entrevista a cristina caamaño
"La causa Ferreyra es una bisagra para la Argentina"
La ex fiscal del caso elogia el fallo del TOC 21 y habla de "un antes y un después" por la condena a Pedraza.
Por: Martin Piqué
Cristina Caamaño está reclinada sobre los diarios en un bar atestado de gente que almuerza en la vereda, bajo el sol. Abogada especializada en Derecho Penal, docente universitaria, Caamaño es la secretaria de Cooperación con los Poderes Judiciales, Ministerios Públicos y Legislaturas del Ministerio de Seguridad de la Nación. Los comensales que conversan y disfrutan de la hora perfecta del sábado no saben que esa mujer –que lee en silencio, inmersa en las noticias– tiene custodios que la cuidan a distancia. Y se trata de una custodia presidencial. Los policías de civil están tomando una gaseosa en otra mesa. Los agentes formaron parte del equipo que cuidaba al ex presidente Raúl Alfonsín. “Yo los conocía a todos, porque trabajé con Alfonsín en la Fuali (Fundación Argentina para la Libre Información)”, comenta Caamaño con una sonrisa. Aparte de militante alfonsinista en su juventud, la funcionaria de la cartera de seguridad fue la fiscal que investigó el asesinato de Mariano Ferreyra. Su compromiso con la causa fue determinante para la sentencia que se conoció el último viernes. Caamaño no descarta regresar al Ministerio Público, a la Fiscalía de Instrucción Nº 4 de la Ciudad de Buenos Aires. De hecho, cuando la ministra Nilda Garré le ofreció sumarse a su equipo, optó por pedir licencia. “Siempre me interesó mucho la política, de hecho milité en su momento, pero desde que entré a la Justicia traté de mantenerme bastante alejada. Pretendo volver a la Fiscalía”, comenta a Tiempo Argentino. El diálogo con este diario comienza con una evaluación del fallo del Tribunal Oral en lo Criminal Nº 21 que acaba de condenar a 15 años de prisión al histórico líder de la Unión Ferroviaria, José Pedraza. El veredicto sentenció a 18 años de cárcel a los autores directos del crimen del joven militante. “Me pareció excelente la explicación y la claridad que tuvo el doctor Horacio Días, a quien conozco y sé que es un estudioso del Derecho. Es un fallo ejemplar”, dice. La entrevista sigue con una sucesión de anécdotas y revelaciones sobre los pasos que fue dando la investigación. Caamaño todavía recuerda lo primero que escuchó de la Policía Federal al arribar al lugar de los hechos, en el barrio de Barracas. “Se me acercó el subcomisario (Rolando) Garay (entonces titular de la comisaría 30ª), que ayer fue absuelto, y me dijo: ‘Doctora, esta vez no fuimos nosotros’. Yo le contesté: ‘Hay delitos por acción y hay delitos por omisión’. Pareció algo premonitorio”, reconstruye. La entonces fiscal comprobó enseguida la implicancia emotiva del caso. El dolor ajeno la hizo trabajar sin dormir. Dice que la conmovió ver a Nelson Aguirre, uno de los tres heridos de bala, “tirado en una camilla en un pasillo del Hospital Argerich”. El mismo impacto le produjo tomarle declaración a una militante del Partido Obrero, Nancy Arancibia Jaramillo, una mujer de nacionalidad chilena que había huido de su país tras el golpe de Pinochet. La mujer había aparecido con el rostro ensangrentado en las cámaras de TV. “En mi despacho yo tenía un afiche enmarcado de Salvador Allende. Ahora lo tengo en el Ministerio. Cuando esta mujer entró a mi oficina, miró a la pared y vio a Allende. Entonces levantó el brazo, como si estuviera saludando. Y ahí nos pusimos a llorar las dos”, confía Caamaño. A lo largo de la conversación, la ex fiscal de la causa cuenta cómo la aparición del testigo protegido que acercó el Ministerio de Justicia –el responsable de un gimnasio de boxeo de la terminal ferroviaria de Constitución– inicialmente le produjo dudas: “Yo al principio desconfiaba. Pensaba que quizá me querían vender pescado podrido para que fuera para un lado con la investigación.” Sin embargo, la recolección de datos complementarios y los testimonios la fueron tranquilizando. “La gente del Partido Obrero empezó a