4 de julio de 2016

HOY SE CUMPLEN CUARENTA AñOS DE LA MASACRE DE SAN PATRICIO.

HOY SE CUMPLEN CUARENTA AñOS DE LA MASACRE DE SAN PATRICIO
Los palotinos asesinados por la dictadura
Los sacerdotes Alfredo Leaden, Alfredo José Kelly y Pedro Eduardo Dufau, y los seminaristas Salvador Barbeito Doval y José Emilio Barletti fueron víctimas de un grupo de tareas el 4 de julio de 1976. La causa judicial, la posición de la Iglesia Católica y el proceso de canonización.
Por Alejandra Dandan

La comunidad de los palotinos realizó ayer una manifestación, con un reclamo de justicia dirigido también hacia la propia Iglesia.Imagen: Nestor J. Beremblum / ANCCOM
Se cumplen 40 años de la masacre de los sacerdotes Alfredo Leaden, Alfredo José Kelly y Pedro Eduardo Dufau y los seminaristas Salvador Barbeito Doval y José Emilio Barletti de la comunidad de los Palotinos de la parroquia San Patricio, en el barrio de Belgrano. La comunidad preparó durante meses un homenaje que ayer incluyó, por primera vez, un mensaje político hacia el interior de la iglesia, con la salida al espacio público de una “caminata” cuyo punto de origen fue el espacio Patrick Rice de la ex Escuela de Mecánica de la Armada. El llamado “Camino de los mártires”, con un recorrido de cinco “estaciones” en distintas parroquias que evocó a cada uno de los asesinados, concluyó en la sede de Estomba y Echeverría y fue a la vez la búsqueda –de parte de las comunidades de base– de un emparentamiento explícito de los curas asesinados con los 30 mil desaparecidos. El homenaje central se hará hoy, durante una misa convocada a las 20, que estará encabezada por el arzobispo porteño, cardenal Mario Aurelio Poli. Ese escenario también será un espacio de mensajes subterráneos. Los palotinos esperan numerosa presencia de obispos. Entienden que esa presencia, en el contexto del papado de Francisco, puede ser un gesto que convenza al aún poco convencido arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires de impulsar una consulta todavía pendiente para la declaración de los cinco palotinos como mártires.

En el año 2001, el entonces arzobispo de Buenos Aires Jorge Bergoglio hizo un reconocimiento a los cinco religiosos e impulsó la creación de un tribunal y la apertura de la causa canónica. De acuerdo a las leyes católicas, ese proceso tiene dos vías: la constatación de la existencia de milagros o la designación de los muertos como mártires.

En 2009 y 2011, Bergoglio buscó consensos entre los obispos argentinos para la declaración del martirio. Pero ninguna de las consultas prosperó. Hubo obispos que no se manifestaron favorables a la causa y Bergoglio decidió esperar mejores vientos, según una fuente de los Palotinos. Desde que Poli asumió no volvió a hacer esa consulta. Es en ese contexto en el que también deben leerse la espera de los obispos y el escenario de esta noche.

Otro de los datos que los organizadores señalan en clave política es la decisión de esta primera salida a la calle. Hasta ahora los actos se realizaron puertas adentro, cada 4 de julio, y sólo a modo de recordación. El destinatario de la caminata de ayer no es sólo el cardenal Poli, sino la propia comunidad del barrio de Belgrano. A esa comunidad que llegó a dejar balas entre las ofrendas de las misas antes de la masacre, el padre Kelly le dedicó un recordado sermón cuando exhortaba a los fieles a no comprar bienes de los desaparecidos y dijo que quienes medraban con esa persecución “dejan de ser para mí ovejas para transformarse en cucarachas”.

Leonardo Orlando es un joven de la comunidad. “Me crié y me formé en San Patricio”, dice. “Lo que me parece importante de todo esto es sacarlos a la calle. Que los Palotinos no sean algo que todos los 4 de julio, cuando lo conmemoramos, abrimos una cajita y los mostramos a los que vienen a la misa, y después los volvemos a guardar, sino sacarlos a la calle. Que la sociedad toda conozca su historia, que fue la de un proyecto de comunidad.”

Ese tránsito por la calle, al que los integrantes de la comunidad no llaman “marcha” sino “caminata”, es también entendido por ellos en clave de filiación con las víctimas de la dictadura. “El asesinato fue un mensaje a la Iglesia en general y a la comunidad, quisieron desarticular cualquier tipo de comunidad, también las que estaban viviendo el Evangelio como en este caso y peleando contra las injusticias. Lo que nosotros queremos decir es que ellos son parte de los 30 mil”.

