El autor reflexiona a partir de su libro que delata la complicidad de jueces.
Hace pocos días se publicó el libro de Editorial Siglo XXI “Usted también doctor?” con prólogo de Baltasar Garzón.
Allí el jurista destaca que “El 9 de febrero de 1976, la delegada gremial Silvia Susana Ontivero fue secuestrada junto a su hijo de cuatro años y llevada al Departamento de Informaciones (D-2) de la Policía de Mendoza. Allí vivió lo que ha descrito como los peores dieciocho días de su vida. “Fui salvajemente violada, repetidamente violada, muchas veces en el día, con una suciedadasquerosa. A veces, entraban a la celda de a uno, otras de a dos o dea tres para hacer su faena.”
Las brutales prácticas a las que fue sometidale provocaron un aborto e infertilidad de por vida. Apenas tres meses antes, Carlos Eduardo Cangemi, militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores y de la Juventud Guevarista, había sido retenido por personal de las fuerzas de seguridad y llevado a una de las “comisarías satélite” del D-2, donde fue golpeado hasta perder el conocimiento, esposado y vendados los ojos, para después ser remitido al Departamento de Informaciones, donde recibió torturas, entre otras, a través de la “picana” (método de las descargas eléctricas). Ambos, desamparados, torturados y secuestrados por un Estado terrorista. Sólo sus respectivas familias y algunos amigos persistieron en su empeño de que estas y otras miles de víctimas obtuvieran justicia. Pero la venda en los ojos que la representa estaba puesta en esos momentos no para garantizar imparcialidad e independencia cuando más se necesitaban, sino para permitir las atrocidades que se estaban cometiendo.
Era la interesadamente ciega justicia argentina de entonces, que todavía hoy algunos justifican, como se hiciera con el Holocausto, en el “yo no sabía lo que estaba pasando y tardé mucho tiempo en darme cuenta”. Un argumento que, afortunadamente, ya no es válido, porque la nación argentina es bien diferente. El Poder Judicial y por ende los jueces y fiscales de entonces, con honrosas excepciones, no debieron haber ocultado la cabeza debajo del ala poniéndose así del lado de los represores. Una justicia verdadera nunca puede traicionar a los ciudadanos. La dignidad de uno de los poderes del Estado sólo fue mantenida por un puñado de profesionales del derecho que se negaron a ser cómplices o cooperadores de la dictadura. Por ello, está bien que la Argentina de ahora conozca quién estuvo y qué hizo, quién se la jugó y quiénes participaron de esa especie de aquelarre mortal que se llevó por delante lo mejor de toda una generación que luchaba por cambiar las cosas…”
Es interesante como Mendoza aparece en un lugar central del libro editado por Siglo XXI y dirigido por Juan Pablo Boholavsky, quien lo coordinó con seriedad, generando una producción impecable.
La complicidad judicial en la dictadura militar se describe y analiza profundamente, pero con un lenguaje simple para que llegue a un amplio público y así la sociedad civil puede comprender cual fue el rol de los jueces federales durante aquel periodo de nuestra historia.
Este gran logro como sociedad es lo que intenta retratar el libro.
Otra nueva producción que permite dimensionar un aspecto central de nuestra historia. “Usted también doctor?” es un libro que se constituye en un verdadero aporte al proceso de memoria y justicia.
Pablo Salinas.
Allí el jurista destaca que “El 9 de febrero de 1976, la delegada gremial Silvia Susana Ontivero fue secuestrada junto a su hijo de cuatro años y llevada al Departamento de Informaciones (D-2) de la Policía de Mendoza. Allí vivió lo que ha descrito como los peores dieciocho días de su vida. “Fui salvajemente violada, repetidamente violada, muchas veces en el día, con una suciedadasquerosa. A veces, entraban a la celda de a uno, otras de a dos o dea tres para hacer su faena.”
Las brutales prácticas a las que fue sometidale provocaron un aborto e infertilidad de por vida. Apenas tres meses antes, Carlos Eduardo Cangemi, militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores y de la Juventud Guevarista, había sido retenido por personal de las fuerzas de seguridad y llevado a una de las “comisarías satélite” del D-2, donde fue golpeado hasta perder el conocimiento, esposado y vendados los ojos, para después ser remitido al Departamento de Informaciones, donde recibió torturas, entre otras, a través de la “picana” (método de las descargas eléctricas). Ambos, desamparados, torturados y secuestrados por un Estado terrorista. Sólo sus respectivas familias y algunos amigos persistieron en su empeño de que estas y otras miles de víctimas obtuvieran justicia. Pero la venda en los ojos que la representa estaba puesta en esos momentos no para garantizar imparcialidad e independencia cuando más se necesitaban, sino para permitir las atrocidades que se estaban cometiendo.
Era la interesadamente ciega justicia argentina de entonces, que todavía hoy algunos justifican, como se hiciera con el Holocausto, en el “yo no sabía lo que estaba pasando y tardé mucho tiempo en darme cuenta”. Un argumento que, afortunadamente, ya no es válido, porque la nación argentina es bien diferente. El Poder Judicial y por ende los jueces y fiscales de entonces, con honrosas excepciones, no debieron haber ocultado la cabeza debajo del ala poniéndose así del lado de los represores. Una justicia verdadera nunca puede traicionar a los ciudadanos. La dignidad de uno de los poderes del Estado sólo fue mantenida por un puñado de profesionales del derecho que se negaron a ser cómplices o cooperadores de la dictadura. Por ello, está bien que la Argentina de ahora conozca quién estuvo y qué hizo, quién se la jugó y quiénes participaron de esa especie de aquelarre mortal que se llevó por delante lo mejor de toda una generación que luchaba por cambiar las cosas…”
Es interesante como Mendoza aparece en un lugar central del libro editado por Siglo XXI y dirigido por Juan Pablo Boholavsky, quien lo coordinó con seriedad, generando una producción impecable.
La complicidad judicial en la dictadura militar se describe y analiza profundamente, pero con un lenguaje simple para que llegue a un amplio público y así la sociedad civil puede comprender cual fue el rol de los jueces federales durante aquel periodo de nuestra historia.
Este gran logro como sociedad es lo que intenta retratar el libro.
Otra nueva producción que permite dimensionar un aspecto central de nuestra historia. “Usted también doctor?” es un libro que se constituye en un verdadero aporte al proceso de memoria y justicia.
Pablo Salinas.
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