El difícil camino hacia un Mercosur Suramericano
Por Kintto Lucas
En los últimos años, América del Sur ha dado pasos decisivos en su camino hacia la integración regional. Conscientes de los desafíos que ha generado la globalización y que se han evidenciado en las crisis económicas y políticas internacionales, así como en la proliferación de actividades ilícitas transnacionales que traspasan las capacidades individuales de los Estados, algunos países han comenzado a entender que las ventajas de una mayor cooperación e intercambio comercial no son el objetivo final, sino que es necesario coordinar respuestas en políticas económicas y fiscales, pero también sociales, en manejo de recursos naturales, temas ambientales, de defensa y en otros ámbitos, para enfrentar las amenazas. Pero sobre todo, que en el mundo que se va configurando es imposible caminar solos, y es fundamental caminar en colectivo.
Para reforzar la integración es necesario incrementar los niveles de interdependencia económica y comercial en la región. Es un camino complejo pero no imposible. Falta todavía profundizar en una mirada colectiva y dejar de mirarse cada uno al ombligo. Es necesario que las economías más grandes sean más solidarias con las economías pequeñas, pero también es fundamental que éstas busquen un desarrollo propio, dejen de ser parasitarias y no se escondan detrás la farsa de revender productos traídos de otros países sin incorporar agregado nacional o solo colocando una etiqueta de industria nacional.
De a poco América del Sur se va alejando de la teoría de integración regional que promueve el divorcio entre Economía y Política, y que terminó por arrastrar a muchos países a la falacia del “mercado auto regulador” como promotor del desarrollo. Sin embargo, es preocupante observar que después de las nefastas experiencias con la aplicación de la terapias de shock de mercado –en palabras de Naomi Klein-, este tipo de medidas políticas se siguen vendiendo desde algunos países de la OCDE, organizaciones financieras multilaterales, sectores políticos de derecha y ciertos empresarios, como la panacea para la proyección económica de nuestros países.
Desde el Norte se promueven los tratados de libre comercio y la liberalización y desregulación financiera, así como la privatización y la flexibilización del mercado de trabajo como los mecanismos fundamentales para la integración a la economía internacional. En América del Sur hay quienes escuchan esos cantos de sirena y defienden la necesidad urgente de crear un área de libre comercio estilo ALCA. Pretenden así reponer los fracasos del modelo neoliberal.
La integración regional de Suramérica debe recuperar el rol del Estado sobre el mercado, y de la sociedad sobre el Estado y el mercado. Los Estados Suramericanos integrados deben controlar el mercado suramericano integrado. Y la sociedad suramericana debe jugar un papel fundamental con su participación para controlar los Estados y los mercados integrados. Esa integración debe generar vías para un modelo de desarrollo que permita la proyección de cada país y la proyección conjunta. La eficacia y el aprovechamiento de las sinergias regionales dependen de la capacidad de entender que es un proyecto colectivo, no individual, y del tejido institucional que se consolide en el proceso de integración.
Fortalecer y profundizar la integración en América del Sur, pasa por fortalecer y profundizar Unasur, y en ese camino es fundamental fortalecer y profundizar el Mercosur caminando hacia un Mercosur Suramericano. Pero eso depende de la capacidad que muestren nuestros Estados para reconfigurar sus estructuras productivas. Esto será posible si los gobiernos van de a poco trascendiendo el ámbito de la mera racionalidad económica y se comprometen en la construcción de una Política Económica Común e Inclusiva, que aproveche las ventajas de la región en recursos alimenticios, hídricos, materias primas industriales y energéticas, generando una integración productiva y la complementariedad entre los países.
En el nuevo orden mundial, la importancia de América del Sur en la economía internacional es innegable. Es uno de los polos económicos más dinámicos. Actualmente, el PIB de los países de la Suramérica representa el 73 por ciento del de América Latina y el Caribe, que a su vez representa el 8 por ciento del comercio mundial. A pesar del peso económico, la matriz productiva y exportadora de nuestros países continúa centrada en el sector primario y en las manufacturas intensivas en materias primas y recursos naturales. Este fenómeno responde a los altos precios de los commodities en el mercado internacional, pero también a la concentración de la inversión, tanto nacional como extranjera, en la explotación de materias primas. Como consecuencia, los países suramericanos enfrentan la amenaza de la desindustrialización y reprimariziación de sus economías. Estos procesos conllevan el aparecimiento de enclaves productivos cuya generación de riqueza no se transmite al total de la economía, dadas las escasas concatenaciones productivas que generan y la fuga de capitales en forma de repatriación de ganancias y beneficios y de incremento desmedido de las importaciones. Esos enclaves, muchas veces son parte de la parasitaria inversión extranjera que no paga impuestos y aporta muy poco a nuestros países.