reconocer a Favale. Y también al otro (por Sánchez). Nosotros también habíamos recibido un llamado anónimo, con datos que luego pusimos por escrito. Y al día siguiente del hecho me llamó Aníbal Fernández para ponerse a disposición. Yo era una fiscal ignota”, cuenta Caamaño. Según la abogada y miembro de la junta directiva del Inecip (Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Sociales y Penales), la llamada de Fernández poniéndose a entera disposición derivó en una de las decisiones claves de la investigación. “Yo me preguntaba: ¿hasta dónde estos van a colaborar genuinamente? Hablé con la jueza (Wilma López, titular del Juzgado de Instrucción Nº 38) y ella me dijo: ‘¿Te dijo que estaba a disposición? Entonces pedí que hagamos escuchas telefónicas en simultáneo. Si verdaderamente quieren colaborar, lo pueden conseguir a través de la SIDE.” Las escuchas telefónicas en simultáneo son un recurso poco habitual en los casos judiciales. A diferencia del trámite común para intervenir una línea, que puede dilatarse por meses, este tipo de escuchas garantizan el control de las llamadas en el mismo momento de la investigación. “Con las escuchas comunes suele haber una espera y la intervención de los teléfonos del sospechoso se termina concretando cuando está en Jamaica tomando sol”, se ríe Caamaño. “Aníbal Fernández aceptó. Dijo que sí. Y entonces cayeron todos. Porque pudimos determinar que todos los sospechosos se iban a encontrar para ‘arreglar el tema’. Se encontraron en un club de la provincia de Buenos Aires. El día del allanamiento parecía una película de la mafia. Estaban todas las patentes, con súper autos, llegó la policía y los detuvo a todos. A la mayoría, porque Pedraza fue detenido después, acá en Capital”, sigue el relato de la ex fiscal.
–El viernes se esperaba una “sentencia ejemplar”. Sin embargo, el presidente del tribunal dijo que estaba en contra de la ejemplaridad porque cada sentencia es un caso individual. ¿Qué opina?
–Lo de ayer fue una sentencia ejemplar pero las penas no fueron ejemplificadoras. La pena ejemplificadora es aquella que cae con todo el peso de la ley, más allá de la culpabilidad de la persona. Para que los demás vean lo que les puede pasar si cometen una misma actividad o hacen el mismo ilícito. Es lo que quiso decir el presidente del Tribunal. Aclaró que se iba a aplicar una pena de acuerdo a la culpabilidad de cada uno. Y por eso explicó que, para él, no se trataba de un homicidio agravado sino de un homicidio con dolo eventual, que Pedraza no era un instigador sino un partícipe necesario. Coincido. Esta es una causa bisagra, como la de Walter Bulacio, que marcó un antes y un después en la historia de este país.
–¿Hubo zona liberada por la Policía Federal?
–Sí, dejó hacer, dejó actuar. No actuó cómo debería haber actuado.
-¿Sabían que iba a pasar algo?
–Yo no sé si sabían exactamente lo que iba a pasar, pero la policía vio que bajaban desaforados los ferroviarios y no se interpuso. Hay una declaración de un agente, lo que sería un “chaleco naranja”, que observa y les dice a sus superiores: “Esta gente está por hacer algo, necesitamos refuerzos”. Y a ese chico lo mandaron a cinco o seis cuadras de allí, a dirigir el tránsito. Se lo sacaron de encima
(NdR: se refiere al cabo Hugo Maldonado, agente de tránsito de la seccional 30ª).
Por otro lado, cuando yo llego al lugar, empiezo a averiguar, porque esa es una zona de fábricas. Y empecé a ir fábrica por fábrica a preguntar si tenían cámaras de vigilancia que dieran a la calle. Así conseguí la filmación de una cuadra en la que se ve caer a Elsa (NdR: Rodríguez, delegada del Polo Obrero que recibió un balazo en la cabeza). La policía no había pedido esa cámara. A partir de eso yo empecé a reconstruir lo que había sucedido. Después nos fuimos para el Hospital Argerich. Y cuando llegué, me avisaron que Mariano se había muerto. Y que a Elsa la estaban operando. Allí hablé con Nelson, le dije que cuando se pusiera bien podría venir a declarar. Después se desató una hecatombe.
