25.06.2014
También se ventilaron ataques a los abogados defensores de presos políticos
D-2 de Mendoza:La represión al movimiento obrero se puso en ejecución antes del golpe cívico-militar
Actis en un momento de su exhaustiva declaración.
Guido Esteban Actis declaró sobre su paso por el D2 de la Policía de Mendoza y la penitenciaría provincial, con final feliz. Actis describió los hechos que preludiaron su detención, desde el intento de secuestro que sufriera el 13 de febrero de 1976, hasta su libertad en 1983. Trabajaba en la Dirección de Estadísticas y Censos y fue el último de los delegados de ATE y militantes de JTP secuestrados en la gran redada de febrero de 1976. El sindicalismo combativo organizado en coordinadoras fue blanco de la represión a lo largo del país, y en Mendoza se cobró la vida de Marcos Ibáñez, delegado de los trabajadores de la Terminal de Ómnibus y de Miguel Ángel Gil, delegado de la Comisión Nacional de Energía Atómica –CNEA-, ambos asesinados en la tortura.
También se ventilaron ataques a los abogados defensores de presos políticos
D-2 de Mendoza:La represión al movimiento obrero se puso en ejecución antes del golpe cívico-militar
Actis en un momento de su exhaustiva declaración.
Guido Esteban Actis declaró sobre su paso por el D2 de la Policía de Mendoza y la penitenciaría provincial, con final feliz. Actis describió los hechos que preludiaron su detención, desde el intento de secuestro que sufriera el 13 de febrero de 1976, hasta su libertad en 1983. Trabajaba en la Dirección de Estadísticas y Censos y fue el último de los delegados de ATE y militantes de JTP secuestrados en la gran redada de febrero de 1976. El sindicalismo combativo organizado en coordinadoras fue blanco de la represión a lo largo del país, y en Mendoza se cobró la vida de Marcos Ibáñez, delegado de los trabajadores de la Terminal de Ómnibus y de Miguel Ángel Gil, delegado de la Comisión Nacional de Energía Atómica –CNEA-, ambos asesinados en la tortura.
Actis recordó que fue detenido el 20 de febrero de 1976, una semana después de su fallido secuestro (durante el cual fue herido de bala en las manos) cuando se presentó acompañado por dos policías, a la sede del Departamento de Informaciones (D2) de la policía mendocina.
Entró a cara descubierta y fue derivado al sector identificado como “Área Restringida”. Una vez allí, vio a la cordobesa Silvia Peralta “con un vestido rojo”; después le colocaron la venda y le dieron una paliza. A partir de entonce su relato fue similar a los aportados por los detenidos en el operativo de febrero del ’76.
Describió asi la agonía y muerte de Miguel Ángel Gil debajo de la torre humana, que, opinó, le causó la muerte. Más aún, escuchó un “parece que se nos fue uno” de boca de los guardias, enseguida los gritos de Marcos Ibáñez y finalmente, un silencio absoluto.
Respecto de los ataques sexuales en esa dependencia policial, hizo memoria de la vejación contra una compañera de la que reservó su nombre pero agregó que las violaciones contra las mujeres estaban generalizadas y eran sistemáticas.
En otro tramo de su declaración, Actis evocó a Silvia Peralta que, según supo, fue "vendida" a sus padres, que pagaron un suculento rescate. Sin embargo, una vez que estuvo con sus familiares en un automóvil rumbo a la ciudad de Córdoba, el vehículo fue interceptado, su marido fue baleado y ella nuevamente secuestrada ante los ojos atónitos de sus padre, que fue la última vez que la vieron.
Silvia fue vista en La Perla por detenidos-desaparecidos que sobrevivieron.
Actis llegó a la penitenciaría el 27 de febrero del ’76 junto a los detenidos y detenidas de la misma redada, pero a diferencia del resto de sus compañeros, permaneció más de dos años encarcelado.
Describió con gran precisión la disposición de los pabellones, el aislamiento y los garrotazos recibidos en los calabozos de castigo y proporcionó el apodo o apellidos de numerosos penitenciarios, entre ellos de Bianchi, Bonafede y Barrios, que, dijo, estaban de guardia el día de la tremeda golpiza de julio del ’76.
Agregó los de Quenán, Linares, Sachetti, Galignana y otros, desde alcaides hasta celadores. Asimismo, confirmó el relato de la mencionada golpiza liderada por el Ejército y aseguró que la comandaba Ledesma, quien se ensañó, particularmente, con él.
Como un paréntesis a las penurias, Actis recordó que en 1978 fue trasladado al Hospital Militar para ser operado de una rodilla. Allí se cruzó con dos detenidas, Rosa Gómez y Alicia Peña, hecho que, como se verá, dio inicio a otra historia...