La forma independiente que los países suramericanos han concebido su desarrollo económico, ha dado origen al establecimiento de estructuras productivas orientadas a satisfacer solamente necesidades extra regionales, llevando a que la dinámica económica de los países de la región contribuya en poco o nada a la dinámica económica colectiva de la región. Debido a este modo individualista de concebir el crecimiento económico y de aplicar políticas comerciales fundamentadas en aperturismos indiscriminados, la mayor parte de las economías suramericanas han experimentado procesos de desmantelamiento productivo o pérdida de dinamismo económico en los sectores industriales. Paralelamente grandes segmentos de nuestras poblaciones ven disminuir el desempleo pero crecer el empleo precario. Y observan que, si bien se nota una clara disminución de la pobreza, la desigualdad se mantiene y a veces es más evidente.
Es necesario que la integración económica suramericana gire en torno a la articulación de las economías nacionales, que las estructuras productivas busquen satisfacer las necesidades de los habitantes de la región, de modo que podamos desarrollar nuestros sectores manufactureros y de servicios. En ese sentido se debe asegurar las condiciones jurídicas y técnicas para promover inversiones productivas regionales. Y finalmente hay que configurar ordenamientos productivos que contribuyan a que todas y cada una de las economías de la región alcancen niveles altos de competitividad para poder, en otra fase, competir en los mercados de servicios y manufacturas de mediano y alto valor agregado internacionales.
En el difícil camino hacia un Mercosur Suramericano, Mercosur debe transformarse en la cabeza de puente para formar un bloque comercial suramericano, que se rija por los principios de solidaridad, complementariedad y consideración de las asimetrías en los niveles de desarrollo económico y social de los diferentes miembros, que priorice el papel del Estado, que tenga como finalidad el bienestar de la población en lugar de las ganancias del gran capital, y que sirva como ejemplo de un modelo de regionalismo diferente, frente a los esquemas tradicionales que se basan en el fundamentalismo de mercado.
Kintto Lucas es Embajador Itinerante de Uruguay para Unasur, Celac y Alba. Ex Vicecanciller de Ecuador.
Fuente:Argenpress
17.07.2013
integración
El parlamento venezolano aprobó la incorpación de Bolivia al Mercosur
integración
El parlamento venezolano aprobó la incorpación de Bolivia al Mercosur
Los legisladores venezolanos aprobaron el Protocolo de Adhesión de Bolivia al Mercosur, decisión que marca el primer trámite legislativo cumplimentado para que el país andino adquiera el estatus de miembro pleno del bloque.
El documento fue aprobado con los votos del oficialismo, que controla la Asamblea Nacional, y también con los de la oposición, según reportó la agencia de noticias EFE.

"Bolivia se está incorporando a una gran posibilidad que significa para nosotros la ciudadanía Mercosur. Le damos la bienvenida", manifestó durante el debate el diputado oficialista Saúl Ortega.
"Nosotros creemos que es importante que Bolivia ingrese al Mercosur (...) desde el punto de vista de un hecho de integración es muy importante que Bolivia entre a este bloque de países del sur", expresó el diputado opositor Leomagno Flores, del partido Acción Democrática.
Bolivia, en la actualidad miembro asociado al Mercosur, solicitó formalmente el ingreso como socio pleno en diciembre pasado, pero su adhesión se hará efectiva una vez que los parlamentos de los cinco países miembros y el boliviano ratifiquen el protocolo.
Paraguay, suspendido del bloque hasta el 15 de agosto, cuestionó el ingreso boliviano, ya que los tratados del Mercosur impiden la adhesión de un país que, como Bolivia, pertenece a otra unión aduanera, como la Comunidad Andina de Naciones (CAN).
Venezuela también era miembro de la CAN y dejó el bloque andino, entre otros motivos, para pedir su incoporación como pleno al Mercosur.
Ecuador, que también es miembro asociado del bloque, está en conversaciones para ser acogido como integrante de pleno derecho al bloque sudamericano.
"Bolivia se está incorporando a una gran posibilidad que significa para nosotros la ciudadanía Mercosur. Le damos la bienvenida", manifestó durante el debate el diputado oficialista Saúl Ortega.
"Nosotros creemos que es importante que Bolivia ingrese al Mercosur (...) desde el punto de vista de un hecho de integración es muy importante que Bolivia entre a este bloque de países del sur", expresó el diputado opositor Leomagno Flores, del partido Acción Democrática.
Bolivia, en la actualidad miembro asociado al Mercosur, solicitó formalmente el ingreso como socio pleno en diciembre pasado, pero su adhesión se hará efectiva una vez que los parlamentos de los cinco países miembros y el boliviano ratifiquen el protocolo.
Paraguay, suspendido del bloque hasta el 15 de agosto, cuestionó el ingreso boliviano, ya que los tratados del Mercosur impiden la adhesión de un país que, como Bolivia, pertenece a otra unión aduanera, como la Comunidad Andina de Naciones (CAN).
Venezuela también era miembro de la CAN y dejó el bloque andino, entre otros motivos, para pedir su incoporación como pleno al Mercosur.
Ecuador, que también es miembro asociado del bloque, está en conversaciones para ser acogido como integrante de pleno derecho al bloque sudamericano.
Fuente:Telam
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