Renuncio Guillermo Moreno, que sera agregado economico en Italia
Por Tomás LukinEl paso al costado del secretario de Comercio consolida la centralización del manejo económico en manos de Axel Kicillof. La salida ya estaba decidida el lunes, cuando se anunciaron los cambios de gabinete. Moreno viajará a Roma después del 2 de diciembre
GUILLERMO MORENO DEJA LA SECRETARIA DE COMERCIO. LA CARTERA ECONOMICA CENTRALIZA LA CONDUCCION EN EL NUEVO MINISTRO
Paso al costado de Moreno, vía libre a Kicillof
La salida del conductor de las negociaciones con el sector empresario le abre el camino a Kicillof para encarar una estrategia de conducción diferente en el ministerio. Moreno irá como agregado comercial a la embajada en Roma.
Por Tomás Lukin
Tras una relación pendular, de acuerdos y desencuentros, Guillermo Moreno decidió renunciar. Kicillof asume con más espacio de conducción.Imagen: Télam
La presidenta Cristina Fernández aceptó la renuncia del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. El funcionario dejará su cargo el próximo 2 de diciembre y pasará a desempeñarse como agregado económico en la Embajada Argentina en Italia. La decisión de otorgarle un nuevo rol a Moreno en el exterior profundiza la dirección de los cambios del gabinete anunciados el lunes: permite dirimir las desgastantes internas y define la conducción del equipo económico en cabeza del nuevo ministro de Economía, Axel Kicillof. El economista heterodoxo y el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, jurarán hoy por la tarde en el Salón Blanco de Casa Rosada. El flamante equipo económico que conducirá Kicillof entiende que la economía argentina no exhibe problemas estructurales graves. En cambio, interpretan que las tensiones en el mercado cambiario se deben a presiones y especulaciones de los sectores exportadores tradicionales que apuestan a una brusca devaluación. Por eso, no está en los planes convalidar un salto brusco del tipo de cambio ni formalizar el desdoblamiento para el sector turístico.
“Se puede crecer con salarios bajos y devaluación, pero es un crecimiento espurio basado en finanzas y servicios, no es sustentable”, sostuvo Kicillof en agosto. Desde el Gobierno entienden que el problema en el frente externo no es de solvencia, que no está gestando una tradicional crisis de balanza de pagos. El problema es de liquidez: hay que lograr que ingresen más divisas. El objetivo de largo plazo sigue siendo el mismo: avanzar con el proceso de industrialización a través de la sustitución de importaciones –como las energéticas– y mayores exportaciones en un escenario global en crisis. “La ortodoxia tiene un recetario muy sencillo para aplicar en cualquier momento y lugar: bajar el gasto y los salarios, subir las tasas de interés, endeudarse y devaluar. Para la heterodoxia no hay recetario, sino la realidad”, consignó Kicillof en ese momento. Aunque el diagnóstico era compartido, las decisiones de política económica estaban estancadas en un berenjenal de internas y disputas entre los distintos funcionarios.
Los secretarios Kicillof y Moreno mantuvieron una relación pendular durante los dos años que compartieron en el heterogéneo equipo económico. En algunas decisiones puntuales, como el reciente blanqueo de capitales, lograron confluir y avanzar en conjunto en su implementación. Además, como funcionarios de alto perfil del Gobierno, coinciden ideológicamente en la relevancia de otorgar al Estado un rol preeminente en la regulación, control y planificación de la economía. También comparten su pragmatismo. Sin embargo, las diferencias se profundizaron en los últimos meses. En ese proceso, por ejemplo, el flamante titular del Palacio de Hacienda dejó de participar de las reuniones con Moreno y empresarios vinculadas con las inversiones en bonos Baade con recursos genuinos, que impulsaban ambos.
La salida de Moreno hacia Roma, donde se desempeñará en la misión diplomática encabezada por Torcuato Di Tella, ex secretario de Cultura de Néstor Kirchner, ya estaba decidida el lunes pasado, cuando se conoció el nombramiento de Kicillof. El cambio fortalece la figura del nuevo ministro. Aunque más de un empresario consideró un alivio la conclusión del ciclo de Moreno, desde el equipo económico entienden que la Secretaría de Comercio Interior continuará cumpliendo un rol relevante en la negociación con las cúpulas económicas y los formadores de precios.