-¿Por qué hecatombe?
–Porque a partir de allí todo fue una vorágine. Fue muy difícil conseguir que declararan los militantes del PO, a pesar de que ellos dicen que la causa avanzó gracias a ellos. Pero no querían venir a declarar. Pero sin la declaración la causa no podría haber avanzado. Ahora dicen que el fallo no está bueno. Después me decían que yo investigué hasta ahí para no llegar al gobierno… ¿Cómo para no llegar al gobierno? Yo llegué hasta donde tuve pruebas para llegar. Imagínese que se llegó hasta Pedraza a partir de un entramado prácticamente artesanal que permitió hilar su vinculación…
–¿Qué significa para usted la comunicación entre Pedraza y Carlos Tomada?
–Tomada fue abogado de Pedraza durante muchos años. Recuerde que fue abogado de muchos sindicalistas. ¿Cuál fue el delito? ¿Atenderle el teléfono? Por otra parte, Pedraza en su momento fue un líder sindical revolucionario. No nos olvidemos de su historia. El tipo en la década del ’90, evidentemente, se quebró. Le vendió el alma al neoliberalismo y se fue al carajo. Y ahora lo está pagando. Con sus corporaciones para los tercerizados, más el sindicato. Él quería todo. El piso en Puerto Madero, otra casa en la avenida Libertador, una manzana en Haedo, donde tiene una casa que allanamos. Se hizo multimillonario. Es su historia.
–¿Siendo Pedraza “partícipe necesario” era imposible la perpetua?
–Claro, porque un partícipe del hecho no puede tener una pena más alta que el autor. Es como que corre por cuerda del autor. Pero es una cuestión dogmática. Y así, siguiendo la doctrina alemana, no existe la instigación de la instigación.
–¿Cuál fue el aporte del gobierno, de Néstor Kirchner y la presidenta Cristina Fernández en las primeras horas de la investigación?
– (Julio) Alak me llamó y me dijo que tenían un testigo protegido. Y que Néstor Kirchner estaba hablando con alguien, que iba a traer a la Fiscalía un testigo protegido que sabía quién había disparado. Alak llegó con el testigo a la 1 de la madrugada posterior al hecho. Y el testigo protegido, de quien en la sentencia condenatoria utilizaron varios testimonios, tenía un gimnasio en Hornos 11, Constitución. Él me habla de Favale y, aunque no lo conocía por su apellido, hace una descripción bastante precisa. El gobierno en ningún momento tapó nada. Y aprobaron el pedido de realizar escuchas en simultáneo. Todo eso lo pudimos hacer gracias a ellos. Y yo no soy amiga de Aníbal Fernández. Vengo de otro palo. Pero en algún punto le estoy agradecida.
–¿Cómo fue su relación con Pablo Ferreyra?
-El crimen de Mariano fue un miércoles. El sábado yo estaba en casa, porque el domingo íbamos a ir a tomar declaraciones a la Fiscalía. Los militantes del PO decían que sólo podían ir a declarar el domingo porque en la semana trabajaban. Yo dije que no tenía problema. Y así fue que durante muchos fines de semana estuvimos en la Fiscalía. Ese sábado me llamó Pablo. Me dijo que me quería ver, que era el hermano de Mariano. Nos juntamos en un bar, Pablo estaba con la mujer. Estuvimos hablando como tres horas. Y yo ahí me comprometí… (hace silencio y lagrimea). Yo soy de hacer las cosas muy de onda, con mucho compromiso. Y la gente que me rodea, si no me acompaña en ese compromiso, piensa que soy una loca, una loca mal.
