24 de febrero de 2013

La Alianza del Pacífico.


La Alianza del Pacífico
Año 6. Edición número 249. Domingo 24 de febrero de 2013
Y su importancia en la libertad de comercio. Sin los Estados Unidos.

La Alianza del Pacífico se constituyó en baluarte del libre comercio internacional en América latina. 

Asentada sobre fuertes bases neoclásicas en cuanto a su concepto de integración económica, Chile, Colombia, Perú y México acordaron crear una enorme zona completamente libre de aranceles de aquí a 2025 como máximo. A diferencia del Mercosur, la Alianza del Pacífico sustenta su proyecto de integración sobre los principios del liberalismo económico del laissez faire.

La velocidad que le imprimieron a la articulación política sus mandatarios es vertiginosa. Desde su primera cumbre, en abril de 2011 en Lima, Perú, hasta su quinta cumbre en noviembre de 2012 en Cádiz, España, la voluntad de integrarse no encontró obstáculos. En la IV Cumbre, realizada en Paranal, Chile, se firmó el Acuerdo Marco, tratado internacional no vinculante en el que se expresaron los principios de la organización. Entre ellos, los más destacados son la absoluta necesidad de contar con un Tratado de Libre Comercio (TLC) con todos los Estados parte y la firme voluntad de trabajar para lograr el libre flujo de bienes, servicios, capitales y personas.

Los objetivos de la Alianza del Pacífico pueden enunciarse a partir de la constitución de una gran zona de libre comercio con proyección al Asia-Pacífico. Para llevar adelante este objetivo, se busca generar mayores flujos de comercio e inversión entre los Estados integrantes. Específicamente, se busca eliminar aranceles y reglas de origen, al mismo tiempo que alcanzar un acuerdo de cooperación aduanera. En materia de Obstáculos Técnicos al Comercio, se busca identificar sectores comunes para avanzar en trabajos de cooperación regulatoria tales como armonización, reconocimiento mutuo y asistencia técnica para contar con un plan de trabajo que facilite el comercio en la región.

Si bien no cuenta con la participación de los EE.UU., los países que buscan ser miembros plenos se reducen en este momento a Panamá y Costa Rica. En cuanto a los que buscan ser observadores, encontramos a España, Italia, Japón, Canadá, Nueva Zelanda, Australia y Portugal. Uruguay y Brasil manifestaron su interés por acercarse como observadores. No sorprende el acercamiento de estos dos socios del Mercosur a la Alianza. Si no se corrigen las asimetrías entre los países dentro del bloque, la posición desventajosa de Uruguay lo tendrá en un constante desbalanceo en búsqueda de socios que potencien sus exportaciones. Con Brasil pasa algo distinto. Principal motor económico de la región, su participación en la Alianza como observador puede ser vista como el resguardo de su zona de interés frente a EE.UU.

Y es que los cuatro miembros plenos de la Alianza del Pacífico firmaron TLC con EE.UU. Adicionalmente, México forma parte del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta, por sus siglas en inglés), Chile, Perú y México parte del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (Apec, por sus siglas en inglés), entre otros organismos internacionales de liberalización comercial. En términos geopolíticos, puede decirse que esta alianza balancea la subordinación económico-política a la potencia del Norte (si bien beneficia a las oligarquías nacionales por medio del comercio con Asia).

Siempre en términos geopolíticos, es posible ver en este proyecto una prolongación voluntaria del Área de Libre Comercio de las Américas (Alca) en América latina. Gracias a la voluntad política de Néstor Kirchner, Lula da Silva y Hugo Chávez, el mayor plan de liberalización comercial proyectado por EE.UU. en el siglo XXI fue derrotado en 2005 en Mar del Plata, Argentina. Esta victoria del eje Buenos Aires -Brasilia-Caracas fortaleció la independencia económico-política de América del Sur, dándole nuevos bríos al Mercosur, proyecto de cooperación que aporta el núcleo duro de la integración latinoamericana.
Probablemente como consecuencia de esta derrota, el Congreso norteamericano no demoró en aprobar los TLC con Chile y Perú. Poco después vendría el de Colombia.

Es en este contexto que la Alianza del Pacífico, si bien se articula como instrumento de cooperación sin EE.UU., difícilmente pueda ser conceptualizada como una herramienta de cooperación Sur-Sur. En la medida en que el objetivo implícito y explícito se encuentra en la absoluta liberalización comercial, arancelaria y productiva, y aun sin la presencia del socio mayoritario del Norte, en un escenario geopolítico mundial cambiante un instrumento de concertación internacional de este tipo difícilmente ayude a balancear los contrapesos hacia un orden mundial multipolar. Único orden tendiente a una mayor justicia social e independencia política para los países dependientes de América Latina y el Caribe.
Fuente:MiradasalSur

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