Carlos Loza no es de la comunidad. Es sobreviviente de la ESMA, parte del colectivo de Justicia Ya! Y uno de los impulsores de la reactivación de la causa judicial que aún no tienen ningún dato sobre los autores de la masacre. “Esta ceremonia tiene una importancia política superlativa”, dice. “Porque por primera vez públicamente se va a reivindicar a estos sacerdotes y seminaristas, cosa que la comunidad se negó por siempre a hacer. Nunca quiso colaborar, nunca aportó nada. Es una comunidad que apoyaba el golpe de Estado, que denunciaba, que tenía personas activas que juntaban firmas para desplazar a los religiosos y a Kelly, que en sus últimos escritos está denunciando amenazas. Todo esto nunca fue reivindicado. Hoy es importante que ese compromiso se reivindique y no quede oculto.”

La masacre se produjo en la madrugada del 4 de julio de 1976. Los vecinos vieron un Peugeot negro estacionado con cuatro hombres y un patrullero que se detuvo y luego se alejó. Rolando Savino, el organista que encontró los cuerpos, contó lo que vio aquel día: “Cuando llego al primer piso veo una escena rara, era todo un desorden. Toda la casa tirada por el pasillo. Había colchones, papeles. La puerta escrita con la leyenda que decía: por los camaradas dinamitados en Coordinación. Insultos. Y yo no salía de mi asombro hasta que llego y veo la habitación, los cuerpos. Yo pensé que estaba soñando. Me tomó casi diez minutos cerciorarme que no era un sueño, una pesadilla. Atino a bajar despacio las escaleras. Salgo y toda la gente me pregunta qué pasó”.

Los pasos pendientes
El caso tiene dos caminos abiertos. Uno en el terreno de la Iglesia, que está dado por la apertura del proceso de canonización. La postulación fue hecha por el responsable de la Orden padre Juan Sebastián Velasco y el laico Francisco Chirichela. El otro camino está abierto en la Justicia penal argentina desde la dictadura. Esa causa estuvo originalmente a cargo del juez Guillermo Federico Rivarola que “cumplió con la mayoría de los requisitos formales de la investigación, aunque resulta ostensible que una serie de elementos decisivos para la elucidación del asesinato no fueron tomados en cuenta”, describió el periodista Eduardo Kimel en su libro La masacre de San Patricio. En 2013, el juzgado de Sergio Torres a cargo de la causa ESMA retomó la investigación al tener en cuenta el testimonio de dos sobrevivientes que escucharon al marino Antonio Pernías jactarse de haber participado en el operativo de San Patricio. En 2006, Torres procesó a 17 integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA, pero la Cámara Federal porteña consideró que no estaba probado que los autores hayan partido de la ESMA. Torres desistió su competencia, pero la Cámara volvió a darle la causa en carácter transitorio. La semana pasada, el juzgado envió a Roma un exhorto vía Cancillería para pedir la desclasificación de archivos del Vaticano en busca de la identidad de dos supuestos excomulgados de la comunidad de San Patricio como autores de la masacre.

Los Palotinos nunca se presentaron en la causa penal. Este es un dato importante dado que habla del silencio público de la jerarquía de la Iglesia católica ante la masacre y la posición de complicidad con la dictadura. Y el debate interno que esta masacre generó y aún genera, al interior de la orden. En julio de 2005, el periodista Horacio Verbitsky explicó que “el nuncio Pio Laghi y el cardenal arzobispo Juan Carlos Aramburu designaron al sacerdote Efraín Sueldo Luque para que investigara lo sucedido y redactara un informe con sus impresiones, en dos copias: una para el Vaticano, otra para la Curia y ninguna para la dictadura”. En el artículo, citó información de la embajada de Estados Unidos y documentos del Arzobispado de Buenos Aires. “Pese a lo que sabían, los obispos decidieron no confrontar con la dictadura y dar por buenas sus hipócritas disculpas”. Entre los datos, mencionó un diálogo entre Aramburu y el entonces ministro del Interior Albano Harguindeguy: “La Iglesia sabe sin lugar a dudas que los sacerdotes fueron asesinados por fuerzas de seguridad del gobierno”, dijo Aramburu. Harguindeguy intentó contestarle, pero Aramburu advirtió: “Sería mejor que no hiciera ningún comentario, ya que cualquier negativa sería una mentira”.

