5 de noviembre de 2013

OPINIÓN.

LEY DE MEDIOS
Libre mercado vs regulación estatal

03/11/2013
Por Guillermo Griecco
Corte Suprema de Justicia
La última semana de octubre estuvo atravesada por dos episodios fuertes: las elecciones legislativas del domingo 27 y el fallo de la Corte Suprema que declaró constitucional la ley de medios a cuatro años de su aprobación en el Congreso. De la contienda política-electoral a la contienda política-mediática en 48 horas. 

El nuevo escenario tras la resolución cortesana dio lugar a distintos análisis. Una mirada podría enfocar el aguante de una corporación económica dueña de un emporio de medios (Clarín) a la desconcentración que exige una norma antimonopólica y, en efecto, a la intervención estatal que busca regular el mercado de la comunicación audiovisual, aunque no los contenidos.

El dictamen del máximo tribunal corrió el eje informativo centrado hasta ahí en los resultados de los comicios y rompió rápido la ola triunfalista en la que venían surfeando Massa, Binner, Cobos, Schiaretti, Macri, medios de comunicación, entre otros actores políticos. Algo descolocados, dirigentes del arco opositor enseguida ensayaron una defensa corporativa, olvidando, en nombre de las instituciones y la República, que se trata de una ley discutida durante años a lo largo y ancho del país y aprobada por amplia mayoría en ambas cámaras del Congreso.
Desde un aspecto más económico de la cuestión subyace la puja entre libre mercado e intervención del Estado en la economía. El Grupo Clarín es uno de los grupos económicos más importantes del país y se niega a desinvertir, a desprenderse de su patrimonio, interpretando que una licencia es derecho adquirido. 

Hace abuso de su posición dominante en el mercado de la comunicación. Aborda la información como mercancía para conseguir objetivos económicos y políticos. La gran concentración de Clarín fue cocinada al calor de la dictadura y multiplicada durante el menemismo.

El exceso de posición dominante de un oligopolio no sólo se da en el terreno de la comunicación con la concentración de la palabra, de las voces, de la cultura. También hay oligopolios en la producción y comercialización de alimentos y otros productos de la canasta básica, en el mercado del cemento y materiales para la construcción, en las fábricas de insumos clave para la cadena productiva y en otros tantos rubros de la economía donde el Estado choca con una feroz resistencia cada vez que intenta hacer pie. Pese a los avances sustanciales de los últimos años, el alto nivel de concentración en la economía doméstica resulta un nudo estructural heredado de los 90 todavía difícil de desatar.

Con la constitucionalidad de la ley de medios, el poder político y el poder judicial se impusieron al poder económico, a poderes fácticos que no se resignan a perder privilegios. Clarín dice que la ley viola el derecho de propiedad y la libertad de comercio. En rigor, el grupo no parece defender la tan mentada “libertad de expresión”, sino más bien la libertad de mercado, su volumen de negocio y su rentabilidad.

El dictamen del alto tribunal a favor del Estado y en contra del poder económico es muestra de un cambio que coincidió con la celebración de los 30 años de la recuperación democrática en el país. En la puja entre libre mercado e intervención estatal, el fallo de la Corte trituró los argumentos de Clarín, que se cree por encima de una ley, y le dio la razón al Estado al colocarlo en el lugar de protector de esa libertad de expresión supuestamente en riesgo.
Fuente:RedaccionRosario



Libertad de Prensa
EL CENSOR DE CLEMENTE
                                       Por: Eduardo Di Cola*
En estos días vimos a un patético Morales Solá. La cara más oscura de la hipocresía quejándose ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). El mismo Morales Solá que en la etapa más sangrienta del país ocultaba información. Negaba a sus lectores elementos de juicio y análisis. Cuanto menos se mostraba indiferente ante la desaparición de sus colegas y silenciaba el peor genocidio que padecimos los argentinos.
En un proceso que por cuestión de seguridad nacional había prohibido a “Zamba de mi Esperanza”, embanderado en los mismos principios de seguridad y moralidad pública censuró a Clemente, seguramente escandalizado por la irresistible atracción que sentía por los voluptuosos atributos de la ”Mulatona”, o porque tiraba papelitos en la cancha, o no tenía el cuidado de arrojar el carozo de la aceituna en el lugar indicado.
Nada puede sorprendernos de Morales Solá si ante algún insulto no dudó en recurrir al Congreso de la Nación y las mismas puertas que él justificaba estuvieran cerradas, se abrieron y le demostraron que la Democracia, la Libertad y la República que desdeñaba, son como el árbol que en su grandeza le brinda sombra a su leñador.
Ahora recorre organismos internacionales quejándose por que el periodismo independiente ha perdido tranquilidad y lo define como censura indirecta.
No puede disimular la nostalgia que siente por el tiempo en que en nuestro país se había enseñoreado la “tranquilidad”  de los “cementerios”, siempre preferible a una democracia efervescente con pluralidad de voces que también lo contemple a él como a un potencial destinatario del análisis y la crítica.
Aunque no es la misma sensación que habrán tenido sus colegas que desaparecieron, ¿cómo no creerle cuando dice sentir intranquilidad?, si censurando a Clemente demostró temerle a un dibujo. El que además si fantaseáramos como con Pinocho lo hizo  Carlo Collodi y Clemente cobrara vida, por no tener brazos no podría tan siquiera darle un  cachetazo.
Que Morales Solá a través de los medios ponga en dudas la libertad de prensa, es la demostración más cabal de su ilimitada e irrestricta existencia.
                                                   *Ex Diputado Nacional

No hay comentarios: