27 de marzo de 2013

SALTA: Comisario en silla de ruedas dijo que Ríos Ereñú dirigió la represión en todo el norte de Salta.

26.03.2013
Ambos fueron careados por videoconferencia pero se mantuvieron en sus trece
Comisario en silla de ruedas dijo que Ríos Ereñú dirigió la represión en todo el norte de Salta
Por Elena Corvalán, directora de Radio Nacional-Salta.- 
Ríos Ereñú. Gracias a su buena relación con Alfonsín, durante mucho tiempo pasó como un general de la democracia 
Un comisario que al principio trató de pasar por desorientado, terminó diciendo ayer que el ex jefe del Estado Mayor del Ejército, Héctor Ríos Ereñú, fue el máximo responsable de la represión en el norte provincial. El comisario retirado Humberto Vicente González, que en 1976 era jefe interino de la IV Zona, en Tartagal, sostuvo que la Policía de la provincia estaba bajo el mando del Regimiento de Infantería de Monte 28 y que él debía informar directamente a su jefe Ríos Ereñú, que era entonce steniente coronel y que en marzo de 1985, siendo general de división, fue nombrado jefe del Ejército por el presidente Raúl Alfonsín.

El comisario González dijo que informaba personalmente o por teléfono sobre los hechos de importancia vinculados a la lucha antisubversiva. Para tratar de hacer caer su testimonio, el defensor Martín Bomba Royo pidió una batería de medidas: que fuera sometido a un peritaje médico, que se lo sometiera a un careo con Ríos Ereñú, y que se lo investigara por falso testimonio.

El peritaje no fue consentido por el Tribunal Oral en lo Federal Criminal debido a que ya existe un informe médico, del 10 de enero pasado, que asdegura que González está “lúcido y orientado”. En cambio, el careo se realizó ayer mismo por videoconferencia, pero tanto el testigo como Ríos Ereñú (el único de los 17 acusados que viene declarando) en los suyos.

El testimonio de González comenzó mal. De entrada, el presidente del Tribunal, Carlos Jiménez Montilla, no se dejó enternecer por el aspecto désvalido que presentaba , llevado ante los jueces en una silla de ruedas por el equipo de Sanidad de la Gendarmería Nacional. “¿Por qué no vino antes a declarar?”, lo recibió Jimenéz Montilla en alusión a las seis citaciones que el testigo esquivó.

Balbuceando, el comisario dijo que se sentía mal, que es diabético.

Ni bien el fiscal Ricardo Toranzos comenzó el interrogatorio, González mostró su estrategia inicial: casi no había consulta que no recibiera como respuesta el consabido “no recuerdo”. Sólo que el comisario le añadió el toque de exhibirse desorientado: llegó a decir que se retiró en el 63, a los 25 años de edad. Recién comenzó a reaccionar cuando el presidente del Tribunal lo reconvino: “trate de tener un poquito de memoria”, y el fiscal le explicó que estaba ahí como testigo y no como acusado.

“El jefe del regimiento era el que mandaba en esa zona”, afirmó cuando comenzaron a consultarlo sobre su intervención en el procedimiento para levantar los restos del militante peronista Jorge René Santillán, secuestrado y asesinado el 10 de agosto de 1976. González aseguró que cuando el militar, que entonces era teniente coronel, se hizo cargo del regimiento (según Ríos Ereñú, el 16 de enero de 1976, aunque consta que asumió el 9 de diciembre de 1975), fue a la Comisaría y le indicó que debía notificarlo sobre cualquier hecho grave que estuviera vinculado a la subversión.

González también recordó al teniente primero Luis Arnaldo Bruno. Contó que el “personal de la Comisaría iba al regimiento y el teniente primero era el que daba el orden cerrado” y que esta subordinación de la Policía al Ejército “fue dispuesta por Ríos Ereñú”.

En el expediente consta que en el procedimiento por el homicidio de Santillán estuvieron un grupo de policías y González, que llegó acompañado por Bruno. Ayer el comisario insistió en que fueron por separado, pero reconoció que le avisó al teniente, quien como especialista levantó explosivos del lugar del hecho y, además, hasta tuvo la dirección del operativo.

