Comercio, y los canales de TV Ecuavisa y Teleamazonas, que establecen una línea editorial opositora. Su gobierno no logró aprobar la ley de comunicación que entró en la Asamblea Nacional en septiembre de 2009, porque no consiguió el número de votos suficientes. Si el oficialista Alianza País consiguiera hoy la mayoría en el legislativo, la ley de medios sería prioridad.Correa califica habitualmente a los conglomerados mediáticos de “mediocres e incompetentes”. El proyecto de ley que reimpulsaría un nuevo gobierno suyo plantea que la frecuencias del espectro radioeléctrico destinadas al funcionamiento de estaciones de radio y televisión de señal abierta se distribuirán equitativamente, otorgando un 33 por ciento para medios públicos, un 33 por ciento para medios privados y el 34 por ciento para medios comunitarios. Hasta ahora, cerca de 85,5 por ciento de las frecuencias radiales son privadas, 12,9 por ciento públicas y 1,6 por ciento comunitarias, según la Superintendencia de Telecomunicaciones. En el caso de la televisión, 71 por ciento son privadas y 29 por ciento públicas.
Asunta Montoya, secretaria ejecutiva de la Organización Católica Latinoamericana de Comunicación (Oclacc) explica los motivos por los que apoyan la aprobación de la ley junto a otras redes de comunicación. “Garantiza la plena libertad de expresión y de información; democratiza la radio y la televisión distribuyendo equitativamente las frecuencias y elimina los monopolios. Además, fomenta la producción nacional y promueve la comunicación intercultural y plurinacional, entre otros aspectos.”
El proyecto de ley aumenta a 30 años las concesiones de frecuencias, inicialmente reducidas a cinco. Sus detractores cuestionan que se establezca la creación de un ente de regulación que controlaría la emisión de contenidos discriminatorios, sexuales y violentos, así como la redistribución del espacio radioeléctrico. El ente, que contará con un delegado del Ejecutivo, no tendría posibilidad de suspender ni clausurar un medio y sí podrá imponer sanciones administrativas.
Los críticos señalan que las primeras regulaciones se fijaron con la Constitución de 2008, que prohibió a los banqueros ser dueños de medios. Montoya discrepa con ellos. “Actualmente no existe regulación de los medios por parte del Estado. Lo que sí existe son disputas mediáticas entre el gobierno y los dueños de los grandes medios, aliados de la derecha, dando lugar a dos polos permanentemente enfrentados.” Y en particular, sobre la regulación de contenidos incluida en la norma agrega: “De aprobarse la ley de comunicación esperamos que se aplique el artículo referido a la regulación de los medios de manera democrática y con la participación de la ciudadanía representada en veedurías, observatorios y consejos ciudadanos, en los niveles local, provincial y nacional”.
Rubén Darío, director del diario Expreso de Guayaquil, señala a Página/12 que no ve que sea necesaria una ley de medios. “Es innecesaria en la medida en que los periodistas deberíamos ser responsables de lo que publicamos y no debería haber una norma. Si hiciéramos las cosas bien, nadie pondría objeción a nuestro trabajo.”
Se le pregunta si no cree indispensable que se desconcentre y por tanto se democratice el espacio radioeléctrico. “No me opongo a una ley de comunicación si es justa, si atañe a todos los ciudadanos, tanto de medios privados como públicos. Incluso podría ser positiva. Los periodistas esperamos que sea una ley justa y pensada para todos, en la medida en que los medios públicos sean de verdad, porque algunos son progubernamentales”, afirma el director de un periódico que él califica como equilibrado. “No somos como el diario El Universo, que sí es opositor.”
A propósito de El Universo, en 2012 el mandatario logró que tres directivos y el columnista Emilio Palacio fueran sentenciados por injuria a tres años de prisión y el pago de 40 millones de dólares –que luego les perdonó–, por haber publicado una opinión en la que Palacio acusó a Correa de haber ordenado atacar un hospital con civiles donde estuvo retenido durante el intento de golpe del 30 de septiembre de 2010. En el artículo, el columnista llamó nueve veces dictador al presidente. Montoya señala los efectos de ese juicio contra el medio privado. “Los antagonismos más bien dieron lugar a un cierra filas de periodistas y medios privados en torno de la defensa y solidaridad con El Universo. Pero por otro lado también creció la conciencia de la necesidad de una pronta democratización de los medios de comunicación.”
Correa mismo, en una entrevista con este diario el 5 de diciembre pasado, reconoció que la querella contra los periodistas pudo ser uno de los frenos para la aprobación de la ley. “Probablemente. Pero es un ejemplo de que estos señores con su poder mediático están por encima de la ley. En un Estado de Derecho se persiguen delitos, no personas.”
El presidente aclaró que su pelea es con los directivos y no con los periodistas, cuyo sueldo básico ordenó subir en diciembre en un 69 por ciento para colocarlo en 817 dólares y se dijo dispuesto a subsidiar el aumento. La disputa ideológica entre los medios privados y su gobierno es innegable. Tras la probable reelección de Correa, los rivales continuarán por la misma senda.
