Amiga/os y Compañero/as:
Aprovechando que mi rehabilitación al parecer va por buen sendero (ya me paro, doy algunos pasos y puedo sentarme algunos minutos frente a la computadora, cuestión ésta que permite no aburrirme tanto) viendo los comentarios periodísticos aparecidos a propósito de la aparición de la aparición reciente (1º de agosto/15) del libro La Lealtad. Los Montoneros que se quedaron con Perón, de Aldo Duzdevich, Norberto Raffoul y Rodolfo Beltramini (Ed. Sudamericana) decidí "cortar y pegar" y aquí va el resultado para que Uds. decidan. Si se leyera el libro, sería interesante que pudiéramos compartir comentarios.
Cordialmente, Negro Coria
´´´´´´´
Con saludos cordiales,
Agrupación Señales Populares
en la Región Comahue
AACsuPORTAFOLIO/Historia/PERONISMO/Páginas de su…/2015 VIII 14 Relato de TIEMPO
ARGENTINO texto de “LA LEALTAD ,
LOS MONTONEROS QUE SE QUEDARON CON PERÓN”
AAC su
PORTAFOLIO/Historia/Peronismo/Historias páginas de su/AAC su PORTAFOLIO/ 2015
VII 31 La Lealtad Los Montoneros
que se quedaron con Perón libro de Aldo
Duzdevich y otros
La
ríspida vereda de los que eligieron
guardar
las armas y acompañar al Líder
Como
movimiento social multitudinario y transformador, el peronismo lleva trabajosamente
sobre sus espaldas algunas leyendas negras de difícil explicación. La última y
más dolorosa es la del "Brujo" José López Rega.
Muchas
veces los líderes políticos yerran en la elección de sus colaboradores. A veces
no se trata de errores, sino de elección deliberada de personas que cumplirán
un rol que el líder no quiere para sí mismo. Cuando su presencia se transforma
en un problema grave, la resolución pasa por alejarlos del poder. Aunque,
siempre, con un costo para el líder. Lo complejo en el caso López Rega fue el
alto nivel de influencia que logró al momento de la desaparición física de
Perón.
En
1966, López Rega formaba parte de la logia secreta Anael, que dirigía el ex
juez Julio César Urien. Su personalidad solícita y manipuladora, sumada a su afición
a la astrología y ciencias esotéricas, le permitió acercarse a Isabel (cuando
vino a enfrentar a Vandor) y ganar su confianza para que lo llevase a Madrid.
Al principio, fue una especie de valet que recibía y les servía café y luego,
ayudado por Isabel, fue ganando espacios al lado del General. Cuando Perón
comenzó su decaimiento físico, se transformó en algo imprescindible.
Todos
los testimonios de la época dan cuenta de que Perón tenía cierto fastidio y
desprecio por "Lopecito", pero lo soportaba y, sin duda, lo usaba
para filtrar ciertas visitas y dar algún mensaje poco agradable, a sabiendas de
que el enojo caería en su secretario. Además, en la cabeza de un gran líder
como Perón no cabía la idea de que ese ser pequeño significara algún peligro.
Entre
mediados y fines de 1973, López Rega aparecía como un ambicioso trepador, a
quien Perón usaba de paragolpes y fusible y tenía bajo un relativo control. Se
conoce que varias veces pensó, o intentó, alejarlo del centro del poder, pero
tropezaba con aspectos domésticos y familiares a los cuales no son inmunes los
grandes líderes (al igual que todos los mortales).
Tras
la muerte del General, usufructuando la debilidad de Isabel, López Rega, en
alianza con sectores ultramontanos, avanzó sobre distintas áreas de gobierno,
hasta que chocó contra un poder superior al suyo: el movimiento obrero
organizado, expresado en las 62 y la
CGT. En julio de 1975 una gran movilización de trabajadores
lo arrojó del gobierno y tuvo que marchar al exilio.
