13 de septiembre de 2013

LOS JUZGA UN TRIBUNAL LOS CONDENAMOS TODOS.

CUESTIONARON EL INTERROGATORIO A SOBREVIVIENTES DE LA CALAMITA
La militancia de las víctimas
Las preguntas de las magistradas entrerrianas revelaron que desconocen los términos de la acusación. "Esa categoría me la imponen mis represores", contestó una testigo cuando se le preguntó: "¿Por qué la etiquetaron como subversiva?".
Por Sonia Tessa

Noemí Berros, López Arango y Lilia Carnero, jueces de Paraná que integran el Tribunal.Imagen: Alberto Gentilcore
"¿Por qué la etiquetaron como subversiva?", le preguntó la jueza Lilia Carnero a Viviana Nardoni, sobreviviente del centro clandestino de detención La Calamita, sobre el final del testimonio que brindó ayer en el juicio Guerrieri II. "No soy yo quien debe responder esa pregunta. Esa categoría me la imponen mis represores", subrayó la testigo, que es subdirectora del Museo de la Memoria. La pregunta de la integrante del Tribunal Oral Federal número 1, magistrada de Paraná, fue un balde de agua fría para los presentes y provocó ulteriores quejas tanto del fiscal Gonzalo Stara como de los abogados querellantes. Más tarde, Carnero quiso saber si el predio donde funcionaba La Calamita en Granadero Baigorria era público o privado. Y la otra vocal del Tribunal, Noemí Berros, preguntó quién era el dueño. Nardoni respondió que se trataba de una propiedad privada, pero aclaró: "Toda esa información existe en autos, doctora".

Las preguntas de las magistradas revelaron que desconocen los términos de la acusación. Los requerimientos de elevación a juicio que se leen al comienzo del debate oral detallan los hechos y las pruebas para someter a proceso a los imputados. Datos imprescindibles para llevar adelante la audiencia.
Tras el testimonio de Nardoni, el fiscal pidió que el Tribunal se abstuviera de profundizar las líneas de interrogatorio sobre la militancia de las víctimas, "ya que su condición de perseguido político queda debidamente acreditado en los testimonios". Para Stara, estas preguntas --que se reiteran-- "caen fuera del objeto del juicio" y causan "revictimización".

El presidente del Tribunal, el también entrerriano Roberto López Arango, consideró que "las preguntas son adecuadas". No terminó ahí: la abogada querellante Gabriela Durruty señaló que se trata de una situación "muy violenta" y recordó que "en este juicio no se investiga la trayectoria ni la militancia de la víctima". Durruty mencionó los protocolos de la ONU para interrogar a víctimas de terrorismo de estado. Terció la querella de Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, representada por Alvaro Baella, quien recordó que esos interrogatorios "incumplen tratados internacionales que ha firmado nuestro Estado". Baella puntualizó, por si fuera necesario, que el momento de declarar es delicado para los sobrevivientes. "Este tipo de interrogatorios desalienta muchísimo a los testigos a volver a poner el cuerpo en estas instancias judiciales", remató.

Carnero se vio en la obligación de explicar: "Entiendo que el militante político debe reivindicar en todo momento su militancia con orgullo". López Arango dio por terminada la cuestión para hacer pasar a Luis Megías, presidente del Colectivo de Ex Presos Políticos, también sobreviviente de La Calamita.

Viviana Nardoni y Luis Megías eran un matrimonio con pocos meses de casados. Tenían 21 años. Fueron secuestados en Zeballos entre Dorrego y Moreno, en la noche del 3 de julio de 1977. Los llevaron a La Calamita y los torturaron. Estuvieron 15 días desaparecidos en el centro clandestino de detención del Ejército, para ser trasladados más tarde al Servicio de Informaciones, y luego a dos cárceles. Ella estuvo en Devoto, hasta diciembre de 1978. El en Coronda, hasta el 15 de abril de 1979. Los dos habían militado en la Juventud Universitaria Peronista hasta 1975, ella como estudiante de Ciencias Políticas y él en la Facultad de Derecho.

