Jueves 09 de Abril de 2015
Por primera vez señalizaron un ex centro clandestino en San Isidro
Después de una ardua lucha y tras la negativa del Municipio, organismos de Derechos Humanos junto a vecinos de Zona Norte lograron, finalmente, recuperar la historia de la casa del horror que funcionó en Thames y Panamericana durante la última dictadura.
Por: Luciana Rosende
Estudiantes secundarios de una escuela pública de San Isidro dieron el puntapié inicial, hace nueve años, cuando comenzaron a investigar para el Programa Jóvenes y Memoria. Desde entonces, la lucha por recuperar la historia del centro clandestino de detención que funcionó en Thames y Panamericana se topó con múltiples obstáculos por parte del Municipio que comanda Gustavo Posse.
Por eso, cuando ayer se descubrió el cartel que indica que allí estaba la Casa del Servicio de Inteligencia Naval (SIN), hubo una ovación. Para sobrevivientes, familiares, vecinos, militantes y funcionarios presentes fue un hito. A partir de ahora, nadie podrá pasar por esa esquina sin saber qué ocurrió en ese lugar durante la última dictadura.
“Hoy San Isidro recobra la memoria”, definió Raquel Witis, de la Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia de Zona Norte, que impulsó la iniciativa junto con la Dirección Nacional de Sitios de Memoria y la Secretaría de Derechos Humanos bonaerense. Witis acompañó desde 2006 los proyectos de las Escuelas Media 6 y 9, que se pusieron al hombro la reconstrucción histórica y el reclamo de señalizar el lugar.
“Le pedimos a Posse una pared en el predio para hacer el mural y que fuera preservado. Dijo que sí y conseguimos la pintura para el mural, pero la pared nunca se hizo”, recordó, después de leer un mail que envió desde México Pilar Calveiro, una de las sobrevivientes de la Casa del SIN.
“La casa fue un anexo del centro clandestino de la Escuela de Mecánica de la Armada. Era un paso previo antes de llevar a los detenidos a la Esma. Está probado que el terreno era de la Armada y después lo vendió”, explicó Guillermo Friele, fiscal en el tercer juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos en la Esma, que llegará a la instancia de alegatos en mayo.
Su colega, Mercedes Soiza Reilly, apuntó que “hay una continuidad represiva, la Esma funcionó con todos estos espacios clandestinos de apoyo”.
La Casa del SIN fue demolida antes del retorno de la democracia y el predio fue donado al Municipio, que lo usó como campo de deportes hasta 2009, cuando comenzaron las negociaciones para pasarlo a manos privadas, que construyeron modernos edificios de oficinas. Ayer, mientras se aplaudía la señalización, varios hombres de gris observaban desde el otro lado del vidrio.
Gran parte de los secuestrados que pasaron por la Casa del SIN están desaparecidos.
Uno de los pocos sobrevivientes es Fernando Kron, quien ayer acompañó el acto en silencio. “Todavía veo como una película con dos cuadros en simultáneo. Por un lado esto, que es importante para el futuro y me conmueve profundamente.
Pero no puedo salir del otro cuadro, del momento en que me secuestran, muy cerca de acá”, relató. Se sabe que al menos dos niñas estuvieron cautivas en este lugar. Paula Nicoletti tenía cinco años cuando fue secuestrada junto a la mujer de su papá y permaneció en este centro clandestino por dos meses.
“Me trajeron en una camioneta. Me preguntaban cómo me llamaba y yo no decía ni mi nombre ni el de mis papás. Este lugar ya no es lo que era, pero está bueno que se sepa que acá pasaron un montón de cosas”, dijo. Marianela Galli tenía dos años cuando pasó por este centro clandestino, antes de ser llevada a la Esma, donde desaparecieron a toda su familia.
Ayer subió al escenario para leer un poema de su papá y se quebró antes del último verso, haciendo llorar a todos los presentes. Entre ellos, la Madre de Plaza de Mayo Laura Comte, el sobreviviente Alfredo “Mantecol” Ayala, el subsecretario de Promoción de DDHH de la Nación, Charly Pisoni, la coordinadora Nacional de la Red Federal de Sitios, Judith Said y concejales locales, aunque ninguno del possismo.
Además de aplausos, abrazos, cánticos y gritos de ¡presente! para los treinta mil, no faltaron las críticas al Ejecutivo local, el gran ausente del encuentro.
“Creo que San Isidro es uno de los pocos municipios del país que exige una ordenanza para señalizar un sitio de memoria”, planteó la concejal Jacqueline Girassolli, impulsora de la ordenanza que aprobó la colocación del cartel, mientras que el secretario de Derechos Humanos provincial, Guido “Kibo” Carlotto, dirigiéndose a las cámaras de seguridad de la esquina, les exigió al Intendente y a las fuerzas de seguridad locales que protejan la señalización.
Fuente:ElArgentino

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