Perón
no fue infalible, cometió errores a lo largo de su vida, y tal vez el más grave
fue creer que tenía tiempo suficiente para terminar su mandato. Muchos se
apresuran a juzgarlo por este último acto, el de su muerte, dejando a Isabel
cercada por López Rega. Eso es minimizar treinta años de historia argentina que
lo tuvieron como principal protagonista. Treinta años durante los cuales el
pueblo lo tuvo como líder fiel e indiscutido. Pretender juzgar a Perón por
Isabel y López Rega es reduccionista y malintencionado.
Perón y la Triple A
Sobre
la historia de los '70 se ha tejido una serie de relatos construidos con
verdades a medias, que luego fueron repetidos reiteradamente sin volver a
verificar su origen. Internet contribuye de manera notable, pues es posible
encontrar textos idénticos reproducidos en distintas páginas, lo que genera una
idea de diversidad de fuentes, cuando en verdad es siempre la misma. Una
mentira o un dato incorrecto dicho miles de veces se convierte en una verdad de
la que es muy difícil retroceder, e implica un enorme esfuerzo para rebatirla,
pues el dato incorrecto, la verdad a medias o la mentira ya están instalados.
Uno de estos relatos es que Perón fue el creador de la Triple A , una siniestra
organización que es el antecedente directo de la mecánica represiva que
utilizarían los militares a partir de 1976.
Es
importante reflexionar sobre quiénes se benefician con esta teoría. En primer
lugar, son justamente los militares genocidas y sus cómplices internos y
externos. Si la Triple A
la creó o avaló Perón (como afirman algunos), quiere decir que el genocidio
comenzó en plena democracia. Esta falsedad da lugar a que la camarilla militar
diluya su responsabilidad legal e histórica asumiéndose como
"continuadores" de una política iniciada en democracia.
En
segundo lugar, satisface a los "espíritus gorilas" de izquierda y
derecha, que justifican así su desprecio por la figura de Perón. Porque este
"tercer Perón facho" vendría a ser la "continuidad" de
aquel Perón "nazifascista" del '45, cuando izquierda y derecha se
unían en la Unión
Democrática bajo el mando del embajador Spruille Braden. Es
decir, les confirmaría la idea de que "ellos tenían razón".
Lamentablemente, varios investigadores e historiadores que se dicen o
consideran más o menos peronistas adhieren con fervor a esta teoría.
Muchos
argumentan que "Perón no podía desconocer la existencia de estas bandas,
por lo tanto las permitía". Este razonamiento podría ser válido en un
proceso democrático normal como el que vivimos desde 1983 a la fecha. Pero, en
ese momento, que un ministro o un sindicalista contara con una custodia civil
fuertemente armada y que cada grupo de activistas tuviese armas no era un
secreto. Con el mismo criterio de adjudicarle la "protección" de las
bandas de derecha, le podemos atribuir la "protección" de la
guerrilla, en cuanto, 15 días antes del asesinato de Rucci, Perón estaba
reunido a solas con Quieto y Firmenich. Y no falta quien dice que Perón mandó a
matar a Rucci.
Uno
de los propulsores de la teoría de Perón creador de la Triple A es Miguel
Bonasso, quien, en su libro El presidente que no fue, toma una frase que
escuchó de Gloria Bidegain para fundamentarla: En una de esas tertulias en las
que había algunos extraños que Gloria no conocía, Perón se volvió hacia Don
Oscar y dijo algo extraño, que la jovencita tardaría años en descifrar:
"Lo que hace falta en Argentina es un ‘Somatén’". Mucho después, la
hija de Bidegain creyó recordar que el Somatén había sido un cuerpo represivo
no oficial, probablemente creado por Franco, que había actuado después de la
caída de la República.
La sombra de aquella charla se extendería sobre los cadáveres
que la Alianza
Anticomunista Argentina sembraría en los bosques de Ezeiza,
alimentando una sospecha que Gloria no podría confesarse nunca: la idea de la Triple A no había nacido
de la cabeza de López Rega, sino en la del propio Perón.