Fuente:TiempoArgentino
“CUANDO EMPEZARON A LEER LAS PENAS, MARIANO SE ME HIZO PRESENTE”
Por Irina Hauser
“Es loco cómo algo tan frío como un juicio de repente se convierte en una reparación”, cuenta Pablo Ferreyra, que encarnó el reclamo de justicia por el asesinato de su hermano Mariano. “Lo importante es que el Tribunal consideró cómplice a Pedraza”, señala en su análisis del fallo.
PABLO FERREYRA HABLA DE LAS SENSACIONES QUE LE DEJO EL FINAL DEL JUICIO POR EL HOMICIDIO DE SU HERMANO MARIANO
“Lo importante es que el tribunal consideró a Pedraza como cómplice del asesinato”
Cuenta cómo vivió la sentencia y las últimas palabras de los acusados y dice que tuvo miedo cuando los familiares se pusieron a gritar y lo amenazaron. Aunque no comparte la totalidad del fallo, reconoce que la explicación del juez le hizo pensar. Y asegura que después del veredicto “sintió alivio”.
Por Irina Hauser
Imagen: Dafne Gentinetta
Pablo Ferreyra llegó nervioso el viernes a la mañana a tribunales y pasó el día entero como en una montaña rusa. Primero lo desconcertó José Pedraza al contar su historia sindical “como un discurso”, para decir que no tuvo “nada que ver” con el asesinato de su hermano Mariano, militante del Partido Obrero, quien apoyaba reclamos de los tercerizados de la línea Roca. Se angustió cuando uno de los acusados de disparar le pidió a su mamá que lo mire a los ojos y le espetó “no maté a su hijo”. Pasaron más de seis horas después. La última, permaneció sentado en la sala de audiencias semivacía a la espera del veredicto. Al ver entrar a los jueces, supuso que leerían las penas. Pero no. Antes el presidente del tribunal, Horacio Días, dio una explicación en castellano de las conclusiones. Pablo cruzó miradas con sus abogados durante el relato.
Interpretó el comienzo a su favor, de pronto pensó Pedraza sería absuelto, respiró en ciertos giros, sudó en otros, tuvo flashes de momentos vividos con Mariano, quería que termine, y volvió a temblar por la reacción virulenta de familiares de los policías condenados. La interrupción de la audiencia le vino bien, recuerda, para aflojarse por primera vez. Al llegar a su casa se quedó dormido al lado de su bebé, León, que nació en pleno juicio. Cuando despertó “sentía un gran alivio”. “La condena a quince años se me volvió algo entendible –suspira ahora–. Es loco como un proceso tan frío como un juicio de repente se convierte en una reparación.”
El teléfono celular de Pablo suena con música de la banda inglesa de rock The Smiths. Lo mira a cada rato y se alegra porque recibe cataratas de mensajes cariñosos por Twitter. Eso le aumenta las ganas de hablar y de decir con franqueza lo que piensa, que fue decantando con el correr de las horas. Tiene puesta una remera negra con letras rojas donde se lee “Fue Pedraza”, la frase que circuló como un torrente por las redes sociales en las últimas semanas.
“Escuchar a Pedraza hablar el viernes fue lo más raro. Más allá de que hablara mal o lento me pareció lúcido, como si le quedara algo del cuadro sindical que fue alguna vez. Había un contraste entre su imagen de alguien semidormido con la cabeza para abajo en el banquillo durante el juicio y su capacidad para dar un discurso sobre el movimiento obrero, intentando colocarse a la izquierda. A la vez, me pareció sobreactuada la explicación que dio dirigiéndose a mi mamá de que no instigó el asesinato. Que, además, contrasta con lo que dijo después sobre el juicio civil que iniciamos, dando a entender que queremos hacer un uso económico y político, sugiriendo que yo quiero ser candidato”, analiza Pablo, en diálogo con Página/12, el día después del veredicto.
–Pedraza también dijo que la bala que mató a Mariano no sólo rozó el corazón de Néstor Kirchner (frase que se le atribuye a Máximo Kirchner), sino que rozó el suyo.
–No entendí qué quiso obtener con esa frase, me chocó. Todo su discurso me dio una sensación desagradable, me pareció sobreactuado, una farsa. Y fue sorprendente cuando dijo que se enteró de la muerte de Mariano en un momento en que estaba solo en la Unión Ferroviaria firmando cheques, despegándose de (Juan Carlos) Fernández, su número dos, y con una connotación económica y política.