El desembarco del ex secretario en Italia no requiere del visto bueno del Congreso, como sí sucederá con el traslado del ex ministro Hernán Lorenzino a la representación argentina ante la Unión Europea. El secretario de Comunicación Pública, Alfredo Scoccimarro, informó la decisión desde la sala de conferencias de Casa Rosada, pero la novedad llegó con suspenso para quienes siguieron su breve intervención por televisión. Por un inconveniente técnico, sólo se escuchó el final.
El ascenso de Kicillof y la salida de Moreno abrieron, al menos, dos vacantes de peso en la estructura del Ministerio de Economía: las secretarías de Comercio Interior y Política Económica. El equipo de colaboradores más cercanos del nuevo ministro seguirá nutriéndose de los economistas que formaron parte del Centro de Estudios para el Desarrollo Argentino (Cenda), como Emmanuel Alvarez Agis, Mariana González y Javier Rodríguez, los tres que acompañan a Kicillof en diferentes subsecretarías del Palacio de Hacienda, pero también existe la posibilidad de que el director de YPF, Nicolás Arceo, o el secretario de Relaciones Económicas Internacionales de Cancillería, Augusto Costa, puedan regresar a Economía a trabajar con el nuevo ministro. Antes de desembarcar en la Cancillería, Costa fue el primer subsecretario de Coordinación Económica y de Mejora de la Competitividad, una de las nuevas dependencias que creó CFK al comenzar su segundo mandato, en 2011. Los cambios no terminarían ahí, Kicillof también deberá nombrar un nuevo secretario Legal y Técnico.
La renuncia de Moreno también abrió el interrogante sobre la continuidad de la secretaria de Comercio Exterior, Beatriz Paglieri, funcionaria de extrema confianza del (futuro) ex secretario, que encabezó la investigación “Papel Prensa. La verdad”. Esa secretaría es la encargada de controlar las importaciones a través del sistema de DJAI, un instrumento valorado por la nueva conducción económica y que continuará activo para administrar el comercio exterior.
En tanto, el nuevo rol de Lorenzino como responsable de una unidad especial encargada de la reestructuración de la deuda externa, cargo que desempeñará desde la embajada argentina en la Unión Europea, en Bruselas, hace prever que la Secretaría de Finanzas continuará a cargo de Adrián Cosentino. Si además de la reapertura del canje para normalizar los pasivos en manos de los buitres y monitorear la disputa legal en la Corte Suprema de Nueva York, el Gobierno encarga a Lorenzino avanzar en la negociación para regularizar la deuda en default con el Club de París y otras funciones, como comenzar a refinanciar vencimientos de capital, la continuidad de Cosentino facilitaría la coordinación de esas tareas.
Aunque se lo descalifica como “estatista” y “marxista”, Kicillof explica que “nuestra economía es una economía fundamentalmente privada. La inversión se dio por parte de las empresas privadas, porque tuvieron buena rentabilidad y competencia”. En ese sentido, el economista advierte que “en una situación de incertidumbre, el capital privado suspende planes de inversión y el elemento más dinámico de la demanda privada tiende a desaparecer, entonces el Estado en sustitución del sector privado debe aparecer en auxilio para sostener la dignidad, la distribución del ingreso y los niveles salariales”.
MORENO DEJA COMERCIO INTERIOR DESPUES DE SIETE AñOS Y MEDIO
Las andanzas del secretarioPor David Cufré
El viernes 14 de abril de 2006 el Gobierno anunció un enroque de funcionarios: Guillermo Moreno, hasta entonces secretario de Comunicaciones, pasaba a ocupar el cargo de Lisandro Salas, secretario de Coordinación Técnica del Ministerio de Economía, y éste se mudaba al despacho que había sido del Napia desde el 2 de junio de 2003. Seis meses antes, Néstor Kirchner había tomado una decisión que marcó el rumbo de su gestión y cuyos efectos siguen hasta estos días: no subordinar el crecimiento económico por temor a la inflación. En noviembre del año anterior, había desplazado a Roberto Lavagna como ministro de Economía, entre otras razones por sus diferencias de enfoque sobre este punto. El ministro había propuesto un severo plan de ajuste para mitigar la suba de precios que empezaba a hacerse notar con la recuperación económica tras la debacle de 2001. En lugar de la salida ortodoxa, con impacto sobre el empleo, los salarios y las jubilaciones, Kirchner optó por el menos ortodoxo de los funcionarios.