José
Pablo Feinmann, en sus cuadernillos de Página/12, luego editados como libro,
reproduce ese texto de Bonasso. Luego Gloria Bidegain le escribe a Feinmann una
carta de respuesta, que transcribimos:
Estimado Sr. Feinmann: Le
escribo porque sigo atentamente sus cuadernillos sobre Peronismo en Página/12 y
deseo agregar un par de detalles, en lo que a mí respecta, al del último
domingo. Soy la ya no tan joven Gloria Bidegain, acompañante de mi padre, el
entonces gobernador electo de la provincia de Buenos Aires, en la visita al
general Perón novelada por Bonasso a que usted se refiere. Efectivamente, Perón
mencionó al Somatén, como lo hizo otras veces, delante de otras personas,
incluso de la
Juventud Peronista , como consta en bibliografía de la época.
Eso es todo. Los sentimientos, "sospechas terribles", pensamientos,
etc., que se me atribuyan corren por cuenta del escritor Bonasso. Yo no solo no
los compar to, sino que los combato, ya que es tan absurdo creer que Perón fue
jefe de una banda de asesinos terroristas como las tristemente célebres Tres A,
como útil para quienes quieren convertirnos a los peronistas en victimarios
cuando siempre hemos sido víctimas. Prueba de ello es que, a pesar de los
pesares, sigo siendo peronista, diputada de la Nación y presidenta del
Partido Justicialista de Azul, todos lugares desde donde apoyo a nuestro
gobierno con total decisión y compromiso, venerando el recuerdo de Perón y Eva
Perón y recordando cada día a los héroes y mártires de nuestro movimiento y a
tantos compañeros caídos en la lucha que también usted nos recuerda
permanentemente en sus ar tículos y documentos, por críticos que éstos sean. Y
con todo el derecho y el deber de serlo si así lo cree.
"Confesiones" que los
muertos no pueden desmentir
Luego
de la desmentida de la diputada Gloria Bidegain, Bonasso, en su nuevo libro “Lo que no dije en Recuerdo de la
muerte”, deja de lado la “teoría del Somatén." Y
ahora, respecto de la Triple
A , dice: "Pocos,
pero informados, como el autor de la Constitución del '49, A rturo Sampay, la
suponían creada y conducida por el propio Perón". Ya en su libro
anterior dice que Sampay "me deslizó
en privado que la muerte de Mugica es la respuesta de Perón al retiro de
ustedes de la Plaza ".Sampay,
un peronista histórico fallecido en 1977, no tiene la posibilidad de Gloria
Bidegain de desmentir al ex director del diario Noticias.
Estas
frases no tendrían mayor trascendencia si no fuera porque han sido recogidas y
multiplicadas miles de veces en Wikipedia y cientos de páginas de Internet. Y
cualquier joven que busque información sobre Mugica se encuentra con la
"terrible hipótesis" (así la llama) de Bonasso.
El
doctor Arturo Sampay fue, efectivamente, el autor intelectual de la Constitución de 1949.
El 24 de septiembre de ese año, Perón le dirigió una carta en la que le
expresaba que "sus discursos integran la doctrina auténtica de la Constitución Argentina
de 1949 y a ellos deberá remitirse el conocimiento científico jurídico para
interpretarla". Se trata de una Constitución que, en su artículo 38,
establece que "la propiedad privada tiene una función social y, en
consecuencia, estará sometida a las obligaciones que establezca la ley con
fines de bien común", definición que en la actualidad es compartida por
juristas y pensadores de todo el mundo, y que ha hecho suya el Papa Francisco
en sus prédicas contra el capitalismo deshumanizado.
Más
allá de este antecedente, hay testimonios que refutan los dichos de Bonasso.
Uno de ellos es el de Jorge Cholvis, discípulo y amigo de Sampay desde 1970
hasta su fallecimiento, en 1977:
En primer lugar debo
aclarar que Sampay era una persona de profundas convicciones éticas, que tenía
un gran respeto y aprecio por el general Perón, respeto y amistad que eran
mutuos. Yo jamás escuché de su boca o por terceras personas que don Arturo
opinase eso a lo que se refiere el señor Bonasso. Y no dudo que, si hubiese
tenido una opinión de esa naturaleza, se habría alejado de Perón y el
peronismo. Sin embargo, aunque no cumplía funciones en el Estado, Perón deseó
conocer su opinión sobre el Tratado del Río de la Plata de 1973; y luego le
pidió que preparara un proyecto de ley creando la figura de primer ministro.