–¿Qué te pasó cuando tres hombres de la patota dijeron las llamadas “últimas palabras”?
–Sentí que pedían clemencia. Me impactó (Gabriel) Sánchez (uno de los tiradores) pidiéndole a mi mamá que lo mirara a los ojos, y ello lo hizo, porque aunque se sintió afectada, y desafiada, no quería bajar la mirada. Imaginé que se declararían inocentes pero no que la interpelarían así a mi vieja. Pedraza también le habló a ella. Los de la patota que hablaron, todos marcaron que son padres, y que no pueden ver a sus hijos.
–¿Pero tuviste miedo al escucharlos?
–No en ese momento sino a la tarde. Cuando leyeron las penas, empezaron a gritar los familiares de los imputados que estaban en la parte de arriba de la sala. Christian Favale (otro de los condenados como tirador) se paró, miró hacia donde estábamos nosotros y nos acusó diciendo: “Se están riendo de mí y de mi familia”. Desde arriba gritaban “zurdo, te vamos a matar”, y me hacían con la mano el gesto de degüello. Pensé que nos iban a tirar algo desde ahí. El tribunal hizo desalojar esa parte de arriba, pero los familiares bajaron y rompieron un vidrio, lloraban. Favale se quedó mirándome fijo. La verdad es que estábamos tan asustados y nerviosos ¿cómo íbamos a reírnos? Nos costaba procesar todo lo que decía el presidente del tribunal.
–¿Cómo fue el clima con los acusados durante todo el juicio, tan hostil?
–Hubo clima hostil pero especialmente de cruces con los abogados. A las hijas de Pedraza y Fernández las veíamos casi todos los días y no hubo problema. Favale daba una imagen de pobrecito, distinta a la del viernes, que parecía un psicópata. Nosotros nunca tuvimos ánimo de revancha, siempre fue de buscar justicia. Confiamos en el tribunal todo el juicio, que supo manejar los momentos de tensión.
La condena
–Y cuando llegó finalmente el momento del veredicto, ¿qué te pasó?
–Cuando empecé a escuchar la fundamentación del juez Días me sentí desorientado. Iba preparado para escuchar el monto de las penas. La argumentación estuvo buena, pero por momentos me parecía que nos daba la razón, y de pronto parecía que iban a absolver a Pedraza, se me quedaba la mente en blanco, recordaba momentos de Mariano. En medio de eso, entendí que tenía que moderar mis expectativas, pero quería que termine. A la vez me parecía un razonamiento conservador, pero me parecía una argumentación completamente lógica. Con los abogados del CELS habíamos evaluado algunos escenarios posibles y éste era uno. La pena de quince años para Pedraza se me transformó en algo entendible. Mientras escuchaba me preguntaba ¿esto me repara o no? Y sí. Es loco cómo un proceso tan frío como un juicio de repente se convierte en una reparación.
–Pero vos y tu familia pidieron prisión perpetua hasta el último minuto, el Partido Obrero también. ¿Igual quedaron satisfechos?
–Yo sigo pensando que Pedraza quiso aleccionar a los trabajadores tercerizados que pedían el pase a planta permanente y que ponían en jaque su hegemonía política y su patrimonio económico. Sigo creyendo que instigó el asesinato ante la protesta. Pero hoy a la mañana (por ayer) me levanté muy bien, sentía un gran alivio personal, fuera de la esfera de las cuestiones políticas. Me sentía bien. Cuando escuché la pena de 15 años me desilusioné un poco, pero después entendí que los 15 años no importaban sino que lo importante es que el Tribunal Oral N° 21 consideró a Pedraza como cómplice del asesinato de Mariano, y eso conforma mis expectativas. Hasta ahora es cierto que había pensado mucho en la prisión perpetua a Pedraza.
–Uno de los argumentos del tribunal fue que provocar la muerte de alguien no es una garantía de perpetuarse en el poder, y con eso explican que no hubo dolo directo, una intención directa de matar.