MAS DE ONCE MILLONES Y MEDIO DE ECUATORIANOS ELIGEN PRESIDENTE, VICE Y CONGRESO
Hoy se vota y el favorito es Correa
Ante la indiscutida ventaja del mandatario candidato, la expectativa se traslada a la Asamblea Nacional, en la que el oficialista Alianza País busca conseguir la mayoría para aprobar proyectos como la nueva ley de medios.
Por Mercedes López San Miguel
Desde Quito
Actividad de último momento en el Consejo Nacional Electoral de Quito, en la previa a la elección.Imagen: AFP
En la Plaza Grande del centro histórico de Quito había gente con ganas de hablar en la víspera de los comicios. Eran algunos de los 11,6 millones de ecuatorianos que hoy elegirán presidente, vicepresidente y los 137 legisladores de la Asamblea Nacional unicameral. El lugar para el descanso sabatino era la emblemática plaza frente al palacio presidencial. Nadie dudaba de que el ganador de los comicios será quien ocupa el sillón de Carondelet desde el 2007. De no mediar una gran sorpresa, el economista Rafael Correa se impondría en primera vuelta frente al banquero Guillermo Lasso, que los sondeos ubican en un alejado segundo lugar, seguido por el ex presidente y ex coronel Lucio Gutiérrez y un puñado de candidatos más.Debajo de los árboles, escapándole al sol del mediodía, un señor mayor señaló con el índice en dirección a la casa de gobierno cuando se le preguntó a quién votaría. Amadeo Moreno, 66 años, ex petrolero, aseguró que la jubilación le alcanza para llegar a fin de mes, que tiene seguro social, y de vez en cuando hace “chauchitas” (changas). “Correa es el único presidente que está haciendo obras. Puentes, carreteras, colegios, es mi pana del alma”, dijo convencido de que quiere al mandatario por otros cuatro años. La Constitución aprobada en 2008 permite una sola reelección y Correa ya ha dicho en esta campaña que después de 2017 se retiraría.
Ante la indiscutida ventaja del mandatario candidato, que según las encuestas obtendría entre el 48 y el 60 por ciento de los sufragios –mientras que Lasso conseguiría entre el 9 y el 20 por ciento–, la expectativa se traslada a la Asamblea Nacional, en la que el oficialista Alianza País busca conseguir la mayoría, con al menos 69 bancas. Su gobierno no logró aprobar leyes como la de Comunicación, trabada en el legislativo desde 2009 (ver aparte) o el nuevo Código Penal. Pero entre los ciudadanos comunes la votación es básicamente por la fórmula presidencial. Los principales binomios que competirán hoy son: Correa y Jorge Glas por el partido Alianza País; el ex presidente del banco de Guayaquil, Lasso, y Juan Carlos Solines por el movimiento Creando Oportunidades; el ex mandatario –destituido en medio de una revuelta social– Lucio Gutiérrez, y Pearl Boyes Fuller por el partido Sociedad Patriótica; y Alvaro Noboa, magnate bananero y eterno candidato, que armó fórmula con su mujer, Anabella Azin.
Juan Carlos Bustamante, 27 años, diseñador gráfico, dijo sentado en el banco de la plaza que volverá a votar al mandatario. “Correa está saneando las instituciones públicas, la burocracia, la corrupción. Sigue habiendo faltas, por ejemplo, un cambio en la Justicia.”
Mientras una chola pasaba vendiendo pulseras tejidas, dos jovencitos de 14 y 15 años preguntaban a la gente si querían que les lustraran los zapatos por 50 centavos de dólar. Robert y Andy Quinaucho son hermanos y aseguraron que van a la escuela de lunes a viernes, y que los fines de semana ayudan a su mamá. Es que uno de los requisitos para que las madres solteras reciban el Bono de De- sarrollo Humano es que manden a sus hijos a estudiar y les hagan chequeos médicos. Las clases bajas apoyan a este gobierno por sus políticas sociales. Correa renegoció los contratos petroleros y de ese modo tuvo ingresos para hacer una importante inversión en educación y salud.
Un señor al que le lustraban los zapatos negros, de nombre Edgar Saravia, 49 años, dijo que iba a votar por el candidato Norman Wray, “porque es una cara nueva”, pero que a decir verdad se vio muy poco en los afiches callejeros. Es un ex concejal de Quito y antiguo aliado del gobierno que lidera el movimiento Ruptura 25. Otro de los postulantes a la presidencia que fuera parte de Alianza País es el economista Alberto Acosta, cuya candidatura es impulsada por sectores de izquierda opositores como el movimiento indígena Packaktik. Entre el descanso y la charla, muchos ecuatorianos se preparaban para ir a votar.
