MEGACAUSA
"Mi padre vio a Dardo Molina, golpeado, bajo un escritorio"
Saúl Ibañez declaró en el juicio Arsenales II - Jefatura II.
Su padre identificó al ex gobernador en el edificio de la ex Brigada.
Viernes 05 de Abril de 2013
TESTIMONIOS CONMOVEDORES. El testigo Ramón Cerviño dijo que en la Jefatura no había nombres; se trataban por números. LA GACETA / FRANCO VERA
Continuaron esta mañana las declaraciones de testigos - víctimas durante las audiencias en el juicio por los crímenes cometidos en el Arsenal Miguel de Azcuénaga y en la Jefatura de Policía, durante la dictadura militar que comenzó en 1976, y en el anterior Operativo Independencia.
El primer testigo fue Ramón Cerviño, quien fue secuestrado, junto a su hermano Pedro (que declaró ayer), en Lastenia. A ambos los llevaron a la Jefatura de Policía, donde fueron víctimas de torturas.
"Ahí (en la Jefatura) no había nombres. Yo era (el número) 200. Sólo hablé con el 116, un joven que me ayudaba a ir al baño', recordó Cerviño ante el Tribunal Oral Federal que preside Carlos Jiménez Montilla.
Los Cerviño tienen dos hermanas secuestradas (una desaparecida y otra identificada). Su madre también fue llevada a un Centro Clandestino de Detención (CCD).
Del secuestro de una de ellas se enteraron por una foto en un diario. "Vimos en 'Clarín' la foto de mis sobrinas. Decía que estaban abandonadas. Supimos que habían matado a mi hermana', contó.
Pedro y Ramon Cerviño fueron los únicos en Tucuman que fueron sometidos a un "tribunal de guerra". "A mi hermano lo sentenciaron a 14 años por una supuesta granada que llevaba en el auto. A mí me absolvieron", relató, y agregó que el entonces capellán de la Policía, Jose Padilla, lo ayudó a escapar y a ocultarse "hasta que pasó el peligro".
"Cuando te pasaban estas cosas (detenciones) quedabas marcado.
Tus familiares cruzaban de vereda", agregó.
Luego, prestó declaración Eduardo Gerez, ex administrador del ingenio Ñuñorco. El hombre explicó que esa fábrica era como una gran cooperativa y que ese tipo de organización parecía "preocupar" a los militares. De acuerdo con su versión, sólo hubo un trabajador secuestrado y detalló que hicieron gestiones para que fuera liberado. En la causa hay varias víctimas que eran empleados y que permanecen desaparecidas.
Después declaró el abogado Saúl Ibañez. Su padre, que también era letrado, pudo acceder al edificio de la ex Brigada. Como había interpuesto recursos por detenidos y contaba con contactos judiciales y militares, le permitieron ingresar para reconocer si entre "muchos cuerpos" estaba el de la persona que buscaba. "Fue en el 76. Estuvo acompañado por Antonio Domingo Bussi.
Me contó que en la planta alta había unos piletones en una habitación y que ahí estaban los cadáveres. Había más en otra habitación. Cuando estaban por retirarse escuchó un grito que venía desde una oficina. Instintivamente abrió la puerta y vio a Dardo Molina, golpeado, bajo un escritorio", recordó. Molina era vicegobernador de la provincia cuando fue secuestrado y permanece desaparecido. Inicialmente, su caso estaba en la megacausa. Pero cayó cuando fueron separados algunos imputados.
Por último, dos ex empleados del Ingenio San Juan -Juan Domingo Almaraz y José Antonio Gramajo- detallaron cuando fueron secuestrados junto a Antonio Tártalo.
Fuente:LaGaceta
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Este hermoso poema fue leído en la audiencia de ayer por Julia Salinas. Lo escribió Ricardo Salinas en 1976 dedicado a su hermano Alfredo, que había desaparecido en 1975. Un año después Ricardo y su pareja Silvana a su vez fueron secuestrados y desaparecidos. Imposible permanecer indiferente.
Tal vez no sepamos nunca
qué fue lo último que viste.
Quizás un nogal centenario,
... enardecido en la selva.
Quizás el sol milenario, arriba de todo.
Quizás el negro monstruoso
de la venda en los ojos de los torturados.
Tal vez no sepamos nunca
exactamente a qué hora,
qué día,
bajo qué lluvia.
Pero sí sabemos, hermano,
que en la punta derecha
del banco
de carpintero,
hay un pedazo de tu risa
bailoteando, como si nada,
con el pasodoble del serrucho.
Yo conservo intacta tu mirada
y afilado en el taller
está el canto de tu silencio.
Aunque ellos tengan,
Dios sabe dónde, tu cadáver.
Yo me he quedado con tu risa,
y abrazada al fuego casi loco,
es nuestra tu alegría.