–Me hizo ruido, me quedé pensando. Pero no tengo una idea cerrada, me deja cautivo de poder seguir pensando. A la vez, al escuchar la explicación completa de Días y todas las condenas entendí que era una decisión abarcadora. Nosotros, con los abogados del CELS, habíamos planteado un círculo que era un plan criminal. Ahora veo que tal vez no se terminaba de dibujar el círculo pero que hay algo que atraviesa a todos los que participaron. El monto de las penas es un número. No niego que tal vez me hubiera gustado un poco más, en especial para los que dispararon. Pero a la vez me parece importante que a Pablo Díaz (el coordinador de la patota) le hayan dado lo mismo, 18 años de pena, que a los que apretaron el gatillo. Sé que mi familia comparte la sensación de alivio, incluso mi papá, que insistía con la perpetua.
–El dirigente del PO, Jorge Altamira, dijo que la sentencia, o la argumentación, le parecía contradictoria. ¿Qué pensás?
–No comparto la visión de Altamira, aunque no esté de acuerdo con algunos aspectos de la decisión judicial. En todo caso apelaremos, de hecho pienso que seguramente el fallo se puede perfeccionar. El juez me pareció sólido y vanguardista. Fue una sorpresa que se pusiera a explicar y que lo hiciera de manera accesible. Me sorprendió también que lo vi muy interiorizado en la causa. Todo tenía una coherencia en lo que decía. Y me pareció destacable que incluyera que Pedraza tenía una cooperativa para tercerizar (Unión del Mercosur), que había un interés económico; que también tuviera en cuenta el intento de sobornar a jueces de la Cámara de Casación para lograr impunidad como dato que abona la responsabilidad en el asesinato, y que además Pedraza se ocupó de la situación de Favale (que no era ferroviario pero aspiraba a serlo) después del homicidio, lo que se ve en una cadena de llamados, tal como planteó nuestra querella. Hubo algunos detalles de la exposición que no me esperaba: por ejemplo, que el hecho de que los tercerizados se frenan ante la presencia policial, porque la ven como disuasión, pero que la patota ferroviaria, que iba a atacarlos, siguió de largo, dejando en evidencia un acuerdo. Tuve la sensación de que el juez se sentó a romperse la cabeza con esto y analizó lo que dijeron todas las partes.
–La evaluación que el tribunal hizo del papel de la policía tuvo matices, según de quién se tratara. ¿Qué esperabas?
–Yo tenía bajas expectativas respecto de la acusación a los policías, porque la fiscalía había planteado que era un abandono de persona. Se me hacía difícil pensar que los acusarían como partícipes del homicidio. Sin embargo, eso fue lo que les imputaron a dos de ellos, Jorge Ferreyra y Luis Mansilla. En cambio me quedé preocupado porque a Hugo Lompizano lo desligaron del homicidio y consideraron que sólo incumplió deberes de funcionario público cuando era el que se encargaba de desplegar el operativo. Me llamó la atención eso.
–Vos pedías una sentencia “ejemplar”, pero el presidente del tribunal dijo que no estaba de acuerdo, que le parece un razonamiento injusto.
–Sigo pensando que una sentencia de este tipo tiene que ser ejemplificadora, que sirva de ejemplo evitar que el sindicalismo empresario vuelva a cometer acciones así, que disuada también a la policía, y que abra a la vez una discusión.
–El juez dijo en un momento que Mariano gritaba “unión de los trabajadores” y que la respuesta fue “¡Viva Perón!”. Lo calificó como una insensatez. ¿Cómo lo interpretaste?
–Es que detrás de eso que dijo hay décadas de historia política. Me impactó, porque yo me reconozco de izquierda, con la consigna de “unidad de los trabajadores”, y a la vez no soy un antiperonista. Pero me gustó la semblanza que hizo de Mariano. Un militante que busca la unidad, mientras que otro busca dividir, tira una consigna y dispara. Refleja el problema de la tercerización, de lo que derivan dos grupos de trabajadores peleando.
La vida y las heridas
–Mariano militaba en el PO cuando lo mataron. Vos ya no. ¿Cómo fue la relación con el partido estos meses de juicio? Te cuestionaron en las redes sociales.
