18 de julio de 2013

HAITÍ.

El embajador de la Unasur, Rodolfo Mattarollo, presentó un libro en el ANM
La lucha de un argentino por establecer el respeto a los DD.HH. en Haití, un país devastado

Jurista Mattarollo. Una denodado compromiso con Haití. 
El embajador de la Unasur, Rodolfo Mattarollo, presentó un libro en el Archivo Nacional de la Memoria. Rodolfo Mattarollo, embajador de la Unasur en Haití, presentó en en el Archivo Nacional de la Memoria (ANM) su libro "Nada ha sido en vano. Panorama de los derechos humanos en los albores del siglo XXI", publicado simultáneamente en castellano y francés con el apoyo de la Minustah (Misión de Estabilización de la ONU en Haití) y del Alto Comisionado de la ONU para los DD.HH. Matarollo, nombrado por Néstor Kirchner cuando éste fue el primer presidente pro tempore de la Unasur, destacó la labor de este organismo en Haití, un país devastado, así como el apoyo que recibe de parte del gobierno argentino, lejos el más importante de todos los prodigados por los países que componen la Unasur. Mattarollo subrayó la importancia del juicio que se le está realizando en Puerto Príncipe al ex dictador Jean-Claude "Baby doc" Duvalier ya que está en juego, dijo, la credibilidad "tanto del gobierno como de la comunidad internacional".

El libro fue presentado por el presidente del ANM, Ramón Torres Molina, como Mattarollo un veterano luchador por los derechos humanos, y como diputado constituyente fue uno de los principales impulsores en la reforma de 1994 de la elevación al rango constitucional de los tratados firmados en la materia por el Estado nacional.

Torres Molina reseñó los capítulos del libro, comen zando por el primero, dedicado a "La impunidad y el derecho internacional", y el abordaje de la rica y trágica historia de Haití, el primero de los países de Latinoamérica y el Caribe en independizarse de la metrópoli europea y abolir la esclavitud en 1804, y el primero en toda la región en apoyar la insurgencia de Simón Bolívar.

Abordó luego el tránsito hacia la consolidación de la noción de "crímenes imprescriptibles contra la humanidad", que reconoció hitos muy importantes en el coloquio de París sobre la desaparición forzada de personas (en 1981)  y el coloquio realizado en Buenos Aires en 1988, en el cual participaron tanto Mattarollo como Torres Molina, éste como abogado de las Abuelas de Plaza de Mayo.

Fue entonces, recordó, cuando se abordó por vez primera la necesidad de hacer análisis hemogenéticos para identificar a los chicos apropiados, hijos de detenidos-desaparecidos.

El presidente del ANM destacó que hasta 1994 tuvo lugar un acalorado debate acerca de si las leyes internacionales tenian preminencia, si prevalecían sobre el Código Penal argentino, pero que la reforma constitucional de aquél año no sólo otorgó jerarquía constitucional a las leyes y tratados internacionales suscriptos por la Argentina, sino también los mecanismos de aplicación.

Torres Molina dijo que la mayoría de los congresales constituyentes, dado que el objetivo principal de la reforma fue el de posibilitar la reelección del presidente Carlos Menem, "no tenían mayor conciencia de lo que estaban aprobando".

Los "juicios por la vida";  los juicios en el exterior (como el que en París condenó a Alfredo Astiz en 1990 y los fallos de la Corte Interameriana de DD.HH. reseño, fueron abriendo la posibilidad de justicia, implementada decididamente por el presidente Kirchner. reseñó Torres Molina.

Hubo hitos, señaló. Como cuando la CIDH falló en 1992  que "las normas de impunidad son contrarias al derechos internacional".

También hubo vaivenes. Así, cuando en 1990 la Corte Suprema, a pesar de la prescripción de los delitos que había cometido en Argentina, concedió la extradición del nazi Joseph Schwammberger, alegó que los que había cometido en Alemania no estaban prescriptos.

Pero en 1993, al extraditar a otro nazi, Erich Prieb ke, a Italia, por haber ejecutado la "Masacre de las fosas Ardeatinas" en 1944, la Corte dijo que delitos de lesa humanidad como ese no prescribían jamás.
El asunto quedó saldado en 1999 --señaló Torres Molina-- cuando se abordó el plan sistemático para apropiarse de los bebés hijos de detenidos-desaparecidos, dichos delito ya estaba  en la Convención Interamericana por lo que la prescripción no era posible.

