6 de mayo de 2013

ITALIA.

05.05.2013 
El hombre que intentó atentar contra los ministros que iban a asumir el cargo es sólo la expresión de un drama nacional
El fenómeno alarmante de los "suicidios por la crisis" en Italia 
Tanto empresarios como trabajadores que llegan a un punto de desesperación se incluyen en esta trágica lista de afectados por una situación económica que no parece encaminarse. Un medio publica un informe diario de casos. 






Por: Dolores Álvarez

Luigi Prieti, el hombre que hace una semana disparó a quemarropa contra los ministros que llegaban a Palazzo Chigi para asumir su cargo –hiriendo a dos policías y a una mujer embarazada–dijo que la noche previa al acto "había pensado en matarme" pero que "no quería ser un caso más". Abatido por la desesperación de haber perdido el trabajo y con él a su hijo –que se quedó en el norte con su ex mujer, mientras que el obrero volvió a su sur natal, junto a sus padres–, el calabrés de 49 años decidió hacer un "gesto sorprendente", que lo diferenciara de aquellos muertos silenciosos que cada día son más y que se transformaron en la cara más dura de la crisis y la falta de esperanzas en Italia.

El fenómeno de los "suicidios por la crisis" creció un 15% en los últimos dos años. El director del centro de prevención del suicidio del hospital Sant’Andrea de Roma, Maurizio Pompili, dice que, en el mayor de los casos, el detonante de la muerte es la sensación "de no poder sobrellevar los problemas económicos" y que el drama golpea a la población en edad laboral: sobre todo a hombres de 25 a 69 años. Por medio de un monitoreo, el reparto en el que trabaja Pompili confirmó que "Italia en los años de la crisis reproduce estándares observados en precedencia en frangentes de pesada dificultad económica: como los años de la Gran Recesión en Estados Unidos".

En los primeros tres meses de 2013, el centro que dirige Pompili tuvo "un 40% de aumento en los pedidos de ayuda". Pedidos que realizan los empleados que perdieron el trabajo –o que corren el riesgo de perderlo– y que no puede seguir manteniendo a su familia. Pero además, el hospital recibe pedidos de ayuda de "empresarios que tienen que afrontar el fracaso y el peso que este tendrá en la vida de otras personas".

"Estoy cansado de pedir cada día lo que me corresponde." Así sentenció el final de sus días, antes de colgarse en el interior de su tipografía, un hombre de 56 años que dejó sola a su mujer y sin padre a su única hija. Rostro anónimo de la desesperación, el empresario que sufría hace tiempo de crisis depresivas decidió poner fin a su vida luego de un período de larga crisis económica que golpeó a su pequeña fábrica y que le hizo tener que despedir a todos sus empleados. Como tantos emprendedores que tienen créditos con otras empresas en dificultad que no pagan –o incluso con el Estado, que es el principal deudor de la península–, el romano pasó a formar parte del extenso elenco de casos de "muerte por crisis".

Cuando comenzaron a sumarse los episodios, el diario romano La Repubblica inauguró una nueva sección en su sitio, que resume todos los casos de los últimos tiempos, titulada: “Suicidios por crisis”. En ella, un extenso elenco de casos, algunos sin nombre, todos con un epitafio similar: un papel en el que se deja negro sobre blanco que el motivo del gesto es la desesperación. La mayor parte de los matutinos o portales de información local también tienen un rincón destinado a este fenómeno, destinado a crecer al ritmo de la recesión y los ajustes.

El guión es siempre el mismo. Bruno Semprebeni tenía 53 años y era un carnicero de Canale Monterano, un pequeño pueblo en las afueras de Roma. Inválido después de una operación y cuatro bypass, un día cualquiera, luego de acompañar a su mujer a una visita de rutina y de almorzar con ella, dijo que no se sentía bien y se mató en soledad: se colgó en el local de herramientas de su casa, fijando la cuerda en una de las vigas del techo. Cubierto de deudas, Semprebeni había recibido un pedido de pago de 14 mil euros y lo preocupaba una boleta de gas no paga de otros 886 y la amenaza de nuevas por venir. "Hace un año que estábamos pagando Equitalia (entidad pública que se ocupa de recuperar las deudas de los ciudadanos con el Estado). No teníamos más plata para las cuotas de la casa", dijo la mujer del carnicero, entre lágrimas, luego de la muerte trágica de su marido.

Pero los medios registran el tema con una contundencia que no siempre refleja el drama de fondo. "Obrero de 53 años se mata por la crisis" "Empresario del transporte de 54 años se suicida por desesperación" "Mujer en Ostia se tira al mar porque no podía pagar el alquiler". Los titulares dan cuenta de una realidad cotidiana que golpea tanto al rico norte como al sur y que se refleja de modo alarmante en los números de la península.

Una investigación dirigida por Vincenzo Mastronardi, docente de Psicopatología forense de la Universidad La Sapienza de Roma, demuestra que, durante el período de la crisis que golpeó y golpea a Grecia, España e Italia, en comparación con los períodos de "economía normal", emergen picos "en neta subida en el número de suicidios motivados por la crisis".

Mastronardi asegura que el periodismo tiene una gran responsabilidad, ya que las noticias que dan cuenta del fenómeno "incentivan" y crean un efecto contagio. "Un suicidio publicado en primera página, según nuestros estudios, tiene consecuencias inimaginables: puede llegar a provocar hasta 12 casos de suicidios al día por dos semanas consecutivas", afirma el experto. 

La pareja que eligió inmolarse
Se quitaron la vida colgándose uno junto al otro, como habían siempre vivido. Él se llamaba Romeo Dionisi y tenía 62 años. Era un carpintero que hace meses no lograba que le pagaran varios trabajos realizados que le debían. Ella se llamaba Anna Maria Sopranzi y era una ex artesana jubilada y cobraba una pensión de 500 euros.

Cerca de su cuerpos, en un papel la pareja justificaba la decisión diciendo que, después de una vida de trabajo, "la situación era vergonzosa" y pedía "perdón" por el gesto a familiares y amigos.

"El motivo de la muerte es la dificultad económica", decretó la policía, luego de que los cuerpos fueran encontrados por un grupo de vecinos. Pero la desgracia no terminó ahí: cuando se enteró de la noticia, el hermano de ella, Giuseppe Sopranzi, un zapatero retirado, se tiró al mar y el caso pasó de un episodio más a la tapa de todos los diarios. Desde entonces, el ojo de la política comenzó a concentrarse en este fenómeno que crece a ritmo sostenido y que se expande entre quienes no tienen nada que perder.

Uno de los tantos dirigentes en hacer declaraciones luego de la tragedia fue el presidente de la región Apulia, Nichi Vendola, para quien "el drama de Civitanova nos dice que millones de personas viven hoy en la angustia y el miedo. Todos debemos dar respuestas inmediatamente. Estoy trastornado por el enésimo suicidio por desesperación social."
Fuente:TiempoArgentino

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