–Fue como la relación de un matrimonio que está discutiendo el reparto de bienes. Fue difícil. Yo como familiar ahora siento alivio, pero el PO tiene sus objetivos políticos. Mariano era militante del PO y no me parece mal que quieran utilizar el caso para sus objetivos, para denunciar al Gobierno, corrupción sindical, lo que sea. En algunas cuestiones puedo coincidir. Me parece mal que cuestionen la lectura política de la familia, que se despegó tanto de la versión oficial de que la bala que mató a Mariano rozó el corazón de Néstor como de la teoría de que hubo una triple alianza antiobrera, de Gobierno y policía, empresas y burocracia sindical, señalada por María del Carmen Verdú.
–¿En ningún momento de todo este proceso te dieron ganas de volver a militar con ellos?
–No, nunca. Se me despertó la militancia otra vez, pero de otra manera. Militar para tener un posicionamiento por la muerte de Mariano. No soy del PO ni kirchnerista acérrimo, tuve que perfilar mi propia militancia. Primero fue una militancia individual por la búsqueda de justicia articulada con el resto de mi familia. Después, sin darte cuenta, te vas trasformando como en un referente. Pero mi militancia es, por ejemplo, trabajar como ahora en una campaña contra la tercerización laboral.
–¿Qué balance personal hacés? ¿Cómo cambió tu vida?
–(Suspira.) Cambió tanto... Hasta el nacimiento de mi hijo León, en octubre del año pasado, la búsqueda de justicia era todo, el eje de mi vida. Es un lugar donde me coloqué gustoso y también lo padecí. Por la exposición pública y por tener que interpretar el ánimo familiar sabiendo que mi familia no es tan expresiva. Pero ahora todo va a cambiar. Hoy es sábado y ya pienso en la semana próxima. Cómo va a ser ahora que no existe más el juicio, cómo va a ser dejar de hablar de mi hermano casi a diario. Es difícil. Me imagino un vacío. A nivel personal y del duelo, esto significa un cierre, aunque a nivel judicial queden discusiones abiertas.
–¿La sentencia cierra la herida?
–No lo sé, tiendo a disociar mucho el dolor de la racionalidad de la lucha por justicia. Me sale así. Sin darme cuenta le di un carácter político al caso pero ayer (por el viernes) cuando empezaron a leer las penas me vinieron pensamientos. Me acordé cosas, charlas, música, bandas que íbamos a ver con Mariano, momentos, se me hizo presente. Dos años y medio desde que murió es poco y es bastante. Hay una materialidad que se va perdiendo. A veces me cuesta recordar su voz. Sólo cuando me vienen expresiones suyas, frases, cuando me saludaba “¿qué hacés?”.
–¿De qué otra forma recordás a Mariano?
–Miro fotos, escucho cosas que grabé con él. Pero ni voy al cementerio, además soy ateo. Hablo mucho con mi familia también. Pero bueno, todo cambió. Y ahora también pienso cómo le voy a contar a León cuando sea grande.
LA EXPLICACION DE LOS ABOGADOS
Conformes, pero apelan
Por Irina Hauser
“Lo que dijo el tribunal es que sin la participación de (José) Pedraza el homicidio no se producía”, explica Marcos Kotlik, uno de los abogados del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) que representa a la querella de la familia de Mariano Ferreyra. Maximiliano Medina, otro de los letrados, remarcó que “la sentencia articula temas centrales de la agenda de derechos humanos”, desde “el derecho de protesta” hasta “el papel de las fuerzas de seguridad”. Están conformes con la sentencia, pero igual anuncian que van a apelar.
Kotlik fue quien, revisando papeles y papeles, logró un hallazgo clave: la cadena de llamados que conectaba a Pedraza con el intento de silenciar al barrabrava Christian Favale, uno de los acusados de disparar, quien no era ferroviario pero aspiraba a un puesto. El tribunal le dio especial valor a ese dato, como a la trama de sobornos a la Cámara de Casación registrada en escuchas, que consideró que daban cuenta también de la responsabilidad del ex líder de la Unión Ferroviaria en el caso. Medina fue en el juicio la principal voz de la mamá del chico asesinado y su alegato fue comentado por el alto contenido de emotividad.