Después de dos años y ocho meses en el penal provincial fue trasladado a las cárceles de Caseros y La Plata. Obtuvo libertad vigilada en noviembre de 1982 y libertad definitiva en el ‘83.
De su paso por el penal mendocino destacó que estuvo 365 días sin visitas. También recordó la despedida del desaparecido Santiago Illa, quien dejó las celdas creyendo que salía en libertad. Por otro lado, reconoció los buenos oficios del sacerdote Latuff, quien favorecía la comunicación entre los detenidos y sus familias.
A pesar de la excelente memoria demostrada por el testigo, presentó registros difusos de su vinculación con la justicia de aquellos días ya que descreía de su función.
Aseguró que en su primer contacto se abstuvo de declarar porque el escribiente era un policía, según le advirtieron. Tiempo después supo que el juez actuante en aquel momento era Rolando Carrizo.
En 1979, Actis fue absuelto por el juez Guzzo. Sin embargo, la Cámara revocó la decisión. El testigo no recordó que en esa ocasión el fiscal que solicitó se revocara su absolución, invocando la declaración hecha por él firmada en el D2, fue Otilio Romano. En cambio, rememoró con claridad, que en septiembre de 1979, el juez Garguir y su defensor, Guillermo Petra, lo visitaron en la cárcel de La Plata.
En dicha ocasión, Garguir, le dijo desvergonzadamente que “Los militares no quieren que usted salga sin condena” frente a Guillermo Petra, designado defensor suyo. Ante quien Garguir tampoco tuvo empacho en predecir que le darían cuatro años. Actis concluyó en que los jueces “encubrieron todo”.
Para finalizar, recordó que durante su detención mantenía relación por cartas, con aquella detenida que se cruzó en el Hospital Militar, Alicia Peña. En julio de 1982 se casaron en el penal y hasta hoy siguen juntos.
La persecución a los abogados
La abogada Haydeé Clorinda Fernández del Río desenmascaró el funcionamiento de la justicia y puso de relieve la persecución a los abogados que defendían presos políticos.
La doctora Fernández del Río integró el grupo de los pocos abogados que se animaron a defender a presos políticos en los años previos a la dictadura. Militantes de un sector del peronismo y de la izquierda fueron patrocinados por ella, así como Alfredo Guevara, Fuad Toum, Conrado Gómez (desaparecido en la ESMA) y Rosendo Chávez, quienes terminaron siendo víctimas de la represión ilegal.
Haydeé, quien declaró el lunes, fue secuestrada el 17 de marzo de 1976 y llevada al D2 donde fue torturada. Dos días después la pasaron a la penitenciaría y el 19 de marzo la llevaron al Juzgado Federal donde le informaron que estaba involucrada en la Causa Rabanal. A fines de octubre de ese año la trasladaron a Villa Devoto y el 7 de enero de 1981 recuperó la libertad.
La abogada contó que una hermana suya, un día después de la detención, habló con Otilio Romano, entonces fiscal, quien le dijo: “Nosotros no la tenemos”.
También mencionó a los ex jueces Rolando Carrizo y Luis Miret como parte del aparato judicial que simulaba desconocer lo que acontecía. Y, específicamente, de Carrizo recordó que “evidentemente, sabía lo que sucedía porque cuando le pedimos que no torturaran más a José Basilio Sgroi porque se moría, lo dejaron de torturar”.
“No éramos queribles, nos rechazaban los Habeas Corpus, decían que no sabían y de allí, de los Juzgados Federales, salían los informes sobre quién iba, quién venía, a quién defendíamos”, información de la que se sirvieron los represores para atacar a los abogados.
Papelón
El defensor de Romano, Ariel Civit, pasó un verdadero papelón cuando inquirió a Haydeé sobre por qué su hermano abogado y el doctor Gullé, que la defendieron en un primer momento, no estuvieron después. La respuesta fue: “¿Pero usted ignora lo que se vivía entonces? ¿No sabe que los abogados eran perseguidos (hay 101 desaparecidos) y que tenían que esconderse?”.
Y ante otra pregunta de Civit sobre su defendido, la doctora Fernández, señaló: “¿Cómo Romano no iba a saber lo que pasaba si era fiscal de la Causa Rabanal…? Esa causa produjo desapariciones, muertes, violaciones y torturas. ¿Y qué hizo Romano?”
La próxima audiencia será el lunes 30 de junio con los testimonios de Guillermo Martínez Agüero y Oscar Guidone. Luego habrá audiencia el miércoles 2 de julio.
Fuente:Telam

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