24 de febrero de 2013

La Celac: programas y compromisos para 2013.


La Celac: programas y compromisos para 2013
Año 6. Edición número 249. Domingo 24 de febrero de 2013
Las resoluciones que aprobadas por la I Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños en Chile.

La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) reconoce como antecedente directo de su constitución al Grupo de Río y a la Cumbre de América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo (Calc). Ambas instituciones dieron forma a la Celac en las reuniones de Salvador de Bahía, en diciembre de 2008; Cancún, en febrero de 2010; y Caracas, en diciembre de 2011. Estos encuentros marcaron la articulación del instrumento de cooperación, diálogo e integración más importante en la historia de América latina.

El 28 de enero pasado se clausuró la I Cumbre de la Celac en Santiago, Chile. La trascendencia del hecho es notable, por cuanto la troika compuesta por Venezuela, Chile y Cuba corrió la llave de la presidencia pro tempore y demostró que la integración es en serio: va más allá de consideraciones ideológicas o de modelos de desarrollo. Los próximos países en ostentar la presidencia después de Cuba en 2013 son Costa Rica (2014) y Ecuador (2015).

El documento final de la cumbre, articulado en forma de declaración, debe ser tomado más como una hoja de ruta o guía para la acción que un tratado constitutivo o vinculante.

Quizás la principal preocupación manifestada en esta reunión de jefas y jefes de Estado y de Gobierno sea el futuro del mundo. La declaración de luchar por consolidar un orden multilateral y el rechazo a acciones de orden unilateral y extraterritorial por considerarlas como amenazas al multilateralismo es la principal preocupación de nuestros gobiernos. Un orden multilateral es un orden que puede asegurar la paz y la seguridad, manifiestan.

En cuanto a la arquitectura institucional latinoamericana, la Celac se presenta como una institución complementaria: puede coexistir con otras expresiones de unidad en la región, como Unasur, Mercosur, la Alianza del Pacífico o Caricom. Al valor de la complementariedad, los mandatarios expresan su preocupación por reafirmar el pluralismo, el derecho soberano de cada uno de los pueblos, los derechos humanos y la democracia, entre otros.

Asimismo, se presenta la necesidad de preservar la región como una zona de paz. Este objetivo va en conjunto con la creación del Consejo de Defensa Sudamericano (CDS, 2009) de Unasur, institución creada para asegurar la zona de paz para la cooperación y el desarrollo.

Respecto al socio mayoritario del norte (EE.UU.) y la situación de Puerto Rico, la Celac considera de “su interés” su estatus de colonia y toma nota de las resoluciones de la ONU respecto a esta materia. Asimismo, se expresa que el conflicto que se vive en Siria debe ser resuelto por los sirios sin interferencias externas. Ambas posturas muestran la posición geopolítica mundial adoptada por la Celac.

En cuanto al narcotráfico y al terrorismo, expresa su rechazo a la creación de evaluaciones, listas y certificaciones unilaterales por parte de países desarrollados, por considerarlas ilegítimas. El narcotráfico y el terrorismo son, además de las intervenciones humanitarias y los desastres naturales, los principales mecanismos de intervención extranjera en la actualidad.

Pero para que la integración pueda ser una realidad concreta, la Celac expresa su apoyo e impulsa los planes y obras en infraestructura y energía que se llevan a cabo en la región. Cabe destacar la iniciativa de Agenda de Proyectos Prioritarios (API), en la que se destacan 31 proyectos prioritarios para la conectividad de América del Sur. Como ejemplo, dos de ellos son el Túnel de Aguas Negras, que conectará las ciudades de San Juan (Argentina) y Coquimbo (Chile) y el corredor bioceánico Paranaguá-Antofagasta, que proyecta conectar por tren al Mercosur con el Pacífico en 2019.

En algunos tópicos incluidos en su declaración final se entregan insinuaciones, en otros se ratifican posturas ya asumidas y en algunos se expresan frases y voluntades poco consecuentes con los principios de acción, por cuanto el problema no se expresa en su origen. Respecto a las insinuaciones, se formula el apoyo a “sujetos de consenso” en el sistema internacional, que puedan darle viabilidad y eficacia al incipiente nuevo orden mundial. Así, se reafirma la voluntad de contar con una voz “fuerte e influyente” que refleje el peso de las economías en desarrollo.

En lo que hay cierto consenso, es que la actual crisis financiera del centro capitalista mundial encontró bien parada a América latina. En medio de este contexto, la Celac reafirma la necesidad de reformar y regular los mercados financieros. Una estrategia para el desarrollo sustentable y legítima necesita de mercados financieros más regulados y estructurados de forma acorde a los tiempos contemporáneos. Se expresa la necesidad de democratizar ciertos mecanismos del sistema internacional anacrónicos respecto al multilateralismo, como el Consejo de Seguridad de la ONU.

Sin embargo, respecto al problema de las drogas el enfoque es diferente: pasa de lo estructural a lo individual, poniendo el acento en la evaluación de las políticas llevadas cabo y en el examen de las alternativas. Nada se dice de la estrategia de la “guerra contra las drogas”, que conlleva la militarización del campo, la persecución de campesinos, la destrucción y pérdida de tierras productivas y la nefasta interferencia militar extranjera que produjeron terribles consecuencias en México, Colombia, Perú y Bolivia, y que violaron la soberanía y la paz latinoamericana. Una estrategia consecuente con las aspiraciones de crear una zona de paz y una soberanía cooperativa y multilateral propias no puede ir de la mano de la estrategia estadounidense llevada a cabo por la DEA y otras organizaciones que operan en la región. Sin embargo, en la Cumbre de la Celac, Raúl Castro expresó el rol jugado por Cuba en la lucha contra las drogas y el problema estructural en el cual se desenvuelve, por lo que a pesar de no contar con una declaración fuerte en este sentido, se tiene la seguridad de que a este problema se le concedió un estatus lo suficientemente dinámico y enérgico como el que merece.

Y aunque la I Cumbre de la CELAC demostró que el camino trazado por Simón Bolívar, San Martin y José Martí sigue vigente y en pleno desarrollo, los retos asumidos no son menores. La vinculación productiva, el alivio a la deuda, la pobreza y el hambre son sólo algunos de los compromisos no cumplidos por los Estados representantes de nuestros pueblos. La afirmación de un espacio propio para dialogar, converger y cooperar es el primer paso. Se puede ser optimista con este presente, pero por lo mismo se debe ser realistas con el futuro. La arquitectura latinoamericana y caribeña ya está diseñada. Ahora queda por ver cómo evolucionará el orden actual de las cosas en América latina.
Fuente:MiradasalSur

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