“La decisión del tribunal es un hecho inédito en la Justicia, que nunca había llegado tan lejos en un crimen político. Es la condena a un líder sindical por la muerte de un militante. Se notó que el tribunal comprendió el funcionamiento de un sindicato y tradujo estas cuestiones como algo relevante. Es histórico también que se haya demostrado y condenado a policías por no proteger a los manifestantes”, explica Medina a Página/12. Kotlik destaca que el juez Horacio Días señaló que “hubo dos policías responsables del operativo que convergieron con la burocracia sindical para que se cometiera el asesinato. Como les pusieron una pena de diez años, es probable que ordenen la detención de ellos si queda firme el fallo”.
–Ustedes decían que Pedraza fue instigador pero el tribunal lo consideró cómplice. ¿Cómo lo evalúan?
M. Medina: –Seguimos sosteniendo que Pedraza fue instigador junto con (Juan Carlos) Fernández, que el homicidio fue calificado, y que había un plan criminal con la participación de todos los funcionarios policiales. El tribunal dice que hubo una convocatoria sindical, pero no hubo plan. Nosotros sostenemos el plan criminal entre Favale, Gabriel Sánchez, Jorge González, Pablo Díaz y Salvador Pipito, junto con la participación necesaria de los policías. Vamos a apelar después de que se den a conocer los fundamentos. El tribunal tomó la mayoría de los elementos y valoración de prueba que pusimos en el alegato: el móvil político y económico, el verticalismo en toma de decisiones en la UF, las escuchas y cruces como elementos de prueba, la importancia de la actuación de Pedraza con posterioridad al homicidio, su manejo de la Cooperativa Unión del Mercosur.
M. Kotlik: –Más allá del cambio de calificación, no se modifica la responsabilidad de Pedraza. Esto significa que sin su participación el homicidio no se producía.
–Ustedes pedían una sentencia amplia, ¿se cumplió?
M. M.: –La decisión del tribunal toca temas centrales de la agenda de derechos humanos: el ejercicio del derecho de protesta, rol de las fuerzas de seguridad en el marco de una protesta social, la democracia sindical, el avasallamiento de derechos laborales y pone de manifiesto el papel de la Justicia ante la violación de estos derechos. Ya esto es un montón.
M. K.: –Hubo una investigación eficaz y rápida y un juzgamiento también rápido que contempló todas las aristas, la actuación de este tribunal aportó esta cuestión novedosa de explicar los fundamentos y mencionar el episodio de los sobornos como escandaloso.
–¿Las imputaciones a los policías los dejaron conformes?
M. M.: –No nos cierra el corte de responsabilidad a quienes estaban en la sala de situación en el departamento central de policía; nos llamó la atención, porque probamos que Hugo Lompizano y los demás sabían todo lo que estaba pasando en el lugar de los hechos. Lompizano era responsable de mayor jerarquía y lo condena sólo por incumplimiento de deberes.
–¿Están bien las penas para los jerarcas y la patota?
M. M.: –Estamos en desacuerdo con la calificación del tribunal, que dice que no es homicidio calificado; lo vemos como un homicidio grave porque para nosotros hubo un plan previo y esto tiene una pena más alta. Para el tribunal no se probó ese plan y sólo hubo coautoría entre Favale y Sánchez.
M. K.: –Las penas que pusieron son acordes a la calificación que eligieron. Para ellos hubo homicidio simple con dolo eventual.
–¿Y los sobornos?
M.M.: –Hay procesamientos firmes de Pedraza, Juan José Riquelme (ex agente de la SIDE), Octavio Aráoz de Lamadrid (abogado, ex juez), Luis Ameghino Escobar (ex prosecretario de Casación) y Angel Stafforini (contador de la UF) así que esperamos pronto el juicio oral, pero también apostamos a que se avance a la responsabilidad de los jueces de Casación, como Eduardo Riggi, sobre quienes casi ni se inició investigación.
Fuente:Pagina12



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