DERECHOS HUMANOS | MEGACAUSA
Un abogado vio a Dardo Molina torturado
Un testigo dijo que el entonces vicegobernador estaba golpeado, en un cuarto de la Brigada
El retrato que le describió su padre fue cuanto menos escalofriante. Le contó que en 1976, en el primer piso de la Brigada, habría concretado un recorrido por la cocina del horror del terrorismo de estado. En una habitación en la que había funcionado un baño -le detalló- había visto "muchos cuerpos" diseminados sobre unos piletones. En otro cuarto contiguo, más cadáveres. Le confesó también que cuando se iba del lugar escuchó un grito e instintivamente abrió la puerta de la oficina de donde provenía. Le precisó que allí, tirado bajo un escritorio, torturado y golpeado, yacía el entonces vicegobernador Dardo Molina.
El abogado Saúl Ibáñez declaró ayer en la megacausa "Arsenales II-Jefatura II" y brindó un pormenorizado relato sobre un hecho que -según dijo- vivió su padre, un letrado ya fallecido que interponía habeas corpus por detenidos-desaparecidos. Explicó que, por contactos judiciales, militares y familiares, su papá pudo entrar en la dependencia policial para tratar de hallar el cuerpo de un miembro de la familia Abregú que estaba secuestrado y que él representaba. "Estuvo acompañado por Antonio Domingo Bussi y por otro oficial. Cuando lo vio a Molina, intentó ayudarlo, pero se lo evitaron. '¡Ibáñez, sacame de aquí!', lo reconoció Molina", añadió. Afirmó que luego, Bussi le habría advertido que guardara silencio con una sola frase: "usted no vio nada".
Las palabras de Ibáñez fueron seguidas con atención y congoja por Josefina Molina. La hija del dirigente desaparecido se encontraba en una de las primeras filas del público, sosteniendo una foto de su padre.
No es la primera vez que durante el proceso oral se menciona al ex presidente del Senado provincial. El mes pasado, el testigo-víctima Francisco Lazarte había afirmado que mientras estuvo secuestrado en la Jefatura de Policía había escuchado cuando el político era torturado en ese lugar.
Al inicio de la causa, Molina estaba entre las víctimas. Al ser separados del proceso Luciano Benjamín Menéndez y Ernesto Alais, sin embargo, el caso quedó afuera porque eran los únicos imputados en el expediente. A días de que esto ocurriera, el Juzgado Federal Penal N° 1 elevó la segunda parte de la causa al Tribunal Oral Federal (TOF), con nuevos acusados.
Molina fue secuestrado en diciembre de 1976 de su estudio jurídico por agentes armados, que se identificaron como pertenecientes a la Policía Federal. Fue trasladado al centro clandestino de la Jefatura y luego, al que funcionó en el Arsenal. En ambos lugares fue visto por numerosos testigos. Ellos dieron a conocer que fue ejecutado en marzo de 1977. En una lista elaborada en la Jefatura de Policía, figura con el apodo "Gaucho" y la sigla "DF" (destino final).
Tribunal militar
Ayer también declaró Ramón Cerviño. Junto a su hermano Pedro -había estado frente a los jueces el jueves- fueron secuestrados en 1977 cuando regresaban de la fábrica de Lastenia en la que trabajaban. Ambos fueron alojados en la Jefatura. Pedro fue sometido allí a cruentas torturas y aún sufre secuelas. Ramón, en tanto, no fue tan castigado físicamente.
"Ahí no había nombres. Yo era 200. Hablé con un joven, 116, que me ayudaba a ir al baño", dijo Ramón. En tanto, su familiar había enumerado a una decena de desaparecidos que vio en el lugar.
Los hermanos fueron los únicos tucumanos -según comentaron- en ser juzgados por un tribunal militar. "Fue una farsa", coincidieron. Pedro seguía detenido mientras duró ese proceso, pero Ramón estaba libre. "Teníamos abogados defensores. En una mesa, estaban siete u ocho oficiales. A mí me absolvieron y a mi hermano lo condenaron a 14 años. Después de eso lo 'blanquearon' y comenzó a pasar por las cárceles", consignó Ramón. Explicó que tras ese episodio, le advirtieron que los militares "se quedaron con sangre en el ojo" y corría peligro de ser detenido nuevamente. Como era miembro del Movimiento de los Focolares, el sacerdote José Padilla lo acompañó para esconderse en Córdoba y en Buenos Aires. "Cuando volvíamos a Tucumán, vimos en 'Clarín' una foto de mis sobrinas y se decía que habían sido encontradas abandonadas. Ahí supimos que mi hermana estaba muerta", lamentó. Los Cerviño tienen dos hermanas víctimas de la dictadura (una está desaparecida y los restos de la otra fueron identificados en Buenos Aires) y su madre también permaneció un tiempo secuestrada.
Durante la mañana, también hubo un cruce entre un testigo y uno de los imputados. Juan Almaraz, un ex trabajador del ingenio San Juan, fue citado por la desaparición de Manuel Tártalo, otro empleado de esa industria que está desaparecido. Almaraz, al igual que varios de sus compañeros, fueron detenidos en varias oportunidades. "El Tuerto (Roberto Albornoz) era vecino nuestro y se ensañó con nosotros; organizaba las patoteadas. Cuando estábamos detenidos nos torturaban. Poco más faltaba que nos violen (sic)", acusó. Albornoz reaccionó y gritó que mentía. Pidió la palabra, pero luego desistió de contar su versión.
Fuente:LaGaceta
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