Al día siguiente de su designación, pero antes de haber jurado en su nuevo rol, Moreno les anunció a empresarios de la carne que en lugar del deslucido título de secretario de Coordinación Técnica rescataría el nombre de secretario de Comercio Interior y que entre sus funciones estaría aplicar una ley de 1974 que Martínez de Hoz había pasado al ostracismo en la dictadura: la Ley de Abastecimiento. Moreno hizo valer de entrada dos de sus atributos: la fama de duro y su dedicación al trabajo. Ese encuentro fue un sábado a la mañana. El martes volvió a reunirse con los representantes de la cadena cárnica. El jueves a la mañana convocó a la cámara de empresarios de la alimentación y a la tarde se juntó con la Unión Industrial. A todos les dijo lo mismo: habría una administración estatal de la suba de precios.
Como tantas otras cruzadas que encaró, esa política tuvo etapas de mayor éxito y otras de fracaso, e incluso exhibió contradicciones profundas. Pero yendo al fondo del asunto, cuál fue el papel que jugó desde su secretaría en la puja distributiva, el balance muestra que se inclinó por los sectores asalariados. No fue uno más de las decenas de funcionarios que a lo largo de la historia argentina hicieron recaer los costos de las dificultades económicas en los trabajadores, sino que en todo caso buscó protegerlos. En numerosas ocasiones, más que las deseables, el modo en que lo hizo terminó facilitando goles en contra, como en el caso emblemático de los reemplazos en el Indec.
Moreno expuso allí quizá su mayor debilidad. Dejó servido el contraataque a aquellos que explotaron los aspectos caricaturescos de su personalidad, aunque su encono era previo y venía dado por aquello de que la orientación de la política económica sería ponerles límites a sectores empresarios. Eso no lo exime de sus errores o, si se quiere, de cierto voluntarismo, en muchos casos ineficaz. Como, por ejemplo, cuando anunció en Casa Rosada que los inquilinos podrían acceder a la compra de su vivienda con un sistema similar al leasing. Despertó expectativas que se vieron defraudadas cuando el plan quedó archivado en un cajón. Lo mismo ocurrió con la Ley de Abastecimiento, cuya aplicación nunca pasó mucho más allá de la amenaza para sentarse a negociar.
Otros intentos lograron éxitos relativos, como el plan Carne para Todos y similares, o la apertura de un mercado abastecedor en José C. Paz. Son iniciativas que podrían haber generado cambios más profundos de haber sido mejor explotadas. Pero Moreno se caracterizó en sus siete años y medio de gestión por sus marchas y contramarchas, avances y retrocesos. A eso se sumó su incapacidad de comunicar a la población las decisiones en forma sencilla y didáctica, lo que dejó el terreno libre para operaciones mediáticas y políticas de todo tipo. El contraejemplo –también emblemático– es que la ciudadanía tome como válidas mediciones de la inflación de consultoras privadas que no pasarían el más leve examen de rigurosidad técnica.
Pero Moreno nunca ofreció explicaciones claras de cara a la sociedad de por qué hizo lo que hizo en el Indec, pese a que tenía sus razones. Y entonces tampoco tuvo legitimidad frente a la ciudadanía para ir contra las consultoras, que quedaron instaladas en el papel de víctimas y portadoras de la verdad. Son contadas las veces que el secretario habló mano a mano con la prensa y ofreció conferencias para explicar las medidas. En parte se debió a que aplicó un sistema informal de decisiones no escritas, por ejemplo en la administración del comercio exterior o la aplicación de listas de precios diferenciadas según el tipo de producto, ya fuera premium, standard o popular. Quienes lo justifican exponen el argumento de la realpolitik. No se puede jugar con total transparencia con sectores empresarios poderosos que tienen otros mecanismos de mercado o hasta institucionales –a través de jueces amigos– para eludir las disposiciones del Estado.