Los Palotinos anunciaron en la conferencia de prensa de la semana pasada que finalmente se presentarán como querellantes en la causa. Para hacerlo necesitaban el acuerdo por unanimidad de todas las congregaciones. Según explica una de las fuentes, ese acuerdo recién se obtuvo en la reunión anual de 2015. Desde entonces, abogados del colectivo Justicia Ya! trabajaron en un borrador para la presentación que se concretará en los próximos días. El avance de la causa por el asesinato de Enrique Angelelli en La Rioja, pero sobre todo la posición que en ese caso asumió el obispado de la provincia son dos antecedentes que habilitaron internamente la posición que ahora asume la Orden de los Palotinos también en el escenario penal. En 2010, el obispado de La Rioja se presentó como querellante ante la Justicia y fue uno de los principales impulsores de la causa que culminó con la sentencia del juicio oral de 2014 y la condena a prisión perpetua del vicecomodoro Luis Fernando Estrella, jefe de Escuadrón de Tropas en la Base Aérea y segundo jefe de la ciudad de Chamical. Y de Luciano Benjamín Menéndez. La sentencia fue confirmada este año por la Cámara de Casación Penal.

En marzo de este año, en el contexto de los 40 años del golpe y cuando Estados Unidos anunció una nueva desclasificación de documentos de la dictadura, el Vaticano anunció la desclasificación de sus propios archivos. El secretario general de la Conferencia Episcopal Argentina, Carlos Malfa, informó sobre la decisión luego de un encuentro con el Papa. Dijo que el “el ordenamiento” de la documentación archivada “llevará su tiempo” porque algunas “estaban más ordenadas y otras necesitan más atención”. En 2005, Verbitsky decía que Jorge Bergoglio impulsaba la canonización de los palotinos para limpiar su imagen en el camino de ascenso al papado. Ahora Bergoglio es Francisco. No es posible confirmar que él impulse la designación de mártires de los palotinos, pero existen trascendidos en ese sentido. Sus viejas posiciones sobre el tema hacen posible prever que la misa de Poli y los pasos que asuma la Iglesia serán seguidos de cerca desde Roma.



LA PRIMERA MARCHA DE LA COMUNIDAD PALOTINA EN RECLAMO DE JUSTICIA
“No puede quedar impune”
La marcha salió de la ex ESMA y pasó por cinco parroquias para recordar a las víctimas de la masacre de San Patricio, “el crimen más horrendo que vivió la Iglesia argentina”, señalaron los participantes.
Por Alejandra Dandan


Los retratos de las cinco víctimas, en la parroquia de San Patricio.
Las dos caminaban a la par de uno de los palotinos, Mariano Pinasco, recién llegado de Brasil. Preguntaron si ahora el Vaticano abriría los archivos, si finalmente se va a conocer algo de lo que está ahí. Que la Justicia mandó un exhorto para saber la identidad de dos excomulgados de San Patricio, que aparentemente tendrían que ver con los crímenes. Inés Ambrosini, una de ellas, tenía casi 10 años cuando su hermana entró desesperada a su casa diciendo que en la parroquia habían matado a “todos” los curas. “Fue la primera vez que pisé a San Patricio”, dice, en medio de la noche, bajo algo de lluvia, cuando la marcha por los mártires palotinos se acerca al centro de Belgrano. Inés dejó de ir a las misas hace tiempo pero anoche estuvo ahí. “Lo que me atraviesa es finalmente este pedido a la Justicia, que creo es un paso superador. Una cosa es rezar y otra es hacer un acto público pidiendo el esclarecimiento. Un crimen no puede quedar impune. Es un hecho histórico. No fue a la Iglesia, fue a los que son creyentes, a los que no son creyentes, a los que vivían en el barrio, a los que no. Fue un claro gesto político de la dictadura a toda la sociedad: entonces que esté impune no es algo que le pertenece a la Iglesia, yo lo reclamo también como ciudadana.”

La marcha por los mártires palotinos pensada en clave de peregrinación comenzó a las cinco de la tarde en la ex Capilla Stella Maris de la ex ESMA, hoy espacio Patrick Rice. El cardenal y arzobispo de Buenos Aires Mario Poli había pedido que no se nombrara marcha sino caminata. Que los caminantes no lleven banderas de organizaciones partidarias. Pero a la caminata se le dijo marcha al comenzar y en las manos de los caminantes aparecieron pancartas con imágenes de sus desaparecidos. Hubo pecheras pintadas por la comunidad con el signo rojo de una cruz atravesada por los muertos. Fotografías en lo alto levantadas por jóvenes de José León Suárez con las imágenes de Enrique Angelelli y de los curas de Chamical, inspiradores de sus trabajos territoriales. Y en el comienzo, Fernando González, docente y parte de los laicos organizados de esa comunidad, ensambló el camino con el proceso de Memoria, Verdad y Justicia.

“Los invitamos a salir desde aquí un lugar tan significativo”, dijo González. “Donde en otro momento se bendecían las armas que se levantaban contra el pueblo, hoy existe un lugar de encuentro ecuménico e interreligioso. Esta es una marcha por la Memoria, la Verdad y la Justicia. Por el crimen de los Palotinos que es el crimen más horrendo que vivió la Iglesia argentina”.