Al final, lo confrontaron, vía videoconferencia, con Ríos Ereñú. Comoa ya se dijo, cada uno se mantuvo en sus dichos.



26.03.2013
Una de tres muertes relacionadas y cuyos cuerpos fueron volados antes del golpe
Carearán a policias por la muerte y descuartizamiento del periodista salteño Luciano Jaime

Por Elena Corvalán, directora de Radio Nacional-Salta. -
Un simulacro de investigación montado para asegurar la impunidad de la propia Policía de Salta.
Tal es la impresión que dejó en octubre pasado la declaración del policía retirado Inocencio Roberto Medina, uno de los que intervinieron tras el hallazgo del cadaver destrozado del periodista Luciano Jaime, en la siesta del 14 de febrero de 1975 -dos días después de su desaparición-, en el paraje El Encón Chico, municipio de Campo Quijano. Dicha percepción quedó reforzada ayer tras el testimonio del policía retirado José Carrasco, también miembro del Departamento de Criminalística de la Policía de Salta y quien acompañó a Medina cuando éste fotografió los restos del periodista. Los testimonios de ambos policías divergieron y el Tribunal Oral en lo Federal Criminal de Salta, que lleva a cabo el juicio por delitos de lesa humanidad en la capital provincial, decidió someterlos a un careo.

El careo, “en virtud de las evidentes contradicciones”, fue solicitado por los abogados querellantes Tania Kiriaco y Matías Duarte, que representan a la Asociación de Periodistas de Salta (APeS). Aún no se ha decidido en qué fecha se realizará.

La diferencia más notable de los dichos de ambos es que mientras Medina afirmó que él (entonces un suboficial especializado en realizar identikits) y la perita Marta Tabarcachi fueron al lugar enviados por Criminalística, Carrasco, que era agente, dijo que fueron él y Medina. Carrasco destacó que es imposible que Tabarcachi haya estado participado en el procedimiento porque recién se incorporó a Criminalística “un año o dos después”. Y en efecto, Tabarcachi no aparece en los informes incorporados al sumario policial, que están firmados por Medina y por el oficial Ramón Luna, jefe de Criminalística.

La perita falleció hace tiempo. Para dilucidar esta controversia y a pedido del querellante David Leiva, el tribunal pidio los legajos de Tabarcachi, Medina y Carrasco.

No es aquella la única diferencia entre ambas declaraciones. Medina niega haber ido al cementerio donde se inhumaron los restos. Carrasco dijo que fueron ambos, y que Medina estaba presente cuando un empleado del cementerio les dijo que bien podrían ser los restos de Jaime, que había desaparecido. Y hay más: en octubre último, cuando se le preguntó si sabía que había sido de Carrasco, Medina dijo que no, que ni siquiera sabía si estaba vivo porque hacía muchísimo que no lo veía. Sin embargo, ayer Carrasco dijo que se vieron hace aproximadamente un año, que entre ellos hay “cierto grado de amistad” e incluso que solían ir a pescar juntos.

Medina es uno de los policías acusados por torturas que en 1973 fue dado de baja por el entonces jefe de Policía, Rubén Fortuny. “Él había caído por su manera de ser nada más, y no tenía casi nada que ver”, trató de justificarlo Carrasco.

Carrasco estuvo en los procedimientos de tres crímenes vinculados: el del militante peronista Eduardo Fronda, asesinado el 8 de enero de 1975; el de Jaime (el periodista que vio a Fronda en la Jefatura de Policia antes de que apareciera sus restos destrozados por una explosión) y el del ex policía César Carlos “Topo Gigio” Martínez, secuestrado y asesinado el 18 de marzo de 1976 y cuyo cuerpo también fue sometido a una explosión, casi una firma.

Jaime investigó el homicidio de Fronda, denunció en el diario El Intransigente que había sido torturado y dijo a los familiares que lo había visto en la Central de Policía. Hay indicios de que Martínez era una fuente de Jaime. Martínez renunció a la Policía y fue miembro de la seguridad del ex gobernador Miguel Ragone, secuestrado y desaparecido el 11 de marzo de 1976. Siete días después Martínez fue secuestrado de su casa y sus restos aparecieron al día siguiente en El Gallinato, el lugar elegido para someter a explosiones a perseguidos políticos.