OPINION
Correa recargado
Por Atilio A. Boron *
Desde Quito
No habrá sorpresas: el resultado de las elecciones de hoy, domingo 17 de febrero, está puesto hace rato. Rafael Correa llega a los comicios con un nivel de aceptación popular del 84 por ciento, equivalente al que sabía tener Lula y que provocaba un sinfín de elogios que, en cambio, le son negados al presidente ecuatoriano. Las más diversas encuestadoras, en su mayoría no precisamente afines al gobierno, pronostican un triunfo aplastante de Correa aunque, como es sabido, la aprobación popular no necesariamente se traslada linealmente al voto. No sólo no habrá segunda vuelta, sino que se presume que la diferencia entre aquél y su previsible segundo, el banquero Guillermo Alberto Lasso (del Banco de Guayaquil, uno de los más importantes sino el más importante del país), será de unos 30 puntos, para ni hablar de las demás candidaturas que se hundirán en la irrelevancia. Un índice elocuente de lo que se viene lo proporcionan las estentóreas declaraciones de los candidatos de la oposición, que desde varios días antes de los comicios aseguran a voz de cuello que “habrá fraude”. Síntomas de una impotencia y de la inequívoca percepción de su inexorable derrota, que nace de la eficacia y profunda significación de las reformas sociales encaradas por el gobierno de la Alianza PAIS en materias tan diversas como el combate a la pobreza, la redistribución progresiva del ingreso, la educación, la salud, la vivienda, las obras de infraestructura, apuntaladas todas ellas por una renovada capacidad del Estado para desarrollar políticas públicas gracias a una serie de reformas en la legislación tributaria (diez, desde que Correa asumiera la presidencia) que permitieron elevar la recaudación fiscal en un 143 por ciento y dotar al Estado de una inédita capacidad de gestión. Ante los logros del gobierno la oposición demostró su incapacidad para proponer un debate serio sobre algunas asignaturas pendientes de la “Revolución Ciudadana” –como acelerar el proceso de la reforma agraria y regular más estrictamente las actividades de la megaminería, por ejemplo– pese a que los medios hegemónicos se desviven por recoger minuciosamente y amplificar con fervor cuanta crítica pueda hacérsele al presidente. Pocos ejemplos podrían ser más contundentes de esta ineptitud opositora que el del banquero Lasso, vociferando en su comparecencia ante los observadores internacionales convocados por el Consejo Nacional Electoral –un poder independiente del Estado, con representación multipartidaria– que las elecciones serían una farsa; o la del hombre más rico del Ecuador, el empresario Alvaro Noboa, haciendo campaña por quinta vez consecutiva repartiendo a diestra y siniestra pequeños electrodomésticos y colchones entre los sectores más carenciados del país, pero sin poder formular la más mínima, elemental o rudimentaria propuesta política. La distancia intelectual que hay entre ellos y Correa es simplemente astronómica.La única incógnita de la jornada tiene que ver con el resultado de las elecciones para la Asamblea Nacional, integrada por 137 miembros. La AN se renueva en su totalidad cada cuatro años. Según muchos analistas varios proyectos de Correa naufragaron al no disponer Alianza PAIS de mayoría propia en la AN. La expectativa del oficialismo es obtener esa mayoría, lo cual parece bastante probable dado el formidable arrastre de su candidato a la presidencia. Los sondeos previos coinciden en que esta vez Alianza PAIS se asegurará esa mayoría, y hay quienes no excluyen inclusive la posibilidad de que llegue a elegir a 91 asambleístas, con lo cual obtendría una mayoría calificada de dos tercios, indispensable para cualquier eventual reforma constitucional.
A las 17 se cerrarán los comicios pero, como es habitual, aún quedará mucha gente esperando su turno para votar. Pese a ello, la oligarquía mediática ya viene anunciando desde hace varios días que exactamente a partir de esa hora dará a conocer los resultados presidenciales que arrojen las encuestas a “boca de urna” de una muestra de 18.000 votantes tomada en las 23 provincias del país. El Comercio, El Universo y Ecuavisa se encargarán de dar a conocer esos guarismos en sus sitios web –práctica que no es permitida en otros países, por ejemplo en la Argentina– cuando aún haya gente votando. Todo esto tiene su lógica: lo que la prensa hegemónica quiere hacer es arrojar sospechas sobre la legitimidad de los comicios y denunciar un supuesto fraude electoral, consciente de que la victoria de Correa será abrumadora. La ofensiva destituyente del imperialismo y sus aliados locales es incansable y sin tregua alguna, y los más importantes peones mediáticos del imperio –desde la CNN hasta el Miami Herald, entre otros– se han dado cita en Ecuador, como el 7 de octubre del año pasado lo hicieran en Venezuela, para desmerecer una victoria que se espera será histórica, dar aliento a sus alicaídos operadores y preparar un clima de opinión que justifique las protestas de los consuetudinarios adalides de nuestras democracias.
* Director del Pled, Centro Cultural de la Cooperación.
Fuente:Pagina12


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