Isabel, a poco de asumir la presidencia, pidió a Sampay que colaborara
asesorándola en diversas cuestiones de Estado, tarea que realizó hasta el 24 de
marzo. El 19 de febrero de 1976 el gobierno publicó el Decreto Nº 620/76, por
el que declaró programáticamente prioritaria la reunión de una Convención
Constituyente. Los fundamentos de este decreto fueron el último aporte de
Sampay en el intento de afrontar los momentos que se avecinaban.
Otro
de los que acompañaran a Sampay desde 1955 hasta su muerte es Felipe A.
González
Arzac, amigo y compañero en la cátedra de la UBA , quien ante nuestra
consulta respondió:
“que alguien me diga que
el insigne maestro acusaba a Perón de haber ordenado matar al padre Mugica es
un agravio a Sampay que no puedo admitir, porque él admiró a Perón desde que
Jauretche lo llevó al peronismo, cuando el peronismo nacía (ambos eran de
origen radical e yrigoyenistas). […] Sampay no abandonó el Movimiento Peronista
ni en los momentos en que la dirigencia secundaria trató de excluirlo y lo
obligó a exiliarse. Y cuando el General estuvo en el exilio, reconoció que la
supresión de las reformas de 1949 había sido el objetivo de la antipatria. Por
su parte, el maestro aceptó asesorar a la viuda del General en la búsqueda de
una solución jurídica para la situación política engendrada por la muerte del
líder. […] Por estas razones, entiendo que una versión como la que me consultan
no merece ser tratada y ofende las memorias de Perón, Sampay y el padre Mugica.
Por
su parte, el doctor Arturo Enrique Sampay hijo, que actualmente se desempeña en
el Poder Judicial de la provincia de Buenos Aires, también refuta el argumento
de Bonasso:
Sobre
estos temas de la violencia hablamos mucho con mi padre cuando éste guardaba
cama, ya debilitado por el cáncer. Él estaba convencido de que era muy riesgoso
que los jóvenes se organizaran en forma armada, justamente por las trampas que
podían tenderles los organismos de seguridad (regulares e irregulares) que, con
apoyo externo de toda índole, custodiaban el "patio trasero" –no hay
que olvidar que eran tiempos de la Guerra Fría –, pero jamás le endilgó a Perón ser
partícipe de esas acciones antirrevolucionarias. Es más, las poquísimas veces
que personificó a la "inteligencia" que podía estar detrás de la
desarticulación de los procesos de liberación que asomaban en América Latina,
los nombres eran Robert McNamara o Henry Kissinger.
De
los tres testimonios podemos inferir dos conclusiones: primero, las
"confesiones" que
dice haber escuchado Bonasso eran desconocidas para
los más cercanos colaboradores de Sampay y para su propio hijo. Segundo, Sampay
colaboró con Perón y a su muerte, fue convocado como asesor de Isabel, estando
en ese rol hasta el 24 de marzo de 1976. Difícilmente Sampay hubiese aceptado
colaborar si su pensamiento fuese realmente el que señala Bonasso; y tampoco el
gobierno lo habría convocado. « Buenos Aires,
TIEMPO Argentino, 31 de Julio de 2015 | 12:00
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http://www.lsf.com.ar/DI9P9789500753463/La+Lealtad/
LA LEALTAD
DE Aldo Duzdevich Norberto Raff
25
de mayo de 1973. Héctor Cámpora asume la presidencia de la Argentina y pone fin a
la dictadura iniciada con la autoproclamada Revolución Argentina. En medio del
festejo, un hecho marca el inicio del enfrentamiento irreconciliable entre
Perón y parte de las organizaciones armadas: el Devotazo, bajo la consigna
"a cada guerrillero lo espera su fusil", representa la legitimación
de la violencia, aun a costa de deteriorar al nuevo gobierno democrático.Es un
momento clave para algunos militantes que empiezan a criticar el rumbo de la Tendencia Revolucionaria.