Carrasco recordó ayer estos casos y sostuvo, reiteradamente, que sabía “por los diarios” algunos datos de las víctimas, como que Fronda militaba en el peronismo revolucionario. Fronda también era ragonista, igual que Jaime.

26.03.2013
Su "pecado", destacó, fue su decidido apoyo al gobierno de Miguel Ragone
Salta: Armando Jaime describió el viacrucis de un FRP que NO practicaba la lucha armada
Por Elena Corvalán
Armando Jaime. Un dirigente sindical de la izquierda peronista de enorme prestigio.
El veterano dirigente político y sindical Armando Jaime sostuvo ayer que la represión en Salta “estaba más focalizada” en los militantes del Frente Revolucionario Peronista (FRP, más conocido aquí como "la Tendencia Revolucionaria"), en los integrantes del sindicalismo combativo y en los que adherían a la lista Verde, del ex gobernador Miguel Ragone. Jaime lo dijo luego de hacer un repaso por militantes que fueron secuestrados y desaparecidos o asesinados y cuya suerte es investigada en este proceso. El testigo, que fue miembro fundador y la máxima autoridad del FRP en Salta, sostuvo que muchos integrantes de este movimiento fueron asesinados o perseguidos y recordó a las hermanas Berta y Francisca “Elsa” Torres, a Eduardo Fronda, Luciano Jaime, Alfredo Mattioli, Marcos y Liendro Estopiñán y Ricardo Tapia, todos desaparecidos o asesinados.

Armando Jaime, primo del periodista Luciano Jaime, asesinado antes del golpe de marzo de 1976, destacó que todos los nombrados apoyaban a la Lista Verde, y que incluso, las hermanas Torres y Luciano Jaime -que fue secretario del Concejo Deliberante de la ciudad de Salta- ocuparon cargos públicos durante el gobierno de Ragone.

Sobre Mattioli, los hermanos Estopiñán y Tapia, Armando Jaime negó tajantemente que practicaran la lucha armada. Dijo que estaban viviendo en una casa en Rosario de Lerma, donde fueron asesinados por miembros de la Policía de Salta el 14 de febrero de 1975, porque reivindicaban los derechos de los trabajadores rurales.

26.03.2013
Como no admitió tener armas, lo sometieron a simulacros de fusilamiento
Salta: Ex dirigente de la CGT describió como un capellán oficiaba de "policía bueno"

Insignia de capellán del ejército argentino. 
Salta (por E.C.).- El ex dirigente de la CGT salteña Mario Amelunge Vargas recordó ayer los papeles que tradicionalmente suelen cumplir los policías que buscan información de los detenidos: el del policía bueno y el malo. El rol de malo, en el relato del ex dirigente de la CGT Salta, lo cumplieron los miembros del Ejército que lo detuvieron, lo esposaron y vendaron y lo arrojaron en un galpón del cuartel donde lo interrogaron y torturaron por 10 días al menos, preguntándole sobre unas armas, y luego lo sometieron a un tribunal militar acusándolo de tener armas de guerra. El papel del bueno lo cumplió, contó el testigo, el capellán del Ejército Normando Requena, ya fallecido.

Del cuartel fue llevado a la cárcel de Villa Las Rosas, narró Amelunge vargas, y lo regresaban al cuartel para someterlo a un consejo de guerra al que calificó como “una parodia”.

Una noche y en este trance, recordó, “un oficial joven me dijo: ‘Usted va a ser fusilado a las 5 de la mañana. Ahí tiene papel y lápiz, escriba a su familia’. Después vino el capellán, el cura Requena y me dijo: ‘Hijo, dónde están las armas, te van a fusilar si no decís dónde están las armas’”. Tras varios intentos del sacerdote, cerca del amanecer Requena fue sometido a dos simulacros de fusilamiento.
Fuente:Telam

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