A Moreno tampoco lo ayudó que pasara sus días confrontando con cuanto funcionario discutiera con él. Esa pulsión por las internas le quitó impulso a iniciativas que elaboradas con consenso –por empezar dentro del mismo Gobierno– habrían tenido otro final.
Quizás una excepción sea el trabajo que realizó en relación con el Grupo Clarín y Papel Prensa, donde sí pudo develar junto a otros actores del oficialismo, empezando por Néstor Kirchner y Cristina Fernández, el comportamiento del holding como factor de poder. Como todo personaje complejo, las lecturas en relación con Moreno no pueden ser lineales ni definitivas. La resolución 125, las restricciones a las importaciones, las peleas con Shell, las misiones comerciales a Angola, las negociaciones con supermercados, la tarjeta SuperCard, el Cedin y tantos otros temas en que estuvo involucrado el secretario de Comercio tuvieron sus causas y sus manejos. Algunos mejor resueltos, otros de manera catastrófica. Después de tantos años, su salida dejará un espacio enorme por llenar. La próxima escala lo mostrará en Roma y después el tiempo dirá.
DESDE LAS DOS VEREDAS
Las repercusiones
Referentes de la oposición festejaron la salida de Guillermo Moreno de su cargo como secretario de Comercio Interior. La más brutal fue la diputada Elisa Carrió, quien señaló que “es una gran alegría, porque hay un fascista menos en el Gobierno, aunque todo seguirá igual o peor porque el ministro de Economía es (Axel) Kicillof”. Desde el Frente para la Victoria, Edgardo Depetri aseguró que “Moreno tenía un área muy sensible de la economía que impactó en el resultado electoral y su decisión es un aporte para que la nueva etapa del Gobierno, con el cambio de gabinete, pueda iniciar un nuevo camino en ese sector”. La legisladora electa Graciela Ocaña anticipó que reclamará que la Justicia no deje salir del país al ex funcionario.
Horacio Rodríguez Larreta, jefe de Gabinete del gobierno porteño, aseguró que “al fin la Presidenta se dio cuenta de que Moreno le hacía mal al país. Espero que este cambio descomprima la situación económica y que el que ocupe el lugar de Moreno se encargue de resolver el tema de la inflación y los problemas económicos del país en serio”. En tanto, el ex vicepresidente Julio Cobos especuló con el hecho de que la renuncia del secretario no se conociera el lunes junto con el resto de los cambios en el área económica. “Quizá ha sido la reacción de los mercados o a lo mejor el condicionamiento que le están poniendo los organismos externos para el financiamiento, por el tema del Indec”, arriesgó.
El ex ministro de Economía Miguel Peirano, ahora asesor del Frente Renovador, estimó que el reemplazo de Moreno “es una decisión acertada” y que “es expresión masiva de lo que expresó la sociedad en las últimas elecciones”.
El dirigente social kirchnerista Luis D’Elía saludó a través de Twitter al funcionario saliente: “Un gran abrazo para Guillermo Moreno, un patriota, un gran compañero y sobre todo leal”.
La guerra con las consultoras
El secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, dijo que consultoras de la city especularon con la inflación para conseguir ganancias a partir de bonos que ajustan por CER. Así lo hizo al defenderse ante la Cámara Federal porteña, la cual debe definir si confirma un procesamiento contra el funcionario por “abuso de autoridad”. El juez federal Claudio Bonadío inició la imputación de Moreno, luego de que este funcionario aplicó una multa contra el estudio Finsoport.
El abogado del funcionario, Alejandro Rúa, precisó que los jueces que escucharon la justificación del secretario “se convencieron” y revocarán el procesamiento. Además de la sanción a Finsoport, desde la Secretaría de Comercio se hicieron acciones legales contra otras consultoras para evitar que divulguen sus relevamiento de precios. La Justicia, tras algunos meses de análisis del caso, desestimó este pedido de Moreno y habilitó a los estudios privados para que vuelvan a hacer públicas sus estimaciones de inflación, pese a la falta de rigurosidad metodológica.
Fuente:Pagina12



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