Los torturadores se ensañaron con él porque no tenía ningún dato para dar. "Me pasaron electricidad por el pene, los testículos, las tetillas, el oído, el ano y distintas partes del cuerpo", relató ayer Megías. "En un momento pierdo la conciencia, la vuelvo a recuperar y sigo en la misma situación", abundó. De las varias sesiones que describió, se detuvo especialmente en "el interrogador" que "prolongó la tortura porque yo realmente no tenía nada, no podía ofrecerle nada. El me decía que yo debía tener una cita, y quería que se la diera".

Megías detalló cómo era el lugar, que había militares que hacían alusión a su condición de tales, y también gendarmes. Una noche le hicieron un simulacro de fusilamiento. Carnero le preguntó si tenía secuelas de lo vivido y él contestó, con franqueza: "Entiendo que estoy entero".

Nardoni había hecho una declaración también detallada, en la que recordó detalles edilicios de La Calamita. Volvió allí en 2005, junto a otros sobrevivientes. "Hay una memoria del cuerpo que permanece con nosotros", dijo. Al finalizar, habló de la impunidad que persiste, aún después de las condenas a cadena perpetua a los represores. "Les pido que para terminar con la impunidad, consigan que nos digan qué hicieron con los compañeros", reclamó. Y nombró a tres de sus "amigos y hermanos" que fueron asesinados. "Debo nombrarlos porque fueron parte de mi juventud, de mi vida", subrayó.

Megías, al finalizar, agradeció "públicamente" a su actual esposa, Mónica Garbuglia, que lloraba entre el público. "Todos estos años de dar testimonio en distintos ámbitos de la justicia sólo es posible porque uno tiene el apoyo de su familia, de mi esposa fundamentalmente, de un montón de sobrevivientes, de familiares y de los que no están, como los 14 compañeros de la JUP de Derecho que no están", dijo con la voz totalmente tomada por la emoción. Los aplausos coronaron los dos testimonios.
Fuente:Rosario12


Juicio a represores del Batallón 121
La voz de los que no están
12/09/2013


Megías acompañado por su esposa y su hija a la salida del TOF. | Foto: Laura Tasada
El ex detenido-desaparecido durante la última dictadura, Luis Megías, le pidió este jueves al Tribunal Oral Federal 1 (TOF1) de Rosario que cuando pronuncie el fallo del juicio por la causa Guerrieri II sepa “que no es solamente a estos acusados, sino que están dando justicia a mucha gente que no está acá”.

Ex militante de la Juventud Universitaria Peronista (JUP) en la década de 1970, Megías (57) declaró este jueves como testigo ante el TOF1 en el juicio oral por delitos de lesa humanidad que se le imputan a 12 ex militares y personal civil de inteligencia que actuaron en el Batallón 121 de inteligencia de Rosario durante la última dictadura.

Ante los jueces entrerrianos Roberto López Arango, Lilia Carnero y Noemí Berros, Megías brindó detalles de su detención, de las torturas que sufrió durante su paso por el centro clandestino de detenciones conocido como La Calamita y su posterior liberación.

Contó que fue secuestrado junto a su ex pareja Viviana Nardote (actual subdirectora del Museo de la Memoria de Rosario) el 3 de julio de 1977 en calle Zeballos entre Dorrego y Moreno, en pleno centro de la ciudad.

“Siento que paran varios autos, frenan de golpe, me agarran a mi y a Viviana, nos meten en auto, nos vendan los ojos, nos ponen un pie en la cabeza y comenzamos viaje”, relató.
“Nos dicen ‘se acabó todo, es la última vez que ven la calle’, que nos van a matar”, añadió el sobreviviente de la dictadura.

Megías narró su llegada al centro clandestino tras “unos 25 minutos de viaje” que realizó encapuchado.
“Me dicen que me desnude, me atan a un elástico de cama de pies y manos, me ponen un alambre en el dedo del pie atado en el mismo elástico. Comienzan a insultarme y me dicen que así van a tratar a todos los subversivos”, dijo el actual integrante del Colectivo de ex Presos Políticos y Sobrevivientes de Rosario.
Luego dio detalles de las torturas físicas sufridas y de las psicológicas: “Me dicen que van a violar a mi mujer, después la van a matar y después me van a matar a mi”.

El sobreviviente de La Calamita también contó que fue sometido a un simulacro de fusilamiento por hombres del Ejército que lo mantenían cautivo, a quienes no podía ver por estar vendado.