Desde entonces estuvo claro urbi et orbi que "los delitos de lesa humanidad eran imprescriptibles", concluyó.
Fue seguidamente al doloroso caso de  Haití, país cuyos naturales fueron masacrados en 1937 por orden del dictador dominicano Rafael Trujillo en la República Dominicana, la otra mitad, oriental, de la isla de La Española que ambos países comparten.

En aquella masacre, llamada del Perejil (porque para distinguir a los haitianos de los mayoritarios negros dominicanos, los verdugos los hacían pronunciar esa palabra, murieron hasta 35.000 personas, hombres, mujeres y niños.

Luego, el autor, Mattarollo, inició su exposición diciendo que "el derecho internacional es a la vez un resultado y un modelador de la realidad".

Ironizó luego con mucho humor acerca de "ese vicio profesional de los juristas que es el formalismo".

Recordó que en ocasión de recibir en Puerto Príncipe a un prestigioso experto en derecho internacional  y proponerle que para hacerse una idea más precisa de los problemas que había que superar para que Haití tuviera un correcto servicio de justicia fueran a observar el funcionamiento de un juzgado de paz en un pueblo de provincias recibió la siguiente respuesta: "No, no. No quiero verme arrastrado al pantano de la realidad".

Mattarollo realizó un breve racconto de la evolución del derecho internacional, desde los debates que provocó la conquista a sangre y fuego de Abisinia (Etiopía) por las tropas fascistas del Duce Benito Mussolini en los años '30, a la Carta de Londres adoptada por las cuatro potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial.

Más adelante se refirió al tremendo impacto que produjo la presentación espontánea en Haití del huído ex dictador Jean-Claude Duvalier, llamado "Baby doc" para distinguirlo de su padre, el también dictador François Duvalier, "Papa Doc".

No había en ese momento capacidad para juzgarlo, y hubo que tejerla, en lo que la Unasur cumplió un papel, sobre todo conectando a los familiares de las víctimas de la dictadura de Baby Doc con juristas de la CIDH y la OEA, hasta que pudo formalizarse  una acusación y conformarse el tribunal que habría de juzgarlo.

Este es, señaló, un parteaguas en la historia del país, con fenómenos sorprendentes. Por un lado, en el único diario de Haití, un diario muy conservador, comenzó a registrarse un debate sobre la memoria y el olvido, sobre la necesidad de la punición de los delitos de lesa humanidad o una amnistía amnésica. Por otro, que al iniciarse el juicio el mundo obsvervó con infinita sorpresa como el fiscal, trastocando por completo su papel, se puso a imprecar a los testigos y a defender al acusado.

Aún así, destacó, cuando el primer testigo narró las muchas torturas que había sufrido, un silencio absoluto se adueño de la sala, hasta el punto de que "sentí que en la sala soplaba el viento de la justicia".
En síntesis, Mattarollo dijo que Haití, devastado por un terremoto en 2010 (que dejó 250 mil muertos y destruyó la mayor parte de la paupérrima infraestructura) y luego azotado por una epidemia de cólera (al parecer, causada por la negligencia de un batallón de soldados nepaleses de la ONU en el tratamiento de los residuos fecales) atraviesa "momentos frágiles".

Mattarollo destacó el papel cumplido por la Unasur, "una gran esperanza", diferenciándolo tajantemente del desempeñado tradicionalmente por las potencias colonialistas, ya que se basa en "la contribución efectiva" con las débiles instituciones locales en  "la tarea de construir soberanía".

El embajador mencionó la extensión del programa "pro huerta" a todos los confines del país, y a las tareas mancomunadas con médicos, docentes y otro personal enviado solidariamente por Venezuela y Cuba.

También mencionó las bondades de la Constitución haitiana de 1987, "sumamente democrática" y las dificultades de implementarla.

Haití, recordó, carece actualmente de fuerza armadas, y los efectivos de la Minustah resultan imprescindibles para mantener un  mímimo orden que impida el abuso sistemático sobre los más pobres ante la carencia de una policía mínimamente correcta.

El país carece d e un catastro y las tierras son en la mayoría de los casos reclamadas por varios presuntos propietarios, situación que se agrava por la desaparición prácticamente total de los archivos del Ministerio de Justicia, destruido por el terremoto de 2010.

Por último, subrayó la importancia del juicio a "Baby doc" Duvalier ya que está en juego, dijo, "la credibilidad tanto del gobierno como de la comunidad internacional".
Fuente:Telam         

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