Los hechos recrudecen la discusión interna, pero el asesinato de Rucci acelera
la fractura. Muchos de los jóvenes para quienes lo mejor era guardar las armas
y acompañar al líder cambian de idea, y forman la JP Lealtad y Montoneros
Soldados de Perón.A partir de esa ruptura, este libro rastrea el origen de la
disidencia política desde la
Resistencia del '55 en el marco de la historia de las
organizaciones armadas. Con una mirada transversal, inédita hasta ahora,
reconstruye el amplio arco ideológico dentro del peronismo y los conflictos que
lo atravesaron: sindicalistas, estudiantes, católicos, laicos, trotskistas y
maoístas alimentaron la creciente tensión que desembocó en muerte, campos de
concentración y años de retroceso para la democracia argentina.Con más de
cincuenta entrevistas realizadas a protagonistas de esa época, que resumen
distintas percepciones y sensaciones desde una perspectiva integral y crítica, La Lealtad. Los
Montoneros que se quedaron con Perón constituye un libro fundamental para
entender una de nuestras etapas de mayor efervescencia política.
VER MENOS (-)
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La pólvora venció
a la política - Clarín
La pólvora venció
a la política - Clarín
La pólvora venció a la política
Rupturas. “La lealtad” es
un libro que relata los años de la Resistencia y las fracturas que se dieron en el
peronismo cuando Montoneros asesina a Rucci y pasa a la clandestinidad.
·
Etiquetado como:
Las voces de unos cincuenta ex-guerrilleros y militantes
de los 70 estructuran la investigación periodística La Lealtad. Los
Montoneros que se quedaron con Perón de
Aldo Duzdevich, Norberto Raffoul y Rodolfo Beltramini. “El eje fundamental es
el cuestionamiento crítico a los paradigmas establecidos sobre los 70” , explica Duzdevich. El
libro arranca con la caída de Perón en 1955 y explora la Resistencia Peronista.
“La lucha por el retorno de Perón no empezó en 1970 con la muerte de Aramburu:
ya había 15 largos años de lucha de diversos actores del peronismo, por el
retorno de su líder”, agrega el autor.
–¿Qué significó el asesinato de Rucci para la historia del
peronismo?
–A dos días de la elección que Perón gana con el 62%,
cuando la inmensa mayoría del pueblo creía que saldríamos de la espiral de
violencia y se encauzaría la democracia, Montoneros “ejecuta” a Rucci para
forzar a Perón a negociar espacios de poder. Contra lo que se pregona, Perón no
reacciona con violencia contra Montoneros, sino que mantiene una política de
persuasión y de intentar integrarlos hasta el día de su muerte.
–¿Qué implicaba la lealtad en los años 70?
–El asesinato de Rucci, la progresiva militarización y la
política de enfrentamiento con Perón, llevó a una importante cantidad de
cuadros montoneros y de militantes de JP a romper con la conducción de
Firmenich. Esa fractura se identificó como “la lealtad”. Pero no se pudo estructurar
como alternativa real; la muerte de Perón y la progresiva polarización los dejó
sin espacio. Fue el intento de priorizar la política por encima de la pólvora.
Ganaron los de la pólvora de un lado y el otro.
–¿Perón creó o no la Triple A ?
–No. Esa es una teoría muy difundida por los mismos que en
el año 1945 endilgaron a Perón el mote de nazifascista y se unieron bajo el
paraguas del embajador Spruille Braden.
hace 4 días - La Lealtad.
Los Montoneros
que se quedaron con Perón Aldo Duzdevich; Norberto
Raffoul, Rodolfo Beltramini Editorial Sudamericana
La Lealtad -
Duzdevich - Raffoul-Be - Libros - Tematika.com
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| Días de Historia
www.diasdehistoria.com.ar/category/noticias/noticias-nacionales
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AACsuPORTAFOLIO/Historia/PERONISMO/Páginas
de su…/2015.VIII.10
Duzdevich en su libro PERÓN no quería romper con Montoneros
Lunes 10 Ago 2015 | 2:21
COLUMNISTAS
ENTREVISTA: ALDO DUZDEVICH
"Perón no
quería romper con Montoneros"
Con
"La Lealtad. Los
Montoneros que se quedaron con Perón" siguen revelándose datos y nuevas
interpretaciones sobre una cruda relación.
Por
Carlos Torrengo <carlostorrengo@hotmail.com>,
– Volver
al peronismo de la mano de la historia... largo trayecto, ¿no?
–
Y… como dice Dante Gullo, tenemos el bicentenario de Mayo y dentro de él, 70
años de peronismo.
– ¿Cómo
fungieron, a la hora de escribir, las vivencias que almacenaba la propia
militancia suya y la de los otros dos coautores del libro?
– Presentes
estaban, claro. Y de mil maneras. Pero a fuerza de verdad en cuanto al manejo
de fuentes, hubo mucho de aluvional. Es decir, el descubrir ahora – por caso –
documentos de Montoneros que estaban a medio reflexionar por la historia o
simplemente se desconocían.
– ¿Documentos
correspondientes a qué tiempo de la historia de Montoneros?
– Un
ejemplo: documentos que hacen a lo que nosotros definimos como la "etapa
romántica" de los "montos", que llega hasta el 73. Nosotros
abordamos la historia de Montoneros periodizándola. Una, la
"romántica", por así llamarla. Otra, la que comienza avanzado el 73 y
se prolonga hasta finales del 75. Es la etapa del "militarismo", o
sea, la práctica que asume la organización. Y una tercera etapa, que es la del
terror del que es blanco. Pero, volviendo a la pregunta, si tomamos la primera
etapa uno encuentra que se define por la organización de la lucha armada contra
la instaurada con el golpe del 66. Cuando en el 70 emerge Montoneros, se
legitima luchando contra ese poder. La unidad estaba en la acción, mandaba la
acción. En el interior de la organización no se debate en términos de proyecto
político de largo plazo, se lucha.
– Pero
estaba Perón. Exiliado, pero no es neutro en esa historia de comienzos de los
70…
– ¡Y
cómo estaba! Pero hacia el interior de Montoneros, peleando por su retorno, el
debate sobre futuros sentidos de largo alcance de la lucha en la que se estaba comprometido
está reducido a planos muy puntuales de la organización. Nuestro libro es,
desde ese encuadre, un aporte documentado de mucho de esa
"interioridad", un pasado que ignoran hasta hoy muchos de los
militantes y cuadros de aquel tiempo.
– En
un tramo del libro señalan que no aspiran a entregar versiones definitivas
sobre Montoneros. Y acotan que no comparten la teoría del "último Perón
malo"…
– O
del "Perón que traicionó a los jóvenes", que es un relato largo,
denso, en el que coinciden mucha izquierda y derecha.
– ¿Ese
no compartir es lo que alienta el libro?
– No,
es sí un anuncio fuerte en un marco general de reflexión sobre la relación
Perón-Montoneros. Es parte puntual en un todo con muchos "puntuales".
Escribimos en dirección a sembrar matices, dudas sobre mucho del relato establecido
sobre ese vínculo. Y, es más: en tren de aspiración de ser leídos, buscamos a
los jóvenes de hoy que se interesen sobre aquel fiero pasado. No necesariamente
vamos a remover relatos ya asumidos, madurados, internalizados. No decimos
"esta es la historia", decimos "sabemos esto". Nosotros
vamos con eso que una vez leí en el "Río Negro": ir como Churchill,
con el farol de la historia en la mano, ayudando a desentrañarla, o algo así.
– Un
escritor que trabaja mucho sobre el peronismo –Alejandro Tarruella– dice que, a
la hora de meterse en la historia, el peronismo es muy polifónico. ¿Cómo
manejaron esto ustedes?
– Aceptando
que la verdad parcial es una constante, capaz de verdades parciales. El tramo
de la historia que analizamos nosotros está plagado de verdades parciales y,
como tales, algunas entrañan cierto peligro por los términos en que son
presentadas.
– ¿Montoneros
como eje sin más de la lucha por Perón?
– O,
como decimos y en todo caso está en línea con eso, que es parcial decir
"la juventud fue la que más luchó para traer a Perón".
– ¿Parcial
o injusto?
–Bueno,
incluso injusto. Eso es borrar de un plumazo toda una historia de lucha de
protagonistas que tejieron historia con su propia sangre. ¡No se puede restar
de la historia a la
Resistencia Peronista , a los sindicatos!
– ¿Perón
le teme a Montoneros?
– Por
la historia que tejió no me parece que Perón fuera hombre de miedos... y tenga
la delicadeza de no decirme que disparó en el 55, porque con irse evitó una
guerra civil.
– Pero
¿cómo entender que, tras echar a los "montos" de Plaza el 1 de Mayo
del 74, Perón los sigue, busca soldar la fractura? Ya mandaban las diferencias
de neto corte ideológico...
– Como
lo demostramos en el libro, Perón busca puentes porque intuye por dónde irá la
historia si los puentes siguen rotos. Los "montos" mismos buscan
incluso, hasta el 1 de julio, con Perón ya al borde la muerte, que Balbín se
entreviste con Firmenich para ver si "El Chino" los acercaba a Perón.
"Canca" Gullo estaba a cargo de la operación de contacto.
– Pero
¿cómo entender entonces la Plaza
del 1 de Mayo?
– Los
"montos" lo fueron a garronear a Perón. Ya transitaban, especialmente
tras sumar a la FAR ,
por mudanzas ideológicas... ligeramente dicho: si Perón hablaba de comunidad
organizada, para los "montos" eso era conciliación de clases y
etcétera, etcétera. Y el garroneo se tradujo en ofuscación de Perón. No hay que
hacer de ese día una lectura muy compleja.
– Pero
los coloca enfrente del bloque sindical, que a la hora de la dialéctica de los
balazos con los "montos" fue un actor muy activo…
– ¡Ah,
ese es otro tema! Perón tira su mirada sobre el sindicalismo y sabe de una
conducta: es su roca dura. Incluso más allá de vandorismo y muchos etcéteras,
es su, su...
– ¿Su
patria, como lo fue el Ejército a lo largo de su historia personal?
– Y
podría ser. Y a pesar de que Montoneros asesina a Rucci y con pruebas muy
firmes nosotros adherimos en el libro a esa línea. Pero Perón quiere darse
espacio para no romper con los "montos", no lo quería.
– En
el libro ustedes deslizan una duda que por primera vez se plantea en la
bibliografía sobre todo este tema. Dicen que, cuando en febrero del 71, le
lleva a Perón – Madrid – la carta en la que los "montos" le informan
sobre las razones por las cuales asesinaron a Aramburu y le informan sobre la
lucha que seguirán desarrollando, solo le piden su opinión sobre lo hecho con
autonomía de él. Hablan de lo consumado. No le piden instrucciones.
– Como
era lo habitual en la dirigencia que iba e iba a Madrid...
– ¿Cómo
leer ese estilo de los "montos"?
– Por
ahora nos quedamos con lo que dijimos: no sabemos cómo Perón configuró, detectó
ese estilo. Creo que decimos que "dudamos" sobre lo que habrá pensado
sobre el tema.
– ¿Se
le habrá pasado por alto?
– ¡No,
era un conductor! Su historia es historia de conducir. Manejaba hombres,
tiempos...
– ¿Y
qué les dice a los "montos" por fuera de esa carta? Ustedes reconocen
que Galimberti retornó con otros mensajes...
– Conjeturas.
Nadie lo sabe, pero existir existieron. Mi impresión es que les pidió que no
arremetieran contra el sindicalismo, pero no sé.
Envío:Antonio A. Coria

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