Finalmente Megías hizo un pedido puntual al TOF: “Quisiera pedir al tribunal, son muchos años de dar testimonio en distintos ámbitos de la justicia, y decir que para mi esto es posible por el apoyo de mi familia, mi esposa fundamentalmente a la que agradezco públicamente, y un montón de sobrevivientes, de familiares de sobrevivientes, y los compañeros que no están, como los 14 compañeros de la JUP de Derecho que han sido muertos, por todo eso pido que cuando se de el fallo, sepan que no es solamente a estos acusados, lo que están dando es justicia a mucha gente que no está acá, que nosotros humildemente hoy podemos ser la voz de ellos”.

Luego declaró su ex mujer, Viviana Nardoni, para quien aún “persiste la impunidad, porque con las condenas no pagan lo que hicieron”.

“Para terminar con la impunidad, los jueces tienen que hacerles decir a los imputados que hicieron con los cuerpos de los desaparecidos. Antes de eso, nunca estaremos en paz”, dijo la mujer.

Luego dio detalles de los tormentos sufridos, al señalar que “me desvisten y me tiran en un elástico antiguo y me aplican electricidad y me siguen preguntando cosas”.

“Yo se las adjudico a la perversión, porque me preguntaban sobre abogados de Buenos Aires que tendríamos escondidos. Yo no sé si pensar que no era a mí a quien querían preguntar, o si era parte del sistema cruel para que uno no sepa qué contestar”, dijo.

En la causa Guerrieri II están imputados por 27 casos de secuestro, tormentos, asociación ilícita y 14 homicidios Pascual Guerrieri; Daniel Amelong; Alberto Fariña; Walter Pagano; Eduardo Costanzo; Marino González; Ariel Porra; Alberto Pelliza; Ariel López; Andrés Cabrera; Carlos Sfulcini y Joaquín Guerrera.

Todos integraron como militares o PCI el Batallón de Inteligencia 121 de Rosario durante la última dictadura y fueron la fuerza operativa que coordinó los circuitos represivos de los centros clandestinos La Calamita, Fábrica de Armas Domingo Matheu, Escuela Magnasco, La Intermedia y Quinta de Funes.
Fuente:RedaccionRosario


Viernes, 13 de septiembre de 2013 
Sobrevivientes del terrorismo de Estado dieron su testimonio 
La periodista y actual subdirectora del Museo de la Memoria, Viviana Nardoni, y su esposo Luis Megías, dieron ayer su testimonio ante el Tribunal Oral Federal 1 de Rosario, que lleva adelante el... 
Proceso historico. Doce represores son juzgados en los Tribunales de Rosario. 
Por Jorge Kaplán
La periodista y actual subdirectora del Museo de la Memoria, Viviana Nardoni, y su esposo Luis Megías, dieron ayer su testimonio ante el Tribunal Oral Federal 1 de Rosario, que lleva adelante el juicio oral por la causa Guerrieri II. 

Nardoni dio cuenta ayer de los padecimientos que le ocasionaron desde que fue secuestrada el 3 de julio de 1977 al anochecer cuando volvía del cine con su esposo Luis Megías y su madre Adela Paolini. Con el típico modus operandi de los grupos de tareas, los tres fueron golpeados, amenazados con armas, introducidos por la fuerza en autos, vendados y trasladados a un centro clandestino que la testigo identificó como La Calamita. Allí, Nardoni fue torturada física y psicológicamente, con golpes y electricidad, todo en condiciones inhumanas tanto de alimentación como de higiene. 

También dio cuenta de la tercera jornada de cautiverio en la cual los captores le dicen a otro detenido: "Acá tenés una guitarra, cantate una de esas de subversivos Rafael". Nardoni señaló que "nos dimos cuenta que era Rafael Bielsa", que también estaba secuestrado en La Calamita. 

Relató que días después con su marido fueron sacados de La Calamita y liberados en una zona rural, aunque en rigor fueron entregados a otro de los brazos del aparato represivo en la región: pasaron de las garras del Destacamento de Inteligencia 121 del Ejército, a las de la patota del jefe policial Agustín Feced. "Cuando nos sacamos las vendas se aproxima un auto de la policía provincial y nos llevaron a la Jefatura y en el Servicio de Informaciones nos volvieron a vendar, continuábamos en otro centro clandestino", explicó Nardoni, y señaló que días después fue llevada junto a otras prisioneras en un avión a la cárcel de Devoto. 