En el espacio Patrick Rice a esa ahora estaban las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Vera Jarach, Clara Weinstein, Hilda Micucci, entre otras. Fátima Rice, esposa de Patrick, abrió las puertas. También estaban Amy Rice y Marcos Weinstein, del directorio Espacio para la Memoria. Se acomodó el sacerdote Juan Sebastián Velasco, a cargo de la Orden. Estuvo Ana María Cacabelos parte en algún momento de la comunidad. Hubo sacerdotes sobrevivientes de la masacre. Y Mario, de 61 años, que estuvo con los curas hasta el miércoles antes de la masacre, entrando por primera vez a la ex ESMA.
“Es tiempo de que nuestros mártires salgan a la calle”, dijo otro de los laicos. Gastón Barletti tomó la palabra. Es el hermano de José Emilio Barletti, uno de los dos seminaristas asesinados. “Son muchos años o muy pocos, según lo que hayamos aprendido –dijo–. El Grupo de Tareas ejecutó la orden sobre cinco personas armadas sólo con la palabra del Evangelio, que fueron entregados por la sospecha, las calumnias que habitaban cerca de ellos.” Recordó que trabajaron en las villas, que eso era considerado peligroso y hasta subversivo. Que como parte de sus condenas “fueron negados tres veces”. Y reclamó: “Si hoy después de cuarenta años no ponemos toda nuestra energía, los seguiremos negando, creo que la autoridades de la Iglesia lo saben”.

En uno de los laterales quedó colocada la bandera de los palotinos. Hubo presencia de las comunidades de Castelar, Lomas de Zamora, Turdera y Morón. Osvaldo, kinesiólogo del Posadas, entró por primera vez a la ex ESMA y dijo: “Más bronca te da todo esto cuando ves esa Iglesia, nosotros que somos parte de la grey católica, y ves en la jerarquía tanto silencio y tanta complicidad. Sin dudas esto es un mensaje primero hacia los fieles y de rebote hacia los otros”.

La caminata comenzó poco antes de las 17.30. Hubo una foto colectiva bajo la inscripción simbólica de la Escuela Mecánica de la Armada. El superior de la Orden cubrió con su paraguas el velón prendido por el primero de los mártires, trasportado por Juana, una extracomunitaria llegada desde Almagro. Por ahí pasó Rodolfo Capalozza, uno de los curas que esa noche se salvó porque fue a visitar a su familia. “Nunca vine hasta acá porque no podía entrar. Que hoy nos juntemos a levantar los frutos de esa semilla plantada es un signo de vida”.

A lo largo del camino, la marcha sumó andantes. Cuatro mujeres sobre avenida del Libertador se pararon bajo de un edificio para ver la procesión. Juana logró volver a prender la vela. Los jóvenes entregaron volantes. “¿Y esto qué es?”, dijo una de ellas. “No tenemos idea de todo esto”, dijo otra. Pero sí. “Un horror. Eso fue un horror, yo me lo acuerdo.” Un mate cocido recibió a los que llegaron hasta la primera parada en la casa espiritual de los Palotinos. Desde los balcones tomaban fotos a esa muchedumbre que pasaba. Los organizadores contaron 300 personas. Para entonces, un rumor decía que a la procesión se había sumado uno de los difíciles de sumar en otros tiempos, el obispo auxiliar de
Buenos Aires, Alejandro Giorgi, vicario de Belgrano.

“Este también es un momento ambiguo”, dijo Pinasco, como al pasar. “Pasaron 40 años y podemos preguntamos: ¿cómo dejamos pasar 40 años? Pero también es bueno, finalmente hay algo. Te da vergüenza decir que dejamos pasar 40 años sin hacer nada, pero por otro lado podemos decir qué bueno que se hace algo”. Pinasco era uno de los niños del barrio de Belgrano en 1976. Durante la madrugada del 4 de julio, su hermano jugaba al truco en el zaguán de la esquina: la casa del interventor militar de Neuquén, general José A. Martínez Waldner conocido en la historia de los curas. De esa casa salió un llamado a la comisaría. Los pibes habían visto a un Peugeot largamente estacionado en la parroquia con cuatro hombres adentro. Llegó un policía, hizo la ronda y antes de irse les dijo a los pibes que se queden tranquilos: quédense adentro, no hagan nada, van a matar a unos zurdos. Pinasco ahora habla con las dos mujeres que caminan. Inés dijo lo que dijo. Al lado marcha Elena. “Se ha cambiado la visión”, dice ella. “Hace años se pedía la santificación y ahora se pide justicia y el martirio: el mártir es el que lleva adelante la lucha de su pueblo”.
Fuente:Pagina12

No hay comentarios: