14 de agosto de 2015

NEUQUÉN: A 35 AÑOS DE UN RECLAMO DE JUSTICIA QUE VENCIÓ EL MIEDO.

14-08-2015
A 35 años de un reclamo de justicia que venció al miedo Fue la primera marcha por los desaparecidos. 
PABLO MONTANARO 
montanarop@lmneuquen.com.ar 

Hace 35 años, en la plaza de Roca y Rioja, frente a la Gobernación, un grupo de no más de 15 personas, venciendo el miedo y la indiferencia, desplegó una sábana con la inscripción “Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. 

Familiares de detenidos y desaparecidos. Pedimos justicia”. Era la primera vez en plena dictadura militar que un organismo de derechos humanos salía a la calle para protestar y reclamar por la aparición con vida de las víctimas del terrorismo de Estado. 

Ese mediodía del 14 de agosto de 1980, el cartel lució “excesivo, estrafalario, insolente”, según Noemí Labrune, una de la fundadoras junto con el obispo Jaime de Nevares de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) de Neuquén. 

Esa movilización o parada, como la definen algunos protagonistas del hecho, se convirtió en un hito histórico y político. En medio del miedo y de la muerte, ese grupo de hombres y mujeres, madres de jóvenes desaparecidos, incluso adolescentes con uniforme escolar, se atrevieron a salir a la calle. 

Éramos pocos, pero no débiles. Tanto es así que, de esos pocos, los que ya no están partieron luchando, y los demás siguen de pie caminando las calles con la misma fuerza de entonces y con el mismo reclamo de aquel día”, afirma el párroco Rubén Capitanio, quien también estuvo aquel día. Mientras unos pocos transeúntes detenían sus pasos para saber qué pasaba y otros los insultaban, las Madres (Lolin Rigoni, Inés Ragni, Adelina Pifarré, entre otras) colocaron por primera vez sus pañuelos blancos en sus cabezas. 

Un pequeño grupo de manifestantes ingresaron a la Gobernación para entregar un petitorio al gobernador interventor, el general Domingo Trimarco. Fueron atendidos por un oficial porque Trimarco almorzaba con Mario Benjamín Menéndez, por entonces jefe de la VI Brigada del Ejército.

“El petitorio había sido firmado por 350 personas, valientes y solidarias”, comentó Oscar Ragni, quien entregó el documento junto con Labrune, Lolín Rigoni y Horacio Ventura. Inés Ragni recordó que arriba de la Casa de Gobierno estaba lleno de policías y militares con armas que apuntaban a los manifestantes que aguardaban en la plaza. 

Con Ana, la hija de Lolín Rigoni, quien llegó vestida con su guardapolvo de la escuela secundaria, estaba Ana María Chaina, de 18 años, integrante de la APDH. “Éramos conscientes de la necesidad de ese reclamo, teníamos miedo por quienes habían ingresado a entregar el petitorio, lo cual no era poco, porque estaban reclamando por los desaparecidos”, reflexionó. Coincidieron en que esa movilización se convirtió en un hecho político de enorme importancia. 

Una histórica marcha, desafiante, provocadora y fundante en la lucha por las libertades democráticas de la región. “Recordarla es un acto de memoria y reconocimiento. Dio el puntapié para profundizar la resistencia a la dictadura. Marcó un hito en la defensa de los derechos humanos de la región”, afirmó Oscar Ragni.

ESCENARIO 
Parecía absurdo que se multiplicara 
Noemí Labrune 
Fundadora de la APDH junto a Jaime de Nevares Perturbado, el gobernador, general Domingo Trimarco, abandonó por un momento su estilo patriarcal, mandó gatillar las armas a la Guardia de Infantería y rodear a los manifestantes. Sorpresivamente un silbato, una orden, y los 20 ó 30 policías reingresaron al patio de la Gobernación.

¿Por qué no los obligaron a arriar el cartel? ¿Por qué no a disolverse o a subir al celular hasta la comisaría? El pequeño grupo se veía demasiado esmirriado. Parecía absurdo pensar que pudiera multiplicarse, la chispita convertirse en llama permanente. Y el grupito en muchedumbre. Entre tanto, los militares se dedicaron a almorzar, allá en el primer piso, y los militantes a esperar que la gente y el tiempo siguieran pasando.

Los militares no han sido educados para captar el sentido profundo de lo que es “insólito”. Interpretan cabalmente sólo aquello que se repite mecánicamente.

Como las voces de mando, como las voces que mandaron torturar y matar en un ámbito donde la conciencia no penetra. Y llegó el día en que lo insólito se convirtió en una práctica revitalizadora y muy característica de las costumbres cívicas de la capital neuquina.
Fuente:LmNeuquen

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