Hacia la Navidad de 1978, la mujer, junto a otros presos, fue traída de regreso a Rosario, y en el patio del entonces Comando del II Cuerpo de Ejército —donde justamente hoy funciona el Museo de la Memoria—, el general Luciano Jáuregui les dijo que "el Ejército había decidido devolvernos a la vida, pero que íbamos a estar siempre con libertad vigilada". Nardoni expresó que "es como continuar estando preso porque cada tres días tenía que ir a Jefatura a ver a esos tipos, además uno es un rehén porque mi marido estaba en la cárcel de Coronda". 

"La voz de los que no están". Luis Megías relató la secuencia de su secuestro, junto a su esposa y su suegra, y su traslado a La Calamita. "Me introducen en una pieza contigua, me atan desnudo a un elástico de cama de pies y manos, y comienzan a insultarme y a decirme que así tratan a los subversivos, que no hay consideración y me picanean los testículos, el ano, tetillas, oído y distintas partes del cuerpo. Son varias personas, todos gritan, no preguntan, insultan, que de acá no salgo, que me van a torturar y a mi mujer la van a violar y matar, y después a mi", contó al Tribunal.

Relató que posteriormente, en otra sesión de tormentos e interrogatorio, "esta vez nadie grita sino que una persona diferente, de mediana edad y voz pausada, me interroga sobre mi actividad, yo era militante de la JUP, pero su interrogatorio iba por otro lado que no entendía o sea que las respuestas que daba generaban más tortura". 

Megías señaló que "las preguntas centraban sobre actividades de abogados de Montoneros, pero con quienes había perdido contacto y no sabía ni dónde estaban". Luego fue interrogado sobre la militancia universitaria: "El interrogador empieza a hablar de cosas que tienen más sentido para mi, pero en el momento de la detención estaba desvinculado, no tenía contactos con nadie, no lo convence la respuesta y viene una sesión de tortura y me insiste en que debía tener una cita, y quería que le dijera cuándo y en qué lugar, y yo le decía que no tenía". 

"Fueron muy insistentes, pero terminan diciendo que dado que no les servía tenían que hacerme desaparecer", señaló. Al igual que su esposa fue entregado al Servicio de Informaciones y finalmente puesto a disposición del Poder Ejecutivo, fue preso en Coronda y finalmente liberado el 15 de abril de 1979. 

Megías le dijo a los jueces que "estos son muchos años de dar testimonio y es posible porque uno tiene el apoyo de su familia, de mi esposa, a la que agradezco públicamente y un montón de sobrevivientes y familiares". Recordó a "los compañeros que no están, como los 14 de la agrupación de Derecho de la JUP que han sido muertos. Por todo eso pido que cuando se dé un fallo piensen que acá están dando justicia a mucha gente que no está y nosotros podemos ser la voz de ellos".

Sobre la audiencia, la abogada de la querella Gabriela Durruty destacó que "las declaraciones de Viviana y de Luis reconstruyen en primera persona el horror de La Calamita", y elogió que "Viviana culminó su aporte mencionando a sus amigos muertos y desaparecidos, explicando con gran valentía al Tribunal lo que representó el Estado terrorista aun después de su liberación". 

Preguntas polémicas. "Usted dijo que militaba en la JP, qué clase de militancia hacía?", le preguntó el Tribunal a Nardoni, generando un cuestionamiento del fiscal y las querellas. El fiscal Gonzalo Stara solicitó "limitar las preguntas sobre la militancia que claramente caen fuera del objeto del juicio y podrían causar en la persona que declara un proceso de revictimización". 

Durruty adhirió al pedido y sostuvo que "algunas preguntas del Tribunal son idénticas a las que les hacían sus secuestradores, a Nardoni se le preguntó por qué había sido etiquetada como subversiva". 

La querella de la Secretaría de DDHH de la Nación manifestó que "las preguntas sobre sus actividades imprimen la idea que el daño sufrido es por la actividad que han realizado y desalienta esta repregunta a volver a poner el cuerpo". 

Roberto López Arango, presidente del Tribunal rechazó las objeciones y dijo que "no es para echar culpas sino para saber, no veo el agravio", y dio por cerrado el tema.
Fuente:LaCapital

IMÁGENES DE LA JORNADA
"El Aguante"
Fotos:Laura Elena Tasada

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